
Denis Villeneuve filma en ‘Incendies’ , su cuarto largometraje, la adaptación cinematográfica de la obra teatral del prestigioso autor Wajdi Mouawad. Es una coproducción entre su país, Canadá, y Francia, rodada entre Quebec y Jordania y que ha obtenido numerosos reconocimientos. Como los Premios del Público, de la Juventud y al Mejor Guión en la Seminci de Valladolid y la candidatura al Oscar a la Mejor Película Extranjera, que finalmente fue a parar a manos de Susanne Bier.
La historia comienza con la apertura de un desconcertante testamento en Canadá, cuyos destinatarios son unos gemelos, a los que se hace entrega de dos sobres, que deberán hacer llegar a su padre y hermano respectivamente, cuyas existencias desconocían. La fallecida autora del documento es la madre de ambos, una mujer singular con una vida intensa y torturada.
Dadas las peculiares condiciones impuestas por la firmante si no se hicieran efectivas sus últimas voluntades y la decisión inquebrantable del notario de hacerlas cumplir, se logra vencer las iniciales resistencias de los hijos. Es, entonces, la joven -más decidida e inconformista que su hermano- la que emprende un viaje, que resultará iniciático, por los territorios que jalonaron la biografía tormentosa de una mujer a la que ambos subestimaron y, sobre todo, de la que tienen todo por descubrir. La intervención del hijo cerrará el círculo, en el que una durísima y oscura verdad emergerá de las sombras del pasado.
El realizador ha dotado a esta historia, con reminiscencias de tragedia clásica, de una puesta en escena tan densa e intensa, como austera y despojada. Estructurada en capítulos que remiten a los itinerarios recorridos y vividos por madre e hija con tantos años de diferencia. Años en los que la primera soportó -como mujer y como ciudadana comprometida con sus principios religiosos y personales- lo peor, en lo familiar y en lo político, de la guerra terrible que asoló a su país, Líbano, devastado a nivel interno por guerras fratricidas, religiosas y de poder.
Construye así una extraordinaria, cruel y amarga crónica de los desastres individuales y colectivos en situaciones y lugares marcados por el odio al diferente y por la más atroz misoginia. Muestra también un poderoso retrato de una mujer excepcional, a la que interpreta, sin desmerecer al resto del excelente reparto, con un enorme talento y hondura Lubna Azabal. Muy recomendable.