Tertulia de cine Luis Casal Pereyra en Casa del Libro Viapol. Temporada 9: ¡¡¡Felices Fiestas!!!

Pese a las ausencias que se anunciaron, la última sesión del año de la novena temporada de nuestra tertulia de cine Luis Casal Pereyra resultó muy animada, participativa y estimulante. Las películas elegidas para el debate lo merecían, dentro de sus muy diferentes estilos y temáticas, por su complejidad y riqueza de fondo y forma.

‘Petite maman’, de Céline Sciamma gustó bastante en general. Se valoraron su magia, su fantasía, que no tiene nada que ver con la ciencia ficción. Entre el drama, el duelo y el cuento lleno de ensoñaciones sentimentales y la teoría de la amiga imaginaria de una niña inteligente y sensible con unos increíbles ocho años, que sostuvieron algunas.

Gustaron mucho la fluidez narrativa, su sutileza y el manejo del juego de dobles, de espejos, de los tiempos pasado y presente, de las relaciones madre-hija que se reencuentran en el mismo bosque, con la misma cabaña, en la misma casa donde la segunda habita en el presente y ambas están en el pasado.

En la misma casa donde se descubre un secreto y una despedida pendiente tiene lugar. Se apreciaron su fotografía, su factura, las dos hermanas gemelas actrices tan prometedoras y su clima, en general, tanto en el duelo como en lo imaginario. Pero hubo quienes no conectaron a nivel emocional con ella.

‘La ruleta de la fortuna y la fantasía’, de Ryüsuke Hamaguchi, uno de los más prestigiosos cineastas nipones cuya anterior filmografía permanece increíblemente inédita en nuestro país, fue muy bien glosada, con la sabiduría y cualificación crítica que le caracterizan, por Enrique Colmena quien destacó las cualidades de sutileza, interés, complejidad y riqueza que la caracterizan.

En este brillante filme de tres episodios – que, más desarrollados, podían generar otras tantas películas – de absoluto protagonismo femenino con la excepción de dos masculinos, se incide en el destino, los dobles finales, las ambivalencias, dos revanchas, un insólito triángulo sentimental, un encuentro debido a un equívoco que da lugar a una afinidad, confesiones íntimas y el probable nacimiento de una amistad. Todo ello tras una magia que no lo es tanto, tras una puerta siempre abierta y tras un reconocimiento que puede no ser tal.

Y ‘La hija’ del almeriense Manuel Martín Cuenca suscitó aclamaciones unánimes y un vivo debate, pero no en torno a sus cualidades y valor cinematográfico, que nadie cuestionó, sino en matices sobre su narrativa más lineal y convencional o no. Sobre si eran relevantes, la inmensa mayoría pensó que sí, los temas morales que plantea. Sobre la empatía con el destino de los delincuentes protagonistas, la inmensa mayoría no lo sentía en absoluto.

Sobre si podía resultar el personaje de Javier Gutiérrez mejor que el de Patricia López Arnaiz, que la mayoría pensó que no, que era el más despreciable de los dos y de la función. Sobre si el final podía ser previsible o no, aunque estaba claro que era sangriento.

Aplausos al trío protagonista, los dos mencionados y la revelación de Irene Virgüez. Aplausos al imponente paisaje de las Sierras de Segura y Cazorla y al sonido ambiental, como dos elementos dramáticos más. Aplausos al pathos final de sangre con los perros implicados que a una tertuliana le recordó a una tragedia griega. Gustó ese final tan abierto e inquietante.

Gustaron sus denuncias del abuso de poder y de autoridad, por parte del profesor a una menor. Interesaron mucho la consideración objetal de la chica como un vientre de alquiler nada al uso. O cómo el fin justificaba todos los medios de la pareja central. O cómo no existe un derecho a ser madre o padre, ni a comprar un cuerpo de mujer para ello, ni tan siquiera sus óvulos. O el retrato de unos menores infractores sin clichés, ni tópicos, sino sensibles y educad@s. O…

El miércoles, 12 de enero, a las 19.30, más. Debatiremos tres películas sobre el papel del mayor interés. A saber: La española ‘La vida era eso’, ópera prima de David Martín de los Santos, que entra el 10 de este mes de diciembre, la francesa ‘París, Distrito 13, de Jacques Audiard, que entra el día 22, y la coproducción entre Estados Unidos, Reino Unido y China, ‘El contador de cartas’, de Paul Schrader, que lo hace el día 31. Ya lo saben, véanlas lo antes posible y reténganlas en sus memorias, porque nos queda casi un mes y medio para el próximo encuentro.

Gracias a Rafael García, a Marina Alonso Espejo, a Daniel López, a Antonio Rivas y a todo el magnífico equipo de la librería por ser la mejor sede posible, por sus atenciones y por el regalo literario del género negro que le han hecho a esta firmante. Gracias a Enrique Colmena por su trabajo tan valioso compartiendo la coordinación de esta actividad. A la adorable perrita Maya, la estrella no humana del encuentro. Y a las mejores tertulianas, son todas mujeres esta temporada, del mundo mundial por su fidelidad, lecciones de cine y aportaciones.

GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS por una, por otra, velada memorable, enriquecedora y estimulante. ¡¡¡FELICES FIESTAS!!!

Películas para la próxima sesión de la tertulia de cine Luis Casal Pereyra del miércoles, 1 de diciembre, a las 19.30, en Casa del Libro Viapol. Toma 3, ‘La hija’: Vientre de alquiler

El guionista y cineasta almeriense, de El Ejido, Manuel Martín Cuenca, cosecha del 64, tiene en su haber una filmografía interesante y atípica entre la que destacamos títulos tales como ‘La mitad de Óscar’ (2010), ‘Caníbal (2013), que le valió dos Goyas al Mejor Director y al Mejor Guion Adaptado, o ‘El autor’ (2017). En casi todas ha ejercido además la coproducción y la escritura.

‘La hija’, su última propuesta, es una de las elegidas para debatir, en nuestra tertulia de cine Luis Casal Pereyra, este miércoles, 1 de diciembre, a las 19.30, en Casa del Libro Viapol. Producción española, fechada en este año, de 122 minutos de metraje. Su guion lo escribe él mismo, junto a Alejandro Hernández, sobre una historia de Félix Vidal.

La notable fotografía se debe a Marc Gómez del Moral y la banda sonora se nutre de preciosos temas de Vetusta Morla. Del excelente reparto, destacamos al trío principal que sostiene la acción. A saber: Javier Gutiérrez – de nuevo nominado al Goya como Mejor Actor Protagonista por este magnífico, intenso, matizado y duro trabajo – la estupenda Patricia López Arnaíz y la revelación de la excelente Irene Virgüez.

Tiene otra candidatura a los premios por antonomasia del cine español citados como Mejor Dirección. Aunque se antojan muy pocas para un film tan notable. Faltan, como mínimo, las de Mejor Película, Actriz Secundaria y Actriz Revelación.

La historia sigue a Irene, una chica de 15 años embarazada, que acaba de fugarse de un Centro de menores infractores, en el que fue internada a causa de una disputa con su madre toxicómana. El progenitor de la criatura está en la cárcel.

Todo ello con la complicidad de su profesor de referencia, Javier, quien – junto a su mujer Adela, con la que lleva intentando tener descendencia desde hace años, y que fingirá un embarazo a efectos de que todo resulte más verosímil – lo urden y la ayudan alojándola en su casa de la sierra al abrigo de todas las miradas. La condición es que les entregue el bebé, que ella piensa y siente que será niña.

La joven accede, no le queda otra, en principio de buen grado. Pero la salida del padre y pareja de prisión y el cada vez más estrecho vínculo con la criatura a medida que la gestación avanza, hará que se replantee dicho «acuerdo» y precipitará los acontecimientos…

Martín Cuenca confiere a este relato fílmico – entre el drama y el thriller, que en otras manos podría haber sido infumable – una contención, una sobriedad, austera de diálogos, con planos ascéticos y sin apenas subrayados.

Le confiere un ritmo lento, pero nunca aburrido. Un tempo necesario para ir asimilando todas las motivaciones, evolución y características de los personajes, que nos permite contemplar todos los matices de sus interacciones mutuas. Pero, y esto es importante, tiene unos giros de una escritura muy sólida que van desarrollando el desasosiego y un pathos creciente hasta llegar al climax final.

Convierte a las monumentales Sierras de Cazorla y Segura en un elemento dramático más. Tan acogedoras como hostiles, tan hermosas y ásperas, están ahí omnipresentes marcando el destino trágico de tres personas, cuatro contando a la bebita, del que son responsables las personas adultas.

Unas «personas», singularmente el hombre en quien confiaba, que cometen un despreciable abuso de poder sobre una niña usándola -, mediante un chantaje sutil, «protector·» y paternalista, si bien luego se verá que sus fines justifican todos los medios – como vientre de alquiler.

Unas «personas» que la utilizan como una carcasa. Como un mero envoltorio, sin sentimientos, ni libertad para decidir un cambio en ese «acuerdo» tan insidioso. Quebrando su voluntad y sometiéndola de todas las formas posibles. Mientras que un policía, amigo del protagonista, busca a la desaparecida y a su novio que se esfumó también tras un paseo. No hay que hacer más spoilers, ya lo verán. Y ese final tan duro y abierto…

Quien esto firma, ha agradecido que el realizador nos haya ahorrado clichés en la descripción de la joven, ella especialmente, pues no hay aquí ningún tópico al respecto. Al contrario, Irene es seria, agradable, cálida y educada. Otro tanto puede decirse de su pareja y progenitor de la hija que, en su breve aparición, se muestra correcto, dialogante y razonable.

Habrá ocasión de debatirla mañana, miércoles 1 de diciembre, a partir de las 19.30, en Casa del Libro Viapol. En la sesión con la que despide el año nuestra tertulia de cine Luis Casal Pereyra.

No se la pierdan bajo ningún concepto.

Películas para la próxima sesión de la tertulia de cine Luis Casal Pereyra del miércoles, 1 de diciembre, a las 19.30, en Casa del Libro Viapol. Toma 2, ‘La ruleta de la fortuna y de la fantasía’: Tres historias, cinco mujeres y… dos hombres

Esta película japonesa está estructurada en tres capítulos o historias, todas protagonizadas por mujeres aunque haya dos hombres en las dos primeras. Todas relacionadas con el azar, aunque en la segunda de ellas esté recorrido por la premeditación si bien luego se cierra el círculo de manera casual e inesperada.

Todas remiten a encuentros que generan tanta sorpresa como decepción y, en más de un caso, pérdidas dolorosas. Todas independientes, todas constitutivas de relatos en sí mismas. Todas, a su muy sutil manera, presentan un atípico caleidoscopio de las relaciones contemporáneas en Japón.

Todas, pese a estar filmadas por una mirada masculina, su protagonismo femenino es más que estimulante y, desde luego, complejo. Todas con una puesta en escena muy cuidada y centrada fundamentalmente en los interiores, aunque la ciudad siempre está ahí, visible o invisible.

Todas con luces y sombras emocionales, que se resuelven – aunque alguna sea más esquinada… – en un destello de esperanza. Todas tienen que ver con los afectos, deseos y ambivalencias sentimentales. Todas están narradas desde la elegancia, cuidando el detalle, aunque sus personajes centrales muestren también sus heridas. Pero sin aspavientos, con la contención que regula los contactos sociales y afectivos en una ciudad tan fascinante como Tokio.

En la primera, la confidencia de una amiga a otra en un taxi sobre un encuentro que puede ser decisivo para ella, mientras la urbe irradia su plenitud de luz nocturna… conduce a una oficina donde la depositaria de tales intimidades se enfrenta al sujeto deseado, su ex a quien ella fue infiel y de ahí, la ruptura. Y toda la conversación remueve en ella sus deseos latentes, sus celos ante la relación posible, su ambivalencia.

Algo parecido, aunque desde otra posición radicalmente distinta, se genera en el hombre. El futuro o el pasado. La magia de las promesas frente al vínculo que sigue vivo, aunque resultara muy doloroso. Hasta la resolución está llena de interrogantes y de sorpresas.

En el segundo, un joven chantajea a una mujer adúltera a su pesar por una suerte de adicción al sexo nunca manifestada, con la que acaba de tener relaciones y que pretende seguir con su familia, impeliéndola a seducir a un maduro profesor y autor que nunca cierra la puerta de su despacho.

De esa seducción fallida por intervención del azar, aunque muy sugerente, y de un error de consecuencias catastróficas, surge, al cabo del tiempo, un reencuentro con el inductor en cuestión. Y la mujer, gran perdedora de todo el perverso asunto, podrá tomar la revancha…

En la tercera, otro encuentro, genera un cara a cara entre dos mujeres radicalmente distintas, en estatus, en ideas, en estilo y en opción sexual, pues una de ellas es lesbiana y la otra está infelizmente casada. En la casa de la segunda, ambas se sinceran y se muestran tal como son.

Supuestamente son antiguas condíscipulas lo que da ocasión a comentar y comunicarse las impresiones que cada una de ellas causaba en su clase y de cómo, especialmente a la primera citada, marcaron sus vidas.

Pero una pirueta del caprichoso destino les hace caer en la cuenta de que han estado pensando que son quienes no son… ¿o sí?. Porque de ese tiempo compartido, tan intímimamente verdadero, ha nacido una amistad. Aunque nunca más vuelvan a verse…

Producción japonesa, fechada en este año, de 121 minutos de metraje. La escribe su propio director, Ryüsuke Hamaguchi, uno de los más reputados cineastas de su país cuyo cine permanece inédito en el nuestro. La fotografía con mimo Yukiko lioka. Entre su estupendo plantel interpretativo destacar a las cinco espléndidas actrices. Oso de Plata, Gran Premio del Jurado, en Berlín. Todos los reconocimientos le son debidos.

La debatiremos este miércoles, 1 de diciembre, a las 19.30, en Casa del Libro Viapol. Ya no está en cartelera, pero seguro que alguna plataforma la recuperará como se merece. Habitada por las emociones más íntimas y refinadas, su enfoque, tempo, narrativa y tratamiento son tan profundos como gráciles. HÁGANSE CON ELLA. No se la pierdan.

Películas para la próxima sesión de la tertulia de cine del miércoles, 1 de diciembre, a las 19.30 horas en Casa del Libro Viapol. Toma 1,’Petite maman’: Dos niñas

Una niña de 8 años llamada Nelly va despidiéndose de mujeres ancianas muy dignas, a alguna de las cuales le ayuda a resolver una palabra en su crucigrama, en lo que parece – y es – una residencia. Recorre el pasillo y musita adios a cada ocupante de cada una de las habitaciones.

Pero… cuando llega a la de la que más quiere, sólo hay una cama vacía y una madre muy joven y muy seria, cuyo abatimiento es evidente pero contenido, recogiendo pertenencias. Su bastón, el bastón de la abuela, es una de las que la nieta quiere guardar como recuerdo ya que se lamenta de que, entre tantas despedidas, no pudo hacerlo de ella.

Luego en la casa de verano de esa mujer mayor tan querida y perdida – protagonista de la niñez materna y llena de recuerdos, que sus progenitores están vaciando algo a lo que ella contribuye ayudándoles – descubre el bosque donde su progenitora jugaba y los cuatro árboles en los que construyó una cabaña.

Eso, al tiempo que conoce que su madre se ha ido, profundamente abatida e incapaz de afrontar esa dura tarea. Y lo ha hecho sin despedirse, tampoco ha podido decirle adios. Aunque en este caso, haya sido un hasta luego…

En ese contexto, mientras pasea por el bosque cercano a la vivienda, conoce a una niña similar a ella en todos los aspectos. Esa nueva amiga también vive en una casa idéntica, salvo por algún pequeño detalle, con una mujer sola que lleva un bastón.

Esa nueva amiga también juega en la misma cabaña materna. Esa nueva amiga, a la que por su sensibilidad e inteligencia acabará reconociendo, le descubrirá un secreto y le permitirá cumplir su deseo pendiente.

Este juego de espejos, de dobles que no lo son exactamente, aunque lo parezcan. Este juego de simetrías entre el pasado y el presente, entre el drama del duelo familiar y el contexto fantástico en el que se inserta, lo muestra Céline Sciamma – guionista y cineasta, cosecha del 78, con maravillas en su haber como ‘Tomboy (2011), ‘Girlhood’ (2014) o ‘Retrato de una mujer en llamas’ (2019) – con toda su sabiduría y sensibilidad narrativas.

Lo muestra con unas admirables fluidez y naturalidad en la puesta en escena sin necesitar de subrayado alguno al mostrar a una niña entre dos mundos, entre dos casas, entre dos realidades temporales. Con la misma naturalidad y fluidez con que lo abordan sus protagonistas.

Producción francesa, fechada en este año, de 72 minutos de metraje. La escribe también la propia directora. La fotografía muy bien, en todos sus matices, una mujer, Claire Mathon. La música, que suena cuando y como debe, la firma Para One. Y del reparto, mínimo pero tan solvente, destacar a esas dos admirables hermanas: Josephine y Gabrielle Sanz.

Póngan algo de magia en sus vidas y háganse con ella. No lo lamentarán.

Tertulia de cine Luis Casal Pereyra del miércoles, 1 de diciembre, a las 19.30, en Casa del Libro Viapol: Falta una semana…

Una semana queda para nuestro tercer encuentro de esta novena temporada y último del año. Comentaremos tres películas de mucho interés, en dos de ellas demostrado: ‘Petite maman’, de Céline Sciamma y ‘La ruleta de la fortuna y la fantasía’ de Ryüsuke Hamaguchi y la tercera, que entra este viernes y viene precedida de las mejores críticas, es ‘La hija’, de Manuel Martín Cuenca.

Os esperamos. Deseando veros el próximo miércoles, 1 de diciembre, a las 19.30, en Casa del Libro Viapol.

‘El poder del perro’: La «forja»de un hombre

La revista Fotogramas, en un excelente artículo de Mireia Mullor, del 31 de enero pasado, destaca entre los mejores westerns del presente siglo títulos como ‘Noticias del gran mundo’, de Paul Greengrass (2020), ‘Los hermanos Sisters’, de Jacques Audiard (2018), ‘Los odiosos ocho’, de Quentin Tarantino (2015), ‘Deuda de honor’, de Tommy Lee Jones (2014) o ‘Valor de ley’ (2010), de los hermanos Coen.

Y Cinemanía destaca, en otra estupenda reseña de Laura Maza, del pasado 22 de mayo, algunas miradas de mujer sobre este género que merecen sobradamente estar en la lista anterior. Como, por ejemplo, ‘Meek’s Cutoff’ (2010) y ‘First Cow’ (2019) ambas de Kelly Reichardt, ‘The Rider’ (2017), de Chloé Zhao o ‘El viento’, (2018) de Emma Tammi.

Este, esta que nos ocupa, ‘El poder del perro’ debería figurar en todas las antologías. Porque todos los reconocimientos le son debidos. Ya ha ganado el León de Plata, Mejor Dirección, en Venecia y ha sido segunda finalista a Mejor Película y Premio del Público en Toronto. Y está en todas las quinielas como Mejor Película de los Oscar 2022, entre otras nominaciones.

Coproducción entre Australia, Reino Unido y Nueva Zelanda, de 128 minutos de metraje. La dirige y la escribe, adaptando la novela homónima de Thomas Savage, la prestigiosa Jane Campion que llevaba más de una década sin rodar… – cosecha del 54, con títulos en su haber como ‘Un ángel en mi mesa’ (1990), ‘El piano’ (1993), ‘Retrato de una dama’ (1996) o ‘En carne viva’ (2003) – la fotografía maravillosamente Ari Wegner y la excelente banda sonora es de Jonny Greenwood.

La historia está ambientada en 1925 y, muy esquemáticamente narrada, sigue a dos prósperos hermanos ganaderos, propietarios de un rancho en Montana. Cuando uno de ellos se casa con una viuda, el otro se resiente y hace lo posible por vengarse de su cuñada utilizando a su ambiguo hijo para sus fines. Pero…

Estamos ante una película diferente. Hipnótica, turbia, impía y despiadada, ferozmente cruel y llena de sorpresas que nunca serán gratas. Estamos ante un relato desasosegante de una masculinidad, de unas masculinidades tóxicas que, por enterrar sus deseos más profundos, dañan todo lo que tocan.

Estamos ante un relato complejo, oscuro, poliédrico y perverso de verdugos que han sido víctimas y de víctimas que serán verdugos. Y de una mujer devastada por los celos de quien no se permite reconocerlos.

Estructurada en capítulos y narrada sin prisas, pero sin pausas, fluye ante nuestros asombrados ojos con todas sus densidades, con todos sus significados, con las profundidades abismales de sus sugerencias y revelaciones. Y va mostrando el pathos creciente hasta el demoledor final…

Estamos ante una película negra, negrisima y, por momentos, insondable. Estamos ante una película perturbadora en general y para una sensibilidad animalista, en particular, no porque se maltrate a ninguna criatura no humana en ella, aunque se las utilice en el rodaje, sino porque son las víctimas más inocentes. O las únicas inocentes junto al personaje femenino.

Estamos ante una película bella, siniestra, hermosa, cruel y terrible, con la que Netflix va a coronarse. Estamos ante un reparto en estado de gracia en el que destacar a un eminente, grandioso Benedict Cumberbatch que será nominado y debería recoger la estatuílla al Mejor Actor. Sin olvidarnos de la espléndida Kirsten Dunst, ni de los magníficos Jesse Plemons y Kodi Smit-McPhee.

Estamos ante una película que nadie, nadie, nadie debería perderse.

‘Libertad’: La amiga estupenda

Quien esto firma, ha cuestionado siempre el término amistad en la famosa tetralogía de Elena Ferrante, que confía en que sea realmente una mujer no como el trío de Carmen Mola…, que da título a esta crítica. Quien esto firma, piensa que no era tal sino una relación bastante tóxica y dañina para la otra de las protagonistas, independientemente de los valores individuales de cada una.

Aquí ,en esta excelente, notable ópera prima, de la guionista y cineasta Clara Roquet, cosecha del 88 – coproducción entre España y Bélgica, de 104 minutos de metraje, muy bien fotografiada por una mujer, Gris Jordana, con una vibrante banda sonora, pródiga en temas populares muy conocidos, de Paul Tyan y con un reparto en estado de gracia en el que destacar a Maria Morera y a Nicolle García, especialmente ellas dos. Pero también a Nora Navas, Carol Hurtado y Vicky Peña – algo de eso hay.

Algo de eso hay porque la historia de Nora, de catorce años, que pasa su verano en la casa familiar de su abuela, que padece Alzheimer muy avanzado y de vez en cuando se escapa, con su madre, su hermana pequeña y tÍ@s y prim@s que llegan a verles. Y que no encuentra su lugar ni entre las personas adultas, ni entre l@s menores, hasta que llega Libertad, de 15, hija de Rosana la mujer que se encarga de cuidar a la anciana y…

… Y se fascina con ella, pero la relación es desigual. Porque la mayor – y, de paso, según todos los indicios, la realizadora – tiene muy clara su conciencia de clase, frente a la que considera «una niña bien». Tiene muy claro que, frente al tópico cliché de que su madre «es de la familia», es, por el contrario, «quien le lava el culo a la abuela», una mujer, por cierto, que le cobra a ella mucho afecto. Como el que le tiene a su progenitora y sirvienta.

Libertad experimenta, y lo demuestra en más de una ocasión, sentimientos muy contradictorios hacia Nora y hacia todo lo que su familia representa de estatus y privilegio. A esto se añade además los que siente hacia su madre que la dejó en su Colombia natal a cargo de su propia abuela para servirles y llega a la casa porque esta ha muerto y se ha quedado sola.

Pero tiene muy claras sus raíces y desea sobre todas las cosas volver. Significa una apertura, una transgresión, un mundo nuevo de la noche y diversiones que nunca había conocido para su compañera, a la que no duda en dejar tirada cuando se trata de ligar con un chico que trabaja en reformas de la casa familiar…

Todo ello se une a las ambivalencias de Nora hacia su propia madre, que piensa está engañando al padre ausente aunque ignore un dato importante, las de esta hacia Rosana y Libertad que nunca serán tratadas, pese a la pantomima igualitaria, más que como criadas. Los celos de la hija hacia la sirvienta, y su propia hija, por el afecto materno. La integración imposible…

Clara Roquet exhibe una madurez narrativa considerable en este su debut fílmico al ser capaz, de mostrar todo esto, sin juzgar, ni condenar, con una complejidad no exenta de cierta malicia. Con una puesta en escena, que aunque tenga un guion, no es nada al uso pues nos va relatando todo este avispero emocional sin subrayados, ni énfasis, sino como una suerte de escenas estivales cargadas de contenido, pese a su aparente ligereza. Y ese final, tan desasosegante y de alguna manera tan perverso.

Deja un regusto amargo, porque no deja títere con cabeza. Pero desde luego que hay que verla.

‘Spencer’: Una vela en el viento

Elton John tocó y cantó en el funeral de Lady Diana Spencer el precioso tema que titula esta entrada, compuesto inicialmente en 1973 para Marilyn Monroe, que adaptó para la que fue su amiga y cuyo estribillo es: «Me parece a mi que viviste tu vida como una vela en el viento…»

Y el productor, guionista y cineasta chileno Pablo Larraín – cosecha del 76, entre cuyos créditos fílmicos están ‘El club’ (2014), Jackie (2016), ‘Gloria Bell’ (2018) o ‘Ema’ (2019), entre otros muchos – la convierte en protagonista, como reza el comienzo del filme, de «una fábula sobre una tragedia»

Dicha fábula comienza cuando un destacamento del ejército se desplaza hasta Sandringham House, en Norfolk, donde la familia real británica va a reunirse por Navidad. En enormes cajas de metal portan las preciosas cargas de alimentos de todo tipo para la celebración.

Mientras, una joven Diana que apenas tiene 30 años, conduce y se pierde por la campiña. Pregunta a la clientela de un bar, que se pasma de asombro al verla, por su destino, y es reconducida al lugar donde no quiere ir.

Un lugar donde la esperan un marido frío e infiel – y olvidadizo, pues les regaló el mismo collar de perlas a ella y a su amante Camilla – una Familia política con la que apenas si se trata, unas normas y un protocolo exasperantes hasta decir basta, en los que todo está regulado hasta el más mínimo detalle.

En un entorno en el que ella es el verso suelto, solo sus hijos – también sometidos a tales compromisos y obligaciones – le proporcionan algo de alegría. Y su vestidora, cómplice y amiga Maggie, con la única que puede hablar donde todo se oye y no hay secretos. Pero tampoco le consienten gozar de su compañía.

Un microcosmos asfixiante y controlador en el que apenas puede permitirse llegar tarde – ¡¡¡incluso después de la reina, pecado mortal!!! – u obviar las reuniones tan regladas en torno a las comidas que ella vomita luego indefectiblemente, pese a los desvelos del chef por reservarle sus postres favoritos como el soufflé de albaricoque.

Un microcosmos muy cercano al añorado lugar de su añorada infancia. Una mansión protegida por alambradas, ruinosa y abandonada, que aún conserva el espantapájaros con un viejo chaquetón de su padre…

Larraín la muestra triste, deprimida, incandescente, furiosa, sintiéndose vejada y humillada, con trastornos alimenticios y sueños, visiones, en los que se identifica con Ana Bolena cuya biografía tiene en su cuarto. Rebelde con causa y, a la vez, esclava de su propio bucle emocional. La muestra en una suerte de pathos cercano a un relato de terror.

La muestra en todo su drama y su gloria, no para la familia pero sí para el mundo exterior representado por medios que no se ven, pero que están al acecho y añaden otro deber más: que las cortinas estén siempre cerradas. La muestra doliente, en una privacidad que no es tal, en oposición a su deslumbrante carisma público.

La muestra en un punto de inflexión en el que debe optar – ante un matrimonio roto y unas reglas que detesta: «ser reina es sólo una moneda» – si debe continuar o no, mientras las Fiestas con su implacable calendario se le imponen. La muestra recibiendo una declaración de amor del todo inesperada. Mientras es férreamente vigilada por el mayor Alistair Gregory. Mientras su rival está en el servicio religioso…

La muestra presa de nostalgias, de visiones delirantes, de huída hacia el pasado, hacia su querida casa en plena noche transgrediendo ley y orden. La muestra con tentaciones suicidas. La muestra en un infierno, en un drama real – en las dos acepciones del término, aunque aquí haya sido fabulado – más grande que la vida, pero habitada por el encanto y con una fuerte personalidad.

La muestra como una madre cómplice y enormemente cariñosa. La muestra como una criatura atormentada y enormemente infeliz. La muestra rememorando su niñez dichosa, tan libre y distinta de este presente que la oprime, cuando todo el futuro se abría ante ella. La muestra tomando una decisión valiente y arriesgada en esas escenas previas a la gozosa conclusión que esta firmante – cuando lo vean entenderán por qué – ha apreciado tanto.

Y lo hace a su manera suntuosa, barroca, vibrante, potente, inquietante, casi operística. Con una puesta en escena tan sutil como excesiva. Tan alucinatoria y desasosegante, como registro puntual de unos días especiales en la vida de una mujer sensible presa en una jaula de oro.

Coproducción entre Chile, Alemania, Reino Unido y Estados Unidos, de 116 minutos de metraje. Su guion corre a cargo de Steven Knight. La fotografía maravillosamente una mujer, Claire Mathon. La excelente banda sonora, que tan bien acompaña al relato, la firma Jonny Greenwood. De su impecable reparto, destacar a una magnética y espléndida Kristen Stewart, que sale indemne de unos ciertos tics en la caracerización, junto a la magnífica Sally Hawkins y al siempre eminente Timothy Spall.

Fíjense que esta firmante cree que a la honorable Diana Frances Spencer le hubiese gustado. Véanla.

La vida en serie(s), Netflix. ‘¿Dónde está Marta?’: La luz de la cocina

Al final de esta impecable, y de visión obligada, serie, la madre de la protagonista, Eva Casanueva, declara con la emoción a flor de piel, mientras la cámara enfoca su rostro y el lugar que describe: «La ventana de la cocina es un marco muy especial porque me asomaba para verla llegar y tengo su imagen. Ojalá nunca la pierda, porque es una manera de recordar a mi niña» y Antonio del Castillo, su marido y padre de Marta, hace lo propio con los ojos llorosos: «La luz de la cocina se queda encendida todos los días desde hace doce años. Se enciende todas las noches y es el faro de que aquí está su casa»

Doce años y 11 meses están a punto de cumplirse desde que se perpetró el crimen de una adolescente de 17 años cuyo cuerpo aún no ha sido encontrado. Por ello, como tributo, se proyecta, de vez en cuando y al comienzo del primer episodio que lleva por título ‘Apagado o fuera de cobertura’, imágenes de una tumba virtual en la que puede leerse: Marta del Castillo Casanueva, 19/VII/1991-24/1/2009 Sevilla. Episodio que arranca, como los otros dos que la componen, con una cita, en este caso de Jacques Lacan, que reza así: «El primer símbolo en que reconocemos la humanidad es la sepultura»

‘Nosotros, dice la progenitora, lo que queremos es enterrarla. Pero aquí estamos su padre y yo. Y, mientras haya de un del Castillo o un Casanueva vivo, esto no se va a quedar así» Todo empezó esa fatídica noche del sábado 24 de enero de 2009, cuyo diario escribió Eva. Vemos su letra manuscrita en las páginas mientras ella va leyendo: «Marta me ayudó a poner sábanas limpias, como todos los sábados, tras desayunar. Estaba muy contenta. No dejaba de hablar de sus planes de Semana Santa apenas terminada la Navidad».

Tenía que hablar con Miguel Carcaño, apenas un mes y medio de relación que ella abandonó por ser muy celoso y posesivo, para aclarar algunas cosas con él. «Ya me cuentas», «Vale mamá». La vi salir por esa puerta – planos de la de la casa – y fue la última vez que la vi». En cuanto al padre, entraba en el portal cargado con bolsas y le comentó, al ver la moto del asesino: «No te quiero ver montada ahí» y fue lo último que le dijo.

Mientras se suceden las luces y las imágenes nocturnas de Sevilla, pasan las horas y una joven que daba toques continuos con su móvil no vuelve… No dejan de llamarla madre, padre y amistades sin resultado alguno. Su hermana llora cuando recuerda el mal pálpito que tuvo y su mejor amiga lo mismo al saltar su contestador y luego el silencio. Samuel, presunto amigo de Marta, avala a su amigo Miguel diciendo que la dejó en casa a las 12 cuando aún no es esa hora…

El padre va al hospital Macarena a ver si está herida. Nadie dice nada y todos los colegas de Carcaño mienten, aunque aún no se sepa. Aporrean la casa, León XIII, 78, el escenario del crimen, aunque aún no se sepa. Luces apagadas, golpes repetidos en las persianas y el silencio como respuesta.

A las 2.10 se pone la primera denuncia, a la que segurirán otras dos más, pero la policía – que ha declinado participar en este documental, pese a haber sido invitada – no comenzará la investigación oficialmente hasta dos días más tarde, el lunes, 26 de enero, incumpliendo – nos muestran el documento – su propio protocolo ante la desaparición de menores que indica que las primeras horas son cruciales…

Los carteles con la cara de la chica están por toda la ciudad. El caso abre los informativos y no digamos los magazines de la mañana. La desaparición se asigna al Grupo de Menores en lugar de a Homicidios, lo que a posteriori se consideraría un craso error. Diluvia sobre Sevilla mientras la buscan desesperadamente.

Imágenes del lugar del crimen, el olor a lejía por todas las habitaciones, el vecino diciendo que les vió salir con una silla de ruedas. Antonio y Eva comienzan a hacer ruedas de prensa en la puerta de su casa para presionar y expresar su desaliento y sus críticas por cómo se han hecho las cosas.

Todos los medios están siguiendo el tema… hasta que Antonio del Castillo conoce de primera mano que Marta ha sido asesinada por Miguel Carcaño que, en su primera versión, cuenta que tras una discusión, le tiró un cenicero matándola.

En el segundo episodio, que comienza con la cita de El Lazarillo de Tormes: «¿Sabes en qué veo que las comiste de tres en tres? En que yo las comía de dos en dos y callabas», y que lleva por título ‘Red de mentiras’, se recuerda, en su arranque, la infancia de Marta. Se ven los videos y fotos familiares de su nacimiento, la primera nieta, la primera sobrina, una niña dulce y cariñosa, un bombón para su abuelo materno. Su casa está llena de imágenes suyas, de todas las edades, fotos y pinturas, con sus hermanas o sola…

Cuando, en una de tantas versiones mentirosas, se señala el río como el lugar donde arrojaron a Marta, allí están todos los efectivos policiales, un helicóptero, el ejército… No se escatima en medios para encontrarla en un Guadalquivir con 2 metros de lodo, donde los buzos buscaban el cádaver a ciegas.

Mientras, oímos conversaciones telefónicas entre los implicados y somos testigos de las reconstrucciones de los hechos – de los que el principal acusado ha dado ya varias versiones, tantas como las de la ubicación del cuerpo – incluyendo la agresión sexual para eludir al juzgado popular. Les vemos, les escuchamos, fríos, impávidos, indiferentes y ocultos sus rostros siendo imprecados, como sus representantes legales, en sus declaraciones ante el juez. Se nos muestran todos los documentos, todos.

Sigue especulando con la ubicación de los restos un asesino frío y cruel y del río al vertedero. La tiraron a la basura, sepultada bajo 40.000 bolsas, pero tampoco está ahí. La familia se niega a que Miguel Carcaño sea descrito como el ex novio y a que sea un caso, como todo parece indicar, de violencia machista. Y pide la cadena perpetua en declaraciones públicas, en audiencia con Zapatero y recibiendo en su casa a la oposición de Rajoy. Las presiones conseguirán que se apruebe en 2015 la prisión permanente revisable.

Y los detenidos declaran, baile de versiones, coartadas sospechosas, horas que no coinciden, imágenes borrosas en cámaras de seguridad que, por su imprecisión, no son aceptadas. En el episodio 3, titulado ‘¿No hay más preguntas, Señoría?’, la frase introductoria es: «De vez en cuando di la verdad para que te crean cuando mientes», de Jules Renard.

Pero esta mala gente sigue mintiendo y una madre y un padre se duelen del juez que condenó al único menor por encubrimiento y no por asesinato, pues en otra versión Carcaño le acusó de haber violado y asesinado a la víctima. Aún en otra más, hizo lo propio con su hermanastro, Francisco Javier Delgado, un personaje siniestro, junto a su novia María García Mendaro.

Un personaje al que oímos, nunca se ve – siempre va cubierto, encapuchado – clamando su inocencia. Y en el juicio de mayores son absueltos todos estos inquietantes dramatis personae: Fco Javier, María y Samuel, por falta de pruebas que les incriminen para desesperación de los deudos de Marta, hasta el punto de hacer declarar a Antonio del Castillo: «Quiero pedir perdón a mis hijas por formar una familia en un país donde la justicia y los estamentos sociales dejan mucho que desear». El único condenado, a 20 años de cárcel, es Carcaño. Todo parece perdido cuando…

… Cuando el jefe de investigación del programa, Ricardo Pardo Linares, llama a Paula Cons, la directora, y le comenta que la información de las antenas de telefonía podía ser mucho más concreta y los datos «crudos» existentes en los móviles, que no se utilizaron, quedaron registrados y permitirían saber dónde se desplazaron para ocultar el cuerpo.

Así que se cierra la serie con este rótulo: «A iniciativa de este documental, el Juzgado de Instrucción número 4 de Sevilla ha entregado a un perito judicial una serie de pruebas para analizarlas. Entre ellas, el móvil de Miguel Carcaño y «datos crudos» de los de Fco Javier Delgado, Samuel, María y El Cuco, que servirán para reconstruir con todo detalle los movimientos de los implicados la noche de la desaparición de Marta. A día de hoy, se está actualizando el móvil de Carcaño y se está a la espera de recibir los datos «crudos». Nada de esto se había hecho antes»

Producción audiovisual española, fechada este año, de 190 minutos de metraje divididos entre los tres episodios descritos. Su impecable guion, que da la palabra a todas las personas implicadas, lo firman su directora, Paula Cons, junto al cineasta andaluz José Ortuño, Marga Luis y Fátima de los Santos.

Su excelente fotografía se debe a Fran Fernández Pardo. Su investigación, tan documentada y rigurosa con material de archivo audiovisual inédito, la firma el citado Ricardo Pardo Linares. Nacho Abad es uno de sus productores ejecutivos e interviene en ella junto a otros periodistas, la fiscal, l@s abogad@s el delegado del gobierno de entonces y otras personalidades con visiones similares, complementarias o radicalmente distintas, que aportan complejidad y riqueza al análisis de una tragedia terrible.

Véanla y ojalá las nuevas investigaciones citadas den su fruto y los seres queridos de Marta puedan cerrar su duelo, aunque nunca, nunca, nunca, la herida de su ausencia, enterrándola dignamente.

18 Festival de Sevilla: Cobertura, fundido en negro animalista y aclaraciones importantes a modo de resumen.

Quien esto firma, ha hecho una cobertura del 18 Festival de Sevilla en este blog con todo el esfuerzo, el ánimo y la ilusión que le ha puesto siempre a un Evento extraordinario que es para ella, y así lo ha manifestado en muchas ocasiones, la verdadera Fiesta del Cine en nuestra ciudad.

Que es el escaparate excepcional que nos permite conocer filmes, lenguajes, historias, narrativas y puestas en escena a las que no tendríamos acceso de no existir el Certamen. Menos aún en una ciudad en la que, esta firmante lo constata indefectiblemente en su colaboración sobre los estrenos en Viva Sevilla, se nos quedan películas inéditas del mayor interés cada semana. Por ello, se ha considerado extraordinariamente honrada y agradecida por su acreditación en él a lo largo de más de una década.

Por todo ello, quien esto firma ha rendido tributo al SEFF, como lo viene haciendo desde hace varios años, en esta edición con cinco Hojas de Ruta, a modo de recomendaciones previas, dedicadas a las miradas de mujer en algunas de sus Secciones más relevantes.

Además de las 16 crónicas sobre la Oficial y una de Las Nuevas Olas. Y, desde luego, ha visto más títulos de los que pensaba dejar constancia por escrito y también, como en ella es habitual, comentar el Palmarés junto al resumen de los pros y los contras de su funcionamiento organizativo. Hasta que…

… Hasta que el posicionamiento aplastante a favor de la tauromaquia del Festival, reflejado en dos documentales a los que se les ha dado la mayor relevancia, además del suma y sigue del maltrato de especies no humanas en algunas de las películas programadas, le hizo tirar la toalla, dado su compromisto animalista, y no seguir registrando lo visionado, ni resumir la edición, ni sus Premios. Esto quedó reflejado en la Toma 16 cuyo enlace es:

18 Festival de Sevilla, Toma 16, Las Nuevas Olas. ‘Murina’: ¡¡¡Basta ya de maltrato animal en el cine y en la programación de los Festivales!!!

Pero ha considerado oportuno concretarlo más aún en esta entrada – especialmente en atención a las personas que han tenido la generosidad de seguir y difundir esta cobertura – para que quede constancia de que su silencio al respecto, o el que pudo parecer un abrupto fundido en negro de sus crónicas, tenía una razón de peso.

Escrito queda.