Tal parece que la oferta cinematográfica de marzo quisiera contribuir al homenaje a las mujeres en su mes más reivindicativo. Así podemos contemplar en nuestras pantallas a las jóvenes intrépidas de ‘Valor de ley’ y ‘Winter´s bone’, a la heterodoxa pareja que forman Julianne Moore y Annette Bening en ‘Los chicos están bien’, a las que se añaden las cuatro protagonistas de esta coproducción germano-franco-austríaca, dirigida y escrita por Shirin Neshat y Shoja Azari, ‘Women without men’, que obtuvo el León de Plata a la Mejor Dirección en el Festival de Venecia de 2009.
Transcurre en Irán, en el verano de 1953, durante los agitados y caóticos días en que un golpe de Estado, inspirado por Estados Unidos, con la complicidad británica, derrocó al democráticamente elegido Mohammad Mossadegh restaurando al Shah Reza Pahlavi, dictador y aliado occidental en el poder.
En ese convulso periodo de revueltas y luchas populares cruzan sus destinos cuatro mujeres muy distintas. Son, a saber, la esposa de un alto cargo militar, culta y aficionada a las artes, quien abandona a su marido. Una joven inquieta y vitalista, sometida al férreo control de su hermano, quien pretende imponerle el sometimiento a las normas islámicas. Una chica frágil y enfermiza, explotada como prostituta, determinada a escapar. Y la última conservadora y subordinada al rol femenino más rígido y tradicional.
Estas ‘mujeres sin hombres’, como reza el título, pero con las sombras de éstos, alargadas y dominantes planeando sobre ellas, se ven abocadas a tomar decisiones extremas y a dar giros radicales en sus vidas. A veces, dramáticamente irreversibles, otras liberadores. Todo ello en el seno de una sociedad hostil y corrupta, paradojicamente más abierta en las formas, usos y costumbres que la actual del país.
Sin embargo, el tratamiento fílmico dispersa y diluye, en lugar de potenciarla, la fuerza y la crueldad de estas cuatro historias enmarcadas y condicionadas por el contexto socio-político en el que se desarrollan. De hecho, naufraga entre el realismo y el fantástico, el acercamiento cotidiano y el distanciamiento onírico, entre la denuncia y la autocomplacencia estética. Habitada por una voluntad de estilo artificiosa y algo obsoleta, crea confusión y desconcierto donde debería haber claridad y contundencia en mostrar a esas mujeres valiosas mutiladas en sus ideas, en sus proyectos, en sus deseos… En su identidad misma como sujetos y ciudadanas de pleno derecho.