‘Los caballeros blancos’: Las mejores intenciones

Esta película se basa en la libre interpretación de un hecho real que afectó, en 2007, a una ONG francesa llamada ‘El Arca de Zoé’, cuyos miembros fueron detenidos al intentar sacar ilegalmente del Chad a más de un centenar de niños-as, que iban a ser adoptados-as en Europa, previo pago de los futuros progenitores. Menores de los que se aseguraba su orfandad , para que nadie pudiera reclamarles, y el contar con un máximo de cinco años para una adaptación óptima en su país de acogida.

El belga Joachim Lafosse, cosecha del 75, autor de la notable ‘Perder la razón’, ha adaptado esta historia, fechada en 2015 y de 115 minutos de metraje, contando con un guión muy solvente de Zélia Abadie y Bulle Decarpentries, con una magníficas imágenes de Jean-François Hensgens y con las interpretaciones sobresalientes de, sobre todo, Vincent Lindon, Louise Bourgoin y Valérie Donzelli. No hay más banda sonora que los diálogos, los sonidos ambientales y las canciones que se entonan. Obtuvo la Concha de Plata en el pasado Festival de San Sebastián.

La mirada del realizador es casi documental, casi entomológica, mostrándonos la llegada del grupo; el campamento; la relación con los nativos; los intermediarios; los jefes de los poblados; su día a día; su logística; sus interrelaciones; sus acuerdos, desacuerdos y conflictos internos y externos.

Todo ello integrado en un paisaje bélico, devastado y paupérrimo, en los que los límites éticos y morales de la acción humanitaria son difusos. Pero también la corrupción, los engaños y abusos de las víctimas y cómplices de un lamentable estado de cosas.

Y, en medio de todo este caos, más o menos organizado, más o menos sujeto a la improvisación, los-as niños-as. El eslabón más débil de esta cadena, cuyas vidas y futuros dependen de las transacciones, chantajes, presiones y sobornos varios de gentes adultas algunas de las cuales, supuestamente, actúan animadas de las mejores intenciones.

Y estas ambigüedades, estas incómodas ambivalencias de signo político, colonialista, de solidaridad y de justicia, con sus oscuros reversos nos son mostradas aquí sin trampas míticas, ni épicas, ni sentimentales. Lo que no implica que, dentro de su distanciamiento, o quizás precisamente por ello, tenga momentos profundamente emotivos.

Quien esto firma, la encontró dura, difícil, valiente, poderosa, compleja, sensible, inteligente y enormemente honesta en su fondo y en su forma. En su narrativa y en su tratamiento. Y no puede más que recomendarles que no se la pierdan.

‘Hello, my name is Doris’: Las desgracias de la edad

Toscamente traducida, hay una clarividente frase de Voltaire particularmente indicada para el tema de esta película que, con algo de retraso, nos ocupa: “Quien no tiene el talento de su edad, tiene toda la desgracia de su edad”. Porque, tanto a nivel cinematográfico como en el de la llamada vida real, la desgracias de la edad, en el terreno amoroso, se ceban con las mujeres. Nunca con los hombres y a este asunto ya nos hemos referido en otra entrada.

En ‘Hello, my name is Doris’, título que absurdamente no se ha traducido al castellano, una sexagenaria se siente motivada – tras un seminario de autoayuda – para perseguir, con un interés romántico, a un nuevo, joven y atractivo jefe de su oficina que podría ser su hijo. Para ello, utilizará toda la artillería pesada, redes sociales incluidas.

Es curioso que gran parte de la crítica, mayoritariamente masculina y con todos los respetos por sus opiniones, haya saludado a esta propuesta fílmica con bastante complacencia. La han considerado lúcida, emocionante e incisiva. Quien esto firma, por el contrario, discrepa de tales argumentos. El tratamiento paternalista, condescendiente aunque aparentemente cariñoso y rozando lo grotesco, de su personaje central la invalida desde su punto de vista.

Porque solo el enorme talento de Sally Field insufla vida y libera, si bien que parcialmente, del patetismo a una protagonista en minoría de edad mental, emocional y de estilo indumentario e imagen extravagantes, por decirlo con suavidad. Que además padece el Síndrome de Diógenes y, horror de horrores, tiene un gato. En varias películas de este verano, se ha hecho una despectiva y misógina alusión a las mujeres mayores que conviven con estos fascinantes e incomprendidos animales. Más que harta…

Sostienen voces cualificadas que su mirada es crítica con el mundo laboral. Para quien esto escribe es más bien superficial, esquemática y, de nuevo, sexista por el odioso retrato de la jefa. Y así podríamos seguir. Algunos de sus datos técnicos son 95’de metraje; que está fechada en el 2015; que el guión lo firman conjuntamente su realizador, Michael Showalter y Laura Terruso ; que su fotografía se debe a  Brian Burgoyne y su  banda sonora a Brian H Kim; que posee una buena factura y tiene ciertos momentos divertidos.

En fin. Las desgracias de la edad ejemplificadas en una protagonista que debería haber sido encarnada, a nivel de personalidad, por una secundaria arrolladora, Tyne Daly, la amiga y cómplice. La pelota, en sus tejados.

En cartelera: Luces y sombras

De la nueva oferta de estrenos de la cartelera que se renueva hoy, destacamos cuatro películas. Dos en versión original en todas sus sesiones, una doblada y otra española. La mitad de ellas realizadas por mujeres. Y en cuanto a géneros, dos dramas, un thriller y una de terror.

La primera es la franco-belga ‘Los caballeros blancos’, de Joachim Lafosse, también realizador de la notable ‘Perder la razón’. Basada en el caso real de un escándalo protagonizado por una ONG que, supuestamente, debía atender a menores africanos. Con Vincent Lindon y Louise Bourgoin, en los principales papeles. Ha gustado mucho y se impone verla.

La segunda es la coproducción entre India, Reino Unido y USA, ‘La estación de las mujeres’, de la realizadora hindú Leena Yadav. Sobre cuatro mujeres que se enfrentan con valentía a los hombres y a las costumbres y leyes que las oprimen. Muy buenas referencias y no hay que perdérsela.

La tercera es la estadounidense de terror ‘Nunca apagues la luz’, de David F Sandberg, adaptación al largometraje de un corto del propio director. Como su título indica, la protagonista debe enfrentarse a una inquietante criatura que solo se manifiesta en la oscuridad. Reseñas muy contrastadas, predominando las negativas, pero aún así…

Y la cuarta es el thriller de nuestro país ‘Secuestro’, de Mar Targarona. Una abogada cuyo hijo es raptado, aunque vuelve y reconoce al captor que, por falta de pruebas contundentes, queda libre. Entonces, la madre toma una decisión de consecuencias irreversibles. En su reparto, Blanca Portillo, José Coronado, Antonio Dechent y Macarena Gómez. Intensos contrastes de pareceres, aunque habrá que comprobarlo.

 

‘El caso Fischer’: Tableros

El enfrentamiento por el campeonato del mundo de ajedrez entre Bobby Fischer, el titular norteamericano, y Boris Spassky, el soviético, en 1972, en Islandia, no solo fue un acontecimiento deportivo de primer orden, sino toda una confrontación política en sí misma. Tuvo lugar en plena Guerra Fría entre ambos países y había mucho en juego.

Esta película da cuenta de tal acontecimiento, con los preliminares de los comienzos y la formación en dicho deporte del estadounidense siendo niño y adolescente, a la vez que va mostrando su difícil y compleja personalidad.

La firma el guionista, productor y realizador Edward Zwick, cosecha del 52. Tiene 114 minutos de metraje. Su escritura se debe a Steven Knight. La excelente fotografía es de Bradford Young y la vibrante banda sonora, de James Newton Howard.

Pongamos las fichas críticas sobre sobre los tableros políticos, deportivos y fílmicos. Zwick  ha apostado por una biografía nada convencional y lo ha logrado a medias. Desde quien esto firma, la segunda parte es mucho mejor que la primera. Pero también es cierto que tiene un guión sólido, que está bien narrada, que su factura es brillante y que usa los iconos de una época – aparentemente dorada, pero, en realidad, tan cruel… – para insertar al protagonista en su contexto histórico. Es legítimo, aunque podría haberse atrevido más.

Funciona como una película comercial digna y arriesga con la jugada de un retrato nada amable del personaje central – un prodigioso Tobey Maguire – tan genial como insoportable, tan lleno de talento como asocial, tan tiránico como arbitrario, tan brillante como desequilibrado. Antisemita, pese a ser judío, paranoide, fuertemente conservador y emocionalmente inestable. Con el agravio comparativo permanente del trato dado por la organización a sus rivales políticos y deportivos y una extremada sensibilidad auditiva, rozando casi la alucinación.

Quien esto firma, no sabe jugar al ajedrez y desconoce sus reglas. Aún así, encontró absorbente tanto la partida definitiva, como sus preludios . El realizador sabe implicarte con ese hombre tan genial como torturado. Te hace sentir lo que él percibe, pero nunca alienta la empatía con su comportamiento errático. Si acaso, el asombro y la inquietud, casi con las claves de un thriller.

Y cuenta con buenos secundarios-as. Especialmente con quienes interpretan a esos dos hombres, el religioso y el seglar, que le cuidan, le apoyan y le sufren. Magníficos Peter Sarsgaard y Michael Stulhbarg. A Liev Schreiber no se le dan demasiadas oportunidades de manifestarse. Ese es uno de los reproches. De acuerdo con que el filme está centrado en Fischer, pero habría sido muy interesante mostrar algunos rasgos de la personalidad del ruso, aquí un espejo irónico e inexpresivo donde se refleja su desquiciado competidor. Aunque su bello gesto final le haga digno y cercano.

Otro pero es en lo tocante a las mujeres. Tanto la madre como la hermana del protagonista fueron brillantes e inteligentes y aquí son apenas sombras, reducidas a meros esquemas. Y sobra absolutamente la chica prostituida con la que él se inicia. Sexista hasta decir basta.

Pero… con sus luces y sus sombras, hay que verla.

‘En cartelera’: Juegos, fantasmas, violines y redes

Quien esto firma, pide disculpas por haberse ‘saltado’ esta sección, o escribirla con retraso, en estas dos pasadas semanas. El cuidado intensivo de una de sus gatas, a nivel de clínica veterinaria y en casa, no le ha dejado más tiempo que para pergeñar algunas críticas.

Subsanado queda, aún con dos días de demora, con estas líneas. Así que comenzamos la reseña de la nueva oferta de películas de estreno, como es habitual, por las que se proyectan – en todas o en algunas sesiones – en versión original subtitulada. Son cuatro, pues la firmante ha tenido la desdicha de padecer una de ellas, la quinta en cuestión, y prefiere ni mencionarla…

La primera es la estadounidense ‘El caso Fischer’, de Edward Zwick . Sobre el legendario y mítico enfrentamiento, en 1972 y en plena Guerra Fría, por el campeonato del mundo entre los campeones nacionales de USA, Bobby Fischer y de Rusia, Boris Spassky. División de opiniones, predominando las positivas y unanimidad en la interpretación de Tobey Maguire. Hay que verla.

La segunda es la brasileña ‘El profesor de violín’, de Sergio Machado. Inspirada en una historia real cuyo protagonista fue un violinista de talento que, tras ser rechazado por la Sinfónica de su país, comienza a dar clases en una zona de favelas de Sao Paulo en los años 90. Contraste de pareceres, pero se ha destacado que huye de los tópicos del género tanto como del sentimentalismo facilón. Debe verse.

La tercera es la también norteamericana ‘Nerve’, de Henry Joost y Ariel Schulman. Sobre las manipulaciones de un juego de rol por internet, que experimenta una joven estudiante. Ha gustado, en general, con ciertas salvedades y no hay que obviarla.

La cuarta es su compatriota ‘Cazafantasmas’,  de Paul Feig. Rotundamente comercial, sí, pero es una suerte de precuela de la original, con cuatro mujeres protagonistas. Cuatro mujeres entre las que están Melissa McCarthy y Kristen Wiig. Contraste de pareceres, pero… se le puede dar una oportunidad.

Para terminar, la coproducción hispano-argentina ‘Al final del túnel’, de Rodrigo Grande. Un curioso thriller en el que un hombre en silla de ruedas, una mujer y su hija tratan de evitar un atraco que pretende hacerse a través de un túnel, que pasa bajo la casa del primero. Ha gustado y no hay que perdérsela. Protagonizan Leonardo Sbaraglia, Clara Lago, Pablo Echarri y Federico Luppi.

‘Regreso a casa’: Lo personal es político

Escribiendo estas líneas ahora mismo, quien esto firma acaba de enterarse, vía twitter, de la coincidencia del título de esta crítica con un artículo de Sara Mateos para eldiario.es, publicado hace ahora un año. Corresponde a una lúcida y certera frase, que se convirtió en una reivindicación del Movimiento, de la feminista Carol Hanisch en uno de sus escritos de 1969. Aún con un tema radicalmente distinto, sirve muy bien para reseñar este relato.

Una narración de 111 minutos de metraje, que está fechada en 2014. La dirige el prestigioso cineasta chino Zhang Yimou , cosecha del 51, con títulos como’Sorgo rojo’, ‘Vivir’, o ‘La linterna roja’, en su haber. Su eficiente guión lo firma Zhou Jingzhi, sobre la novela de Yan Geling. Su espléndida fotografía se debe a Zhao Xiaoding y su bella partitura a Chen Qijang.

Sigue a una pareja de profesores, con una hija, cuyas vidas pagan un enorme precio por el encarcelamiento del marido y progenitor durante la Revolución Cultural. Luego de un intento de fuga y a su vuelta, décadas después, la mujer – aquejada de una amnesia psicológica y selectiva – no le reconocerá, ni le aceptará en su hogar. Así que el regreso a casa no dejará de ser más que irónico.

Yimou sigue analizando la historia de su país desde diferentes épocas y perspectivas. En este caso, su enfoque de un feroz totalitarismo, con ideales asumibles y prácticas detestables, afecta sobre todo a la esfera privada de los tres protagonistas principales.

Pero también lo retrata en escenas épicas y sobrecogedoras, magistralmente filmadas. Así, el ya mencionado intento de fuga, las de las distintas esperas en la estación o, a un nivel más cotidiano, el ensayo del baile de la niña en una escuela en la que es injustamente marcada por ser hija de un “traidor”.

Ha sido muy valiente al darle un tono tan triste, poético y sentimental a la relación de estos cónyuges en permanente desencuentro, tan delicado y conmovedor. O las duras aristas de los vínculos madre-hija y la complicidad inesperada entre la joven y su padre. E igualmente lúcido para mostrar, a través de ellas, las miserias morales, inducidas más que voluntarias y conscientes, y los abusos de poder. Y los ardides de una memoria tan selectiva, como empecinada. Memoria subjetiva, Memoria Histórica. Lo personal es político.

Ya se ha mencionado su impecable factura. Su puesta en escena tan grandiosa como sutil y, pese a desarrollarse casi todo el metraje en espacios pequeños, nunca estática, ni teatral. Sus tonalidades grises y plomizas, acordes con los tiempos oscuros que narra. Su reparto… ¡¡¡qué trío de ases!!!. La chica Zhang Huiwen, tan confusa y torturada. Mención especial para la exquisita y admirable Gong Li, una mujer tan fuerte, íntegra y leal. Y para el excelente Chen Daoming, encarnando a uno de los más nobles y dignos personajes masculinos vistos en los últimos tiempos.

Hermosa, lírica, valiente, honesta, valiosa y emocionante. Bajo ningún concepto deberían perdérsela.

 

 

 

‘El verano de May’: Antes de la boda

La cineasta Cherien Dabis  es una mezcla entre palestina y estadounidense, de la cosecha del 76, nacida en Nebraska y criada entre Ohio y Jordania. Su familia estuvo un tiempo bajo sospecha y esa mezcla de culturas ha hecho que se sienta como “árabe en América”. Tales identidades confrontadas las refleja como productora, guionista, realizadora y protagonista en ‘El verano de May’.

Producción norteamericana de  2013. 99 minutos de metraje. Su fotografía la firma Brian Rigney Hubbard y su música, Fred Avril. Narra la historia de May,  una cultivada escritora neoyorquina, con un libro de éxito sobre proverbios orientales – en los que está dividido el filme, a modo de capítulos – y preparando otro, que llega a pasar los días previos a su boda a su Jordania natal, con su madre y hermanas. Aunque también verá a su progenitor, un norteamericano que las abandonó, casado de nuevo con una hindú mucho más joven.

Así descrito el relato, como una vuelta más bien conflictiva a las raíces y ancestros, podría inscribirse en el género de reencuentros familiares tan caro al cine independiente, al que pertenece por derecho propio. No es menos cierto, por otra parte, que incurre en ciertos esquemas trillados. Pero también lo es que está habitada por una combinación explosiva de religiones, nacionalidades, usos y costumbres orientales y occidentales, que la hacen diferente y más que peculiar.

A saber. La madre es nada menos que una ferviente evangelista. El novio, también residente en USA – y al que, estando muy presente, no veremos hasta el final –   es un musulmán ateo y laico. El padre, agnóstico convencido como sus tres hijas. Ninguna de las mujeres va velada, ni con vestimenta autóctona alguna y May hace footing diariamente por las calles llenas de hombres como si estuviera en el mismísimo Central Park. Solo que hay llamativas diferencias en el efecto que causa en ellos…

Y luego están los clásicos secretos por descubrir, que nos aportan alguna que otra sorpresa. Los vaivenes emocionales y sentimentales, referidos tanto al modus vivendi y a las dudas previas a la boda como a los compromisos de un prometido casi tan ausente como el primer hombre de su vida. El estrechar lazos, el sincerarse sin estridencias y aceptar las diferencias sin exclusiones.

Todo este material es manejado con habilidad, humor y lucidez por la directora. Se le podrían reprochar algunos clichés, pero los sortea con inteligencia. También el que pase muy de puntillas, aunque haga alguna referencia, sobre la terrible situación política de la zona y ninguna sobre la de las mujeres, centrándose exclusivamente en las del clan familiar.

El reparto cumple las expectativas, con una mención especial para la estupenda Hiam Abass y la sorpresa de Bill Pullman. Sin ser redonda, una mirada diferente de mujer que merece la pena verse en esta adocenada cartelera veraniega.

 

 

 

 

‘Mi vida a los 60’: Cronologías

Coinciden estos días bochornosos en nuestras carteleras varias propuestas cinematográficas dirigidas por mujeres. Ya indicamos en otra entrada que esta estación es propicia para las realizadoras. Para lo mejor, porque podemos conocer sus filmografías y para lo peor, porque es temporada baja y no suelen durar mucho en las salas.

‘Mi vida a los sesenta’ es una producción alemana fechada en el 2014, de 98 minutos de metraje. Ópera prima de Sigrid Hoerner , quien la presentó el pasado junio en el 18 Festival de Cine Alemán de Madrid. El guión es de Jane Ainscough. La fotografía la firma Matthias Fleischer y la música, Max Knoth.

Narra, en clave de comedia, las peripecias de Louise, una brillante, pero impopular en su trabajo, física molecular a quien su jefe obliga a jubilarse prematuramente, apenas entrada en la sesentena, y se plantea hacer algo transgresor que ha dejado aparcado en su vida. Paralelamente, un galerista llamado Frans, contemporáneo suyo, intenta aferrarse a la juventud por todos los medios. Sus caminos se cruzan y…

Su realizadora ha comentado que en ella “se muestra el ridículo que muchas veces rozan los hombres y mujeres mayores que se niegan a envejecer, pero que ni quiere juzgar, ni invitar a nadie a hacerlo” También que “es cierto que muestra clichés, pero es que a veces la realidad se acerca cada vez más a la caricatura; si miro a mi alrededor, son muchas las personas, sobre todo hombres, que se comportan sin ningún pudor”

Y que “no es una reivindicación feminista, pese a las dificultades que ha tenido para hacerla, pero que la ha rodado para explicar que no está dispuesta a verse limitada si quiere vivir con los mismos derechos que un hombre” Escrito queda y toda una declaración de principios que puede aplicarse a esta reseña.

La película, que acusa en su factura la inexperiencia tras la cámara de la cineasta y el exiguo presupuesto del que dispuso, es honesta y consecuente al abordar el duro proceso del envejecimiento en una sociedad que rinde culto a la eterna juventud. Hace una sátira de tal crisis en sus protagonistas, con una mirada crítica hacia ambos. Pero incide sabiamente en la paradoja de que resulte mucho más transgresora la pretensión de ella, siendo algo disparatada, de que el hecho de él tenga una amante veinteañera…

Divertida y ácida, pese a su humor germano, es mejor cuando se plantea los temas más en serio. Cierto que contiene algunos clichés, pero lo es también que rompe esquemas. La científica es ella; el galerista, él. La irresistible madre de ella y el no menos encantador y comprensivo hijo de él. Sus interrelaciones mutuas y el proceso de su trato, tan cómplice, desinhibido  e inteligente. El reparto cumple muy bien, con especial mención para la estupenda Iris Berben.

En resumen, una película irregular e imperfecta, pero nada desdeñable. Adulta y promujeres. Deberían verla.

 

‘La memoria del agua’: Duelos

“Es la película más intensa y bella que pude hacer. La vi como cinco veces y lloré siempre. Fue un proceso de mucho aprendizaje, de contención, de meterme en aguas profundas y temerarias. Quise hacer este papel porque mis películas hablan por mí. Pero es lo que yo puedo hacer desde mi trinchera para honrar la memoria de mi hija, es mi arte para honrarla”

Palabras del actor chileno Benjamín Vicuña, excelente protagonista de ‘La memoria del agua’, sobre su papel aquí teniendo en cuenta la devastadora experiencia que sufrió al perder a su hija, de solo 6 años, hace apenas cuatro. Declaró también que “cree que los duelos son personales”. Este filme coincide con tal aserto.

Dirige y escribe el guión – junto a Julio Rojas – el cineasta chileno Matías Bize, cosecha del 79, autor también de las notables ‘En la cama’ y ‘La memoria de los peces’. 88 minutos de metraje. La espléndida fotografía la firma Arnaldo Rodríguez. No podemos decir otro tanto de la partitura, debida a Diego Fontecilla, única nota -nunca mejor dicho… – disonante, por su ampulosidad efectista y subrayados innecesarios. Esto en un relato fílmico tan austero y contenido, pese a lo desgarrador de su historia.

Dicha historia es la de una pareja acomodada y bien avenida – arquitecto él, traductora ella – a la que conocemos en plena fractura vital y amorosa, a causa de la muerte accidental de su único hijo, de 4 años. Separan sus destinos, a instancias de la mujer, y ponen a la venta su casa común. Pero un reencuentro, en el que hubiera sido el aniversario del niño, les depara la oportunidad de cambiar las cosas o, al menos, de clarificarlas.

Estamos ante una película habitada por la desolación, por una tristeza irreprimible, por lo irreversible de una ausencia, por la más terrible de las pérdidas. Estamos ante una película cuya mirada nos revela dos formas radicalmente distintas de afrontar el dolor, de asumir el duelo.

Pese a todo, y a ser tan desgarradora, tiene una narrativa y una puesta en escena, muy sobrias y púdicas. Aunque es inevitable, y la hay, la catarsis emocional de los protagonistas no nos es mostrada de forma simultánea. Su delicadeza es extrema. Nunca apabullante, ni manipuladora, es, por ello, mucho más intensa y poderosamente emotiva. Maneja muy bien las miradas, los gestos y las situaciones integrándolas en un espacio-tiempo nada lineal, pero tampoco transgresor al uso.

Hemos hablado ya de Benjamín Vicuña, pero Elena Anaya está magnífica. Justamente nominada a los Premios Platino como Mejor Actriz por este trabajo. No deja de ser curioso, además, el hecho de que ella protagonizara ‘Habitación en Roma’, de Julio Medem, una versión lésbica y muy particular de  la citada ‘En la cama’, del propio director que nos ocupa.

En definitiva, una tragedia íntima muy bien contada. Hermosa, emocionante hasta las lágrimas y dolorosa hasta decir basta, pero no exenta de cierta esperanza. Nada acomodaticia, ni trillada, ni tópica, pero muy valiosa y relevante. No la dejen escapar bajo ningún concepto.

‘Pastel de pera con lavanda’: Disparidades

Es sabido que en los relatos fílmicos sexistas – o sea, casi todos; sean más sutiles o más burdos – los personajes femeninos suelen apañarse con lo que les caiga en suerte. Para mayor precisión, con los personajes masculinos que les caigan en suerte. Por poner ejemplos recientes, con parejas que podrían ser sus padres o abuelos, como ya se comentó en una entrada anterior, o bien, como en el presente caso, con varones muy peculiares – para bien  y para mal – con los que un intercambio afectivo-erótico deseable, gratificante, igualitario y adulto es prácticamente imposible.

Pero bueno, lo mismo que la llamativa diferencia cronológica la convierten en seductora, en aras de la experiencia y el magisterio de los hombres, en este caso la peculiaridad está asociada a la ternura y a una inteligencia atípica y poco convencional aunque, presuntamente, muy aguda. Porque todo es presunto, por lo demás, en este pastiche que se describe vergonzosamente en los títulos de crédito finales como “un cuento de hadas real”. Nada menos…

Producción francesa de 100 minutos de metraje. Escrita y dirigida por Éric Besnard. La fotografía, de postal, es de Philippe Guilbert y la banda sonora, ajustada a la nadería argumental, es de Christophe Julian. La historia sigue a una viuda con dos hijos – el cónyuge se mató practicando parapente… – que intenta sacar adelante la granja familiar en La Provenza. Un día atropella a un desconocido más que singular, que cambiará su existencia y la de su familia.

Ese “cuento de hadas real” intenta transmitir la mutua química entre dos seres sensibles, pero, aunque el hombre esté aquejado de una carencia de habilidades sociales e interrelacionales, es él, precisamente, quien acaba solucionando los asuntos de ella y no al revés. Pero es ella, precisamente, quien acaba haciéndose cargo de un cuidado, del que libera a las instituciones correspondientes, hipotecando, a todos los efectos, su vida afectivo-erótica en una relación tan desigual, tan dispar.

Por lo demás, está llena de clichés sobre las bondades y beatitud de lo rural,  de paisajes y flores de la hermosa campiña provenzal que cubren las oquedades de un guión que no se sostiene. Intenta transmitir calidez y emotividad, pero a quien esto firma, le resultó, además de irritante por los insidiosos estereotipos sexistas mencionados, bastante aburrida. Los protagonistas, la ascendente Virginie Efira y Benjamin Lavernhe hacen lo que pueden. Que no es mucho decir.

En fin… Ustedes mismos-as.