Adiós Zaharita, adiós

Para una animalista como quien esto firma, resulta durísimo e insoportable tomar la decisión de dormir a un miembro muy querido de su familia. Y esto es lo que ha debido hacer hoy con su gata. Más de dos décadas con ella dirán ustedes que es mucho tiempo y, sin embargo, se hace tan corto…

Ya es injusto de por sí que la inmensa mayoría de las especies no humanas no tengan las mismas expectativas de vida nuestras, pero lo es más cuando uno de esos seres tan amados enferma de gravedad sin que nada se pueda hacer, tras intentarlo TODO, más que ofrecerle el paliativo de una muerte digna. La muerte, ese enemigo, que escribió Leonard Woolf, tras el trágico suicidio de Virginia.

A Zaharita, o Zahara, la trajo a casa mi hija Vita Lirola, con apenas un año de edad. La recogió en una fría noche otoñal, junto a un bar de movida juvenil donde tiritaba, ignorada por todos-as. Menos por ella quien, al verla, no pudo mirar hacia otro lado. Desde entonces, y hasta hoy, ha sido la decana de mis compañeros-as de vida.

Su carácter se hizo notar desde el principio. Leal, testaruda, cariñosa, coscona y ronroneadora. Toda una campeona y una luchadora nata, que ha superado envites de salud importantes, especialmente en estos dos últimos y fatídicos meses de un verano aciago. Le gustaba sentarse en las rodillas de su humana – esta que escribe con el corazón roto – y no podía soportar verla acostada en el sofá, pues pensaba que estaba enferma y lo expresaba maullando ruidosamente.

Hoy se han fundido en negro tanto cariño, tantos juegos, tantas vivencias, tanta alegría, tantos sentimientos, tantas risas… En poco más de un año, quien esto firma ha debido afrontar la pérdida de tres familiares felinos, dos gatas y un gato. Lolita, Pedrito y ahora también ella. Los duelos se mezclan, las emociones se remueven y las lágrimas no cesan. La vida, escribió García Lorca, “no es noble, ni buena, ni sagrada”.

Gracias por la tuya, querida compañera. Gracias por ser como eras. Gracias por el amor y la felicidad que nos diste. GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS.

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Las películas del verano de Sevilla Cinéfila

Esta entrada, sin pretensiones de exhaustividad, intenta ser un listado de las películas más interesantes que se han proyectado en Sevilla durante el largo y sofocante verano que hemos padecido. Siempre, naturalmente, en opinión de quien esto firma. La gran mayoría de las citadas, además, tienen sus reseñas en este blog por lo que, para mayor información, pueden remitirse a ellas y las que no, se harán constar.

Las damas, primero. En el sentido más feminista del término. Ya se ha escrito en estas mismas páginas que el verano es la estación de las realizadoras, para bien y para mal.

De los títulos firmados por ellas destacamos, sobre todo, la francesa, muy estimulante e histórica revisión del Movimiento, a través de un hermoso romance lésbico ‘Un amor de verano’, de Catherine Corsini  ; ’10 años y divorciada’ , de tintes autobiográficos, de la yemení Khadija Al-Salami; la palestina ‘El verano de May’, de Cherien Dabis; la sobrevalorada, aunque militante, hindú ‘La estación de las mujeres’, de Leena Yadav, cuya crítica no se ha hecho en este blog y, a otros niveles pero igualmente relevante, el  ‘Money Monster’, de Jodie Foster. Y su compatriota, la estadounidense Liza Johnson con la más que corrosiva y estimulante ‘Elvis & Nixon’.

Incluir también la mirada pro-mujeres de dos hombres. La del indio Neeraj Ghaywan con ‘Masaan’, testimonio muy crítico del sexismo y del clasismo feroces de su país, no reseñada en estas páginas. Y la del documentalista camboyano Rithy Panh, la extraordinaria ‘El papel no puede esconder las brasas’, una sesión única, en más de un sentido, patrocinada por el Instituto francés de Sevilla, el SEFF y la empresa Cinesur Nervión, con la presencia del director.

La temática gay, referida a la homosexualidad masculina, también tuvo su espacio en tres películas muy diferentes entre sí, pero con el denominador común de la transgresión formal y de contenidos. La brasileña ‘La orilla’, de Filipe Matzembacher y Marcio Redón, la venezolana ‘Desde allá’, de Lorenzo Vigas y, sobre todas, la excelente francesa ‘Théo & Hugo’, de Olivier Ducastel y Jacques Martineau.

Raras avis, atípicas de fondo y forma, tan minoritarias que fueron vistas y no vistas, han sido la sofisticada, científica e intelectual norteamericana ‘Experimenter: La historia de Stanley Milgram’, de Michael Almereyda, no registrada ; la contenida y desgarrada chilena ‘La memoria del agua’, de Matías Bize , el docudrama belga ‘Los caballeros blancos’, de Joachim Lafosse y la singular italiana ‘La espera’, de Piero Messina.

Dos nombres propios y consagrados aún presentes en la cartelera. El de Woody Allen y su ‘Cafe Society’, menor, controvertida, pero valiosa, y el del chino Zhang Yimou con la excepcional ‘Regreso a casa’.

Para terminar, las españolas más estimables a juicio de quien suscribe. Por su valor y riesgo, aún siendo precedidas de división de opiniones o silenciadas, destacar ‘Lejos del mar’, de Imanol Uribe y ‘Cerca de tu casa’, de Eduard Cortés. El vibrante y potente debut de Raúl Arévalo, ‘Tarde para la ira’ y la nueva, brillante, cáustica, crítica e irónica propuesta de Alberto Rodríguez ‘El hombre de las mil caras’.

Vayan tomando notas y añadan otras de sus cosechas, porque algunas de ellas serán debatidas en la próxima sesión de nuestra tertulia de cine, que inaugurará su 5ª temporada, del miércoles, 5 de octubre, a las 19,30, en La Casa del Libro de Sevilla, calle Velázquez.

 

‘El hombre de las mil caras’: Fondos reservados

Multitudinario preestreno anoche de ‘El hombre de las mil caras’ en tres salas del sevillano multicines Nervión. En cada una de ellas, su director, Alberto Rodríguez, su guionista, Rafael Cobos y dos de sus actores José Coronado y Marta Etura, saludaron al respetable. Pero a oscuras. Al menos, en la que quien esto firma se encontraba. Les oímos, pero no les vimos. Permanecieron en la penumbra. Imposible hacer fotos, pues no captaban más que sombras. Y, por cierto, gélida la temperatura interior pese al gentío.

Alberto Rodríguez, y con él su coguionista Rafael Cobos, han hecho una apuesta muy arriesgada con ‘El hombre de las mil caras’. Para empezar, radicalmente distinta al resto de su filmografía. Y, aunque sigan analizando las cloacas del país en el que les ha tocado vivir, lo hacen aquí desde claves totalmente opuestas. En el tono, en el tratamiento y hasta en el estilo, aunque no hayan perdido un ápice de sus señas de identidad.

Porque la historia de este tan oscuro y delictivo como fascinante personaje, Francisco Paesa, de la cosecha del 36, es narrada aquí desde sus etapas de los años 70 y 80, del pasado siglo, en adelante. En el periodo en que,  de regreso a una España de la que tuvo que huir, bajo sospecha y vigilancia y rechazado por “los suyos”, sus compañeros del “alto espionaje”,  se cruza con Luis Roldán, otro hombre tenebroso de pasado gubernamental, quien solicita sus servicios. Esta será su oportunidad para el desquite…

123 minutos de metraje. El guión, como se ha comentado anteriormente, lo firman el propio realizador y Rafael Cobos y se basa en el libro homónimo de Manuel Cerdán, resultado de su investigación en equipo con Antonio Rubio. Su notable fotografía es de Alex Catalán y su vibrante banda sonora, de Julio de la Rosa. Tiene un reparto en estado de gracia encabezado por un enorme Eduard Fernández, un excelente José Coronado y un notable Carlos Santos. Sin olvidar las estupendas composiciones de Emilio Gutiérrez Caba y Marta Etura.

Esta historia podía haber tenido un enfoque denso, dramático y moral. De denuncia al uso. O documental y de biopic clásico. Pero, por el contrario y para la sorpresa de quien esto firma, es un thriller político, de espionaje, contado en clave de aventuras a lo Ocean´s Eleven, de Steven Soderbergh, salvando las distancias.

En efecto. Es estimulante, divertida, ingeniosa, corrosiva y demoledora. Está brillantemente dialogada, sin ser discursiva. Ni siquiera la voz en off del narrador omnisciente, también cuestionado en ocasiones, estorba. Porque es necesaria para la inteligibilidad de la trama, de estas tramas tan complejas, y porque la puesta en escena la integra perfectamente como un elemento dramático más.

Su protagonismo absoluto es masculino plural. La historia y la época lo determinan. Afortunadamente para las mujeres… Pero el personaje de Marta Etura es clave e importante. Víctima y cómplice al mismo tiempo es, sobre todo, leal y muy lúcida. De la que interpreta a la pareja del antihéroe puede decirse otro tanto. Eso se hace extensivo a todos los caracteres muy bien descritos y nunca de una sola pieza.

“El cielo y el mundo pertenecen a unos pocos” dice el hilo conductor, el piloto fiel. Nada más cierto en esta perversa crónica de bajos-altos fondos reservados, de codicias, de cínicas ambiciones, de mentiras, de corrupciones, de secretos, de traiciones y abusos de poder. Nada sigue siendo más cierto aquí y ahora. Tan evidente como que no deberían perdérsela.

 

‘En cartelera’: Espías, cantantes, poetas, profesoras y mercenarios

La oferta de películas de estreno de la renovada cartelera de hoy es pródiga en películas heterogéneas y de calidad, al menos sobre el papel. Comenzamos, como es habitual, por las cuatro que se proyectan en versión original subtitulada en todas o en algunos días y sesiones. Consulten horarios siempre.

La primera es la británica ‘Florence Foster Jenkins’, del prestigioso Stephen Frears. La historia de esta millonaria mecenas empeñada en cantar, pese a su notoria falta de aptitudes ya fue llevada al cine en ‘Madame Marguerite’, de Xavier Giannoli. Ha cosechado división de opiniones, pero debe verse.

La segunda es la francesa ‘El porvenir’, de Mia Hansen-Love. Sobre una profesora, al borde de los 60, que se replantea su vida. Con la siempre excelente Isabelle Huppert, la preceden excelentes referencias y no hay que perdérsela.

La tercera es la estadounidense ‘Captain Fantastic’, de Matt Ross. Narra la historia de un padre singular que ha criado a sus seis hijos en plena naturaleza y que debe volver a la civilización y acatar sus normas. Protagoniza Viggo Mortensen y ha generado contraste de pareceres pero no hay que obviarla.

La cuarta es su compatriota ‘Los siete magníficos’, de Antoine Fuqua. Una revisión del clásico, que no ha gustado nada en líneas generales. Ustedes mismos-as.

Dos dobladas, una latinoamericana y una española completan esta panorámica. Hablamos de la filipina ‘Blanka’, de Konki Hasei. Acerca de una niña que mendiga en las calles y que se alía con un invidente sin hogar a fin de conseguir dinero para comprarse… Por sus buenas referencias, merece una oportunidad.

De la finlandesa ‘El gruñón’, de Dome Karukoski, sobre un viejo arisco y solitario, que se va a vivir con su hijo y su nuera. Ha gustado y no hay que dejarla pasar.

Tampoco hay que hacerlo con la chilena ‘Neruda’, de Pablo Larraín, que relata una etapa conflictiva de la biografía del poeta y que fue muy bien recibida en el pasado Festival de Cannes.

Y menos aún al estreno estrella, la española ‘El hombre de las mil caras’, de Alberto Rodríguez, centrada en el personaje tan controvertido como real de Francisco Paesa. La preceden excelentes reseñas, tiene un reparto impecable y no deben perdérsela. Sevilla Cinéfila tuvo ocasión de verla en su preestreno de anoche y muy pronto tendrán la crítica en el blog.

 

No solo cine. El CAL en Infanta Elena: Carne trémula

Brillante, multitudinaria y divertida inauguración del curso del Centro Andaluz de las Letras, en la sección de Letras Capitales, la de esta noche en su sede habitual de la Biblioteca Pública Infanta Elena de Sevilla. A cargo nada menos que de la última propuesta literaria de Rosa Montero, ‘La carne’. Ofició de introductora la también autora Soledad Galán.

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(Foto de Antonia Osorno / Centro Andaluz de las Letras)

La directora del querido espacio de lectura se congratuló de esta primicia de la nueva temporada, una novela que describió como “rebosante de carnalidad, amor, humor y vida”. En cuanto a Galán, otra Soledad como la protagonista del libro y estupenda presentadora-interlocutora, lo definió como “un thriller emocional”, construido con reflexiones sobre el miedo a la muerte, a la vida y al placer del personaje central. Y, pese a todo ello, nada trágica, sino esperanzadora. Llena de humor. Pues, aunque vivimos con culpas, también disfrutamos.

Comentó que Rosa juega con el lector de la mejor manera posible, sorprendiéndole. Y que la novela es biográfica, no autobiográfica. También la encontró feminista, llena de mujeres fuertes y con homenaje a escritores-as malditos-as y olvidados-as. Mencionó muy especialmente a Adelaida García Morales, cuyo talento estuvo siempre a la sombra del de Víctor Erice.

Montero agradeció la abrumadora acogida del público, al CAL y a la biblioteca como columna vertebral de la cultura. Ella escribe para aprender, para explicarse temas universales, a ciegas buscando la luz, pero con trabajo y disciplina. Citó, entre otros muchos, a Picasso “el arte es un 10% de inspiración y un 90% de transpiración”. Considera que la madurez literaria es la conquista de la libertad. Tras hacerlo sobre mundos y seres lejanos, le apetecía narrar de su mundo, de su tiempo, de su ciudad y de su historia, pero sin hablar de ella.

Piensa que ‘La carne’ es original y poco convencional. Es la primera vez que se dirige a los lectores en el epílogo para reclamar que no destripen la tensión narrativa. Busca lo esencial, pulir, limpiar, no le gusta el barroquismo. A estas alturas de su edad se ve “libre y en poder de su oficio”. Sus historias son existenciales, y la muerte y el paso del tiempo aparecen siempre en ellas. También fluyen solas y anticipan el tono, la voz, la duración y hasta el final, aunque haya que construir el armazón a partir de ahí. Quiere borrar el yo y se declara nabokoviana. Además es ingeniosa, articulada, ilustrada y generosa.

Esta crónica, tan limitada, no le hace justicia a una velada de contenidos tan complejos como disfrutables. Gracias sean dadas al Centro Andaluz de las Letras, a la Biblioteca Infanta Elena, a Soledad Galán y a Rosa Montero por ello. GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS.

‘Una mirada documental’. Temporada 3. ‘The spanish dancer’: Algunas consideraciones

Brillante inauguración la de esta tarde, en la FNAC sevillana, de la tercera temporada del excelente ciclo ‘Una mirada documental’, que tan magníficamente coordina el crítico y amigo Miguel Olid Suero. Se proyectó el largometraje ‘The spanish dancer’, de Mar Díaz, quien debatió luego con el público presente.

Quien esto firma, que por problemas técnicos con el reproductor del establecimiento, que alargó la sesión con interrupciones frecuentes, no pudo terminar de ver este filme, quiere hacer, pese a todo, algunas consideraciones.

A saber, que estamos ante un filme valioso de fondo y forma. Nada convencional ni en su lenguaje, ni en su contenido. Cuyo valor como aportación a la historia del cine es incalculable y debería, como mínimo, ser adquirido por centros de documentación y archivo cinematográficos, singularmente los especializados en cine mudo. Igualmente, y además, ser proyectado en escuelas y centros de enseñanza de esta disciplina, en todas sus modalidades.

Que se rodó, con escasísimos medios y recursos, en pocos días. Pero que su labor de investigación y documentación ha durado 13 años. Que este mínimo equipo, bajo la dirección de una mujer, ha recorrido en furgonetas y durmiendo en moteles, todos los lugares donde se tuvieran noticias orales o gráficas de ese ‘spanish dancer’, del singular Antonio Moreno, un pionero español, y andaluz de adopción, en el Hollywood más dorado. O, lo que es lo mismo, Estados Unidos de costa a costa, el Campo de Gibraltar o México, sin ir más lejos.

Que recupera a un actor, guionista y cineasta de físico y mentalidad – solo le gustaban las mujeres inteligentes, con las que pudiera aprender- adelantadas a su época. Que ha buceado por todas partes tras su rastro y ha emocionado con su tesón a quienes, por ejemplo, atesoraban guiones suyos por los que, hasta que llegó ella, nadie había preguntado.

Que nos ha acercado a su figura, profesional y humana, a su tiempo e incluso a su voz, narrando su biografía. Una voz fuerte, modulada y hermosa. A su sentido del humor. A su apostura, tan atípica para la época. A sus familiares, admiradores y amistades de uno y de otro país. A ilustres colegas con los que trabajó como Gloria Swanson, Lupe Tovar o Greta Garbo…

Que nos ha hecho oír a gente estudiosa de su figura, enriqueciéndola aún más, pero extranjera. En lugares especializados norteamericanos. Porque la experiencia con el referente similar en nuestro país fue, para nuestra vergüenza, lamentable. No le conocían, le confundieron con un mexicano y, además, subestimaron su figura y su importancia en el mismo nacimiento del cine.

Por todo ello, y por tantas cosas más, gracias a Una mirada documental, a Miguel Olid Suero y a Mar Díaz, por una velada tan excepcional y enriquecedora. GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS.

 

‘Una mirada documental’: Recordatorio muy urgente

 

Mañana, lunes 19 de septiembre, a las 18 horas, en la FNAC sevillana de la Avenida de la Constitución, se inaugurará un nuevo curso del ciclo ‘Una mirada documental’, que tan excelentemente coordina el crítico y amigo Miguel Olid Suero.

Y lo hará a lo grande con un largometraje que se proyectó en la pasada Seminci vallisoletana y que ha sido premiado hace pocos días en México. Se trata de ‘The spanish dancer’, de Mar Díaz, en la que se rinde un homenaje al algecireño Antonio Moreno, el primer español en triunfar en Hollywood.

Este andaluz, en efecto, se codeó con las grandes estrellas de la Meca del Cine, en plena época dorada, como Greta Garbo o Gloria Swanson. Nada menos… Y entre quienes le dirigieron, estuvo un genio como John Ford. Sus referencias son excelentes y su interés, innegable. Además, por si esto fuera poco, su realizadora, la citada Mar Díaz, viene expresamente desde Madrid para presentarlo.

Repetimos y recordamos. Mañana, lunes, 19 septiembre, a las 18.00 horas, en la FNAC sevillana de la Avenida de la Constitución. Bajo ningún concepto pueden perdérselo.

 

 

‘Lejos del mar’: El lado oscuro donde me perdí

Extracto de la hermosa canción homónima, y tema central de esta película, de Javier Ruibal: “Te miré desde el otro lado, el lado oscuro donde me perdí. Vengo de un mundo negro y desolado, donde dejé triste sombra de mí”

Otra anotación. Eloy de la Iglesia (1944-2006), director español comprometido con las libertades y con la causa homosexual,  escribió un extracto de guión para un filme que nunca llegó a rodarse. Se publicó en la extinta revista ‘Contracampo’ y se titulaba, provisionalmente, ‘Galopa y corta el viento’. En él se describían escenas del encuentro y mutua atracción, en Biarritz, entre un joven abertzale y un guardia civil.

Y aún otra más, Fanny Ardant se desmaya cuando vuelve a ver por primera vez a su ex amante Gerard Depardieu, varios años después, en la notable ‘La mujer de al lado’, de François Truffaut. Aquí, en ‘Lejos del mar’, Elena Anaya hace lo propio cuando reconoce al hombre que protagoniza sus pesadillas, Eduard Fernández. Por cierto, ambas tienen finales muy similares.

Porque la que nos ocupa, última propuesta de Imanol Uribe, cosecha del 50, y otra de sus obras con la temática de la violencia, tras ‘La muerte de Mikel’ y ‘Días contados’, entre un largo etcétera, es una obra extremadamente arriesgada. Por una historia siempre al filo de la verosimilitud; por un amor loco y políticamente incorrecto; por un vínculo casi contra natura entre dos personas separadas por todo, pero unidas por el recuerdo indeleble de un hecho atroz que marcó sus vidas. Un hecho atroz, en el que uno fue el ejecutor y la otra, la víctima.

Ya saben, o suponen el argumento. Baste decir que está tratado con una puesta en escena elegante y sugerente, pero que contiene ciertos olvidables trazos gruesos. Que hay silencios y catarsis. Que faltan y sobran cosas. Pero que, a quien esto firma, le ha llegado por su riesgo y por su intensidad. Por su fuerza y por las reflexiones que en ella se generan.

El pasado, que siempre vuelve. Los hechos de sangre, que no solo se purgan en la cárcel. La camaradería. El ángel y el demonio que hay en cada cual. El mal absoluto, frente al bien relativo. La imposible rehabilitación. La dificultad de perdonar y… de olvidar. El resentimiento que vincula. El ojo por ojo, que tampoco vale. La gente muerta en vida que se reconoce y sí, se ama. Fuerte, fuerte, muy fuerte lo que Uribe se ha atrevido felizmente, a hacer – con todas sus carencias y excesos – con un tema tan sensible. ¡¡¡Chapeau!!!

105 minutos de metraje. El guión lo firman conjuntamente el realizador y Daniel Cebrián. La fotografía, estupenda, que mima los paisajes únicos de Cabo de Gata, es de Kalo Berridi. Y la música  – ¡¡¡qué canción!!! – ya hemos escrito que se debe al talento de Javier Ruibal.  Elena Anaya y Eduard Fernández están excelentes.

Superen sus prejuicios y reticencias.  Es imperfecta, pasional y valiente. Véanla.

En cartelera: Señora Jones, señor Jones

Dos Jones, mujer y hombre sin lazos familiares, coinciden efectivamente entre las novedades de la cartelera de este viernes que les adelantamos hoy. Una es una producción británica y la otra, estadounidense que, junto con otra compatriota y una brasileña, se proyectan también en versión original subtitulada, en todas o en algunos días y sesiones. Consulten siempre horarios.

La primera es la inglesa ‘Bridget Jones´s baby’, de Sharon Maguire, así sin la obvia traducción castellana del título. Nueva entrega de la saga de la ahora ejecutiva de la editorial y en lo que llaman ‘estado de buena esperanza’ . Con el inevitable conflicto entre dos amores, encarnados por el leal Colin Firth y por la novedad de Patrick Dempsey. Ella, ya lo saben, es Renée Zelweger. Reservada para fans.

La segunda es la norteamericana ‘Los hombres libres de Jones’, de Gary Ross. La historia real de un granjero sureño antiesclavista, que creó un Estado propio. División de opiniones, pero puede tener su interés. Protagonizan Matthew McConaughey y Keri Russell.

La tercera es la también producción USA, ‘Morgan’, un thriller de ciencia ficción, que supone el debut fílmico de Luke Scott, hijo del mítico Ridley. Sobre una criatura de inteligencia artificial, que sobrepasa límites y expectativas, generando conflictos. Contraste de pareceres, pero no hay que obviarla.

La cuarta es la brasileña ‘Boi neon’, de Gabriel Mascaro. Un vaquero, rodeo, dos mujeres, toros y caballos. Sus críticas son excelentes, pero el trato dado a los animales deja mucho que desear. Al menos, en la ficción. Ustedes mismos-as.

Como colofón, la italiana ‘Suburra’, de Stefano Sollima, en versión doblada. Crónica mafiosa y muy crítica sobre la Roma más corrupta. Referencias irregulares, pero… habrá que comprobarlo.

Y la comedia española ‘El futuro ya no es lo que era’, de Pedro Barbero. Sobre un falso adivino, con vocación de actor, que va tener que afrontar una tesitura que puede cambiar su vida. Protagonizan Dani Rovira y Carolina Bang. Las reseñas han sido inmisericordes. Ustedes mismos-as.

 

Dos de terror: Escalofríos…

 

A Pelado, Toro de la Peña 2016. Contigo, amigo. Contra el ritual de terror al que te someterán mañana. Contra la barbarie que nos envilece como país y ensucia nuestra democracia.

 

De antemano disculpas, porque esta tampoco va a ser una entrada convencional. La pasada semana quien esto firma tuvo ocasión de ver dos películas, de muy distinto signo y cualidades, pero con el denominador común del terror. En sus dos variantes, el thriller y el fantástico. El epígrafe de escalofríos se refiere a las gélidas temperaturas de las salas y a la experiencia religiosa de ser la única espectadora en una de ellas, con el miedo añadido subsiguiente.

Las dos son producciones estadounidenses del año en curso, dirigidas por ciudadanos extranjeros. A saber, ‘No respires’, del uruguayo Fede Alvárez, cosecha del 78 y ‘Nunca apagues la luz’, del sueco David F. Sandberg, de la cosecha del 81. En las dos, el guión lo firman los propios realizadores conjuntamente con Rodo Sayagues, en el primer caso, y Eric Heisserer, en el segundo. Sus fotografías están firmadas respectivamente por Pedro Luque y Marc Spicer. Y sus bandas sonoras por los conocidos Roque Baños y Benjamin Wallfisch. 88 y 81 minutos de metraje.

Digámoslo sin reservas. ‘No respires’ es bastante mejor. Aunque quien esto firma, no la haya valorado tanto como la mayoría de la muy cualificada gente de la crítica que conoce quienes, aunque señalen sus defectos, se han dejado impactar por su tratamiento y puesta en escena.

En efecto. Esta historia de dos chicos y una chica muy jóvenes que trapichean y malviven con robos no demasiado ambiciosos y que ven el golpe de su vida en atracar a un ciego millonario por una indemnización, no deja de ser potente y atractiva.

Pero el guión deja bastante que desear y sus excesos – aún siendo una de las señas de identidad del género – le pasan factura. Inquietante y tensa, sabe ser sutil y brutal cuando conviene. Pero roza el gore, el invidente es una especie de Robocop y uno de los jovencitos, el equivalente a los protagonistas de las películas de acción. Por más que le dan…incólume. Con todo, véanla.

‘Nunca apagues la luz’ es bastante más deficiente. En su fondo y en su forma. Una pena porque la historia de la versión oscura de una amiga real, devenida en fantasma tan brutal como desvalido, tenía posibilidades. Contenía líneas temáticas interesantes que podrían haberse desarrollado y valores como los de la lealtad, las críticas a instituciones mentales, servicios sociales, la maternidad diferente y un hombre solidario, la pareja de la joven y autónoma hija, también muy singular. El niño aparte, claro.

Con sus defectos, puede tener una visión. Y hasta aquí, la sesión doble de quien esto firma.