Goyas 2021: Sonrisas, lágrimas, duelo, esperanza y… mujeres

Quien esto firma se ha atrevido, sin ser experta ni estar cualificada para ello, a escribir en su muro y en su página cinéfila de Facebook un largo comentario sobre esta Gala, que ha suscitado algún interés. Así que ha decidido reproducirlo libremente en esta entrada, añadiendo algunas consideraciones más. Todas intensamente subjetivas, personales e intransferibles, desde su posición como espectadora.

Para empezar, su más enérgica repulsa a los obscenos e intolerables comentarios machistas de dos sujetos, por llamarlos de alguna manera, que se colaron en el audio de TVE en los momentos previos a la ceremonia. Hacían alusión – pueden ver el video en redes y prensa, si no lo han hecho ya, es viral – ante la imagen de Marta Nieto, es mi prima – luego uno de los ínclitos se apellida igual – a su físico y al de las demás actrices con “perlas” como estas: “Esta (por Nieto) está muy buena, porque las demás son esqueletillos… Para mí, para mí… Es la que está más buena (también por Nieto) y también la Nancy Pelosi (por Nathy Pelosi)… y otra llena de tatuajes, pero puta, puta, puta, putón verbenero, esta cobra seguro” LITERALMENTE. No se sabe aún si pertenecen a la plantilla del Ente Público, si a otros medios o si eran espectadores que curioseaban por allí, pero sí que deberían ser identificados y penalizados. Esto a dos días del 8M. Y aún dicen que el feminismo no tiene razón de ser…

Por lo demás, la Gala resultó impecable, excelente, sobria, contenida, respetuosa, sabiendo marcar muy bien los tiempos, con una puesta en escena elegante y visualmente hermosa, pero sin exceso alguno e intensamente emotiva. El escenario, sin público abajo, fue un ascua de luz cuando un excelente Banderas – que dominaba como nadie tan impresionante espacio escénico, que transmitía como nadie… ya volveremos sobre él – dijo: “No hay nadie en las butacas, pero no estamos solos” y se encendieron múltiples paneles electrónicos que permitieron ver a l@s candidat@s en sus casas, al menos en interiores, con sus equipos, familia y gente querida. Fue algo tan impresionante como mágico.

Por lo demás, la Gala eliminó sabiamente los chistes malos, los “gags” que nos provocaban vergüenza ajena, las frases guionizadas, presuntamente ingeniosas, que quienes presentaban los premios se veían obligad@s a pronunciar. Antes al contrario, todo fue como debía, dando paso a cada galardón sin subrayados, ni énfasis. Tampoco cuando quienes los entregaban eran estrellas de la talla de Penélope Cruz o Pedro Almodóvar. Aunque Carlos Areces, eso le honró, sí le enviara un mensaje de fuerza a su colega enfermo Jordi Sánchez.

Y hablando de estrellas – gran trabajo de Banderas, de nuevo, entre sus amistades de la Meca del Cine o del cine europeo… – saludaron, y apoyaron, al cine español a lo largo de la transmisión, vía satélite, nombres propios tales como Robert de Niro, Emma Thompson, Benicio del Toro, Dustin Hoffman, Salma Hayek, Charlize Theron o Guillermo del Toro entre tant@s otr@s.

Por lo demás, se guardó un minuto de silencio por quienes nos arrebató el maldito virus maldito. Por lo demás, se mencionó a quienes nunca se visibiliza porque tienen oficios imprescindibles en la industria audiovisual que no son ni nominables, ni premiables. Por lo demás, una enfermera comprometida y entregada a la causa de l@s enferm@s y sus familias, presentó el Goya de Honor.

Por lo demás, en el In memoriam, que fue bellísimo y muy bien entonado el tema por Vanesa Martín, no sólo se rindió un tributo a l@s cineastas desaparecid@s – con la excepción de Rosa María Sardá, que pidió expresamente a la Academia que no se la incluyera – sino que se hizo extensivo a TODAS las víctimas de TODOS los países del mundo con sus nombres sobreimpresionados en un mapa.

Por lo demás, y así se lo ha contado esta firmante en la entrada anterior a esta del blog, ha sido la edición de las mujeres. Con un 41%, tal como lo expresó el director de la Academia Mariano Barroso, estuvieron representadas en prácticamente todas las categorías, aunque no se las premiara tanto en algunas de las más atípicas. Pero sí se hizo historia al premiar por primera vez a una mujer por la Mejor Dirección de Fotografía. O lo que es lo mismo, a Daniela Cajías por ‘Las niñas’, que se llevó también con todo merecimiento el Goya a la Mejor Película.

Sí, la excelente película de Pilar Palomero, cuya crítica tienen en estas páginas y que puede, y debe, verse en Filmin. Una excepcional mirada de mujer se llevó el máximo galardón y ese sí que es otro motivo de orgullo inmenso a las puertas, en vísperas del #8M.

Por lo demás, hubo discursos reivindicativos y violetas. Y también, Alberto Sanjuan, antidesahucios. Por lo demás, una radiante y luminosa Ángela Molina recogió su más que merecido Goya de Honor. Por lo demás, vibraron las alegrías y las incontenibles emociones en las casas de l@s demás ganadores-as, con toda la frescura, vitalidad y energía a raudales que les propiciaba estar en espacios privados, aunque en buena y numerosa compañía. Por lo demás ni el presentador-organizador citado, ni la excelente María Casado fagocitaron con sus intervenciones la ceremonia, sino que la dejaron fluir de la mejor manera posible.

Hubo sí, puntos negros. Aitana no es Barbra Streisand – quien también saludó… – y el tema se le quedaba muy grande. Carlos Latre no es Pepe Isbert, ni Diana Navarro Lolita Sevilla. Ni se puede recrear a un genio más que con efectos visuales ni se puede entonar el Americanos os recibimos como si fuera un “blues” para hacer alardes vocales y despojándolo de toda sus cargas irónica y crítica.

Por lo demás, hubo reivindicaciones al cine, a la cultura, a su importancia sanadora en estos tiempos oscuros y a la esperanza de que veremos la luz al final del túnel. Una Gala, en resumen, difícilmente mejorable que debería, con todos sus aciertos enumerados, marcar un camino a seguir para las siguientes.

Escrito queda.

Goya 2021: Con M de mujeres

Sin pretender resultar triunfalistas, porque la paridad está aún muy lejana en la industria audiovisual, lo cierto es que – en esta edición tan atípica de los Premios por antonomasia de la cinematografía española, la de la pandemia, la que se celebrará este sábado que viene, a tan sólo dos días del 8M- estos Goya sí tienen nombre de mujer.

Esta entrada se propone analizar el número de estas profesionales nominadas en las categorías más importantes – con excepción de las intérpretes y de las más tópicamente femeninas, por fundamentales que sean y que son, como vestuario, maquillaje y peluquería o similares – y en aquellas que no suelen incluirlas habitualmente.

Comenzamos el recuento. A saber:

Mejor Película: Dos de cinco. ‘Las bodas de Rosa’, de Icíar Bollaín y ‘Las niñas’, de Pilar Palomero

Mejor Dirección: Dos de cuatro. Icíar Bollaín por ‘Las bodas de Rosa’ e Isabel Coixet por ‘Nieva en Benidorm’

Mejor Dirección Novel: Dos de cuatro. Pilar Palomero por ‘Las niñas’ y Nuria Giménez Lorang por ‘My Mexican Bretzel’

Mejor Guión Original: Dos, que son tres, de cuatro. O lo que es lo mismo, Alicia Luna e Icíar Bollaín por ‘Las bodas de Rosa’ y Pilar Palomero por ‘Las niñas’

Mejor Guión Adaptado: Dos de cuatro, en regimen de coescritura. Marina Pérez Pulido por ‘Ane’ y María Libertad Castillo por ‘Los europeos’

Mejor Música Original: Una de cuatro, que son dos. O lo que es lo mismo, Aránzazu Calleja y Maite Arroditajauregui por ‘Akelarre’

Mejor Canción Original: Una de cuatro. Rozalén, ‘Que no, que no’, por ‘Las bodas de Rosa’

Mejor Dirección de Fotografía: Una de cuatro. Daniela Cajías por ‘Las niñas’

Mejor Montaje: Una de cuatro. Sofi Escudé por ‘Las niñas’

Mejor Dirección Artística: Dos de cuatro. Montse Sanz por ‘Black Beach’ y Mónica Bernuy por ‘Las niñas’

Mejor Sonido: Dos de cuatro en sus respectivos equipos. Josefina Rodríguez en el de ‘Akelarre’ y Mar González en el de ‘El plan’

Mejores Efectos Especiales: Dos de cuatro en sus respectivos equipos. Ana Rubio por ‘Akelarre’ y Miriam Piquer por ‘Historias lamentables’

Mejor Película Documental: Dos de cuatro. ‘Cartas mojadas’, de Paula Palacios y ‘My Mexican Bretzel’, de Nuria Giménez Lorang

Mejor Película Iberoamericana: Una de cuatro. ‘El agente topo’, de Maite Alberdi (Chile)

Mejor Cortometraje de Ficción: Una de cinco. ‘Beef’, de Ingrid de Santos

Mejor Cortometraje Documental: Dos de cuatro, que son tres. O lo que es lo mismo: Ana Serna y Paula Iglesias por ‘Sólo son peces’ y Mabel Lozano por ‘Biografía del cádaver de una mujer’

Mejor Cortometraje de Animación: Una de cuatro, en regimen de codirección. Carla Pereyra por ‘Metamorphosis’

Y, por supuesto, el Goya de Honor a otra mujer. A una espléndida y singular actriz, plena de talento, matices y registros interpretativos, que ha trabajado con los mejores tanto a nivel nacional como internacional, Buñuel incluído: Ángela Molina.

Fuente: Página Oficial de los Premios Goya

Que no decaigan estos justos y merecidos reconocimientos a las cineastas y toda la suerte. No olviden ver la Gala este sábado, 6 de marzo, a las 22 horas en TVE.

Cine en plataformas. Toma 3. Filmin, ‘The Asisttant’: Anunciando el Me Too…

La oscura madrugada se cierne sobre la ciudad invernal cuando una joven muy abrigada sale de una casa en una calle vacía, presumiblemente la suya, que no volverá a ser mostrada. La recoge un chófer, ella porta unas pesadas carpetas que deja en el asiento trasero a su lado, y se internan por el lado más brillante de la Nueva York insomne, con el Chrysler al fondo, que tampoco volverá a ser mostrado. No hablan durante el trayecto, ella aún parece somnolienta.

La deja en un edificio de oficinas en el que, de momento, es la única habitante. Al llegar a su piso, grande, espacioso, luminoso, lleno de cubículos que esperan a sus dueñ@s, va encendiendo luces y preparándolo todo. Hace café, limpia los platos y vasos, se prepara uno en el office, revisa documentos, pone en marcha las máquinas, ordenadores, fotocopiadoras… deja una bandeja en el despacho del jefe, organiza su agenda y vuelve a su sitio mientras el espacio va siendo ocupado por la plantilla.

A su lado se sientan dos varones – compañeros por llamarles de alguna manera – que, teniendo el mismo puesto que ella, – asistentes en una productora audiovisual de la industria del entretenimiento, algo que se deduce aunque no se comente directamente – no se ven obligados a cumplimentar las tareas domésticas antes citadas.

Ni tampoco a hablar con la mujer del jefe, cuando le pide explicaciones que su marido no le da. Ni a distraer o coger en brazos a l@s niñ@s de alguna visita. Ni a encargar la comida, ni a repartirla a todo el mundo, igualmente con las bebidas y a recoger los restos después, aunque sí protesten porque no era el sandwich que querían. Ni a ser la primera en llegar y la última en irse. Ni a carecer de vida privada. Ellos sí parecen relajados y se permiten bromear e incluso a curiosear por detrás los correos que la chica escribe. Además uno de ellos cuando quiere decirle algo, le tira un papel a la cabeza…

Sabremos muy sutilmente, así como de paso, que se llama Jane. Sabremos muy sutilmente, así como de paso, que es una brillante y prometedora graduada universitaria, que había creído estar en el mejor lugar para cumplir su sueño de ser productora de cine. Se nos muestra, también muy sutilmente, su progresivo disgusto, su progresivo desaliento y su progresivo hartazgo respecto a la humillante posición que ocupa. Algo que trata de ocultarles a sus madre y padre, sus únicos vínculos, cuando les llama y les permite engañarse con el hecho de la suerte que tiene por semejante empleo.

Se nos muestra, todo y siempre muy sutilmente, su intensa preocupación por una chica muy joven – nueva conquista de su superior, un indeseable depredador, apenas entrevisto – a la que acompaña a un hotel de lujo y que, sin formación, ni experiencia, va a trabajar allí. Se nos muestra, en una escena de un brutal cinismo, cuando lo comunica a Recursos Humanos y tiene que soportar la vomitiva reacción de su responsable que supuestamente está ahí para ayudar a l@s trabajadores-as. Y las consecuencias que le generará en el trabajo lo que tendria que haber sido una conversación privada.

La directora, guionista, editora y documentalista australiana Kitty Green, cosecha del 84, escribe, produce y filma, debutando en la ficción, esta producción estadounidense, fechada en 2019, de 81 minutos de metraje, que puede, y debe, verse, como reza el epígrafe de esta entrada, en Filmin. Muy bien fotografiada por Michel Latham y con una música que apenas si se hace notar firmada por Tamar-Kali Brown. E interpretada por una eminente, prodigiosa y excelsa Julia Garner (Ozark, Maniac…). Obtuvo numerosos reconocimientos y nominaciones, cosechando además las mejores críticas.

Una mirada de mujer la suya que describe, en una puesta en escena minimalista y por momentos claustrofóbica, el sexismo flagrante con el que son tratadas las trabajadoras de esta industria en el ejercicio de sus funciones. Desde los insoportables micromachismos cotidianos, algunos de los cuales se han descrito, hasta los acosos y vejaciones de toda clase que deben sufrir. Todo ello implícito pero intensamente sentido y transmitido. Aunque la protagonista no es víctima directa – “No eres su tipo” – sí lo es, y lo sufre, indirectamente. Pero debe, para sobrevivir, conservar el empleo…

Benditas quienes, cuando las circunstancias lo hicieron posible, denunciaron estos abusos, acosos y violaciones que continúan estando el propio Weinstein en prisión. Bendito Me Too. Gracias a la realizadora por documentar el estado de cosas, tolerado y asumido como aberrante normalidad, que precedieron a este movimiento. GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS.

No se la pierdan bajo ningún concepto.

Estado de Alarma en serie (s). Episodio 35, ‘The victim’s game’. Temporada 1: Últimos deseos

Antes de los títulos de crédito preliminares de esta serie, la plataforma Netflix hace la siguiente advertencia: “Esta es una obra de ficción, que incluye escenas de violencia y suicidio. Las escenas pueden causar inquietud o incomodidad y ser ofensivas para algunas personas. Se aconseja prudencia al espectador y buscar asistencia profesional”.

Tal cual. Literalmente. Como quien esto firma, que ha visto bastantes…, es la primera vez que se topa con este preámbulo, se sintió aún más impelida e intrigada a visionar ‘The victim’s game’. Y, tras hacerlo, pudo entender, al menos parcialmente, esta precaución que, de entrada, le sonó a una exageración algo paternalista.

Porque, tras su envoltura de policíaco clásico, tiene una carga de profundidad inédita en el género. Porque, tras sus referentes típicos y casi tópicos, se esconden microcosmos devastadores. Se esconden dramas personales de una intensidad extrema y a veces casi insoportable. Más que un thriller, que también y por supuesto, es eso, un drama brutal y conmovedor sobre unos personajes que esconden terribles tragedias existenciales.

Porque se nos muestra a un muy cualificado forense con Asperger. Un tipo, el protagonista, que no es gracioso, sino implacable, obsesivo, escrupuloso, intratable, que desprecia o ignora los formulismos y convenciones sociales. Que escapa a cualquier cliché. Que ha sido un padre y un marido terrible por su aparente indiferencia, por su reclusión excluyente en el terreno laboral. Por su absoluta incapacidad para mostrar compromiso o afecto. Pero que…

Porque se nos muestra a una periodista para la que el fin, aparentemente, justifica los medios, otro personaje central. Que ayuda a ese hombre impenetrable con el que, pese a los rechazos y desconfianzas iniciales, consigue llegar a un grado de intimidad muy notable, aunque tomará su tiempo. Que esconde en ella un corazón doliente y sensible, por algo que conocerán a lo largo de la trama.

Porque se nos muestra a una adolescente atormentada por una orfandad absoluta y una infancia devastadora. Porque nos permite asomarnos a los abismos de unas criaturas perdidas, si bien llenas de talento y creatividad, ante un mundo hostil, ante sus propios y ajenos rechazos, ante sus culpas y remordimientos, que consideran la muerte como un remedio infinitamente deseable para sus vidas rotas. Porque cada una de ellas cumplirá con su final el último deseo del, de la, anterior.

Porque hay crímenes brutales que no son lo que parecen. Porque hay suicidios que son y no son tales. Porque hay inducciones aparentemente compasivas. Porque hay un reparto coral y una serie de asesinatos en los que hay que ajustar las piezas. Porque cuesta saber el quien es quien, con nombres similares y tan ajenos, pero se consigue y con creces. Porque nunca insulta la inteligencia de quien la ve. Porque tiene el ritmo adecuado al relato y a las diferentes tramas y subtramas.

Porque es hermosa y terrible, lírica y brutal… Porque es intensa hasta la exasperación, aunque narrada con una precisión entomológica. Porque nos muestra una ciudad con sus luces y sus sombras, con trazados futuristas y espacios miserables y oscuros. Porque documenta la ferocidad de empresas y centros asistenciales. Por su crítica social. Por todo ello, y por tantas otras cosas que irán descubriendo, no hay que perdérsela bajo ningún concepto.

Producción taiwanesa, fechada en 2020, compuesta por ocho episodios de aproximadamente una hora de metraje. Escrita por Hsu Jui Liang, Huang Yu Chia y Xu Ruiliang. Realizada por David Chuang y Allen Chen. Con unas excelentes fotografías, banda sonora y factura impecable cuyos responsables no aparecen en las fichas técnicas consultadas como FilmAffinity y Cinemagavia. Con un magnífico reparto en el que destacar a Joseph Chang y Hsu Wei-ning.

Prometen una segunda temporada para el 2022… Como se ha escrito antes, está en Netflix y tienen que verla.

Estado de Alarma en serie (s). Episodio 34. ‘Cormoran Strike’. Temporada 2,’Blanco letal’: Robin y Cormoran

Véase la introducción a esta serie, a la autora de los libros en las que está basada y a sus protagonistas, en la entrega dedicada a la primera temporada cuyo enlace es :

https://sevillacinefila.com/2020/09/20/nueva-normalidad-en-serie-s-episodio-22-cormoran-strike-temporada-1-joanne-y-robert/

Aquí, en este turbador episodio, la pareja central se interna en los infiernos del pasado de un joven marginal – que contrata a su agencia para investigar un sádico crimen del que fue testigo siendo niño, junto al ocultamiento del cádaver y sus pruebas – y en las miserias de la alta política, para hacer lo propio con el chantaje a un miembro del Parlamento y a su un tanto disfuncional familia. Pronto descubrirán que, de alguna extraña manera, ambos delitos están conectados.

Robin y Cormoran bucean y se introducen en ambos microcosmos tan aparentemente antitéticos mientras afrontan sus propios demonios y evolucionan en paralelo hacia un mayor crecimiento personal, tanto a nivel individual como en lo que se refiere a su relación, tan respetuosa como intensa, tan cálida como comedida. Y naturalmente eso afectará también a sus vínculos previos. Hasta aquí puede leerse pues deben ser ustedes mism@s quienes lo descubran.

Añadir que, como es marca de la casa tanto en la escritura como en su traslación audiovisual, la puesta en escena es elegante, pausada, pero inquietante y enérgica cuando retrata situaciones límites. Que atiende tanto, y para quien esto firma es una virtud, al desarrollo de cada uno de los personajes – incluíd@s l@s más secundari@s – y de sus interrelaciones como a la complejidad creciente de tramas y subtramas. Como al retrato de una ciudad fascinante – querida, añorada Londres… – con sus escenarios y ambientes. Que reta a la inteligencia del espectador-a sin abrumarle ni hacerle trampas.

Producción británica, fechada en 2020, compuesta por cuatro episodios de 60 minutos de metraje. La emite completa HBO. Su solvente guión lo firma Tom Edge, sobre la novela homónima de J. K. Rowling. La fotografía muy bien, captando el clima del relato, Tomasz Naumiuk y su banda sonora, que sabe subrayarlo igualmente, está firmada por Adrian Johnston. De su reparto coral tan sólido, destacamos a los estupendos Tom Burke y Holliday Grainger.

Se insiste: la emite completa HBO. Se insiste: no se la pierdan.

Deseando ya leer, y esperando su adaptación, la quinta de la serie ‘Sangre turbia’, en su título español, que se publicará este próximo julio.

Cine online. ‘Nuevo Orden’: Bodas de sangre

Una boda fastuosa. Una imponente mansión. Una fortaleza, de dorado lujo, apartentemente al abrigo de las asechanzas exteriores. Una jueza que se retrasa. Una alta burguesía de celebración, ajena a los tumultos callejeros. Una ciudad en la que estalla la violencia incontrolada de l@s desheredad@s. Unos hospitales colapsados que deben dejar sus camas y espacios a los nuevos heridos. Una rabia de clase sin conciencia, pero implable, que no les llega a esa beautiful people que se piensa inmune. Unas calles en llamas.

Un hombre, antiguo sirviente, que pide ayuda para su mujer que forzosamente debe ingresar en un carísimo hospital privado. Una mujer moribunda. Unas gentes que apenas ayudan, ni por caridad. Una joven prometida dispuesta a todo por resolverlo. Una revuelta. Una invasión. Un secuestro. Un país en Estado de Sitio. Unas cárceles siniestras. Un toque de queda. Saqueos, pillaje, la rabia desbordada de quienes estuvieron sometidos. Unos espacios públicos y privados sembrados de cadáveres. Unas bodas de sangre…

Mezclen todo ello en un increscendo casi insoportable de violencias de todo signo. De ferocidad, torturas y crueldades, de asesinatos, de violaciones a las prisioneras – en esto también deja claro que las mujeres somos botín y esclavas sexuales de todas las guerras – de crímenes contra no importa quien, aunque mayormente dirigidos a ric@s y poderos@s. Mezclen todo ello bajo la representación de una distopía aterradora como paradójicamente posible, a través de una puesta en escena febril e intensa, casi enloquecida, que no da respiro y que imposibilita cualquier refugio en una zona de confort.

Mezclen todo ello con el anonimato de los personajes, con la indiferenciación de víctimas y verdugos, de víctimas cómplices y de verdugos que fueron víctimas. Mezclen todo ello con el ruido y la furia de una revuelta de una clase, como ocurría en ‘Parásitos’ con la que se la ha comparado, sin épica, ni lírica, ni ideología, ni programa. Mezclen este genocidio con el de las intolerables desigualdades sociales, aunque ni uno ni otro sean justificables. Mezclen…

Producción entre México y Francia, fechada en 2020, de 88 minutos de metraje. Escrita y realizada por el guionista, productor y cineasta mexicano Michel Franco, cosecha del 79, con títulos en su haber como ‘Daniel y Ana’ (2009), ‘Después de Lucía’ (2012), ‘Las hijas de Abril’ (2017), todas premiadas también. Con una espléndida fotografía de Yves Cape y un reparto coral más que solvente. Gran Premio del Jurado, León de Plata, en Venecia y Mejor Película Latinoamericana en los Premios Feroz.

Quien esto firma se ha sentido impactada y concernida por cuanto en ella se narra y que ha intentado, mal que bien, transmitirles. Quien esto firma se ha sentido tan absorbida como a veces irritada o confusa por el totum revolutum del relato, por la indiferenciación de unos personajes que, con honrosas excepciones, no han sido descritos como merecían y como la historia requería. Quien esto firma piensa que su conmoción y carga crítica, que son notables, se ven neutralizadas parcialmente por el catálogo de los horrores mostrado.

Pero pese a, y precisamente por, ello… les recomienda encarecidamente verla o hacerse con ella. Es una película necesaria, que nos interpela individual y colectivamente.

Cine en plataformas. Toma 2, Netflix. ‘Noticias del gran mundo’: El largo camino a casa

Año de gracia de 1870, Texas. Un capitán confederado, y veterano de muchas lides, que responde al nombre de Jefferson Kyle Kidd, ya finalizada la contienda fratricida aunque no el enquistado odio entre las fuerzas enemigas, recorre los caminos polvorientos del territorio llevando las noticias del gran mundo – porque en su vida civil fué impresor – a gentes ávidas de historias y novedades más allá de sus misérrimos día a día y así se gana la vida.

En una de esas jornadas, su camino se cruza con una niña de 10 arisca y salvaje, doblemente huérfana, asesinados sus padres biológicos alemanes y los adoptivos – indios kiowas, sus secuestradores – con los que ha pasado seis de su corta vida y cuyas costumbres e idioma ha hecho suyos. Una niña nacida como Johanna, pero que se reconoce como Cigarra e hija de Aguas Turbulentas. Está sola en el mundo, en una tierra extraña y hostil, y el militar narrador decide entregarla a la única familia que le queda, la hermana de su madre y su marido que viven a varias semanas, siempre en línea recta… de distancia. Esta película narra ese largo camino a casa.

Un largo y duro camino, lleno de asechanzas, por territorios salvajes, ásperos y rocosos, donde cualquier emboscada es posible. Un largo y duro camino por grandes praderas y desérticas llanuras donde impera la ley del más fuerte, la ley de maleantes, de forajidos y pistoleros. Un largo y duro camino donde los indígenas, ahora confinados en reservas, siguen – invisibles, aunque presentes – el rastro de una de las “suyas”, rubia y de ojos intensamente azules, que lleva el pelo corto en señal de duelo.

Un largo y duro camino en el que el hombre deberá rendir cuentas a la esposa, cuya fotografía lleva siempre consigo, que está muy cerca de su destino. Un largo y duro camino en el que el adulto y la menor aprenderán, tras las desconfianzas y el miedo iniciales de la segunda, a comprenderse, a respetarse, a comunicarse aprendiendo sus mutuos idiomas, a sobrevivir, a defenderse, a constatar que están solo y sola en el mundo, con unos pasados llenos de pérdidas, sangre y muerte. A reencuentros dolorosos y difíciles. A… mucho más. Tanto más, que no puede, ni debe, contarse. Hay que verlo, hay que verla.

Hay que ver cómo filma este hermoso, sensible, inteligente, intenso y conmovedor western estadounidense, mezclado con el drama y con la road movie, fechado en 2020, de 118 minutos de metraje, el guionista, productor y cineasta británico Paul Greengrass, cosecha del 55 que ha rodado con pulso y talento las aventuras de Bourne, pero también los atentados terroristas del 22 de julio en Oslo y Utoya, o los del 11S a bordo de un avión, entre tantos créditos más.

Un realizador que adapta aquí magistralmente, junto a Luke Davies, la novela de Paulette Jiles. Que consigue integrarte en el relato a ras de tierra y cielo, con una puesta en escena elegante y majestuosa, en unos escenarios grandiosos e inquietantes fotografiados con excelencia en todas sus tonalidades por Dariusz Wolski, acompañados de la intensa y delicada partitura de James Newton Howard. Y de unos intérpretes eminentes a los que prestan sus rostros y talento Tom Hanks y el descubrimiento de Helena Zengel entre un reparto excelente y coral de notables secundari@s.

Viene precedida de las mejores críticas. De tantos premios y reconocimientos que sería muy largo enumerar, como a los Globos de Oro, Sindicato de Actores, Asociaciones de Críticos diversas o a los Satelite Awards en su muy previsible, y corto, camino hacia los Oscar.

Está, se reitera, en la oferta de Netflix. Su visión es obligada.

Cine en plataformas. Toma 1. Filmin. My French Film Festival, ‘Burning ghost’ (‘Vif-Argent’): Los mundos sutiles

El prestigioso Premio Jean Vigo, creado en honor al gran clásico francés, se otorga desde 1951 y lo han recibido cineastas tan notables como Jean-Luc Godard o Alain Resnais. También el responsable de esta película singular, su ópera prima – “premiamos a un autor, a una visión, a una apuesta…” se expresaba el Comité que le otorgó el galardón en 2019, fecha de producción de ‘Vif-Argent’, su título original – Stéphane Batut, cosecha del 68, también actor, director de casting, documentalista y ayudante de dirección, que la rodó mayoritariamente en las calles de su barrio de París.

Por estas calles camina Juste, un joven a quien nadie parece ver. Un joven capaz de ver a quienes nadie ve. Un joven que rescata a esas criaturas perdidas ayudándolas a transitar hacia otra dimensión, a través de la materialización visual de sus mejores recuerdos. Un joven desorientado que reclama a una mujer amable – con una bata blanca, que abre la puerta a un mundo vedado a las personas con las que comparte una ciudad que ya no es suya – volver a habitarla e integrarse en ella con todas las consecuencias. Y años después…

Una chica le sigue, intuyendo en él un amor de juventud que la marcó y desapareció para siempre. Una mujer separada y madre con la que recupera el deseo y el amor. El cuerpo a cuerpo que se le había negado, pero… nada será fácil a partir de ahí. Tras la intimidad más intensa, el vacío más absoluto. Estar y no estar. Sumir involuntariamente en el dolor y, otra vez, en el abandono, a la persona amada. Pero quizás, contra toda esperanza, no todo está perdido.

El realizador nos invita a la inmersión en un relato tan fantástico como paradójicamente realista, a través de los entornos más oscuros y también más luminosos de una ciudad única poblada de gentes visibles e invisibles. De gentes que lograron permanecer en ella, transgrediendo las normas. De vagabund@s de este y del otro lado. Poblada de supervivientes de todas las razas. Habitada por mundos oníricos, espectrales y sutiles.

Lírica y poética, pero también contenida, su elegante puesta en escena dentro de tal marco incomparable, que elude las imágenes icónicas o referentes turísticos, le debe mucho a la hermosa y sugerente fotografía de una mujer, Céline Bozon. Y a su magnética y preciosa banda sonora, con temas clásicos e inmortales, que firman Gaspar Claus, Benoit de Villeneuve y Reno Isaac. También a un guión complejo y delicado del propio Stéphane Batut, Christine Dory y Frédéric Videau, que nunca decae en sus 104 minutos de metraje.

Y, por descontado, a su excelente reparto en el que destacar a Thimotée Robart y Judith Chemla.

Como se indica en el título de esta entrada, la oferta la plataforma Filmin dentro de su ciclo Festival del Cine Francés. Pero, atención, solo hasta el día 15 de este mes. Ténganlo en cuenta y no se la pierdan.

Estado de Alarma en serie (s). Episodio 33, ‘Counterpart’. Temporada 1: Duplicados

¿Qué se esconde tras los sótanos de una oficina de investigación de las Naciones Unidas en Berlín, qué secretos ocultan, qué ocurre cuando se traspasan ciertos pasillos fuertemente custodiados, se accede a ciertas aduanas y se superan los férreos controles de seguridad para finalmente, una vez sellados los salvoconductos, encontrar un círculo que se abre a otro mundo…? ¿Qué misterios se revelan a un hombre – a un funcionario bondadoso, cuya esposa está en coma tras haber sido atropellada, a un trabajador leal y honrado que, pese a ello, nunca consigue ascender – cuando descubre un universo paralelo en el que todo es tan diferente y tan idéntico?

Una puerta de entrada que – tal y como ocurría en El Ministerio del Tiempo, pese a ser tan distintas las historias y los enfoques en ambas – desvela otro Berlín más estilizado y futurista cuyos habitantes son l@s dobles de quienes están en el del protagonista citado. Duplicados que no son semejantes, que han experimentado vivencias paralelas a veces y otras antitéticas.

Gentes que van y vienen de un lado a otro y no siempre con las mejores intenciones. Gentes que se infiltran, que ocupan los lugares del-la otr@, que se inmiscuyen, con la lección bien aprendida, en hogares ajenos, familias ajenas, parejas ajenas y trabajos ajenos para recomponer, para reintentar, para desestabilizar o para destruir. Mandos que saben lo que implica dicho tráfico. Diplomacia inoperante con todo que perder.

Gentes como el alter ego del personaje central – un inmenso J, K, Simmons, doble de sí mismo en una extraordinaria caracterización dual – seguro, prepotente, chulesco, mal marido y padre ausente, con mucho que aprender, con el que se intercambiará la vida afrontando serios peligros. Gente facciosa que culpa y que busca venganza. Gente que quiere evitar que l@s malvad@s ganen la partida.

Traidores-as de ambos mundos. Espías que aman, que odian y que asesinan. Sicarias implacables pero frágiles, – espléndida y magnética Sara Serraiocco – yernos de poderosos que deben madurar, una Sombra cuya identidad conoceremos, que representa el Mal Absoluto. Una niña nacida de ambos universos. Dos mujeres – maravillosa Olivia Williams en su caracterización dual – eficientes profesionales y compañeras de vida cuyos itinerarios convergen y divergen. La cruel adoctrinadora infantil. La hija que no fue y la hija adolescente. El perverso embajador. El amante fiel. El feroz y cínico villano…

Una cautivadora, elegante, plena de atmósfera, pródiga en sorpresas y envolvente mezcla de thriller fantástico y de espionaje. Una serie estadounidense, fechada entre los años 2017 y 2019 que puede y debe verse en HBO, cuya primera temporada consta de 10 absorbentes episodios de una hora de metraje. Creada, escrita, junto a Amy Berg, producida y realizada – junto a tres mujeres y cinco hombres en cada capítulo de entre l@s que destacar a Morten Tyldum y Jennifer Getzinger – por Justin Marks. Con una bella y sugerente fotografía firmada por Luc Montpellier y Martin Ruhe y una poderosa y magnífica banda sonora debida a Jeff Russo.

Del reparto extenso y coral, además de l@s mencionad@s, hay que hacerle justicia a las composiciones de Stephen Rea, Richard Schiff, Harry Lloyd, Nazanin Boniadi, Ulrich Thomsen o la fugaz, pero estimulante, presencia de Jacqueline Bisset.

Esta firmante está visionando ahora la segunda temporada, de la que también se propone darles cuenta. Y, desde luego, les recomienda encarecidamente que no se la pierdan.

Una pregunta…

¿Por qué la crítica de ‘Kings: Los días de la ira’ película que me pareció fallida, pese a todo el respeto que me inspira su realizadora, es la entrada más vista de todas las que he escrito en este blog, así lo compruebo día tras día, fagocitando incluso a las más recientes…? Y lo es hasta tal punto que daría igual que no actualizase los contenidos de Sevilla Cinéfila, cosa que hago regularmente, porque siempre se impone sobre todas las demás.

Francamente, resulta desmotivador. Si alguien tiene una respuesta, agradecería que me proporcionase esta información.