‘Súper 8’: Cuando Abrams encontró a Spielberg

Chico desolado por la prematura pérdida de su madre. Un fatídico accidente laboral, que hubiera debido tener otro destinatario. Honrado policía en amargo duelo, y en desencuentro con su hijo. Hombre conflictivo ahogando su culpa en alcohol, en un hogar infeliz. Niños con inquietudes cinéfilas rodando en super 8 una película de zombies, para negar a la muerte.  Jovencita bella y triste, que se revela como actriz. Rodaje accidentado. Cámara que graba algo imprevisto y enigmático.

Explosiones. Incendios. Extrañas desapariciones. Cubos con vida propia. Ejército desplegado. Ser acosado e incomprendido, que se vuelve peligroso. Hombres de orden con opiniones encontradas. Refugio subterráneo. Microcosmos que resuelve el misterio. Dos seres muy distintos que se comunican conjurando el miedo. La vuelta al hogar, con un regalo muy preciado.

Estos son algunos de los retazos argumentales presentes en ‘Super 8’, dirigida por J.J. Abrams, cuyos créditos en cine- ‘Misión imposible III’ , ‘Star Trek XI’ – no son ni de lejos tan interesantes como sus creaciones televisivas, ‘Fringe’, ‘Felicity’, ‘Alias’ o la celebérrima ‘Perdidos’. Está producida por Steven Spielberg y, desde la opinión discordante, pero matizada, de quien esto firma con el mayoritario beneplácito de la crítica, esta es claramente una cinta con la impronta de éste último. Al realizador y  a sus presuntamente marcadas señas de identidad apenas si se le vislumbra y, si se deja ver, no siempre es para bien.

A saber, algunas cosas estimables de este film fallido, aunque no desprovisto de encanto. Como la recreación del clima de la década de los ochenta en una pequeña comunidad norteamericana, con algunas referencias irónicas a la guerra fría y al enemigo ruso. La conmoción de un microcosmos aparentemente apacible, si bien no exento de turbulencias, al verse alterado por la irrupción del macrocosmos de alta seguridad con toda su parafernalia agresivo-defensiva. En el caso de su famoso precedente spielbergiano, era el estamento médico el que cumplía esa función. Aquí, el militar. La fotografía, excelente, con tonalidades tan dramáticas como líricas, de Larry Frong. Los actores, el reparto…  Elle Fanning, a la cabeza.  El amor y homenaje al cine. El territorio de la infancia.

Pero… se pierde en los excesos efectistas de un guión en busca del sobresalto espectacular, a gran escala, a expensas del ritmo y la lógica interna del relato. La ausencia de personajes femeninos de interés es llamativa, con la excepción de Fanning. Ya sabemos de la predilección de Spielberg por los protagonistas infantiles varones, pero es que aquí ni siquiera aparecen mujeres adultas, más allá de los recuerdos del chico.

La referencia al productor no es banal, pues la sumisión al modelo fílmico y narrativo de éste, aún con acentos más adultos – niños y no-humanos se han hecho mayores y algo más siniestros…- planea como un lastre sobre esta casi secuela que pudo haber sido más crítica, creativa y valiente.

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