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Películas para la próxima sesión de la tertulia de cine del miércoles, 1 de diciembre, a las 19.30 horas en Casa del Libro Viapol. Toma 1,’Petite maman’: Dos niñas

Una niña de 8 años llamada Nelly va despidiéndose de mujeres ancianas muy dignas, a alguna de las cuales le ayuda a resolver una palabra en su crucigrama, en lo que parece – y es – una residencia. Recorre el pasillo y musita adios a cada ocupante de cada una de las habitaciones.

Pero… cuando llega a la de la que más quiere, sólo hay una cama vacía y una madre muy joven y muy seria, cuyo abatimiento es evidente pero contenido, recogiendo pertenencias. Su bastón, el bastón de la abuela, es una de las que la nieta quiere guardar como recuerdo ya que se lamenta de que, entre tantas despedidas, no pudo hacerlo de ella.

Luego en la casa de verano de esa mujer mayor tan querida y perdida – protagonista de la niñez materna y llena de recuerdos, que sus progenitores están vaciando algo a lo que ella contribuye ayudándoles – descubre el bosque donde su progenitora jugaba y los cuatro árboles en los que construyó una cabaña.

Eso, al tiempo que conoce que su madre se ha ido, profundamente abatida e incapaz de afrontar esa dura tarea. Y lo ha hecho sin despedirse, tampoco ha podido decirle adios. Aunque en este caso, haya sido un hasta luego…

En ese contexto, mientras pasea por el bosque cercano a la vivienda, conoce a una niña similar a ella en todos los aspectos. Esa nueva amiga también vive en una casa idéntica, salvo por algún pequeño detalle, con una mujer sola que lleva un bastón.

Esa nueva amiga también juega en la misma cabaña materna. Esa nueva amiga, a la que por su sensibilidad e inteligencia acabará reconociendo, le descubrirá un secreto y le permitirá cumplir su deseo pendiente.

Este juego de espejos, de dobles que no lo son exactamente, aunque lo parezcan. Este juego de simetrías entre el pasado y el presente, entre el drama del duelo familiar y el contexto fantástico en el que se inserta, lo muestra Céline Sciamma con toda su sabiduría y sensibilidad narrativas.

Lo muestra con unas admirables fluidez y naturalidad en la puesta en escena sin necesitar de subrayado alguno al mostrar a una niña entre dos mundos, entre dos casas, entre dos realidades temporales. Con la misma naturalidad y fluidez con que lo abordan sus protagonistas.

Producción francesa, fechada en este año, de 72 minutos de metraje. La escribe también la propia directora. La fotografía muy bien, en todos sus matices, una mujer, Claire Mathon. La música, que suena cuando y como debe, la firma Para One. Y del reparto, mínimo pero tan solvente, destacar a esas dos admirables hermanas: Josephine y Gabrielle Sanz.

Póngan algo de magia en sus vidas y háganse con ella. No lo lamentarán.

Tertulia de cine Luis Casal Pereyra del miércoles, 1 de diciembre, a las 19.30, en Casa del Libro Viapol: Falta una semana…

Una semana queda para nuestro tercer encuentro de esta novena temporada y último del año. Comentaremos tres películas de mucho interés, en dos de ellas demostrado: ‘Petite maman’, de Céline Sciamma y ‘La ruleta de la fortuna y la fantasía’ de Ryüsuke Hamaguchi y la tercera, que entra este viernes y viene precedida de las mejores críticas, es ‘La hija’, de Manuel Martín Cuenca.

Os esperamos. Deseando veros el próximo miércoles, 1 de diciembre, a las 19.30, en Casa del Libro Viapol.

‘El poder del perro’: La «forja»de un hombre

La revista Fotogramas, en un excelente artículo de Mireia Mullor, del 31 de enero pasado, destaca entre los mejores westerns del presente siglo títulos como ‘Noticias del gran mundo’, de Paul Greengrass (2020), ‘Los hermanos Sisters’, de Jacques Audiard (2018), ‘Los odiosos ocho’, de Quentin Tarantino (2015), ‘Deuda de honor’, de Tommy Lee Jones (2014) o ‘Valor de ley’ (2010), de los hermanos Coen.

Y Cinemanía destaca, en otra estupenda reseña de Laura Maza, del pasado 22 de mayo, algunas miradas de mujer sobre este género que merecen sobradamente estar en la lista anterior. Como, por ejemplo, ‘Meek’s Cutoff’ (2010) y ‘First Cow’ (2019) ambas de Kelly Reichardt, ‘The Rider’ (2017), de Chloé Zhao o ‘El viento’, (2018) de Emma Tammi.

Este, esta que nos ocupa, ‘El poder del perro’ debería figurar en todas las antologías. Porque todos los reconocimientos le son debidos. Ya ha ganado el León de Plata, Mejor Dirección, en Venecia y ha sido segunda finalista a Mejor Película y Premio del Público en Toronto. Y está en todas las quinielas como Mejor Película de los Oscar 2022, entre otras nominaciones.

Coproducción entre Australia, Reino Unido y Nueva Zelanda, de 128 minutos de metraje. La dirige y la escribe, adaptando la novela homónima de Thomas Savage, la prestigiosa Jane Campion que llevaba más de una década sin rodar… – cosecha del 54, con títulos en su haber como ‘Un ángel en mi mesa’ (1990), ‘El piano’ (1993), ‘Retrato de una dama’ (1996) o ‘En carne viva’ (2003) – la fotografía maravillosamente Ari Wegner y la excelente banda sonora es de Jonny Greenwood.

La historia está ambientada en 1925 y, muy esquemáticamente narrada, sigue a dos prósperos hermanos ganaderos, propietarios de un rancho en Montana. Cuando uno de ellos se casa con una viuda, el otro se resiente y hace lo posible por vengarse de su cuñada utilizando a su ambiguo hijo para sus fines. Pero…

Estamos ante una película diferente. Hipnótica, turbia, impía y despiadada, ferozmente cruel y llena de sorpresas que nunca serán gratas. Estamos ante un relato desasosegante de una masculinidad, de unas masculinidades tóxicas que, por enterrar sus deseos más profundos, dañan todo lo que tocan.

Estamos ante un relato complejo, oscuro, poliédrico y perverso de verdugos que han sido víctimas y de víctimas que serán verdugos. Y de una mujer devastada por los celos de quien no se permite reconocerlos.

Estructurada en capítulos y narrada sin prisas, pero sin pausas, fluye ante nuestros asombrados ojos con todas sus densidades, con todos sus significados, con las profundidades abismales de sus sugerencias y revelaciones. Y va mostrando el pathos creciente hasta el demoledor final…

Estamos ante una película negra, negrisima y, por momentos, insondable. Estamos ante una película perturbadora en general y para una sensibilidad animalista, en particular, no porque se maltrate a ninguna criatura no humana en ella, aunque se las utilice en el rodaje, sino porque son las víctimas más inocentes. O las únicas inocentes junto al personaje femenino.

Estamos ante una película bella, siniestra, hermosa, cruel y terrible, con la que Netflix va a coronarse. Estamos ante un reparto en estado de gracia en el que destacar a un eminente, grandioso Benedict Cumberbatch que será nominado y debería recoger la estatuílla al Mejor Actor. Sin olvidarnos de la espléndida Kirsten Dunst, ni de los magníficos Jesse Plemons y Kodi Smit-McPhee.

Estamos ante una película que nadie, nadie, nadie debería perderse.

‘Libertad’: La amiga estupenda

Quien esto firma, ha cuestionado siempre el término amistad en la famosa tetralogía de Elena Ferrante, que confía en que sea realmente una mujer no como el trío de Carmen Mola…, que da título a esta crítica. Quien esto firma, piensa que no era tal sino una relación bastante tóxica y dañina para la otra de las protagonistas, independientemente de los valores individuales de cada una.

Aquí ,en esta excelente, notable ópera prima, de la guionista y cineasta Clara Roquet, cosecha del 88 – coproducción entre España y Bélgica, de 104 minutos de metraje, muy bien fotografiada por una mujer, Gris Jordana, con una vibrante banda sonora, pródiga en temas populares muy conocidos, de Paul Tyan y con un reparto en estado de gracia en el que destacar a Maria Morera y a Nicolle García, especialmente ellas dos. Pero también a Nora Navas, Carol Hurtado y Vicky Peña – algo de eso hay.

Algo de eso hay porque la historia de Nora, de catorce años, que pasa su verano en la casa familiar de su abuela, que padece Alzheimer muy avanzado y de vez en cuando se escapa, con su madre, su hermana pequeña y tÍ@s y prim@s que llegan a verles. Y que no encuentra su lugar ni entre las personas adultas, ni entre l@s menores, hasta que llega Libertad, de 15, hija de Rosana la mujer que se encarga de cuidar a la anciana y…

… Y se fascina con ella, pero la relación es desigual. Porque la mayor – y, de paso, según todos los indicios, la realizadora – tiene muy clara su conciencia de clase, frente a la que considera «una niña bien». Tiene muy claro que, frente al tópico cliché de que su madre «es de la familia», es, por el contrario, «quien le lava el culo a la abuela», una mujer, por cierto, que le cobra a ella mucho afecto. Como el que le tiene a su progenitora y sirvienta.

Libertad experimenta, y lo demuestra en más de una ocasión, sentimientos muy contradictorios hacia Nora y hacia todo lo que su familia representa de estatus y privilegio. A esto se añade además los que siente hacia su madre que la dejó en su Colombia natal a cargo de su propia abuela para servirles y llega a la casa porque esta ha muerto y se ha quedado sola.

Pero tiene muy claras sus raíces y desea sobre todas las cosas volver. Significa una apertura, una transgresión, un mundo nuevo de la noche y diversiones que nunca había conocido para su compañera, a la que no duda en dejar tirada cuando se trata de ligar con un chico que trabaja en reformas de la casa familiar…

Todo ello se une a las ambivalencias de Nora hacia su propia madre, que piensa está engañando al padre ausente aunque ignore un dato importante, las de esta hacia Rosana y Libertad que nunca serán tratadas, pese a la pantomima igualitaria, más que como criadas. Los celos de la hija hacia la sirvienta, y su propia hija, por el afecto materno. La integración imposible…

Clara Roquet exhibe una madurez narrativa considerable en este su debut fílmico al ser capaz, de mostrar todo esto, sin juzgar, ni condenar, con una complejidad no exenta de cierta malicia. Con una puesta en escena, que aunque tenga un guion, no es nada al uso pues nos va relatando todo este avispero emocional sin subrayados, ni énfasis, sino como una suerte de escenas estivales cargadas de contenido, pese a su aparente ligereza. Y ese final, tan desasosegante y de alguna manera tan perverso.

Deja un regusto amargo, porque no deja títere con cabeza. Pero desde luego que hay que verla.

‘Spencer’: Una vela en el viento

Elton John tocó y cantó en el funeral de Lady Diana Spencer el precioso tema que titula esta entrada, compuesto inicialmente en 1973 para Marilyn Monroe, que adaptó para la que fue su amiga y cuyo estribillo es: «Me parece a mi que viviste tu vida como una vela en el viento…»

Y el productor, guionista y cineasta chileno Pablo Larraín – cosecha del 76, entre cuyos créditos fílmicos están ‘El club’ (2014), Jackie (2016), ‘Gloria Bell’ (2018) o ‘Ema’ (2019), entre otros muchos – la convierte en protagonista, como reza el comienzo del filme, de «una fábula sobre una tragedia»

Dicha fábula comienza cuando un destacamento del ejército se desplaza hasta Sandringham House, en Norfolk, donde la familia real británica va a reunirse por Navidad. En enormes cajas de metal portan las preciosas cargas de alimentos de todo tipo para la celebración.

Mientras, una joven Diana que apenas tiene 30 años, conduce y se pierde por la campiña. Pregunta a la clientela de un bar, que se pasma de asombro al verla, por su destino, y es reconducida al lugar donde no quiere ir.

Un lugar donde la esperan un marido frío e infiel – y olvidadizo, pues les regaló el mismo collar de perlas a ella y a su amante Camilla – una Familia política con la que apenas si se trata, unas normas y un protocolo exasperantes hasta decir basta, en los que todo está regulado hasta el más mínimo detalle.

En un entorno en el que ella es el verso suelto, solo sus hijos – también sometidos a tales compromisos y obligaciones – le proporcionan algo de alegría. Y su vestidora, cómplice y amiga Maggie, con la única que puede hablar donde todo se oye y no hay secretos. Pero tampoco le consienten gozar de su compañía.

Un microcosmos asfixiante y controlador en el que apenas puede permitirse llegar tarde – ¡¡¡incluso después de la reina, pecado mortal!!! – u obviar las reuniones tan regladas en torno a las comidas que ella vomita luego indefectiblemente, pese a los desvelos del chef por reservarle sus postres favoritos como el soufflé de albaricoque.

Un microcosmos muy cercano al añorado lugar de su añorada infancia. Una mansión protegida por alambradas, ruinosa y abandonada, que aún conserva el espantapájaros con un viejo chaquetón de su padre…

Larraín la muestra triste, deprimida, incandescente, furiosa, sintiéndose vejada y humillada, con trastornos alimenticios y sueños, visiones, en los que se identifica con Ana Bolena cuya biografía tiene en su cuarto. Rebelde con causa y, a la vez, esclava de su propio bucle emocional. La muestra en una suerte de pathos cercano a un relato de terror.

La muestra en todo su drama y su gloria, no para la familia pero sí para el mundo exterior representado por medios que no se ven, pero que están al acecho y añaden otro deber más: que las cortinas estén siempre cerradas. La muestra doliente, en una privacidad que no es tal, en oposición a su deslumbrante carisma público.

La muestra en un punto de inflexión en el que debe optar – ante un matrimonio roto y unas reglas que detesta: «ser reina es sólo una moneda» – si debe continuar o no, mientras las Fiestas con su implacable calendario se le imponen. La muestra recibiendo una declaración de amor del todo inesperada. Mientras es férreamente vigilada por el mayor Alistair Gregory. Mientras su rival está en el servicio religioso…

La muestra presa de nostalgias, de visiones delirantes, de huída hacia el pasado, hacia su querida casa en plena noche transgrediendo ley y orden. La muestra con tentaciones suicidas. La muestra en un infierno, en un drama real – en las dos acepciones del término, aunque aquí haya sido fabulado – más grande que la vida, pero habitada por el encanto y con una fuerte personalidad.

La muestra como una madre cómplice y enormemente cariñosa. La muestra como una criatura atormentada y enormemente infeliz. La muestra rememorando su niñez dichosa, tan libre y distinta de este presente que la oprime, cuando todo el futuro se abría ante ella. La muestra tomando una decisión valiente y arriesgada en esas escenas previas a la gozosa conclusión que esta firmante – cuando lo vean entenderán por qué – ha apreciado tanto.

Y lo hace a su manera suntuosa, barroca, vibrante, potente, inquietante, casi operística. Con una puesta en escena tan sutil como excesiva. Tan alucinatoria y desasosegante, como registro puntual de unos días especiales en la vida de una mujer sensible presa en una jaula de oro.

Coproducción entre Chile, Alemania, Reino Unido y Estados Unidos, de 116 minutos de metraje. Su guion corre a cargo de Steven Knight. La fotografía maravillosamente una mujer, Claire Mathon. La excelente banda sonora, que tan bien acompaña al relato, la firma Jonny Greenwood. De su impecable reparto, destacar a una magnética y espléndida Kristen Stewart, que sale indemne de unos ciertos tics en la caracerización, junto a la magnífica Sally Hawkins y al siempre eminente Timothy Spall.

Fíjense que esta firmante cree que a la honorable Diana Frances Spencer le hubiese gustado. Véanla.

La vida en serie(s), Netflix. ‘¿Dónde está Marta?’: La luz de la cocina

Al final de esta impecable, y de visión obligada, serie, la madre de la protagonista, Eva Casanueva, declara con la emoción a flor de piel, mientras la cámara enfoca su rostro y el lugar que describe: «La ventana de la cocina es un marco muy especial porque me asomaba para verla llegar y tengo su imagen. Ojalá nunca la pierda, porque es una manera de recordar a mi niña» y Antonio del Castillo, su marido y padre de Marta, hace lo propio con los ojos llorosos: «La luz de la cocina se queda encendida todos los días desde hace doce años. Se enciende todas las noches y es el faro de que aquí está su casa»

Doce años y 11 meses están a punto de cumplirse desde que se perpetró el crimen de una adolescente de 17 años cuyo cuerpo aún no ha sido encontrado. Por ello, como tributo, se proyecta, de vez en cuando y al comienzo del primer episodio que lleva por título ‘Apagado o fuera de cobertura’, imágenes de una tumba virtual en la que puede leerse: Marta del Castillo Casanueva, 19/VII/1991-24/1/2009 Sevilla. Episodio que arranca, como los otros dos que la componen, con una cita, en este caso de Jacques Lacan, que reza así: «El primer símbolo en que reconocemos la humanidad es la sepultura»

‘Nosotros, dice la progenitora, lo que queremos es enterrarla. Pero aquí estamos su padre y yo. Y, mientras haya de un del Castillo o un Casanueva vivo, esto no se va a quedar así» Todo empezó esa fatídica noche del sábado 24 de enero de 2009, cuyo diario escribió Eva. Vemos su letra manuscrita en las páginas mientras ella va leyendo: «Marta me ayudó a poner sábanas limpias, como todos los sábados, tras desayunar. Estaba muy contenta. No dejaba de hablar de sus planes de Semana Santa apenas terminada la Navidad».

Tenía que hablar con Miguel Carcaño, apenas un mes y medio de relación que ella abandonó por ser muy celoso y posesivo, para aclarar algunas cosas con él. «Ya me cuentas», «Vale mamá». La vi salir por esa puerta – planos de la de la casa – y fue la última vez que la vi». En cuanto al padre, entraba en el portal cargado con bolsas y le comentó, al ver la moto del asesino: «No te quiero ver montada ahí» y fue lo último que le dijo.

Mientras se suceden las luces y las imágenes nocturnas de Sevilla, pasan las horas y una joven que daba toques continuos con su móvil no vuelve… No dejan de llamarla madre, padre y amistades sin resultado alguno. Su hermana llora cuando recuerda el mal pálpito que tuvo y su mejor amiga lo mismo al saltar su contestador y luego el silencio. Samuel, presunto amigo de Marta, avala a su amigo Miguel diciendo que la dejó en casa a las 12 cuando aún no es esa hora…

El padre va al hospital Macarena a ver si está herida. Nadie dice nada y todos los colegas de Carcaño mienten, aunque aún no se sepa. Aporrean la casa, León XIII, 78, el escenario del crimen, aunque aún no se sepa. Luces apagadas, golpes repetidos en las persianas y el silencio como respuesta.

A las 2.10 se pone la primera denuncia, a la que segurirán otras dos más, pero la policía – que ha declinado participar en este documental, pese a haber sido invitada – no comenzará la investigación oficialmente hasta dos días más tarde, el lunes, 26 de enero, incumpliendo – nos muestran el documento – su propio protocolo ante la desaparición de menores que indica que las primeras horas son cruciales…

Los carteles con la cara de la chica están por toda la ciudad. El caso abre los informativos y no digamos los magazines de la mañana. La desaparición se asigna al Grupo de Menores en lugar de a Homicidios, lo que a posteriori se consideraría un craso error. Diluvia sobre Sevilla mientras la buscan desesperadamente.

Imágenes del lugar del crimen, el olor a lejía por todas las habitaciones, el vecino diciendo que les vió salir con una silla de ruedas. Antonio y Eva comienzan a hacer ruedas de prensa en la puerta de su casa para presionar y expresar su desaliento y sus críticas por cómo se han hecho las cosas.

Todos los medios están siguiendo el tema… hasta que Antonio del Castillo conoce de primera mano que Marta ha sido asesinada por Miguel Carcaño que, en su primera versión, cuenta que tras una discusión, le tiró un cenicero matándola.

En el segundo episodio, que comienza con la cita de El Lazarillo de Tormes: «¿Sabes en qué veo que las comiste de tres en tres? En que yo las comía de dos en dos y callabas», y que lleva por título ‘Red de mentiras’, se recuerda, en su arranque, la infancia de Marta. Se ven los videos y fotos familiares de su nacimiento, la primera nieta, la primera sobrina, una niña dulce y cariñosa, un bombón para su abuelo materno. Su casa está llena de imágenes suyas, de todas las edades, fotos y pinturas, con sus hermanas o sola…

Cuando, en una de tantas versiones mentirosas, se señala el río como el lugar donde arrojaron a Marta, allí están todos los efectivos policiales, un helicóptero, el ejército… No se escatima en medios para encontrarla en un Guadalquivir con 2 metros de lodo, donde los buzos buscaban el cádaver a ciegas.

Mientras, oímos conversaciones telefónicas entre los implicados y somos testigos de las reconstrucciones de los hechos – de los que el principal acusado ha dado ya varias versiones, tantas como las de la ubicación del cuerpo – incluyendo la agresión sexual para eludir al juzgado popular. Les vemos, les escuchamos, fríos, impávidos, indiferentes y ocultos sus rostros siendo imprecados, como sus representantes legales, en sus declaraciones ante el juez. Se nos muestran todos los documentos, todos.

Sigue especulando con la ubicación de los restos un asesino frío y cruel y del río al vertedero. La tiraron a la basura, sepultada bajo 40.000 bolsas, pero tampoco está ahí. La familia se niega a que Miguel Carcaño sea descrito como el ex novio y a que sea un caso, como todo parece indicar, de violencia machista. Y pide la cadena perpetua en declaraciones públicas, en audiencia con Zapatero y recibiendo en su casa a la oposición de Rajoy. Las presiones conseguirán que se apruebe en 2015 la prisión permanente revisable.

Y los detenidos declaran, baile de versiones, coartadas sospechosas, horas que no coinciden, imágenes borrosas en cámaras de seguridad que, por su imprecisión, no son aceptadas. En el episodio 3, titulado ‘¿No hay más preguntas, Señoría?’, la frase introductoria es: «De vez en cuando di la verdad para que te crean cuando mientes», de Jules Renard.

Pero esta mala gente sigue mintiendo y una madre y un padre se duelen del juez que condenó al único menor por encubrimiento y no por asesinato, pues en otra versión Carcaño le acusó de haber violado y asesinado a la víctima. Aún en otra más, hizo lo propio con su hermanastro, Francisco Javier Delgado, un personaje siniestro, junto a su novia María García Mendaro.

Un personaje al que oímos, nunca se ve – siempre va cubierto, encapuchado – clamando su inocencia. Y en el juicio de mayores son absueltos todos estos inquietantes dramatis personae: Fco Javier, María y Samuel, por falta de pruebas que les incriminen para desesperación de los deudos de Marta, hasta el punto de hacer declarar a Antonio del Castillo: «Quiero pedir perdón a mis hijas por formar una familia en un país donde la justicia y los estamentos sociales dejan mucho que desear». El único condenado, a 20 años de cárcel, es Carcaño. Todo parece perdido cuando…

… Cuando el jefe de investigación del programa, Ricardo Pardo Linares, llama a Paula Cons, la directora, y le comenta que la información de las antenas de telefonía podía ser mucho más concreta y los datos «crudos» existentes en los móviles, que no se utilizaron, quedaron registrados y permitirían saber dónde se desplazaron para ocultar el cuerpo.

Así que se cierra la serie con este rótulo: «A iniciativa de este documental, el Juzgado de Instrucción número 4 de Sevilla ha entregado a un perito judicial una serie de pruebas para analizarlas. Entre ellas, el móvil de Miguel Carcaño y «datos crudos» de los de Fco Javier Delgado, Samuel, María y El Cuco, que servirán para reconstruir con todo detalle los movimientos de los implicados la noche de la desaparición de Marta. A día de hoy, se está actualizando el móvil de Carcaño y se está a la espera de recibir los datos «crudos». Nada de esto se había hecho antes»

Producción audiovisual española, fechada este año, de 190 minutos de metraje divididos entre los tres episodios descritos. Su impecable guion, que da la palabra a todas las personas implicadas, lo firman su directora, Paula Cons, junto al cineasta andaluz José Ortuño, Marga Luis y Fátima de los Santos.

Su excelente fotografía se debe a Fran Fernández Pardo. Su investigación, tan documentada y rigurosa con material de archivo audiovisual inédito, la firma el citado Ricardo Pardo Linares. Nacho Abad es uno de sus productores ejecutivos e interviene en ella junto a otros periodistas, la fiscal, l@s abogad@s el delegado del gobierno de entonces y otras personalidades con visiones similares, complementarias o radicalmente distintas, que aportan complejidad y riqueza al análisis de una tragedia terrible.

Véanla y ojalá las nuevas investigaciones citadas den su fruto y los seres queridos de Marta puedan cerrar su duelo, aunque nunca, nunca, nunca, la herida de su ausencia, enterrándola dignamente.

18 Festival de Sevilla: Cobertura, fundido en negro animalista y aclaraciones importantes a modo de resumen.

Quien esto firma, ha hecho una cobertura del 18 Festival de Sevilla en este blog con todo el esfuerzo, el ánimo y la ilusión que le ha puesto siempre a un Evento extraordinario que es para ella, y así lo ha manifestado en muchas ocasiones, la verdadera Fiesta del Cine en nuestra ciudad.

Que es el escaparate excepcional que nos permite conocer filmes, lenguajes, historias, narrativas y puestas en escena a las que no tendríamos acceso de no existir el Certamen. Menos aún en una ciudad en la que, esta firmante lo constata indefectiblemente en su colaboración sobre los estrenos en Viva Sevilla, se nos quedan películas inéditas del mayor interés cada semana. Por ello, se ha considerado extraordinariamente honrada y agradecida por su acreditación en él a lo largo de más de una década.

Por todo ello, quien esto firma ha rendido tributo al SEFF, como lo viene haciendo desde hace varios años, en esta edición con cinco Hojas de Ruta, a modo de recomendaciones previas, dedicadas a las miradas de mujer en algunas de sus Secciones más relevantes.

Además de las 16 crónicas sobre la Oficial y una de Las Nuevas Olas. Y, desde luego, ha visto más títulos de los que pensaba dejar constancia por escrito y también, como en ella es habitual, comentar el Palmarés junto al resumen de los pros y los contras de su funcionamiento organizativo. Hasta que…

… Hasta que el posicionamiento aplastante a favor de la tauromaquia del Festival, reflejado en dos documentales a los que se les ha dado la mayor relevancia, además del suma y sigue del maltrato de especies no humanas en algunas de las películas programadas, le hizo tirar la toalla, dado su compromisto animalista, y no seguir registrando lo visionado, ni resumir la edición, ni sus Premios. Esto quedó reflejado en la Toma 16 cuyo enlace es:

18 Festival de Sevilla, Toma 16, Las Nuevas Olas. ‘Murina’: ¡¡¡Basta ya de maltrato animal en el cine y en la programación de los Festivales!!!

Pero ha considerado oportuno concretarlo más aún en esta entrada – especialmente en atención a las personas que han tenido la generosidad de seguir y difundir esta cobertura – para que quede constancia de que su silencio al respecto, o el que pudo parecer un abrupto fundido en negro de sus crónicas, tenía una razón de peso.

Escrito queda.

18 Festival de Sevilla, Toma 16, Las Nuevas Olas. ‘Murina’: ¡¡¡Basta ya de maltrato animal en el cine y en la programación de los Festivales!!!

Esta firmante, inmersa en documentarles la Sección Oficial, pródiga en títulos más que interesantes, se permitió reservar una entrada para esta mirada de mujer – su debut tras la cámara premiado con la Cámara de Oro a la Mejor Ópera Prima en Cannes – la de la cineasta croata Antoneta Alamat Kusijanovic, cosecha del 85. Y se las prometía muy felices con tan magníficos precedentes. No imaginaba que abandonaría la sala a los dos minutos escasos de comenzar la proyección.

Arranca con un hombre y una mujer buceando, él lleva un arpón. Y los dos se acercan a su objetivo animal con intenciones claramente agresivas, pero el plano se oculta. A continuación, una mujer – de la que esta firmante ignora si es la protagonista- asesina con crueldad a un pez raya clavándole un cuchillo repetidamente y el animal se retuerce defensiva y dolorosamente antes de morir. Una escena gratuita, real, bárbara e indigna que se podía haber evitado. Esa crueldad infame descalifica todos los posibles valores artísticos y estéticos de la película.

Quien esto firma está más que cansada de clamar unilateralmente en el desierto a este respecto. De, por principios éticos y de compromiso con los derechos animales, salirse de las películas y no pasar del tema. sino explicarlo en una entrada como esta.

Lo hace sola, siempre sola. Y está segura, lo sabe muy bien, que hay personas con sensibilidad, conciencia, respeto y empatía por l@s sin voz como acreditad@s. Pero consienten y callan. Si fuéramos much@s, si podríamos cambiar las cosas. O intentarlo, al menos

Es indigno, intolerable, insoportable e indecente que haya filmes que exploten, torturen y asesinen a criaturas sintientes de todas las especies en sus rodajes directa e indirectamente habiendo leyes que, aunque bajo mínimos, lo prohíben. E igualmente lo es que sean premiados y programados en Festivales como este.

Un Certamen por el que quien esto firma siente un especial afecto, por el que siempre ha apostado, en el que considera un privilegio y un honor estar acreditada, cuyos programas recomienda en Hojas de Ruta previas y cuya Sección Oficial plasma, como en esta edición, en dos o tres crónicas diarias y que proclama a los cuatro vientos que es la verdadera Fiesta del Cine de nuestra ciudad. Pero que siempre, cada año, rompe indefectiblemente su corazón animalista.

Este mismo SEFF que, en una de sus Secciones de esta edición ha apostado, se reitera de nuevo, por el homenaje a un torturador y asesino en serie de nobles y hermosos toros retirado. Y, además, por si todo ello no fuera poco exhibe en la misma Sección ‘6 toreros yankees, 6’. El Festival se viste de luces y se cubre de gloria…

Las cartas boca arriba, aquí no hay equidistancia posible: o se está con la tortura y el asesinato de toros o se está en contra. Porque hay documentales antitaurinos espléndidos y rigurosos, pero se ha elegido uno a mayor honra y gloria de un matador y otro buceando en la historia de más torturadores y asesinos. Y nadie, nadie, nadie. lo ha mencionado ni cuestionado. Lamentable hasta decir basta porque precisamente la mayoría de la población de este país, singularmente la más joven, siente un rechazo creciente hacia la tauromaquia.

El lobby taurino lo sabe perfectamente y este Festival, de vocación tan transgresora, apoya esta barbarie, la avala y la ha avalado en esta edición hasta el paroxismo citado. Y a las perpetradas, como nos hemos hecho eco en esta entrada, contra seres indefensos e inocentes en muchos de los relatos fílmicos que selecciona y programa.

Quien esto firma no tiene palabras que no sean malsonantes ante tales indignidades. Una sociedad verdaderamente democrática y civilizada es respetuosa con los derechos animales. Y explotarlos, usarlos, abusarlos, maltratarlos y asesinarlos en general y en el cine, como en este caso, nos envilece como cultura y como país.

Esta firmante se siente especialmente cansada, aislada y abatida ante este estado de cosas. Por su parte, corta, cierra y espera que les hayan interesado, y servido, estas entradas. Puso todo su tiempo, su esfuerzo y su cariño en ellas. Gracias por leerlas y difundirlas.

Escrito queda.

18 Festival de Sevilla. Sección Oficial, Toma 15. ‘Vaca’: PERDÓN, PERDÓN, PERDÓN

La animalista y vegana que esto firma no pudo soportar, y a duras penas…, más que 40 minutos de este documental, primero de este género en su filmografía y quinta mirada de mujer de este Concurso, de la actriz, guionista y cineasta británica Andrea Arnold – cosecha del 61 y Oficial de la Orden del Imperio Británico, de la que hemos visto las notables ‘Red Road’ (2006), ‘Fish Tank’ (2009) y American Honey’ (2016), las tres ganadoras del Premio del Jurado en Cannes – que, según la escueta descripción de su sinopsis que hace FilmAffinity: «nos sumerge en la trayectoria vital y la rutina de trabajo de una vaca en una explotación ganadera»

¡¡¡Trayectoria vital se escribe, rutina de trabajo, se escribe!!! En lo que nos sumerge en el horror de algo que no puede de ninguna manera ser llamado vida y en la, eso sí, explotación más inicua y feroz – que pasa por amable, les dicen bonita, vamos, ha tenido una chica, bien… – de criaturas sintientes por la especie llamada humana.

Centrada en Luma, que acaba de parir – y aún con las ubres doloridas e hinchadas y el cordón umbilical colgando, apenas si le dan tiempo de lamer a su bebita – que aún no se tiene en pie cuando la separan de ella. Los mugidos de dolor de la madre traspasan la pantalla, su mirada también nos interpela y conmociona. Pero debe ser ordeñada mecánicamente para extraerle toda la leche posible…

… Mientras su pequeña, encerrada como la madre, como las demás compañeras de infortunio y de infierno, en un mínimo cubículo, es forzada a alimentarse con un líquido blancuzco a través de un artilugio mecánico cuya «tetina» es demasiado grande, le golpea la cabeza, se mueve y apenas si la deja succionar.

Pero, cuidado, que no han acabado aún con ella, pues tienen que marcarla, sin anestesia y en vivo, con su número en las orejas y desmocharla por cauterización con un quemador en la cabeza. Prácticas ambas dolorosas con un animal que, se insiste, no se tiene en pie, que añora a su mami, que lame a sus compañer@s de infortunio por afecto y buscando sus ubres inexistentes en el zulo donde les tienen encerrad@s.

Mientras, los «simpáticos» granjer@s siguen «pendientes» de Luma y comentan con alegría que va a estar preparada otra vez. Se entiende que para ser montada, se entiende que para parir de nuevo, se entiende que para quitarle el nuevo bebé, se entiende que para que su leche sea de nuevo extraída, se entiende que para… En este punto, esta firmante no pudo soportarlo más y abandonó la sala.

La directora ha declarado al respecto. «Rodamos durante cuatro años y no manipulamos nada, no se podía, ni quería, orquestar nada. Tenía ideas sobre lo que podía pasar, pero lo que pasó, pasó… Me di cuenta que los ojos de la vaca Luma lo eran todo, que podías ver a través de sus ojos y que debía acompañarla en su experiencia». Así de «neutral», así de «objetiva», no hay crítica alguna en sus palabras y llama «experiencia» al atroz infierno que hacen con estas, se insiste, criaturas sintientes.

Pero, claro, aunque no fuera su intención le ha salido un documental que registra, lo pretendiera o no y aunque nunca tome partido, esta infamia y estas prácticas bárbaras. Por tanto, su resultante es animalista a pesar suyo. Y convierte en necesaria, aunque extremadamente dolorosa, su visión.

No estamos hablando de ficción sino de prácticas REALES, REALES, REALES, a las que normalmente no tenemos acceso. Y eso la convierte en una película valiosa pese a su autora que solo pretendía desmitificar, también en sus propias palabras, el romanticismo que rodea al mundo rural.

Producción británica de BBC Films, Doc Society y Halcion Pictures, de 94 minutos de metraje. Fotografía esta pesadilla muy bien, muy atenta a cada detalle y enfatizando el sentir de los animales, Magda Kowalczyk.

Andrea Arnold también ha comentado, al parecer sin rastro de cinismo e ironía, que «les agradece a las vacas su sacrificio y el inmenso servicio que nos prestan». Quien esto suscribe les pide PERDÓN, PERDÓN, PERDÓN en nombre de su especie y les asegura que seguirá luchando porque se respeten sus derechos y sus vidas.

Escrito queda. Por un futuro sin explotación animal. Por un futuro vegano.

18 Festival de Sevilla, Toma 14. Sección Oficial. ‘Tre piani’ (‘Tres pisos’): Tres familias

Al actor, productor, guionista y director italiano Nanni Moretti es evidente que no hay que presentarlo. No obstante cabe recordar algunos de sus filmes más conocidos y celebrados tales como ‘La misa ha terminado’ (1985), ‘Caro diario’ (1993), ‘La habitación del hijo’ (2001), ‘Habemus papam’ (2011) o ‘Mia madre’ (2015), entre muchos otros. En esta su última propuesta adapta la novela homónima del escritor israelí Eshkol Nevo, que esta firmante no ha leído.

Un bloque de apartamentos. Tres pisos, Tres familias. Cada una de ellas con un dolor, con un drama y un secreto. Dora y Vittorio, jueza y juez jubilado cargan sobre sus hombros con la conflictiva violencia de su hijo Andrea que, al comienzo del filme, estampa su coche estando bajo los efectos del alcohol sobre una de las casas matando a una mujer. Mónica, que tiene una niña y luego un niño con un marido, Giorgio, ausente por motivos laborales siente el miedo a enloquecer como su madre y, de hecho, experimenta alucionaciones visuales y Lucio y Sara que sospechan que su vecino Renato que a menudo, junto a su esposa, les ha cuidado a su hija ha abusado de ella una noche que se perdieron en el parque.

Por otra parte, la nieta de Renato, que es menor, se insinúa y seduce a Lucio quien luego la rechaza y ella se venga denunciándolo… Uno de los tics misóginos, no es el único, que tiene este relato. Porque se habla de, como se ha escrito, tres pisos y tres familias pero hay otro piso, otra familia más aunque no se mencione como tal ni en el libro, ni en la película: la de Renato, su mujer y la nieta citad@s.

Esta firmante lamenta expresar que ‘Tre piani’ o ‘Tres pisos’ la ha decepcionado profundamente tanto en la puesta en escena, que le recuerda a un culebrón televisivo, como en el tratamiento tan superficial de temas espinosos. Es más, cree que es el reparto, sobre todo las actrices – pese a que sus personajes salgan, con apenas excepciones, peor parados – quienes salvan la función. Piensa también que el guion deja bastante que desear y que su realización, de nuevo, es plana y lineal.

Que pase de puntillas, sin apenas incidir sobre ellos, por asuntos como un atropello mortal, con todos los agravantes, sin arrepentimiento que intenta repararse – la historia transcurre en diez años – tarde y mal. Como una muerte sobrevenida indirectamente a raiz de una agresión y una acusación/sospecha de pederastia nunca cuestionada, ni reparada. Como la profunda depresión y angustia de una madre, con alucinación visual incluída, que se salda con su fuga sin que los verdaderos motivos ni se planteen. Como, de nuevo, el cliché de la ninfa perversa buscándole la ruina a un buen hombre de familia. Como…

Una cosa es no juzgar, ni condenar, a los personajes y otra muy distinta desentenderse absolutamente de las gravísimas causas y consecuencias de sus actos. O lo que es lo mismo, soslayar las cuestiones morales y éticas que presiden sus comportamientos.

Claro que tiene buenos momentos, y emotivos. aunque no abunden. Hablamos de un director de talento, de prestigio y de oficio. Pero también, como se ha señalado, carece de sentido del humor y ácida ironía marca de la casa y le faltan densidad y profundidad para ser un buen drama.

Producción italiana de 119 minutos de metraje. Las fotografía y banda sonora, simplemente correctas, se deben a Michele D’Attanasio y a Franco Piersanti respectivamente. El reparto, se reitera, es lo mejor. Sobre todo ellas y especialmente las estupendas Margherita Buy y Alba Rohrwacher.

Pues ya lo saben. Lo mejor es que la vean y juzguen por sí mism@s.