ATENCIÓN:
La crítica de esta película – que ya no se proyecta en Sevilla y que es una de las elegidas para debatir en la sesión de clausura del curso y de la temporada de nuestra tertulia de cine Luis Casal Pereyra, que tendrá lugar el MIÉRCOLES, 10 DE JUNIO, A LAS 19.30, EN LA CUARTA PLANTA DE CASA DEL LIBRO VELÁZQUEZ – puede contener SPOILERS. Avisad@s quedan y esta firmante confía en que ya la hayan visto.
Su historia arranca el 10 de diciembre de 1973. y al día siguiente, el 11 de infausto recuerdo, en Chile, donde ya el ruido de sables de la dictadura militar era ensordecedor, hasta convertirse en un feroz golpe de Estado contra el gobierno legítimo y democrático de Salvador Allende, al que el militar protagonista salvó la vida dando cuenta de un atentado contra él años atrás.
En ese contexto, un capitán – ex jefe de la Inteligencia de la Fuerza Aérea, amante del vuelo y de la enseñanza a jóvenes cadetes que sueñan con ser paracaidistas como él mismo, toda una leyenda – es informado de que su Escuela de Aviación va a ser convertida en un centro de detención y tortura.
Al principio, pese a que no puede comunicarse con su esposa – profesora de Historia – y creyendo que el terror durará poco, hará cuanto pueda por obedecer las órdenes, pese a que por su vinculación con el depuesto y asesinado presidente está bajo sospecha. Sólo percibirá el horror en toda su magnitud cuando un fanático coronel, viejo enemigo suyo regresa con todo el poder y las cuentas pendientes y cuando su mujer le describe la brutalidad con que han sido desalojados ella, sus compañeros y l@s estudiantes.
Percibirá el horror en toda su magnitud cuando comiencen a llegar los prisioneros. Cuando los vea de rodillas con las manos atadas. Cuando oiga sus gritos y lamentos ante las torturas y los insultos que sus verdugos les profieren. Cuando le ordenen a él mismo, tras un interrogatorio frustado, conducir a los presuntos cabecillas al matadero…
Cuando apenas si le sea dado verles y oirles más que en segundo plano, casi fuera de campo, condenados de antemano, cuando su sentido de la lealtad, de la ética y la justicia le confronte, y le obligue, bien a tomar partido aún a costa de poner en peligro su vida o a seguir acatando las decisiones de un indeseable lleno de odio y sediento de sangre, tomará una decisión que marcará su futuro.
Ese capitán existió en realidad y su nombre era Jorge Silva. En los créditos finales, si la han visto, o en internet, si lo han buscado, habrán sabido cual fue su opción y su destino. Esta película le honra como merece, al tiempo que muestra sus incredulidad y contradicciones ante los espantos que le fue dado contemplar y sentir.
Coproducción entre Chile, Argentina e Italia, fechada en el año en curso, de 81 minutos de intenso, inquietante y brutal metraje. La filma el productor y realizador de cine y televisión chileno, Juan Pablo Sallato y su guion es de Luis Emilio Guzman. La fotografía, íntegramente en blanco y negro, lo que acentúa aún más su desasosiego porque la puesta en escena es minimalista y contenida, Diego Pequeño. Y su banda sonora, que acentúa el dramatismo de lo narrado, la firman Alberto Michelli y Matteo Marrella.
De entre su impecable reparto, destacar al eminente protagonista Nicolás Zárate. Precedida de cuatro importantes galardones en el Festival de Málaga: Mejor Actor, Mejor Montaje, Premio de la Crítica y Premio del Público, todos los reconocimientos le son debidos.
Tendremos, se reitera, ocasión de debatirla en la sesión de clausura del curso y de la temporada de nuestra tertulia de cine Luis Casal Pereyra, que tendrá lugar el MIÉRCOLES, 10 DE JUNIO, A LAS 19.30, EN LA CUARTA PLANTA DE CASA DEL LIBRO VELÁZQUEZ.
Y si no la han visto, háganlo cuando la oferte en su catálogo alguna plataforma. Ni se les ocurra perdérsela.