¿Recuerdan aquello de que «el cariño verdadero ni se compra, ni se vende»… o también lo de que «no hay en el mundo dinero para comprar los quereres»? Pues esta notable película lo desmiente. O, por lo menos, lo desmiente hasta un cierto punto.
Como ya hiciera Fernando León de Aranoa en su singular ‘Familia’ (1996), pese a ser muy distintas, en esta que nos ocupa a un actor estadounidense – en horas muy bajas, que lleva unos años en Tokio y que está abocado a trabajos que podrían calificarse como grotescos – se le plantea el muy bien remunerado, y especializado, oficio de vender emociones, alquilándose como familiar, profesional o similares de personas con carencias afectivas. De ahí su título.
Así que este hombre solitario, que contempla vidas ajenas desde la ventana de su minúsculo apartamento, se le da la oportunidad de ser muy importante para alguien. Especialmente para dos personas en edades y circunstancias muy diferentes, que no se desvelarán.
Dicho trabajo tiene, como no podía ser de otra manera, un equipo formado por el jefe, una mujer y un chico joven. Y su oficina correspondiente. Dichas personas tienen, a su vez, unas señas de identidad y circunstancias privadas, que las califican especialmente para estos menesteres tan al filo.
Tan al filo de la impostura, de la estafa, del engaño… Tan al filo de la falacia, de la perversión de las buenas intenciones, tan al filo de las faltas de integridad y de ética en aras de una rentabilidad, no solo económica, sino emocional de la empresa y de sus clientes.
Todo ello integrado en una gran urbe, mostrada reiteradamente como un personaje más del relato, con sus luces, sobre todo las refulgentes de neón en sus rascacielos, y con sus sombras. Todo ello mientras se revela, y se reflexiona, de qué material tan sensible están hechos los sentimientos, incluso los remunerados y regidos por contratos.
Bajo el enigmático seudónimo de Hikari, que firma el guion y dirige, se esconde una mujer: la escritora, productora, antigua actriz y cineasta nipona Mitsuyo Miyazaki, cosecha del 77, quien filmara ’37 segundos’ (2019) y varios episodios de series para la plataforma Netflix.
Una mirada de mujer empática y comprensiva con sus criaturas fílmicas a quienes observa con tanta lucidez como afecto. Una mirada de mujer que no teme ser sentimental, pero que nunca perpetra la pornografía emocional. Una mirada de mujer tierna y crítica, habitada por una tristeza nostálgica, que no desdeña el humor y cuya conclusión es, a juicio de esta firmante, redonda.
Coproducción entre Japón y Estados Unidos, fechada en 2025, de 103 minutos de intenso metraje. Su excelente fotografía se debe a Stephen Blahut y a Takuro Ishizaka y su estupenda banda sonora a Jon Thor Birgisson y Alex Somers. Entre un reparto entregado, destacar a un magnífico Brendan Fraser, muy bien secundado por intérpretes locales.
Una mirada de mujer a la que preceden las mejores críticas y nominaciones a premios importantes. Todos los reconocimientos le son debidos.
Una mirada de mujer que tendremos ocasión de debatir, tiene mucha carga de profundidad para ello, en la próxima sesión de nuestra tertulia de cine Luis Casal Pereyra, que tendrá lugar el MIÉRCOLES, 4 DE FEBRERO, A LAS 19.30, EN CASA DEL LIBRO VELÁZQUEZ.
Está en cartelera, VÉANLA CUANTO ANTES Y ÚNANSE. En cualquier caso, no se la pierdan.