‘Un cuento chino’: Dos hombres y un destino

El bonaerense Sebastián Borensztein, guionista,  productor,  realizador televisivo y actor ocasional aborda en esta coproducción hispano-argentina,  su tercer largometraje,  la peculiar relación que,  favorecida por un imprevisible azar,  se establece entre dos seres muy singulares y aparentemente en las antípodas.

Tales protagonistas son un ferretero argentino, misántropo, traumatizado por un episodio vivido décadas atrás, maniático, cascarrabias, obsesivo, coleccionista de noticias singulares, solitario, de costumbres y rituales inalterables, sin más vínculos humanos que los que tolera a regañadientes para mantener su negocio, pero con un sentido de la justicia y la solidaridad muy desarrollados, incluso a su pesar.

Y un joven estudiante chino, quien acaba de prometerse con su chica en un idílico paisaje de su región, viendo su proyecto de futuro destrozado por un trágico e imprevisible accidente. Es entonces cuando toma la decisión de viajar a Argentina en busca de su único pariente, un tío residente en Buenos Aires. Pero no encuentra más que sinsabores, rechazos y suspicacias a su llegada al país que culminan con un robo, tras ser expulsado a patadas del taxi en el que viajaba.

El destino quiere que el ferretero sea testigo de este trato abusivo y decida, por imperativo moral, hacerse cargo puntualmente del infortunado extranjero, desconocedor de su idioma. La relación, básicamente gestual, que ambos establecen en su forzosa convivencia da pie a una serie de divertidos gags y a un itinerario por las dificultades buocráticas que obstaculizan y cuestionan el derecho elemental de cambiar de residencia y ,en definitiva, de vida.

Borensztein aporta a esta fábula tan inverosímil como costumbrista una mirada irónica y teñida de negrura, a la par que de fino humor porteño. Una historia mínima y peculiar, como las que colecciona el personaje central, con pretensiones de universalidad no siempre conseguidas. En el saldo positivo, hay que anotar la inapelable calidad interpretativa de Ricardo Darín, a quien ningún registro le resulta ajeno. Tampoco Ignacio Huang y Muriel Santa le desmerecen, aunque el personaje de ella esté tan desdibujado. Sus gags, la ausencia de ese tono discursivo y moralista tan caro al cine de esta nacionalidad y la credibilidad y desarmante naturalidad con la que se enfrenta a ciertos escollos narrativos.

En el negativo, ciertas autocomplacencias, ciertos tícs, una factura demasiado deudora de las comedias de situación televisivas, la forzada historia de amor y el ternurismo del happy end. Pese a todo, esa aventura improbable de dos hombres tan dispares a los que una pirueta del destino regala una tragicómica y aleccionadora experiencia compartida resulta graciosa y estimulante.

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