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‘El castillo de cristal’: Padre e hija

Destin Daniel Cretton es un productor, guionista, editor y realizador estadounidense, nacido en Hawái, de la cosecha del 78. De su filmografía, recordamos especialmente la sensible y emotiva ‘Las vidas de Grace’ (‘Short Term 12’) fechada en 2013, sobre la supervisora de una casa para adolescentes con problemas, encarnada con talento por Brie Larson.

En la película que nos ocupa, el director ha adaptado al cine, con guión de Marti Noxon, la novela homónima autobiográfica de su compatriota, la periodista y escritora Jeannette Walls, de la cosecha del 60. De 127 minutos de metraje, su fotografía matizada y dramática la firma Brett Pawlak y su banda sonora, jalonada con hermosos temas country, Joel P. West. En su atractivo reparto, destacan de nuevo Brie Larson, además de Woody Harrelson y Naomi Watts, de l@s que se hablará más tarde.

La historia alterna el presente – la protagonista convertida en una periodista de éxito, prometida con un alto ejecutivo, viviendo en el Nueva York más elitista y a punto de casarse – con un pasado familiar radicalmente opuesto, del que se avergüenza y al que abomina. Ambos tiempos vitales acabarán por confluir, mal que le pese, y la llevarán a tomar decisiones trascendentales para su futuro.

Narra la infancia errante, paupérrima y descuidada – por una madre pintora comprometida sobre todo con su arte y un padre alcohólico lleno de fantasía, egoísta y carente de cualquier sentido práctico – de cuatro menores, tres chicas – la propia Jeannette, Lori y Maureen – y un chico, Brian.

Una niñez miserable, carente de las necesidades y comodidades más elementales, marginada y disfuncional, en la que l@s herman@s tuvieron que apoyarse entre sí y cuidarse mutuamente. Dentro de ese terrible modus vivendi, el relato, si bien muy coral, se centra fundamentalmente en las relaciones del padre con la autora, su hija favorita.

Unas relaciones presididas por la devoción de la niña hacia un progenitor tan problemático como encantador, tan desatento como carismático, tan cómplice como irresponsable, al que finalmente desenmascara en toda su crudeza, cortando el estrecho cordón umbilical que la unía a él.

Dichas ambivalencias y antagonismos sabe resolverlas bien el director, que sin embargo, desde el punto de vista de quien esto firma, se escora más hacia la emotividad más explosiva, sin dejar por ello de ser cruel, que hacia la dureza y contención que unos hechos tan desgarradores hubiesen requerido. Y esa conclusión… es tan improvisada como decepcionante.

En cuanto al reparto, Larson resulta algo envarada, Woody Harrelson, tan potente e intenso como desaforado, Watts, correcta aunque sin demasiados registros. L@s mejores, l@s herman@s en sus versiones infantiles y adolescentes.

Prometía más, aunque no carezca de valores. En cualquier caso, debe verse. Pero apresúrense en hacerlo, pues no va a durar mucho en cartelera.

 

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‘Una mujer fantástica’: Trans(cendencias)

El guionista, productor, director y montador chileno Sebastián Lelio, cosecha del 74, ha realizado esta película que nos ocupa, la quinta de su filmografía, cuatro años después de su muy estimable ‘Gloria’ (2013), cuyo enlace a su reseña en este blog es:  https://sevillacinefila.com/2013/10/13/gloria-retrato-de-una-dama/

Y lo ha hecho con el retrato de otra dama muy particular llamada Marina, por voluntad propia y con todas las consecuencias, pues nació como Daniel. Enamorada de un hombre veinte años mayor – otra vez… pero lo inverso apenas si se representa – mantienen una relación estable y consolidada hasta la repentina muerte de él.

A partir de ahí, comienza para nuestra protagonista una durísima prueba en la que, además del duelo, deberá afrontar los prejuicios, crueldades e incomprensión del entorno familiar de su pareja que intenta despojarla de cualquier derecho, hasta el de darle el último adiós.

Como premisa, nada que objetar. Todo lo contrario. Lo mejor de ‘Una mujer fantástica’ es, precisamente, su denuncia del odio al-la diferente, del machismo y la transfobia, tan tristemente vigentes en todas las sociedades y el hecho de que no exhibe a su personaje femenino como un espectáculo, o en el  tópico microcosmo de las variedades más cutres.

Todo lo contrario. La inviste de fuerza y dignidad y la integra, como debe ser, en su vida cotidiana. Además, aunque también canta,- de hecho, la actriz Daniela Vega es una excelente intérprete lírica transgénero – lo hace en otros entornos.

Pero… lo peor es todo lo demás. Quien esto firma, lamenta profundamente que sea así en su personal e intransferible opinión, pues albergaba otras expectativas muy distintas respecto a ella. Incomprensible ese premio en Berlín al Mejor Guión, con el tratamiento de la historia tan maniqueo, tan disperso y deslavazado. Tan lleno de oquedades, contradicciones y agujeros narrativos.

Con el esquematismo tan burdo en el retrato de las villanías de ciert@s  secundari@s, que afecta incluso a la policía y personal sanitario implicado en el relato, que protagonizan situaciones que se dan de bruces con la lógica más elemental. Lo mismo cabe decir de algunas reacciones del propio personaje central ante ellas. Con ese tufillo a transcendencia, toques fantásticos incluidos, que sobrevuela todo el metraje…

Producción chilena, de 104 minutos de duración. La escriben el director y Gonzalo Maza. La fotografía muy bien Benjamín Echazarreta y la correcta banda sonora la firma Matthew Herbert. Daniela Vega es muy carismática y, ya se ha comentado, tiene una preciosa voz. Pero resulta limitada en sus registros interpretativos.

Tengan en cuenta, no obstante, los reconocimientos y críticas favorables que la preceden. La pelota, en sus tejados.

 

No solo cine. El C.A.L en Infanta Elena: Nell y… Mary

Nell Leyshon es una singular creadora inglesa, de la cosecha del 62, nacida en Somerset y residente en Londres, quien trabajó como ayudante de producción en anuncios televisivos nada menos que  con los hermanos Scott, Tony y Ridley, aunque solo fuera alimenticio y no le gustara demasiado. Comenzó a escribir tarde, pero…¡¡¡de qué manera!!!

Dramaturga para la radio, BBC 3 y 4, siete piezas, y para las tablas, tres y una adaptación, siendo la primera mujer cuya obra se representó -¡¡¡tras 400 años!!! -en el Shakespeare’s Globe. En cuanto a las novelas…, cuatro premiadas y reconocidas. Especialmente esta, ‘Del color de la leche’ (2012) que ha encandilado a público y crítica, y reconocida con numerosos premios y nominaciones.

A propósito de ella, Premio a la Mejor Novela de 2014 del Gremio de Libreros de Madrid, el Centro Andaluz de las Letras, dentro de su ciclo Letras Capitales, organizó ayer en la biblioteca Infanta Elena de Sevilla, un encuentro de la autora con sus lectores y, especialmente, lectoras pues fuimos amplia mayoría.

Un encuentro, a modo de diálogo y debate a la manera de un club de lectura, que coordinó excelentemente, como no podía ser menos, una librera muy conocida y prestigiosa de nuestra ciudad, alma y titular de la imprescindible El Gusanito Lector, Esperanza Alcaide Rico.

Un encuentro en el que destacó la arrolladora personalidad de la escritora. Cercana, vitalista, lúcida, divertida, brillante y generosa nos regaló, con su propia voz y en su lengua materna – aunque tuviera la deferencia de hablar en la nuestra todo el tiempo – fragmentos de ese relato tan lírico y tan duro, tan inocente y tan cruel, tan descarnado como conmovedor y de lectura obligada, que sonaba, como no podía ser menos…, aún mejor en su versión original.

Un encuentro en el que nos contó las emotivas historias de algunas de las Marys – su inolvidable, adorable protagonista, tan sometida al orden patriarcal más feroz, pero tan valiente y decidida – que se ha encontrado en sus viajes. Un encuentro en el que confesó estar “poseída” por el personaje, y por su manera tan particular de escribir y de expresarse, tiempo antes de llevarlo al papel.

Un encuentro en el que nos relató las novelas suyas anteriores que había quemado por no parecerle dignas. Un encuentro en el que comentó su forma de escribir, tan instintiva como perfeccionista, y que lo hacía mientras cocinaba, fregaba o planchaba… Un encuentro en el que dijo haber escrito un final diferente, que descartó, pero no quiso hacer spoiler contando cual hubiera sido. Un encuentro, saben, Memorable. Así, con mayúsculas.

Cuando quien esto firma, se acercó para felicitarla y para que le dedicara su ejemplar, la sorprendió con un : “Gracias por tus preguntas”. Gracias a ti, Nell Leyshon, gracias a tu obra, gracias a tu Mary, gracias a Esperanza Alcaide, gracias al Centro Andaluz de las Letras, gracias a Letras Capitales, gracias a la Biblioteca Pública Provincial Infanta Elena y a su titular. GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS.

‘Morir’: El tiempo que queda…

El sevillano Fernando Franco, cosecha del 76, vuelve a ponerse tras la cámara cuatro años después de realizar la notable ‘La herida’. Y lo hace con la adaptación de la novela homónima del eminente dramaturgo y escritor austriaco Arthur Schnitzler, algunas de cuyas obras han sido llevadas al cine por talentos como los de Max Ophüls (‘La ronda’, 1950) o Stanley Kubrick (‘Eyes wide shut’, 1999).

‘Morir’ no es una exaltación romántica del final de la vida, ni una película espiritual, ni se nutre de ningún tipo de trascendencia o sentimentalidad. Es, por el contrario, tan contenida y despojada, como finalmente emotiva. Tampoco se centra en el paciente, aunque la hoja de ruta sea marcada por él, sino en su pareja y cuidadora.

Retrata con precisión entomológica la crisis de una relación, otrora estrecha y feliz, cuando lo irreversible se hace presente de una manera esquinada, arbitraria, y también engañosa, por parte de quien lo sufre. Un hombre tan doliente como tiránico, que impone sus normas a la mujer que le ama, aunque las suavice con algunos, escasos, gestos de comprensión y de cariño.

Que la obliga a aislarse de su entorno amistoso y social; a ser la única testigo de su deterioro; a convertirse en enfermera a su pesar; a desdeñar sus cuidados tanto como a exigirlos; a dejar un trabajo que le gusta y que no la espera; a integrarse en una dinámica claustrofóbica y sin salida el tiempo que le queda; a ignorar sus sentimientos y emociones, en aras de un egoísmo incapaz de ver más allá del mal que le consume.

La narración de estos hechos no está enfatizada, ni es esquemática, sino que va revelándose en el transcurrir de los días con algún salto temporal que obliga a repensar lo anteriormente visto. Tampoco es maniquea con el comportamiento masculino, pues sabe transmitir asimismo su extrema vulnerabilidad, aunque se manifieste de esa forma tan ingrata.

El dolor es mutuo, pero lo percibimos especialmente en y a través de ella. Dolor, frustración, enfado, afecto y empatía que apenas si pueden expresarse, incomunicación, soledad radical y asfixia de los que son testigos el mar, un paisaje tan hermoso como desolado y la casi omnipresente lluvia. Fundir en negro el futuro no es ni lírico, ni poético, ni fácil … ni para quien se va, ni para quien se queda.

104 minutos de metraje. La escribe también el propio Fernando Franco. La excelencia de su fotografía se debe a Santiago Racaj y sus piezas, escasas, de música, obsesivas e inquietantes, a Maite Arrotajauregi. El tándem protagonista, pareja en la vida real, es extraordinario. Andrés Gertudrix demuestra, una vez más, su talento pero Marian Álvarez está, sencillamente, pasmosa. Todos los reconocimientos le son debidos, como la nominación a los Goya.

Es una de las elegidas para debatir en nuestra próxima tertulia del miércoles, 15 de noviembre. Es de temer que dure poco en una cartelera tan poco arriesgada. Pero nadie, en su sano juicio cinéfilo, debería perdérsela.

 

Tertulia de cine Luis Casal Pereyra. Temporada 6: Hechos probados

Multitudinaria y arrolladora sesión la de esta tarde-noche de nuestra tertulia de cine. El reencuentro ante el paréntesis de los tres meses de verano, la inauguración de la sexta temporada de esta actividad, las tres películas elegidas – todas basadas en hechos reales, dos miradas de mujer y una masculina – y el crítico invitado no merecían menos…

Nuestro conductor, el crítico de cine y teatro y amigo Alejandro Reche Selas – licenciado en Filología inglesa, periodista, colaborador de ABC, Diario de Sevilla, COPE Andalucía, entre otros, que ha entrevistado a l@s mejores en las tablas y en la cinematografía de nuestro país y que tiene un blog muy recomendable El Rinconcillo de Reche – estuvo más que a la altura de las circunstancias, introduciendo con lucidez, conocimiento de causa y una memoria-base de datos casi inalcanzable, los tres títulos que nos ocuparon y creando una estupenda sintonía con l@s asistentes.

Sobre la fascinante ‘Dunkerque’, de Christopher Nolan hubo consenso respecto a su belleza plástica; a su excelente fotografía de Hoyte van Hoytema; a su dirección de arte, su equipo técnico y de efectos especiales; a su enfoque lírico y épico de un tema tan poco heroico al uso como la evacuación a gran escala de las tropas aliadas; a su capacidad de meternos en las tripas de la guerra por tierra, mar y aire, las historias de la Historia- aunque hubo quien dijo que no la había… a su reparto, Mark Rylance muy especialmente. Pero se le reprocharon su banda sonora, un tanto reiterativa para algunos, del maestro Hans Zimmer.

‘Verano 1993’, el deslumbrante y multipremiado debut de Carla Simón, desató los amores más encendidos. Se valoraron su narrativa; la madurez de su enfoque; su retrato, tan sutil y matizado, de la época; su mirada, nada autocomplaciente, sobre la niña que fue; su cuarteto actoral, con especial incidencia en la protagonista, la prodigiosa Laia Artigas, a través de cuyos ojos se articula el relato; su sensibilidad; su contención; su registro del proceso del cambio radical de vida, en todos los aspectos, de una criatura de 6 años; su excelente fotografía, de Santiago Racaj; su catarsis final… pero se le reprocharon su lentitud y algo de morosidad.

‘Detroit’, la potente última propuesta de Kathryn Bigelow, también cosechó favores. Su fuerza visual; el impacto de las imágenes; el pathos creado con su elección de la cámara al hombro; sus lecturas críticas de los terribles acontecimientos de ese otro verano, el del 67, en claves de raza, clase y género; su talento para filmar la acción y la claustrofobia del motel en el que nueve jóvenes negros y dos chicas blancas vivieron un auténtico infierno a manos de hombres legalmente armados; el guión de Mark Boal, que recoge el testimonio de los supervivientes, convencieron plenamente pero… se le reprochó su esquematismo respecto a los villanos de la función.

El miércoles, 15 de noviembre, más. La elección de esta fecha se debe a que el primero del mes es festivo y el segundo confiamos estar inmersos en el Festival de Cine Europeo. Aparte de lo visto en el Certamen, debatiremos sobre tres películas del mayor interés y actualidad. A saber, ‘Madre!, de Darren Aronofsky, ya en cartelera. HAY QUE VERLA CUANTO ANTES. ‘Morir’, de Fernando Franco, que entra este próximo viernes, 6 de octubre. HAY QUE VERLA CUANTO ANTES y ‘El tercer asesinato’, de Hirokazu Koreeda, que se estrenará el día 27 de este mismo mes.

Gracias a La Casa del Libro, a Rafael García, a Gema, a Alejandro Reche Selas y a l@s mejores tertulian@s del mundo mundial, entre l@s que tenemos la fortuna de contar con voces tan autorizadas como las de los críticos y amigos José Miguel Moreno Bautista y Enrique Colmena. Gracias por otra velada memorable. GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS.

Tertulia de cine Luis Casal Pereyra: Segundo y urgentísimo recordatorio

Esta entrada es para recordar, por segunda vez, que mañana, miércoles, 4 de octubre, a las 19.30, en la cuarta planta de la sevillana Casa del Libro, calle de Velázquez, se inaugurará la sexta temporada de nuestra tertulia de cine Luis Casal Pereyra, antes La Palabra y la Imagen, llamada así en recuerdo de un tertuliano único e irrepetible que nos dejó para siempre el pasado abril.

Se comentarán tres películas del máximo interés. A saber,  ‘Verano 1993’, de Carla Simón, uno de los títulos españoles del año. Un notable debut cinematográfico, sobre una historia autobiográfica, que cosechó el Gran Premio del Jurado y el de la Mejor Ópera Prima en Berlín, la Biznaga de Oro y el Feroz de la Crítica, en Málaga y además ha sido seleccionada por la Academia española para competir por el Oscar a la Mejor Película de habla no inglesa.

Aquí está el enlace a la reseña que se le hizo en este blog:

https://sevillacinefila.com/2017/07/01/verano-1993-mi-vida-sin-ti/

 

‘Dunkerque’, de Christopher Nolan es otro de los filmes más potentes, fascinantes, y también polémicos, vistos durante estos meses. Una visión radicalmente distinta y transgresora de un episodio real de la II Guerra Mundial. Es ineludible comentarlo.

Su enlace: https://sevillacinefila.com/2017/07/22/dunkerque-hasta-el-ultimo-hombre/

Y la no menos poderosa y magnética  ‘Detroit’, de Kathryn Bigelow, basada también en hechos reales. Aquí está su enlace:

https://sevillacinefila.com/2017/09/17/Detroit-los-brazos-armados-de-la-ley/

El invitado, un lujo y un honor, será el crítico de cine y teatro y amigo, Alejandro Reche Selas quien, entre un extenso currículum, tiene un blog absolutamente recomendable llamado El Rinconcillo de Reche.

Así que ya saben. Promete muchísimo y la entrada es libre. No se lo pierdan. Les esperamos.

 

‘Una mirada documental’: Hoy mismo. Faltan horas…

Hoy, lunes, 2 de octubre, a las 19 horas en la sevillana FNAC de la Avenida de la Constitución, tendrá lugar una nueva sesión del excelente ciclo ‘Una mirada documental’, que tan bien coordina el crítico y amigo Miguel Olid Suero.

En primer lugar, el editor de la interesante revista Fila Siete, Juan Pedro Delgado, presentará su libro “Cine pensado. Estudios críticos sobre 31 películas estrenadas en 2016′

Luego, se proyectará el largometraje francés ‘Las estaciones’, de Jacques Perrin y Jacques Cluzaud, que ha sido definido como “una epopeya que relata la larga y turbulenta historia común que une al hombre con los animales” y cuyas referencias son excelentes.

Un programa, pues, del máximo interés que no pueden perderse bajo ningún concepto.

 

‘Madre! : Totum revolutum

Quien esto firma, ha salido de esta última propuesta de Darren Aronofsky con una sensación de k.o técnico, en el que le era imposible elaborar,  y concretar en palabras articuladas, sus impresiones críticas sobre lo visto en la pantalla. No es la primera vez que le ha ocurrido. Y así lo asume, para que lo tengan en cuenta, porque estas no son ni unas reseñas, ni un blog al uso. Pero va a intentarlo.

Porque resulta evidente que el realizador norteamericano, de la cosecha del 69, “ha arrojado una granada a la cultura popular”, según declaró a Daniel Matthews en una entrevista, publicada en El Mundo, el pasado jueves. Y aunque suene algo melodramático y pretencioso, hay mucho de cierto en ello.

Y lo ha hecho en un totum revolutum, muy bien urdido, de metáforas, símbolos, géneros, alegorías y lecturas diversas y posibles, tan simbólicas y míticas como contemporáneas. Desde la Biblia hasta el existencialismo, el ecologismo y la contemporaneidad, valiéndose de una historia de terror en la que los monstruos, como decía Sartre del infierno, son los otros. Incluyendo en ellos, y muy principalmente, al protagonista masculino, un magnífico Javier Bardem.

Valiéndose de la historia de un matrimonio entre una joven sumisa y enamorada y un creador, veinte años mayor que ella, en crisis de inspiración, a cuya casa – a la que acaban de trasladarse, y ella está reformando –  llegan una serie de extraños personajes, muy bien recibidos por el marido, que van tomando posesión del hogar, despreciando su intimidad, ante la impotencia de la esposa.

Porque también tiene una lectura antipatriarcal. También contiene una demoledora visión del patriarcado y del amor más grande que la vida- un mortal peligro para las mujeres según Simone de Beauvoir – a costa de, y encarnado en, el personaje femenino. Ella, estupenda Jennifer Lawrence – como lo están asimismo Michelle Pfeiffer, Ed Harris y Kristen Wiig, en una breve aparición – es el punto de vista de la película. A través de sus ojos, se construye el relato.

120 minutos de metraje. La escribe el propio Aronofsky, lo hizo en cinco días. Su espléndida y perturbadora fotografía la firma Matthew Libatique y su música, escasa, se hizo con diseño de sonido eliminando la partitura original de Jóhann Johansson.

Aterradora, excesiva, hipnótica, desmedida, cruel, irónica, cáustica, irreverente, cíclica, desconcertante, poderosa, inquietante, desmedida, intensa, sugerente… son calificativos posibles para referirse a ella. A quien esto firma, le ha parecido absorbente con todos sus defectos y desmanes.

Atrévanse con ella.

‘Bye bye Germany’: Supervivientes

De la cosecha del 48, el guionista y director, nacido en Alemania pero nacionalizado belga, Sam Garbarski, es conocido por una propuesta curiosa e irreverente, ‘Irina Palm’ (2007), que tiene más de un punto en común con esta, pese a sus temáticas tan distintas.

Aunque la primera parte de un drama íntimo y ‘Bye, bye Germany’ de un hecho histórico tan terrible como el Holocausto, ambas extraen humor de la tragedia y contemplan con una ironía, no exenta de compasión, la lucha por la supervivencia de sus personajes.

Esto concierne especialmente a la que nos ocupa que se centra en un grupo de judíos supervivientes de los campos de concentración que se convierten en vendedores-timadores a fin de reunir el dinero para irse a Estados Unidos.

Producción alemana de 101 minutos de metraje. Su guión lo firman conjuntamente Michel Bergmann y el propio director. La fotografía con solvencia y matices una mujer, Virginie Saint-Martin y la banda sonora, de la que se puede decir otro tanto, se debe a Renaud Garcia-Fons. Y el reparto coral, también muy competente, en el que destaca un dúctil Moritz Bleibtreu.

El realizador sabe retratar bien la nada épica vuelta a una casa que no será jamás un hogar, Alemania, de este grupo de ciudadanos que vienen del infierno y que siguen estando bajo sospecha en su propio país, e incluso del propio ejército aliado. Un país al que desprecian por el maltrato recibido y a cuyos compatriotas intentan burlar, o timar, en una picaresca suerte de desquite. Y lo hace con tanta ironía como sensibilidad.

El problema es que no sabe a qué carta quedarse entre la comicidad y el drama y eso compromete al resultado. El problema es que la película funciona mucho mejor cuando es cínica que cuando es amarga. El problema es que no lleva hasta las últimas consecuencias su singular y atípico enfoque, ni en la comedia, ni en la tragedia.

No obstante, es un filme digno y diferente que merece ser visto.

‘La historia del amor’: Mitos y místicas

Radu Mihaileanu – guionista y realizador rumano residente en Francia, de la cosecha del 58, con ‘El concierto’, (2009) como su filme más conocido en nuestro país, dentro de una extensa filmografía – reaparece en nuestras carteleras con esta coproducción entre Francia, Canadá, Rumanía y Estados Unidos, fechada en 2016, de 134 minutos de metraje, cuyo guión también escribe, junto a Marcia Romano, sobre la novela de Nicole Krauss. La fotografía, matizada y con toques evanescentes, la firma Laurent Dailland y la música, Armand Amar.

Estamos, supuestamente, ante un drama romántico que bascula entre un amor “más grande que la vida” e inolvidable, el experimentado por un anciano judío polaco en los años 30, al que sigue fiel pese al tiempo transcurrido y a su cambio de residencia a Nueva York y el primero de una jovencita en la época actual. El nexo de unión de ambos hechos  es un libro que se titula como la propia película.

El director, que ya había mostrado su tendencia al exceso en la mencionada, y muy superior a esta, ‘El concierto’, se pierde en un maremágnum de subtramas , personajes con sus tics personales – desde quien esto firma, tan malo es desatenderlos como enfatizarlos demasiado sin necesidad alguna, como ocurre aquí – e identidades, por llamarlo de alguna manera.

Así es. Y con su carga, más bien sobrecarga, de mitomanía y mitificación a cuestas. Lo que deviene en un contrasentido integral, que enlaza por los pelos ambas historias en un relato en el que los árboles no dejan ver el bosque. En un relato en el que ni siquiera está demasiado claro qué bosque está queriendo mostrar. En un relato pretencioso y embarullado, complicado y no complejo, al que le sobra metraje, le fallan el guión y el ritmo y, en definitiva, el interés.

Si no lo protagonizara el gran Derek Jacobi – pese al buen hacer, con sus tan mixtificadas protagonistas, de Sophie Nélisse y Gemma Arterton – el resultado aún sería peor.

Escrito queda.