‘En cartelera’: Autoras, fotógrafas y padres nada convencionales

Ayer,  en el tan cinematográfico viernes y 13, se renovó la cartelera con una oferta de películas de entre las que destacamos tres. A saber, y las comentaremos por este orden, una francesa, una surcoreana y una estadounidense.

La primera es ‘Lola Pater’, de Nadir Moknéche. Sobre el hijo de unos inmigrantes argelinos, residentes en París, quien, al perder a su madre, decide buscar al padre que les abandonó 20 años atrás para encontrarse con una enorme sorpresa…  Un drama familiar poco convencional que ha suscitado contraste de pareceres, pero que debe verse. Con la siempre maravillosa Fanny Ardant.

La segunda es ‘La cámara de Claire’, del estimulante Hong Sang-soo, que sigue a una joven injustamente despedida de una distribuidora durante el Festival de Cannes, y a su encuentro con una profesora aficionada a la fotografía  con la que creará lazos de comprensión y afecto. Ha interesado mucho y no hay que perdérsela. Una de sus protagonistas es la excelente Isabelle Huppert.

Y la tercera es ‘Mary Shelley’, de la cineasta saudí Haifaa al-Mansour (‘La bicicleta verde’). Narra la relación entre la escritora del título – autora de la inmortal novela ‘Frankestein’ – y el poeta Percy Shelley, que provocó la génesis del libro, desde una perspectiva feminista. Ha interesado bastante, en general, con algunas excepciones y no hay que dejarla escapar. Con la estupenda Elle Fanning.

Anuncios

‘En la playa de Chesil’: Melodía interrumpida

Un autor británico, al que quien esto firma admira, – Ian McEwan, cosecha del 48, con obras tales como Expiación, Sábado, Ámsterdam o La ley del menor, entre un largo etcétera – y un realizador – su compatriota Dominic Cooke, cosecha del 66, director de las más prestigiosas compañías teatrales de su país y debutante en el cine – se unen para adaptar la novela homónima del primero.

Y lo hacen en esta producción del Reino Unido – de 110 minutos de metraje, cuyo guión firma el propio escritor, que tiene una hermosa fotografía debida a Sean Bobbit y cuya banda sonora, no menos delicada, es de Dan Jones – que nos cuenta la historia, ambientada en 1962, aunque luego avance en el tiempo, del romance entre dos jóvenes de poco más de 20 años, ella, de clase media alta y violinista y él, de extracción trabajadora y licenciado en historia. Dicha relación culmina en boda y en esa noche – en la playa del título – ocurrirá algo que cambiará sus vidas para siempre.

Quien esto firma, que ha releído el libro antes de escribir esta entrada, da fe de la dificultad de trasladar al cine una prosa como la de McEwan. Especialmente en esta pieza, de tan solo 184 páginas, tan introspectiva como compleja y sutil, tan reflexiva y profunda como delicada, tan feroz como suave, tan irónica como compasiva.

Algo de todo ello, que también describe un retrato generacional y político, de un tiempo, de un país y de los prolegómenos de una década llamada prodigiosa, que fueron oscuros, represivos y represores, especialmente para las mujeres, se refleja en esta ópera prima. Un debut tras la cámara que ha convencido a la crítica y que a esta firmante le ha suscitado más reservas que adhesiones.

Porque si bien es verdad que, en su mejor registro, posee intensidad, lirismo y un aliento trágico, además de la prodigiosa, conmovedora composición de la enorme Saoirse Ronan, a quien Billy Howle da una réplica más que digna, también lo es que resulta decepcionante la manera en la que el novelista se traiciona a sí mismo añadiendo un final postizo, caracterizaciones incluidas, y un inédito y forzado destino para su protagonista, que tampoco lo estaba.

Esto en lugar de ahondar en la raíz del problema, la radical incomunicación entre la pareja, la alienación de una chica sometida a una sexualidad impuesta por la norma imperante, además del trauma infantil sugerido y la ignorancia de un muchacho a quien su rol le viene también impuesto y grande…

En cualquier caso, una película digna que merece verse.

‘Sácame de dudas’: Filiaciones

Para Vita Lirola, por tanto y por todo…

Esta es una película – producción francesa de 120 minutos de metraje, dirigida por la escritora y realizadora Carine Tardieu, cosecha del 73, que firma también el guión junto a Michel Leclerc y Raphaële Moussafir, con una hermosa fotografía de Pierre Cottereau y una banda sonora, debida a Eric Slabiak , y en la que también suenan preciosos temas, tanto de la chanson como de ese inolvidable dúo Papageno-Papagena de La flauta mágica, – que posee encanto, inteligencia y sabiduría.

Esta es una película, entre el drama, la comedia y el romance, que tiene un muy buen guión y un tratamiento de la historia – un hombre viudo con una hija a punto de ser madre soltera que, por una pirueta analítica, se entera de que quien creía su progenitor no lo es y accede al verdadero que tiene, a su vez, una hija médica por la que se siente atraído…  y hasta ahí puede leerse – y de sus personajes, nada vodevilesco, ni ternurista, ni buenista, ni sentimentaloide… sino divertido, conmovedor y respetuoso.

Esta es una película que trata temas espinosos como el incesto y contemporáneos como los diferentes modelos de familia con lucidez y naturalidad, sin aspavientos, ni morbos. Esta es una película habitada por la comprensión hacia todas sus criaturas y sus interacciones y contradicciones. Esta es una película que combina muy bien la comercialidad con la autoría. Esta es una película en la que las filiaciones biológicas cuentan tanto como las afectivas y de convivencia.

Esta es una película que integra armoniosamente todas las tramas que la definen y las conduce a una conclusión satisfactoria. Esta es una película que elude el tratamiento paternalista y condescendiente, tan al uso. hacia dos personajes ancianos octogenarios. Esta es una película cuyo humor nunca es zafio, ni facilón, ni busca la risotada gruesa. Esta es una película en la que el reparto coral funciona muy bien, destacando en él a François Damiens, Cécile De France y a los estupendos Guy Marchand y André Wilms.

Esta es una película, una mirada de mujer, que no deberían perderse.

 

 

 

‘En cartelera’: Ejecutivas y atracadoras

En la nueva oferta de cartelera de este viernes recién estrenado destacamos cinco películas algunas de las cuales podrán ser vistas en sus versiones originales subtituladas. Son, las comentaremos por este orden, dos francesas, dos norteamericanas y una española.

La primera es ‘La número uno’, de Tonie Marshall. Sobre el techo de cristal al que se enfrenta una brillante ingeniera a la que un lobby de mujeres le propone acceder a una importante empresa que cotiza en bolsa. Entre la comedia y el drama, con implicaciones feministas, ha gustado y debe verse.

La segunda es ‘Sácame de dudas’ y está dirigida por otra mujer, Carine Tardieu. Narra cómo un hombre de 45 años encuentra a su octogenario padre biológico y, de paso, se enamora. Ha interesado bastante y no hay que perdérsela.

La tercera es ‘No te preocupes, no llegará lejos a pie’, de Gus Van Sant. Basada en hechos y en un personaje reales, y ambientada en los años 70, sigue a un hombre a quien un accidente, y la tetraplejia resultante, le descubre la pintura. División de opiniones, pero hay que darle una oportunidad. Protagoniza el siempre espléndido Joaquin Phoenix.

La cuarta es ‘Ocean’s 8’, de Gary Ross. La famosa saga de atracadores es protagonizada por mujeres en esta entrega. Mujeres a las que interpretan nada menos que Sandra Bullock, Cate Blanchett, Anne Hathaway y Helena Bonham Carter entre otras. Contraste de pareceres, pero se impone verla.

Y la quinta es ‘Jefe’, de Sergio Barrejón. Acerca de un odiado ejecutivo, cuyas acciones se desploman y es abandonado por su mujer, que se atrinchera en su empresa a fin de recuperar trabajo y familia. Contará además con la ayuda inesperada de la limpiadora del turno de noche. Ha interesado, con ciertas reticencias, y no hay que obviarla.

‘Nos vemos allá arriba’: Soldados (des)conocidos

Quien esto firma, es una rendida admiradora del escritor francés Pierre Lemaitre, cosecha del 51, del que conoce títulos tales como ‘Vestido de novia’, ‘Recursos inhumanos’ o la tetralogía negra del inspector  Camille Verhoeven,  ‘Iréne’, ‘Alex’, ‘Rosi & John y ‘Camille’, Todos excelentes y altamente recomendables…

Pero… le falta completar su bibliografía precisamente con ‘Nos vemos allá arriba’, que le procuró el  Premio Goncourt en 2013, y en la que se basa esta película, en cuya escritura ha colaborado junto a su realizador el actor, guionista y cineasta Albert Dupontel – ‘Irreversible’, ‘Nueve meses  ¡De condena!’ – cuyo nombre auténtico es Philippe Guillaume y cuya cosecha es la del 64.

Así que no tiene más referente, en este caso, que el cinematográfico. Aunque ya es sabido que cine y literatura poseen sus propios códigos. Así que se enfrentó sin filtros a esta producción francesa – de 114 minutos, maravillosamente fotografiada por Vincent Mathias y con una excelente banda sonora de Christophe Julien – que narra la historia de dos supervivientes de la I Guerra Mundial que montan una estafa sobre los recuerdos a sus compañeros caídos, que incluye catálogos y un proyecto de monumento.

Pero esta necesariamente esquemática sinopsis es un pálido reflejo de lo que se cuenta y de cómo se cuenta. Una puesta en escena elegante, suntuosa , bella – pero nunca gratuita – brillante, barroca, vibrante y vitalista con una cámara que lo mismo nos introduce en el frente, en las tripas de las trincheras, como en el París devastado de la posguerra, en casas misérrimas y en palacetes lujosos mediante picados y travelling.

Una historia hermosa, emocionante y sensible de la amistad inquebrantable entre dos seres muy distintos en todos los sentidos, pero que se quieren y respetan mutuamente. A los que después se une una niña singular y única que es la mejor cómplice, amiga y traductora. Una historia sobre los horrores bélicos y sus daños colaterales. Una historia de heridas físicas y morales. Una historia de un villano cínico y cruel tanto en la guerra como en la paz. Una historia de los sucios negocios con la muerte, el duelo y la épica del ardor guerrero.

Una historia de un artista incomprendido y lleno de talento y creatividad. Una historia de familias, la de sangre y la de los afectos. Una historia de orfandades. Una historia de estafadores y ladrones de alto standing, con políticos cómplices y comprados. Una historia de la picaresca de la supervivencia en años de plomo. Una historia que se cuenta, que comienza casi por el final.

Una historia que transcurre en dos años, entre 1918 y 1920, con el mes de noviembre como fecha clave. Una historia de reencuentros y de perdón. Una historia a la que da vida y verdad un reparto prodigioso en el que destacamos al carismático Nahuel Pérez Biscayart, al propio director, a Niels Arestrup y a la deliciosa Héloise Balster. Una historia más grande que la vida…

… que nadie debería perderse. Escrito queda.

‘El orden divino’: La plena ciudadanía

Año de gracia de 1971.  En los tiempos de la eclosión hippie, de los Movimientos por los Derechos Civiles, de la revolución sexual, de los Panteras Negras, de la liberación de las mujeres, de los Festivales de música más icónicos del mundo y sus mític@s intérpretes, de las revueltas estudiantiles contra una guerra injusta, de la filosofía, también política, de las flores, la paz y el amor… las ciudadanas suizas aún no han conseguido el voto. O lo que es lo mismo, aún no  son consideradas por la ley como sujetos de derecho con todas las consecuencias.

En un pueblo rural y pequeño de ese país, ajeno a tales acontecimientos, vive Nora -otro guiño significativo, como el nombre de la homónima y mítica protagonista de ‘Casa de muñecas’, de Henrik Ibsen – que ha dejado de lado cualquier inquietud personal para centrarse en el cuidado de su cónyuge, su suegro y sus dos hijos varones. Al comunicarle el marido su ascenso y ella que quiere trabajar a tiempo parcial, él se niega, con el orden jurídico y divino de su parte. Es entonces cuando, apoyada por algunas vecinas, familiares y amigas, se planteará abanderar allí la causa sufragista, por tanto, feminista con todas las consecuencias.

96 minutos de metraje. Fechada en 2017. Escrita y dirigida por Petra Biondina Volpe. Su estupenda fotografía, que revela muy bien la textura de la época, es de una mujer, Judith Kaufmann y su banda sonora, de la que se puede decir otro tanto, de otra, Annette Focks. Entre sus reconocimientos están el Premio del Público, el Nora Ephron para su realizadora y el de la Mejor Actriz para la excelente Marie Leuenberger, en el Festival de Tribeca.

Estamos ante una comedia dramática coral, con una puesta en escena y narrativa convencionales, con toques costumbristas, y sin ningún aliento épico o radical. Esto por delante. Pero tiene el enorme valor de reivindicar la memoria histórica de esas sufragistas contemporáneas desde su lucha en lo cotidiano, en sus parejas, en sus hogares, con sus hij@s y desde un entorno tan cerrado y claustrofóbico como ferozmente machista.

Pero tiene el enorme valor de resaltar su fuerza, su generosidad, su empatía, la sororidad tan cálida que se establece entre ellas y su determinación e incluso en algunos casos, sus contradicciones e ingenuidades. Porque, pese a su tónica amable y con encanto, no deja de tener las aristas más duras frente a las desproporcionadas reacciones – maltrato, vejaciones, insultos y violencia físicas y psicológicas – de unos hombres que son capaces de cualquier cosa por conservar su poder. Por preservar el mito del citado orden divino, al que hace alusión el título, por el que cada sexo debe ocupar un lugar inmutable en el mundo.

Porque es didáctica en el mejor de los sentidos posibles, autoconocimiento corporal y sexual de las protagonistas incluidos, tiene toques de humor y ofrece resoluciones diversas a esas huelguistas que combatieron por la plena ciudadanía y sus derechos fundamentales. Gracias a ellas estamos aquí.

Véanla.

‘En cartelera’: Adaptaciones literarias, secuelas, casos reales, armarios…

Profusión de estrenos en este viernes que le queda a junio. Sobre el papel, dadas las referencias que las preceden, podemos destacar seis películas de interés. De entre ellas, cinco pueden verse también en sus versiones originales. Las comentaremos por este orden: una francesa, una británica, dos norteamericanas, una canadiense y una española.

La primera es ‘Nos vemos allá arriba’, de Albert Dupontel. Adaptación de la novela homónima de Pierre Lemaitre, Premio Goncourt 2013, en la que dos supervivientes de la I Guerra Mundial montan una estafa en torno a los monumentos en honor a las víctimas de la contienda. Excelentes críticas avalan su visión.

La segunda es ‘En la playa de Chesil’, debut tras la cámara del prestigioso director teatral Dominic Cooke. Otra adaptación literaria., Esta vez de la novela homónima de Ian McEwan. Ambientada en los años 60 del pasado siglo, sigue a dos jóvenes veinteañeros, de distintas extracciones sociales, que se enamoran y contraen matrimonio. Pero lo que ocurre en la noche de bodas en el lugar del título marcará sus vidas para siempre. Ha gustado mucho y no hay que perdérsela.

La tercera es ‘A la deriva’, de Baltasar Kormákur. Basada en una historia real en la que una pareja se hace a la mar en un velero, sorprendiéndoles una tormenta. Al resultar herido él, la supervivencia de ambos estará en manos de ella. Ha gustado, en general, con ciertas reticencias pero habrá que darle una oportunidad.

La cuarta es ‘Sicario: El día del soldado’. de Stefano Sollima. Secuela de la que firmara en 2015 Denis Villeneuve, la han encontrado digna y potente, aunque no a la altura del original. En cualquier caso, merece la pena comprobarlo.

La quinta es ‘Closet Monster’, de Stephen Dunn. La historia sigue a un chico gay – de entorno homófobo y familia disfuncional – que sueña con labrarse un futuro profesional y vital en Nueva York. La preceden excelentes reseñas y no hay que obviarla.

Y la sexta es ‘Casi 40’, de David Trueba. Biznaga de Plata en el Festival de Málaga, en el que recupera a los protagonistas de su ópera prima ‘La buena vida’ (1996), Lucía Jiménez y Fernando Ramallo, y a sus respectivos personajes, más de veinte años después. Ha interesado y debe verse.

‘Hereditary’: Propiedad condenada

Quien esto firma no es, ni mucho menos, una experta en el cine de terror, aunque sea asidua al género. Tiene claro también que, en su personal e intransferible opinión y por poner solo algunos ejemplos, prefiere la sutileza antes que la obviedad en el tratamiento. Prefiere una gradación inquietante antes que sobresaltos abrumadores. Prefiere un mayor cuidado en los personajes antes que en los efectos especiales. Prefiere las elipsis y el fuera de campo antes que las vísceras. Prefiere también que las criaturas espectrales sean respetadas y l@s villan@s, más complej@s.

Algunos de tales ingredientes los ha encontrado en ‘Hereditary’ – producción norteamericana de 126 minutos de metraje, escrita y dirigida por Ari Aster, cosecha del 87, que debuta en el cine con ella. Su excelente y matizada fotografía la firma Pawel Pogorzelski y su no menos idónea banda sonora, Colin Stetson – que combina las casas encantadas y lo sobrenatural, con toques maléficos y con los usos del cine independiente, en esta historia sobre una familia compuesta por madre, padre, hijo e hija que reciben una herencia envenenada – en forma de propiedad inmobiliaria -a la muerte de la abuela materna, de inquietante y poderosa personalidad.

Y los ha encontrado especialmente en su primera parte. Desde ese brillante comienzo con la esquela y el posterior funeral. Desde la descripción de los efectos en cada uno de los cuatro personajes centrales de tal desaparición. Desde la mirada de su hija, y madre de la chica y el chico, hilo conductor de la historia, mirada cómplice y atormentada de l@s espectadores-as, tan lúcida como (auto)destructiva. Desde esa catarsis familiar tras otra pérdida que impulsa ella, una magnífica Toni Collette a quien secundan muy bien Gabriel Byrne, su contrapunto, con su empaque habitual, Alex Wolff y Milly Shapiro.

Desde las miniaturas de la casa y sus habitantes integradas y casi tomando vida en la mansión. Desde el grupo de duelo, donde conocemos los antecedentes de la protagonista. Desde las informaciones sobre las personalidades de este grupo humano que se nos van suministrando progresiva y paulatinamente. Desde las presencias que, estando, no se manifiestan más que veladamente. Desde su puesta en escena, tan lógica como esquiva, tan elegante al principio como barroca y truculenta luego.

Ahí está uno de los errores de ‘Hereditary’, para quien esto firma, esa ruptura con el tono y el ritmo anteriores para precipitar los acontecimientos en un final – con ciertos guiños a ‘La semilla del diablo’ – desmesurado y carente de una mínima congruencia. Carente de una exigible lógica narrativa también en este terreno proceloso.

Pero, en fin, una película interesante que merece verse.

‘Granny’s Dancing on the Table’: El orden patriarcal

Esta propuesta que nos ocupa – producción sueca fechada en 2015, de 89 minutos de metraje, escrita y dirigida por Hanna Sköld, cosecha del 77, con una banda sonora, que suena mínimamente, firmada por Giorgio Giampá y cuyas inquietantes imágenes se deben a Ita Zbroniec – Zajt – es la primera que distribuye y da a conocer la empresa sevillana Cocodrila Films cuyo objetivo es: “conectar a audiencias comprometidas con la sociedad con obras audiovisuales que muestren esos problemas reales… concienciar mediante la educación y a través de películas con valores… películas que asumen riesgos notables en cuanto a contenido, narrativa, forma o técnica y logran sortearlos”

Y a fe que ‘Granny’s Dancing on the Table’ cumple con tales requisitos. Arriesgada e innovadora de fondo y forma, mezcla imágenes reales con  stop motion para narrar la terrible historia de Eini, una chica subordinada a su feroz y tiránico progenitor con quien vive aislada del mundo, en una situación límite que la lleva a anularse de tal modo hasta llegar a perder su identidad. Mientras, va recordando el pasado familiar en imágenes animadas que, de alguna manera, explican – pero nunca justifican – como se ha llegado al siniestro y terrible presente.

Denuncia radical, sin concesiones, ni paños calientes, de la violencia machista. Del horror con el que el orden patriarcal oprime a las mujeres y que hunde sus raíces en los orígenes del padre verdugo y tirano, sometido a su vez y testigo impotente de las agresiones sufridas por la que, a todos los efectos, ejerció de madre con él.

La realizadora se sirve tanto de l@s muñec@s como de la vida cotidiana de los protagonistas  – magníficos Blanca Engström y Lennart Jähkel – con una puesta en escen desasosegante, con grandes silencios, planos fijos, sin apenas más diálogos que los imprescindibles o que la voz aniñada de la víctima relatando la historia de sus ancestros para este fin. Hasta llegar a la catarsis con la que concluye el relato, sin dejarnos apenas asideros.

Película diferente, valiosa, y necesaria. Con claves tanto del cuento de terror – pues de terror se trata – más siniestro, con toques de inocencia, como del drama nórdico más denso e intenso en el que las agresiones apenas si necesitan, ni muestran, gritos, ni subrayados. Porque el poder no requiere exasperación alguna para manifestarse en toda su ferocidad.

Quien esto firma, tiene que reprocharle la linealidad y repetición de algunas secuencias y situaciones aunque sea algo deliberado para forzar aún más nuestra incomodidad y desasosiego. Pero, aún así, cae en la reiteración innecesaria describiendo la convivencia entre los dos personajes centrales.

En cualquier caso, sean valientes y véanla.

‘Tully’: La mística de la maternidad

La combinación de Jason Reitman  – actor y director, de la cosecha del 77, con una filmografía irregular, pero con títulos estimables como ‘Up in the air'( 2009) en su haber – y Diablo Cody – cosecha del 78, guionista y bloguera – ha dado lugar a películas estimulantes como ‘Juno'(2007), por la que ella consiguió un Oscar,  y ‘Young adult’ (2011), que protagonizaba también Charlize Theron. Y, como dicen que no hay dos sin tres…, esta es la tercera.

Cody conocía el tema de primera mano pues – según fuentes de la página ESPINOF – escribió la historia después de dar a luz a su tercer hijo. Por ello, y porque también es una de sus señas de identidad, retrata tan bien en ‘Tully’ – de 94 minutos de metraje, con una muy matizada fotografía de Eric Steelberg y una buena banda sonora de Rob Simonsen – la antítesis de la mística de la maternidad, con la inestimable complicidad tras la cámara de Reitman.

En efecto, desde el minuto uno sabemos que, en esta propuesta tan particular, el ejercicio de ser progenitora a parte entera y prácticamente en solitario – pues su marido no es un mal tipo pero sí un padre, y un compañero, ausente – iba a ser tan duro, agotador y alienante para Marlo – una espléndida Charlize Theron, que engordó 20 kgs para este rodaje – que afronta la recta final de su embarazo y la crianza, con el plus de dos hijos más, una niña sin problemas y un chico lleno de ellos, tan adorable como insufrible.

Realizador y guionista introducen el escalpelo sin anestesia para retratar el tremendo día a día de esta mujer inteligente, cultivada y profesional de baja, que no tiene existencia propia, a la que su cuerpo y su mente no le pertenecen y cuyo microcosmos de colegios, rabietas, deberes, extractores de leche, pañales, lavadoras, insomnios, lactancia a parte entera, centros educativos que no quieren asumir a un niño difícil, el trabajo doméstico,  el desaliño, el infinito cansancio, estrecha sus horizontes cada vez más… hasta que su hermano, un hombre de éxito, con una esposa irreprochable le regala una niñera nocturna – estupenda Mckenzie Davis, cuya química con Theron es incuestionable – y su modus vivendi cambia radicalmente.

La relación, profesional y personal, de dos mujeres que se ayudan y estiman mutuamente, con la noche por testigo, en un hogar en el que el buen hacer, tan peculiar y sui géneris, de la trabajadora que suponen y un antes y un después para la protagonista, junto al empoderamiento resultante de ella y a la complicidad integral entre ambas están muy bien descritos … hasta que un giro narrativo osado, pero no bien desarrollado, lo desestabiliza todo.

Para quien esto firma, además, resultó decepcionante, más bien inverosímil y chocante, en contraste paradójico con el tono hiperrealista, por llamarle de alguna manera, anterior y con un final complaciente también escasamente creíble.

Pese a todo y por todo, no deberían perdérsela.