SEFF, IX edición. ‘Boy eating the bird´s food’: Europa, Europa…

Palabras de Ektoras Lygizos, hombre de teatro, realizador, guionista y productor de esta ópera prima griega, integrada en la Sección Oficial, en la rueda de prensa que siguió a la proyección : “Es la historia de un ‘pobre nuevo’, de un joven que está aprendiendo a ser pobre en el día a día. De un joven dotado, culto, de clase media, para el que ya no hay un lugar en la sociedad porque ciertos dones no son ya valiosos…”.

Y así, sigue a este adolescente  contratenor de talento y desempleado, en su errático deambular en una Atenas  hostil e indiferente que no tiene nada que ofrecerle. Ni trabajo, tras ser rechazado en una prueba de voz, ni como operador de marketing telefónico donde le cuelgan, sin darle oportunidad a explicarse…

Pero, sobre todo, en su piso, con el hambre siempre al acecho, compartiendo el alpiste con su pájaro, hurgando en bolsas de basura, robando un puñado de azúcar del anciano vecino al que eventualmente cuida, telefoneando a una madre ausente y distante -“las familias, el soporte imprescindible, ya no ayudan. Ni quieren, ni pueden ayudar” -, malvendiendo sus escasas y mínimas pertenencias o algunas de quienes ya no van a necesitarlas.

Pero el director no olvida tampoco las pulsiones eróticas del protagonista y nos lo muestra siguiendo a una joven, con la que llegará a tener ciertos contactos físicos, que ella rechazará en el cuerpo a cuerpo cuando descubre horrorizada que la extrema privación del chico provoca que pierda mechones de pelo. O el autoerotismo, con una descarnada escena masturbatoria en la que el hambre y el sexo se confunden en la eyaculación. O sus ‘duchas’ con una botella de agua fría cuando se la cortan por impago en su apartamento y se ejecuta el embargo.

Y su búsqueda de un espacio ruinoso donde él y su canario, al que nunca olvida y siempre alimenta, puedan guarecerse. Y… Esta desgarradora experiencia individual, relatada sin ningún tipo de énfasis o dramatismo, en esta cinta más que notable, documenta y da fe, mejor que muchas proclamas y panfletos, de que los terribles fantasmas  que recorren Europa en este siglo son la miseria y la desesperación.

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