‘La habitación de Mariana’: A través del armario…

Esta tarde, quien esto firma se las prometía muy felices con una estimulante sesión doble en la sala cinéfila por excelencia. Pero todo se fue al traste cuando, al salir por el itinerario que lleva al cine para hacer unas compras en el centro, se vio apresada por multitudes vociferantes, de uno y otro signo y de colores y banderas diferentes, entonando cánticos y eslóganes que se multiplicaban a cada paso.

Si, las hinchadas de los equipos que jugarán – a las 21 horas, en el Estadio de la Cartuja – la final de la Copa del Rey… Así que esto la ha disuadido de volver a la calle, por parecido camino con ligeras variantes, ya que a tales jolgorios futboleros, se les suman los del ambiente preferiante, convirtiendo cualquier ruta en intransitable por el gentío.

Por otra parte, también quiere disculparse por los días en los que el blog ha estado inactivo. A los ineludibles compromisos familiares, se les unieron sus causas animalista, de la que se dio cuenta en estas páginas, y republicana – el orden de los factores no altera el producto… – con sus respectivas convocatorias. Espero que sepan comprenderlo.

Una vez escrito esto, pasamos a la crítica propiamente dicha de esta coproducción entre Francia, Bélgica, Israel e Italia, fechada en 2025, de 131 minutos de metraje, escrita y dirigida por el actor, guionista, ayudante de dirección de cine y series y cineasta francés, de ascendencia judía, Emmanuel Finkiel – cosecha del 61, en cuya corta filmografía destacamos ‘Voyages’ (1999), ‘Un hombre decente’ (2016) y ‘Marguerite Duras. París, 1944’ (2017) – que adapta la novela, con tintes autobiográficos, de Aharon Appelfeld.

Su excelente fotografía la comparten Alexis Kavyrchine y Victor Pichon. Destacar, dentro de un solvente reparto, a una eminente y magnética Melanie Thierry, que ya trabajara con el realizador en la citada película sobre la escritora francesa. Y señalar también que es la tercera de su filmografía que está dedicada a la devastación provocada por el Holocausto – de quienes ahora perpetran un genocidio de Estado – del que piensa que el cine ha abusado, en las familias que lo sufrieron y perdieron seres queridos en él.

La historia remite a la Ucrania de 1942 ocupada por los nazis, en la que ser judío equivalía a una condena a muerte segura o a un campo de concentración, que venía a ser lo mismo a más largo y torturado plazo. Un niño de 12 años, cuya familia de farmaceúticos debe huir, es entregado por su madre a una amiga de juventud, la Mariana del título, mujer que, como sus compañeras, se ve forzada a prostituirse por supervivencia.

Así que el chico, desgarrado por la separación de su madre, es encerrado en el armario de la habitación de la protagonista, sita en el propio burdel. A través de las rendijas de tan minúsculo espacio, del que de vez en cuando puede salir, le es dado contemplar el terrible estado de cosas en el exterior, mientras que las mujeres temen por su seguridad por esconderlo, cuando le descubren.

Filmada en formato 4:3, o lo más similar, que resalta la situación claustrofóbica, oscura y aterradora de un territorio secuestrado, de una ciudadanía presa del miedo, de unas esclavas sexuales a su pesar de unos ejércitos, el vencedor y el vencido, que las convierten en botín de guerra. De un tiempo y de un país donde sólo reinaba la negrura.

Pero también, en tales intolerables circunstancias, se nos muestra el progresivo y emocionante vínculo de complicidad, de empatía, de solidaridad y de afecto entre dos víctimas cuya situación oscila según quien gane la contienda y cuyo único destino es huir. Pero, pese a todo, ese final tan abierto puede arrojar una luz de esperanza.

Deberían verla.

Deja un comentario