Esta firmante tiene, como norma de obligado y gozoso cumplimiento, dar cuenta en estas entradas de todo cuanto aprendemos, nos enriquecemos y disfrutamos en estas Rutas que organizan Laura y Lola. Nobleza obliga dada la generosidad y alta cualificación de ambas guías.
Esta firmante ha intentado, mal que bien, registrar esas horas de caminatas descubriendo vidas y obras de creadoras, de ilustres damas, de artistas de diferentes épocas por nuestra ciudad, por la pinacoteca sevillana y de excursión en Écija, entre otros muchos lugares. Mal que bien, sí. De forma esquemática y reduccionista, sí. Pero aquí no puede.
Porque la exposición Améfrica – «que reúne y aproxima a artistas de diversas partes de los continentes americano y africano… cuyo título se debe a Leila González (1935-1994) intelectual afrobrasileña cuyas obras articulan género, raza y clase de manera innovadora», según extractos de su catálogo – la ha superado por su densidad, intensidad y hermosura.
Porque no encuentra palabras para describir todas las emociones, todas las lecturas, toda la poliédrica complejidad con las que estas obras nos interpelan, nos sacuden y nos conmocionan. Con las que estas obras nos retan a intentar aprehender nuevas miradas, nuevos lenguajes, desaprendiendo nuestros códigos.
Porque revelan el dolor y la opresión de esas mujeres – explotadas, esclavizadas y colonizadas también por sus compañeros varones, víctimas de las víctimas – en función de su raza, sexo, clase y lugar, continente, de nacimiento y también su afirmación. Porque los colores, las texturas, los materiales, sus mezclas, nos revelan tanto de esas formas de vida a la vez tan lejanas y cercanas.
Porque la belleza de los cuadros, las fotografías, las fotos pintadas, los dibujos, las serigrafías, esculturas, collages, insertas dentro del marco incomparable, nunca el tópico fue más cierto, del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, situado en el Monasterio de la Cartuja, donde patios, cúpulas, antiguas capillas, que albergan cuadros hechos a medida de sus dimensiones, u hornos de cerámica coexisten en singular armonía.
Porque es imposible registrar todo esto, desde un recorrido inverso sabiamente diseñado por las organizadoras desde el presente a los orígenes, desde los cuerpos femeninos fragmentados y dolientes, pero siempre magnéticos y reivindicativos de Virginia Chichota, hasta las salas desde las que ellas, nuestras hermanas, nos muestran su otredad histórica y su afirmación al mismo tiempo.
No es posible, no es posible, no es posible. Pero sí lo es agradecer a Laura, a Lola y a todas las compañeras que tanto nos han aportado en esta visita memorable. GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS.
Y PERDÓN, PERDÓN, PERDÓN por el atrevimiento de intentarlo. Mayor atrevimiento aún si se consideran las lecciones de arte, de historia y de vida que nos son impartidas por las citadas organizadoras Laura y Lola, que tanto nos enriquecen y estimulan.