Archivo diario: mayo 23, 2026

No sólo cine, Ruta La Sevilla de las Mujeres: ¡¡¡Nos fuímos de boda!!!

Así fue. Este mediodía visitamos, con las compañeras de la Ruta de las Mujeres, la exposición ‘Sevilla y la boda’, que conmemora, dentro del Espacio Santa Clara, el 500 aniversario del enlace entre Carlos V e Isabel de Portugal y es glosado en el programa como «uno de los episodios más significativos en la historia de Sevilla, celebrado el 11 de marzo de 1526 en los Reales Alcázares de nuestra ciudad.

Una ciudad, la del siglo xvi, a la que dedicó un ferviente soneto uno de sus más destacados hijos, Fernando Herrera, ‘El Divino’ y cuyas primeras estrofas, que lucen en la muestra, rezan así: «Arriba, abajo, Reina del Grande Océano dichosa/ sin quien a España falta la grandeza/ a quien valor, ingenio y la nobleza/ hacen más estimada y generosa»

Unos versos de exaltación, que elevan a la urbe «a la categoría de capital del mundo, incidiendo en su belleza, su historia y su papel central en la época… como un espacio mítico, imperial y providencial, centro político, diplomático y comercial de Europa y puente hacia el Nuevo Mundo»

Tanto era así que mereció acoger las nupcias entre dos ilustres desconocidos, pactadas con fines geopolíticos, estratégicos y financieros, quienes, según la leyenda, se enamoraron a primera vista y, ante la muerte temprana de la dama, el emperador se negó a contraer un nuevo matrimonio, aunque tuvo un hijo con otra, y acabó recluyéndose en el monasterio de Yuste, al que se trasladó con un retrato que les representa a ambos, copia de Rubens del original de Tiziano, y que se puede ver en esta muestra.

Leyendas aparte, nuestras guías nos alertaron, siempre con su mirada violeta, que Isabel debió esperar una semana la llegada de su futuro esposo, que debería entrar antes en Sevilla para los desposorios. Unos fastos en los que estuvo ausente la madre de Carlos, Juana llamada La Loca, que no era tal, pero que sus comportamientos poco convensionales sirvieron de excusa a padre e hijo para incapacitarla y recluirla hasta su muerte en el castillo de Tordesillas.

Que Isabel era una mujer muy ilustrada e inteligente, que se encargó de los asuntos del gobierno durante las frecuentes ausencias de su esposo por las interminables guerras que asolaron la época. Una época tan gloriosa y brillante en todos los campos del arte y del saber, como patriarcal y bélica.

Una época, un siglo, que nos es mostrada a través de documentos, originales en su mayor parte, que contienen, entre otros importantes asuntos, unas muy valiosas crónicas de Indias escritas por los testigos que dieron cuenta también de las barbaries de la conquista, pero asímismo de la de las autoridades autóctonas con su propio pueblo.

Una época, un siglo, que nos es mostrada en cuadros, esculturas y otras joyas como la imponente Capa Fluvial del Emperador y como la figura de oro inca conservada en el Museo de América y una de las pocas que escapó al fuego de las fundiciones. Todo ello además de recorrer los patios y el refectorio de un Espacio de incomparable hermosura como el del antiguo Convento de Santa Clara, patrona de las telecomunicaciones y parece que también de internet por sus visiones telepáticas…

Gracias a Laura y a Lola, nuestras inmejorables guías y anfitrionas, promotoras de estas Rutas en las que tanto descubrimos, disfrutamos y aprendemos. Y a todas las mujeres que nos acompañaron y que nos enriquecieron con sus aportaciones. GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS.