La titular de la vicepresidencia de la Academia de Cine de este país, Iciar Bollaín, ha obtenido con esta su última cinta, trece nominaciones a los Premios Goya, cuya celebración tendrá lugar el próximo 13 de febrero, ser elegida como la candidata española al Oscar a la Mejor de Lengua No Inglesa y tener ocho opciones para las Medallas del Círculo de Escritores Cinematográficos. Todo un muestrario de reconocimientos.
La acción- que transcurre en la ciudad boliviana de Cochabamba, en el año 2000- sigue a un equipo de rodaje que filma allí los desmanes de la colonización española en América, con historias reales en las que intervienen Cristóbal Colón y el padre Fray Bartolomé de las Casas. Pero no se queda ahí, sino que da cuenta de las contradicciones y tensiones provocadas entre los cineastas por el levantamiento de los extras indígenas, liderados por uno de los protagonistas, en contra del expolio del agua de que son objeto. Además una joven de la troupe artística rueda los hechos reales y los ficticios, en una especie de diario de la filmación.
La realizadora maneja con fuerza, convicción, compromiso y sensibilidad los diferentes planos de una historia tan compleja como arriesgada, que se le podía haber ido de las manos en cualquier momento. Es verdad que ha contado con un equipo técnico-artístico muy sólido y cohesionado al que ha sabido coordinar con pulso firme. Así, con el guión original- que opta a un Goya- de Paul Laverty, con la música de Alberto Iglesias, con la fotografía, también justamente nominada, de Alex Catalán, o el montaje de Angel Hernández … Y, por supuesto, el reparto, tres de cuyos intérpretes están incluídos en las equivalentes modalidades de candidaturas masculinas. La de Mejor Actor Protagonista para Luis Tosar, de Reparto para Karra Elejalde y Revelación para Juan Carlos Aduviri. Un trío en estado de gracia.
Los bellísimos paisajes naturales, la hermosura sin paliativos de una tierra fértil cuyas materias primas son expoliadas por gobiernos corruptos al serviciode multinacionales, la segregación y discriminación de la población más primigenia en su propio país, las ambivalencias pseudo progresistas a la hora de tomar partido, la irónica utilización y explotación de los desfavorecidos en el contexto de un proyecto fílmico que presuntamente los reivindica, las diversas formas que adoptan los colonialismos, los cambios emocionales y personales que suscita el compromiso con causas no tan ajenas como pudieran parecer… Todo ello y mucho más propone para nuestra reflexión esta película poderosa y valiente, felizmente al margen de ciertas tendencias éticas y estéticas contemporáneas.
