Archivo diario: enero 19, 2012

‘Los hombres que no amaban a las mujeres: La red familiar

Apenas dos años separan las dos versiones cinematográficas de la primera entrega de la trilogía Millennium. La coproducción entre Suecia, Dinamarca y Alemania, dirigida por el danés Nils Arden Oplev, y esta que nos ocupa, firmada por el norteamericano David Fincher, con guión de Steven Zaillian, en la que comparten nacionalidad Estados Unidos, Suecia, Gran Bretaña y Alemania. No obstante la fidelidad de ambas cintas al texto de Stieg Larsson, sus diferencias de enfoque y estilo son notables.

Para quien esto rubrica, los remakes a los que tan acostumbrados nos tiene el stablishment hollywoodense son, además de una operación comercial, un síntoma de falta de ideas propias y de hacer pasar por el filtro del, por decirlo así, star system las historias fílmicas acuñadas en el Viejo Continente. En cualquier caso, muchas segundas partes fueron buenas – e incluso mejores – y, en este caso, la expectación era comprensible, dado el equipo técnico-artístico que la avala.

El responsable de ‘Zodiac’ o ‘La red social’ imprime a esta historia turbia e inquietante- que vincula lo privado con lo público en las circunstancias de una importante saga familiar, un medio y un periodista implacables con los poderosos y con el sistema y una joven tan oprimida por las instituciones como transgresora y llena de talento, unidos por la investigación de un presunto asesinato perpetrado décadas atrás – esa puesta en escena elegante, ágil, eficaz y potente que le ha hecho famoso. Incluso sabe renunciar a cierta brillantez estética en aras del respeto a un material narrativo, al que dota de un ritmo vibrante, sobre todo en la primera parte y en su conclusión.

Así pues, Fincher juega sus mejores cartas mostrando a dos mentes excepcionalmente brillantes desentrañando los enigmas de la desaparición de la adolescente y presunta víctima de un perverso entramado familiar. En la faceta del thriller con insidiosas resonancias endogámicas se mueve como pez en el agua. Pero resulta frío en la descripción de las complejas relaciones interpersonales que se derivan del encuentro de dos personalidades tan distintas como complementarias, tan antagónicas como afines. Y, craso error, pasa de puntillas por la radicalidad política y social del libro, al que prácticamente despoja de su contenido ideológico.

Lisbeth Salander, ese personaje tan extraordinario y paradigmático, esa vengadora frágil e insobornable de las mujeres agredidas, como ella misma, por hombres que las odian. Ese icono feminista y revolucionario, esa inteligencia maravillosa en una criatura tan torturada, está encarnada con solvencia por una Rooney Mara, candidata a los Globos de Oro y pronto, al tiempo, a los Oscars. Ella le confiere un desvalimiento aliado a una feroz determinación, una delicadeza sombría, una rabiosa sed de justicia que, sin embargo, no oscurecen la tierna dureza y la intensidad que le aportó Noomi Rapace.

Entre un Michael Nyqvist carente de carisma y un Daniel Craig demasiado cachas, el magnético Mikael Blomkvist, en cambio, no ha encontrado su alter ego cinematográfico. Christopher Plummer rezuma empaque y dignidad, el excelente Stellan Skarsgard es un magnífico villano y sabe a poco la siempre estupenda Robin Wright, como Erika Berger, otro notable, y postergado aquí, personaje femenino de la novela.

‘La dama de hierro’: Pleitesías

Dos o tres cosas que sabemos de Phyllida Lloyd, responsable de este biopic de Margaret Thatcher que acaba de estrenarse. Inglesa, directora de teatro y ópera, además de realizadora, tiene entre sus créditos cinematográficos ser la firmante de la arrolladora y favorita en todas las taquillas mundiales,’Mamma mía’.

En cuanto a su compatriota, la baronesa octogenaria y primera mujer en acceder al rango de Jefa del Ejecutivo británico,- cargo que ejerció en dos mandatos, desde 1979 y 1990-, y heroína de esta función, hay que decir que, básicamente, la cinta le rinde una indisimulada pleitesía. El guión, que firma Abi Morgan, se ha basado libremente en las Memorias de la hija, Carol Thatcher, y se ha esforzado tanto, tanto en respetar la ‘dignidad’ del personaje, que ha pasado de puntillas por el lado más oscuro y feroz de sus Gobiernos y de su prepotente, arrogante y dictatorial estilo de asumir el poder.

Incluso cuando el film parece más crítico, está recorrido por una tramposa autocomplacencia admiradora de la fortaleza y el carácter indomable de la Prémier. Por otra parte, en el disperso caleidoscopio con el que describe su biografía política se nos hurtan, o resultan fugazmente entrevistos con la acumulación de flash backs, episodios como la retirada de la leche gratuita en los colegios, “Thatcher, Thatcher, milk snatcher”, ladrona de leche, clamaban padres y madres… O su rendida admiración por el dictador Pinochet a quien avaló, por los servicios prestados en la Guerra de las Malvinas, defendió y acogió como ‘el paladín de la democracia en Chile’ o el más que dudoso hundimiento del crucero Belgrano durante el citado conflicto, que costó la vida a más de trescientos marineros argentinos.

Pionera, es sabido, como su amigo y colega Ronald Reagan, del neoliberalismo más salvaje, con medidas precursoras de la crisis que padecemos. Sus políticas de recortes, privatizaciones, enfrentamientos con los sindicatos… están tan tristemente de actualidad. Pero el punto de vista fílmico es el suyo y sus adversarios nos son mostrados como vociferantes energúmenos, tanto en la calle como en el Parlamento. Salvo cuando es su propio Gabinete el que la cuestiona, tenemos ocasión de oir argumentos de uno y otro signo, casi en pie de igualdad. No resultan casuales tales omisiones y enfoques…

El ritmo se quiere ágil, pero resulta lento y con altibajos. La película funciona mejor en las distancias cortas, en la descripción del deterioro de la protagonista, de sus alucinaciones y de su vida más privada. El resto es una coctelera algo indigesta y muy tendenciosa. Chapeau para un impecable reparto, el maravilloso Jim Broadbent compone un inolvidable Denis Tatcher, u Olivia Colman como la hija o los jóvenes Alexandra Roach y Harry Lloyd… Capítulo aparte merece la majestuosa caracterización y composición de Meryl Streep- aunque quien esto firma la prefiera menos solemne- que se llevará a casa, sin dudarlo, su tercera estatuílla en febrero.