Permitan a esta firmante comenzar por el final para expresarles cuanto le ha gustado esta última propuesta de Almodóvar que, para ella, es un SÍ rotundo. Pese, o precisamente por, sus reticencias previas y, como norma de obligado cumplimiento, los contenciosos que tiene con el realizador como feminista y como animalista.
Permitan a esta firmante darles cuenta de la riqueza de lecturas que ‘Amarga Navidad’ ofrece entre la ficción, la metaficción y la autoficción. Darles cuenta de que su desarrollo no le ha resultado ni chirriante, ni impostado, ni fríamente abstracto, sino que está habitado por un alma, por las almas de las criaturas dolientes que la pueblan.
Permitan a esta firmante dejar constancia de lo arriesgada, compleja y poliédrica que es su estructura narrativa sobre una historia en la que una realizadora con dos filmes minoritarios y fracasados, pero «de culto», se gana la vida con la publicidad. Estamos en el año 2004, en el puente de diciembre en el que su madre muere sola, mientras ella rueda un anuncio y no se permite – todo lo contrario, pues se vuelca en el trabajo – pasar el duelo.
Hasta que una migraña aguda y persistente la lleva a urgencias, derivando en un ataque de pánico. Entonces, pese al apoyo de su pareja, decide viajar a Lanzarote acompañando a una amiga que no pasa tampoco por su mejor momento. A partir de ahí, nada es lo que parece, aunque todo tenga una base real, por llamarla de alguna manera.
Con estos mimbres, con esta mínima e imprescindible sinopsis que no perpetra spoilers, Almodóvar se interna en terrenos que, para otro colega, hubieran sido pantanosos, pero que él sabe resolver muy bien. Y lo hace a modo de historias paralelas, que no lo son exactamente.
Y lo hace también mostrando a hombres leales, amantes y cuidadores, otras masculinidades, aunque en uno de ellos haya un reflejo de ciertos tics de su pasado filmográfico, que supera con elegancia. Y lo hace mostrando a mujeres lúcidas, rotas y empáticas entre sí. Y lo hace moviéndose entre el cine y la vida, la escritura cinematográfica y la vida, el paso del tiempo con sus renuncias – «uno se despide insensiblemente de pequeñas cosas…» – como parte de la vida.
Y lo hace con emoción, con lucidez, con sabiduría, con dolor y con humor, con una puesta en escena refinada y hermosa tanto en los interiores y en el vestuario donde exhibe su intensa paleta cromática, como en los preciosos paisajes volcánicos de Lanzarote. Y lo hace…
Producción española, fechada en el año en curso, de 111 minutos de absorbente y sorprendente metraje. El solvente guion está a cargo, como es marca de la casa, del cineasta. La excelente fotografía se debe al talento de Pau Esteve Birba y la espléndida banda sonora al de Alberto Iglesias. Destacar, entre un reparto de lujo y entregado, como también es marca de la casa, a una excelente Aitana Sánchez-Gijón que tiene a su cargo momentos estelares, corriendo los más emotivos de la parte de unas estupendas Bárbara Lennie y Milena Smit. Todo ello sin desmerecer a los divertidos cameos, ni al trabajo del resto del plantel interpretativo.
Tendremos ocasión de coincidir o discrepar, o sea de debatirla, en la cuarta sesión del año de nuestra tertulia de cine Luis Casal Pereyra, que tendrá lugar el MIÉRCOLES, 8 DE ABRIL, A LAS 19.30, EN LA CUARTA PLANTA DE CASA DEL LIBRO VELÁZQUEZ. ÚNANSE Y NO SE LA PIERDAN.
Escrito queda.