En el brillante y potente arranque de esta película, una revelación inesperada en un oído inocente, por parte de una emisora dueña de un secreto que no debió ser tan tempranamente revelado, provoca una reacción en cadena explosiva y contundente contra la parafernalia navideña del aeropuerto de Laponia.
En el aeropuerto de esta Laponia del título. El mismo en el que dos hermanas, una de ellas residente allí, y la otra en España, se reencuentran, tras años sin verse, con sus respectivas parejas, hija e hijo, para celebrar las Fiestas. A partir de ahí, las diferencias culturales y de todo tipo, unidas a viejos agravios del pasado harán su aparición.
Y ustedes dirán que el género, por derecho propio, de las reuniones familiares en días señalados, que generan tensiones y conflictos, es algo recurrente en el cine. Pues bien, no lo es exactamente en este caso. Porque, aunque luego intervengan otros factores disruptivos, gran parte de la trama tiene el hilo conductor de las casi irreconciliables distancias entre el modus vivendi/modus operandi de los dos países, extensivo también a las forma de educar/socializar a sus vástagos, prima y primo.
Lo cierto es que, aún teniendo una importante carga crítica y autocrítica, las idiosincracias nacionales, representadas especialmente por el cuñado lapón y la cuñada española, junto a sus cónyuges, están brillantemente dialogadas y resultan muy divertidas y corrosivas.
A través de ellas, se muestran las variopintas, a veces casi radicalmente opuestas, personalidades de l@s protagonistas y sus interrelaciones mutuas entre hermanas, cuñada y cuñado, maridos y mujeres, ya que hay para tod@s y cada un@. También su evolución a lo largo del metraje entre acuerdos y desacuerdos, heridas abiertas y los secretos que ocultan.
Porque aquí hay una incisiva reflexión sobre las distintas posturas, compleja e inteligente y nunca equidistante. Una reflexión en torno a unas miradas antagónicas de mayores y menores sobre el concepto de la realidad frente a la magia e ilusión de unos días tan señalados del calendario.
Producción española, fechada en el año en curso, de 89 minutos de metraje. Realizada por el guionista, director de teatro, series, adaptadore y cineasta David Serrano, cosecha del 75, entre cuyos créditos están los títulos ‘Días de fútbol’ (2003), ‘Días de cine’ (2007) o ‘Tenemos que hablar’ (2016).
Su guion se debe a Cristina Clemente y Marc Angelet, que adaptan la obra teatral que escribieron ambos junto a Jordi Casanovas. Su muy solvente fotografía la firma Joan Bordera y su música, de la que cabe decir otro tanto, es de Joan Martorell. El estupendo cuarteto protagonista lo bordan Natalia Verbeke, Ángela Cervantes, Julián López y Vebjarn Enger.
Añadir, por último, que su inteligente puesta en escena aligera una carga de dramaturgia, que nunca pesa. Añadir, por último, que deberían verla.