Quien esto firma, es consciente de que el título de esta crítica puede asociarse a una película de terror de serie B. Pero es que esta singular y notable propuesta es una película de terror. Una película de terror como el que sembró el regimen militar, que pisoteó durante décadas los derechos humanos fundamentales.
Su historia está ambientada en el año de gracia de 1977, durante el Carnaval de febrero y su argumento, según la imprescindible página de consulta FilmAffinity, reza así: «…durante la dictadura militar brasileña, Marcelo, un profesor que huye de un pasado turbulento, regresa a la ciudad de Recife, donde espera construir una nueva vida y reencontrarse con su hijo. Pero pronto se da cuenta de que la ciudad está lejos de ser el refugio que busca…»
Los puntos suspensivos, porque la sinopsis sigue, corresponden a lo que puede considerarse spoiler, aunque no lo sea. De ahora en adelante, quien esto firma les previene que puede perpetrarlos involuntariamente en función de dotar a las entradas de mayor complejidad y referencias estilísticas y narrativas. Pero nunca serán revelados finales, ni destinos de los personajes y sus interacciones mutuas. Avisad@s quedan.
Estructurada en capítulos, que conjugan pasado, presente y luego futuro, la Memoria y la Desmemoria, con numerosas, directas e indirectas, referencias cinéfilas, a películas y autores de culto. Comenzando por el hecho de que el suegro del protagonista es proyeccionista de cine en una de las salas más icónicas y absolutamente ligada al realizador, el cine Säo Luiz, donde pasó buena parte de su ocio infantil, con cuyo proyeccionista real, al que ya homenajeó en ‘Retratos fantasmas’, entabló una entrañable amistad.
Hora es ya de dejar constancia de que el responsable, quien firma su guion y la filma, de ‘El agente secreto’ es el crítico de cine, escritor, ingeniero de sonido, periodista y cineasta brasileño, natural de Recife donde está localizada la acción, como ya hemos citado al principio, Kleber Mendonça Filho, cosecha del 68, y esta propuesta es la cuarta de su filmografía.
Una filmografía singular que transita entre diversos géneros. Como esta que nos ocupa, entre el thriller político, el de espionaje y el cine negro. Incluso hasta el western, en su muy potente arranque. Como esta que nos ocupa, que, siendo como es radicalmente comprometida, no descarta el humor, ni el realismo fantástico, al mostrar la doble cara de una ciudad, un país, participando en su Fiesta Mayor bajo una sanguinaria dictadura.
Una sanguinaria dictadura para la que las vidas humanas no valían nada, especialmente si eran las de l@s disidentes. Pero cuidado que no la confronta con épica, lírica, o incandescente intensidad, sino mostrando sus miserias, sus ruindades, su vileza y la maldad sin paliativos de sus lacayos. Aunque también, siendo tan coral, haya tiempo para revelar a unos personajes solidarios y entrañables, héroes y heroínas nada al uso, y hasta a un enigmático y sofisticado foráneo bajo los rasgos de Udo Kier.
Coproducción entre Brasil, Francia, Alemania y Países Bajos (Holanda), fechada en 2025, de 158 minutos de metraje, que a esta firmante le parecieron absorbentes y todo un reto por sus múltiples lecturas posibles y su complejidad. La fotografía con excelencia una mujer, Evgenia Alexandrova, captando muy bien la tonalidad del relato. Y otro tanto cabe decir de su banda sonora, a cargo de Mateus Alves y Tomaz Alves de Souza. Entre su impecable reparto, destacar a un magnífico, como suele, Wagner Moura.
Precedida de incontables nominaciones, como cuatro a los Oscar, y de los más codiciados premios como tres en Cannes y dos Globos de Oro, todos los reconocimientos le son debidos. Bajo ningún concepto deberían perdérsela.
Escrito queda.