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SEFF 2024, 21 Edición. Sección Oficial, ‘This life of mine’: In memoriam, Sophie

La guionista y cineasta francesa Sophie Filliéres, ya muy gravemente enferma, murió a la edad de 58 años, el 31 de julio de 2023, poco después de que se terminara el rodaje de esta que nos ocupa, su séptima película. Tanto fue así, que dejó a cargo de sus hija e hijo la finalización del filme.

La muerte planea, tan directa como sutilmente, sobre esta historia de la profunda crisis que atraviesa una publicista – excelente Agnes Jaoui, alter ego de la realizadora – en sus planos laboral, maternal, sentimental, cronológico, mental y familiar.

La muerte planea sobre esta historia de su conciencia del paso del tiempo, especialmente hostil para las mujeres en esta sociedad patriarcal y de la finitud.

La muerte planea sobre esta historia de una mujer, tan alocada, dispersa y aparentemente absurda, con frases tales como cuando le pregunta a su hermana que si ha pensado en cuantas duchas le quedan antes de morir?, o el poema de despedida, la angustia ante su proximidad o ese final tan poético y metafórico.

¿Significa todo esto que estamos ante un relato fílmico transcendente o testamentario…? Rotundamente, no. Por el contrario, es juguetón, extravagante, roza el surrealismo, se divierte con las paradojas y cuestiona los lugares comunes tanto como su propia protagonista.

Entre la comedia y el drama, dividida en tres actos nada naturalistas y de títulos onomatopéyicos, transita la despedida nada pretenciosa de una mujer cuya filmografía, hasta esta su propuesta póstuma, se nos ha quedado lamentablemente inédita en nuestro país.

Una propuesta póstuma, producción francesa, de 99 minutos de metraje, que ella también escribe. Una propuesta póstuma muy bien fotografiada por Emmanuelle Colinot y con una lúdica banda sonora de Philippe Katerine, que también interviene como actor, interpretándose a sí mismo.

Una propuesta póstuma que cuenta con el enorme talento de la ya citada Agnes Jaoui y del resto de un reparto más que competente. Una propuesta póstuma no exenta de defectos y carencias, pero enormemente valiosa y relevante.

Honren la memoria de Sophie Filliéres, viéndola. No lo lamentarán.

Escrito queda.

SEFF 2024, 21 Edición. Sección Oficial, ‘Banzo’: El esclavismo inicuo, la fatal nostalgia…

Tras la entrada anterior con la infamia segregacionista del apartheid, seguimos con el inicuo esclavismo en esta coproducción entre Portugal, Francia y Países Bajos (Holanda), fechada en el año en curso, de 127 minutos de metraje.

Escrita y dirigida por la profesora, guionista, fotógrafa, ayudante de dirección y cineasta lusa, Margarida Cardoso, cosecha del 63, una de cuyas señas de identidad fílmica es la memoria histórica de su país y más concretamente su pasado colonialista.

Muy bien fotografiada, con los claroscuros que requiere la historia, por Leandro Ferräo y otro tanto puede decirse de la banda sonora, que firma Rudgert Zuydervelt.

Su reparto coral sabe transmitir toda la crudeza y la desolación de un drama, narrado a ritmo lento, pero absorbente para quien esto firma, en el que un joven médico entra a trabajar en una plantación de una isla tropical de la costa africana.

Allí, hombres, mujeres y niñ@s de color son tratad@s cruelmente como esclav@s, aunque oficial y cinícamente, puedan acceder, con un alto precio, a su liberación. El sometimiento, a todos los efectos, al amo es absoluto.

Entre ellas y ellos se ha desarrollado un mal incurable llamado banzo, definido como «el procedimiento psicológico o sentimiento patológico de nostalgia incurable experimentado por l@s esclav@s negr@s hacia su cultura, cuando se ven despojad@s de ella, de su tierra y de sus raíces»

Más aún, sin tener la consideración de personas, a merced de las órdenes y deseos del señor, la señora y los empleados, castigados y oprimidos. Los síntomas consistían en una suerte de apatía absoluta, falta total de apetito – por ello, les forzaban a comer, cada dos días, una práctica dolorosa, violenta y atroz – y debilidad extrema.

Así que el joven médico, algo más civilizado y sensible que su predecesor, poco podía hacer por ell@s – las mujeres, además, cargadas con bebés y niñ@s a quienes no les era posible alimentar – más que impedir, dentro de sus limitaciones, que la barbarie fuera aún peor.

La mirada de la realizadora es mesurada y contenida, aún dentro de los horrores que están narrando. Queda patente su compromiso con las víctimas, con sus miradas, con sus silencios, con sus sufrimientos, con sus añoranzas y con su impotencia.

Pero tampoco es maniquea en la que dirige a los esclavistas, entre quienes sabe distinguir las jerarquías, responsabilidades en los maltratos y servidumbres. Planea sobre ella una constatación de la autoconsideración de la superioridad que creen tener de clase y de raza.

Deberían verla, es un consejo.

Escrito queda.

SEFF 2024, 21 Edición. Sección Oficial, ‘Ernest Cole: Lost and Found’: Imágenes contra la infamia

Un hombre negro, nacido en un barrio pobre y excluído, pero donde tuvo una infancia muy feliz, siempre añorada, mira a través del objetivo de su cámara y fotografía calles y entornos en Sudáfrica.

Un hombre negro capta rostros, actitudes, casas, autobuses atestados de personas de su raza, a las que no se les permite viajar en los vehículos de las personas blancas, ni en el metro, ni en los trenes, ni sentarse en los bancos, ni a su lado en las iglesias, ni un largo e intolerable etcétera que deben soportar y asumir bajo el riesgo de ir a la cárcel o de su integridad física.

Un hombre negro que ha estudiado con un método inferior y menos cualificado reservado a personas de su color, pero que, por su talento, consigue colaborar en revistas y agencias.

Un hombre negro que se radicaliza políticamente y toma conciencia de su propia e injusta opresión y la de l@s suy@s en su país, a través de sus relaciones con los mejores artistas de su época.

Un hombre negro que llegó a escribir un libro con sus imágenes contra la infamia de, en sus propias palabras, «trescientos años de supremacía blanca que nos ha colocado en una esclavitud despojada de dignidad, robado nuestra autoestima y rodeado de odio»

Un hombre negro cuyo volumen citado se prohibió y a él la vuelta a Sudáfrica. Un hombre negro, que por entonces estaba en su Nueva York soñada como paraíso de libertad e igualdad, y que le devolvía de nuevo el rostro desolado de la discriminación y el racismo.

Un hombre negro que captó incansablemente a l@s suy@s, de todas las edades, en varias ciudades y continentes, en miles y miles de negativos. Que los captó en su explotación, miseria, segregación y apartheid, pero también en sus juegos, risas, actividades culturales, tareas o placeres cotidianos.

Un hombre negro que siempre ansió volver a su país y a ver a su madre, algo que repetía incansablemente en sus escritos. Un hombre negro que sólo lo logró con sus cenizas, que se esparcieron en su querido barrio.

Un hombre negro que respondió al nombre de Ernest Cole, nacido en 1940 en Pretoria y fallecido en Nueva York en 1990, de un cáncer de páncreas, cuando aún no había cumplido los 50 años.

Un hombre negro a quien todos los reconocimientos le son debidos. Como el que le hace con este extraordinario documental nada al uso, otro hombre negro, que también escribe su guion: el documentalista, activista político y cineasta haitiano, que llegó a ser ministro de Cultura en su país, Raoul Peck, cosecha del 53, entre cuyos créditos está la notable ‘I am not your negro’ (2016).

La mirada de Peck se funde con la de Cole a través de cientos de las admirables fotografías de este último, la mayoría en blanco y negro, y de la voz en off con sus frases, opiniones y pensamientos que interpreta muy bien el actor Lakeith Stanfield.

Sus excelentes facturas visual y sonora se deben respectivamente a Wolfgang Held, Moses Tau y Alexei Agui. Fascinante, necesario, valioso y relevante documental que rinde tributo a un personaje único.

NI SE LES OCURRA PERDÉRSELO.

SEFF 2024, 21 Edición. Sección Oficial, ‘Alpha’: Nos vemos allá arriba

Fíjense ustedes que esta firmante no es aficionada al alpinismo, ni lo sigue como espectadora, lo cual no excluye su total respeto a quienes practican, de forma profesional o amateur, esta disciplina deportiva tan arriesgada.

Lo cual no excluye su admiración por los espacios en los que se desarrolla. Por ejemplo, los impresionantes paisajes alpinos de esta película que nos ocupa. Una película que, de entrada, no le apetecía mucho ver y cuyo desarrollo, dada su sinopsis, creía previsible…

… Pero, afortunadamente, estaba equivocada. Porque la historia de un hijo que es instructor de esquí, que recibe la visita inesperada de su padre actor, del que está distanciado por las opuestas formas de vivir el duelo por su madre y esposa recientemente fallecida. De hecho, está saliendo con una chica menor que él…

El progenitor es, al contrario que el joven, impulsivo, imprudente, algo cotilla y se permite abusos de confianza con la novia de su hijo, comentarios racistas incluídos. Entre los celos y el enfado por tal comportamiento, este desea que se marche lo antes posible.

Entonce se plantea una excursión de esquí en grupo y el padre, reticente primero, accede a unirse y…

Hasta aquí, los lugares comunes y clichés amenazaban la historia pero aunque ambos, solos ante un peligro muy real, con el más joven muy resentido y rivalizando, aprenden a cuidarse mutuamente, pues uno y otro se accidentan y lastiman intentando buscar el camino de regreso, y expresarse un sincero afecto, un giro inesperado la hace transitar por derroteros sorprendentes.

Coproducción entre Holanda, Suiza y Eslovenia, fechada en el año en curso, de 100 minutos de metraje. Escrita y dirigida por el actor, guionista y cineasta holandés Jan Willem van Ewijk, cosecha del 70.

Con una impactante fotografía, que te sumerge en la desasosegante belleza de unas montañas únicas, que firma Douwe Hennink y en la ajustada banda sonora de Ella van der Woude. Los actores que interpreta a los personajes centrales son padre e hijo también en la llamada vida real.

Fue galardonada con el Europa Cinema Label en el Festival de Venecia y se oyeron aplausos, justos y merecidos, al final de su proyección. Deberían verla.

Escrito queda.

SEFF 2024, 21 Edición. Sección Oficial, ‘The girl with the needle’: Un gótico de todos los horrores

Esta película tan terrible como notable, tan sórdida como lúcida, tan en clave del terror gótico y del melodrama, así como también deudora de cierto expresionismo, muestra unos espantosos hechos reales – los crímenes de una mujer danesa contra las criaturas más indefensas e inocentes, perpetrados entre los años 1913 y 1920.

Aunque sea una figura clave de esta historia, la protagonista es una chica paupérrima, ni casada, ni viuda, pues su esposo está en el frente de la I Guerra Mundial y no sabe nada de él. Trabaja en una fábrica donde el dueño la seduce, la deja embarazada y la abandona a su suerte, tras haberle prometido matrimonio, por no perder sus privilegios de clase.

En unos baños públicos, presa de la desesperación, sin sitio donde vivir y decidida a acabar con todo, se clava una aguja… momento en el que una mujer la ve y le propone vivir y trabajar para ella y luego dará a su bebé en adopción a una familia acomodada, ya que es ese su negocio.

Mientras tanto, el marido vuelve, una vez finalizada la contienda, horriblemente deformado y obligado a llevar una máscara. Porque no puede tenerlos, le propone hacer suya a la niña, pero ella prefiere liberarse de la carga de la maternidad y permitir que la dé en adopción su nueva amiga, de la que ignora sus oscuros planes.

Filmada en un poderoso blanco y negro, que acentúa aún más si cabe los horrores que está narrando, sin filtros, ni anestesia, esta firmante no pretende hacer más spoilers pero les adelanta que es atroz en su negrura, lo que contrasta con una estilizada, y a veces manierista, puesta en escena.

Les adelanta que transita también por el fantástico y el gore, que renuncia al realismo para mostrar que la miseria no es hermosa y que, a veces, como en este caso, produce monstruos.

Que todas las desdichas y las desgracias se ceban en l@s excluíd@s sociales, singularmente en las mujeres. Y que ellas, en un contexto tan límite, pueden ser víctimas y verdugos, aunque nunca se justifiquen tan sangrientos delitos.

Que la contienda también produce heridas tales que provocan que un hombre deba ser exhibido en un circo para ganarse la vida. Circo donde será humillado e insultado por gente carente de empatía.

Que hay una niña también en este relato fílmico, vinculada a las dos protagonistas por distintas razones. Que las normas legales, así como las injusticias sociales, siguen su curso y que tiene un final sorprendente, abierto, e incluso esperanzador, tras tan cruel desolación.

Producción danesa, fechada en el año en curso, de 115 minutos de metraje. Su guion lo escribe, junto a Line Langebek Knudsen, también su realizador el inclasificable y transgresor, como su filmografía, Magnus von Horn.

La eminente fotografía la firma Michal Dymek y la inquietante banda sonora es de Puce Mary. Excelsas las actrices, especialmente Victoria Carmen Sonne y la magnífica Tryne Dyrholm.

ATRÉVANSE A VERLA. No lo lamentarán.

Escrito queda.

SEFF 2024, 21 Edición. Sección Oficial, ‘Vida en pausa’: El Síndrome de la Resignación

Empezando por el final, según rezan los títulos de crédito de esta hermosa y desgarradora película: «Desde 1998, se han registrado numerosos casos del Síndrome de la Resignación en Suecia. En 2014, la Agencia Sueca de Salud reconoció la posibilidad del diagnóstico de esta condición. La mayoría de los afectados son niños refugiados de antiguos Países Soviéticos y de Yugoeslavia. En vista de los conflictos recientes y sus consecuentes migraciones, se espera que los casos de este Síndrome aumenten exponencialmente»

Y Linda Pressly en la página BBC NEWS MUNDO lo describe como: «La misteriosa enfermedad que sólo ocurre en Suecia y que sólo afecta a l@s hij@s de quienes buscan asilo en el país. Los síntomas incluyen un aislamiento completo, dejan de caminar, hablar o de abrir los ojos. Eventualmente se recuperan»

«El trauma, dice una doctora que les trata en este mismo reportaje, es lo que ha causado su aislamiento del mundo. Los niños más vulnerables son los que han sido testigos de episodios de violencia extrema, a menudo contra sus padres, o vienen de un ambiente profundamente inseguro»

Una vez contextualizado el tema, la historia arranca con una familia rusa compuesta por un matrimonio de profesores y dos hijas muy unidas, responsables y estudiosas: la mayor, dotada para la natación, y la menor para el canto en un coro.

Corre el año 2018 en Suecia y esperan con ilusión que sea aceptada su solicitud de asilo y hasta fantasean con los nuevos nombres que adoptarán cuando consigan la ciudadanía.

Pero, pese a la violencia atroz que sufrieron, especialmente el padre, por parte de las autoridades soviéticas, de la que fue testigo la pequeña que no ha declarado porque sus progenitores quisieron ahorrarle revivir el trauma, su petición es denegada.

Entonces comienza un calvario, pues la niña citada cae en una suerte de suspensión vital – el síndrome en cuestión – que hace que deba ser ingresada. Pero ni la burocracia se lo pone fácil, ni tampoco el hospital, pues les controlan las visitas y les exigen el relax que no tienen para verla.

Como tienen 10 días para apelar, intentan que la mayor declare como si fuera la testigo y deberá aprenderse su testimonio de memoria, pues no vivió la experiencia. Se niega y se rebela, preocupada como está por su hermana, pero las argumentaciones y la presión de sus madre y padre, la convencen y…

A partir de esa impostura descubierta, también la mayor cae en coma y el asilo aparece cada vez más lejano. Con todo y tod@s en contra, y a riesgo de ser deportados puesto que sacan a las niñas del hospital, contarán con dos aliadas que les facilitarán un alojamiento clandestino y harán lo imposible por reconstruir para ambas una normalidad placentera.

Coproducción entre Francia, Grecia, Alemania, Estonia y Suecia, fechada en el año en curso, de 99 minutos de metraje. La escribe, junto a Stavros Pamballis, y la dirige el guionista y cineasta griego Alexandros Avranas, cosecha del 77.

Su excelente fotografía la firma Olympia Mitilinaiou y su no menos digna banda sonora se debe a Tuomas Kantelinen. La puesta en escena es tan implacable y gélida como el relato y el cuarteto protagonista, junto a l@s secundari@s, están impecables.

Una mirada singular, conmovedora, oscura y desolada al drama de la inmigración. Una crítica dolorosa y necesaria al atentado a los derechos humanos que supone no conceder el asilo a personas en cuyos países peligran sus vidas.

Centrándose, además, en las menores y más inocentes traumatizadas hasta el punto de poner sus vidas en pausa, con los riesgos consecuentes. Una película, en suma, valiente, comprometida, valiosa e imprescindible.

NI SE LES OCURRA PERDÉRSELA.

SEFF 2024, 21 Edición. Sección Oficial, ‘Secretos de un crimen’: Santosh

En el arranque de esta película, tan notable como terrible, vemos a una mujer en lágrimas corriendo y esquivando el tráfico indio, caótico y multitudinario, mientras grita en el móvil: mamá, mamá, mamá…

Se llama Santosh, como el título original de esta critica y el de ‘Secretos de un crimen’, acaba de perder a su marido y va a saber qué injusto destino le espera a una viuda en un país como la India.

Así las cosas, es informada de que pierde su casa, la relación con su hostil familia política, su estatus y de que no le queda pensión alguna por el asesinato de su marido, policía, en unos disturbios.

El jefe de éste, sin embargo, le propone una opción contemplada por la ley: «heredar» el trabajo de su cónyuge, pero «adaptado a su condición femenina». Es decir, ejercer como alguacil, junto a una superiora, en pequeñas, o grandes, trifulcas vecinales.

Pero, para su infortunio, la primera denuncia es la de un padre desesperado por la desaparición de su hija preadolescente. Y tiene que ver cómo le despachan sin miramientos. Poco después, la niña aparece en un pozo ferozmente torturada, violada y asesinada.

Por entonces, y a raiz de este crimen atroz, crece la indignación popular contra las inacción y corrupción policiales. Las calles arden y el tráfico está bloqueado, también con el pequeño cadáver, así que los llamados Cuerpos de Seguridad necesitan con urgencia encontrar un culpable.

Hay ya un presunto sospechoso, un chico muy joven que ha huído y que se mensajeaba con la víctima. Le corresponde a la protagonista investigarlo y localizarle en solitario, precisamente en la misma ciudad en la que asesinaron a su esposo. Algo que hace deteniéndolo y siendo luego secundada por su jefa y otros compañeros. A partir de ahí…

A partir de ahí, nos son mostrados los horrores sin paliativos del matonismo y las torturas sumarísimas de un stablishment de Orden Público, podrido, sobornable y cruel que, por descontado, no respeta ni los derechos humanos, ni menos aún los de las mujeres, ni la presunción de inocencia.

A partir de ahí, sin filtros, ni anestesia, nos son mostrados en carne viva la cobarde brutalidad de quienes se emplean salvajemente contra un chico esposado, intentando arrancarle una confesión y utilizarle como cabeza de turco.

A partir de ahí, la impotencia y la rabia del personaje central quien también, con las secuelas aún de la traumática pérdida de su marido, se emplea a fondo, y ferozmente, contra él. Algo que lamentará después, más aún al conocer los secretos no revelados de ese crimen.

La mirada de la documentalista angloindia Sandhya Suri, que debuta aquí en el largometraje, cuyo guion también escribe, es demoledora e inclemente contra las instituciones, contra el machismo y el clasismo del sistema de castas de su país de origen.

Una mirada implacable en unos intensos, y a veces difícilmente soportables, 125 minutos de metraje de esta coproducción entre Reino Unido, India, Alemania y Francia, fechada en el año en curso, a cuya tensión contribuyen las excelentes imágenes de Lennert Hillege y la partitura de Luisa Gerstein. Y la interpretación de una eminente Shahana Goswami.

VÉANLA.

SEFF 2024, 21 Edición. Sección Oficial, ‘Julie keeps quiet’: Clamoroso silencio

Julie es una joven tenista, que apunta a ser una campeona de élite. Y no sólo eso, también es una buena estudiante becada en una academia de alto standing, con cuyas compañeras y atletas se lleva muy bien.

Otro tanto puede decirse de la complicidad y feeling, en los planos deportivo y personal, que mantiene con su coach. Pero el suicidio, en circunstancias no aclaradas, de otra alumna y excelente jugadora, a la que no conocía pero con la que compartía el mismo entrenador citado, hace que este sea suspendido y sus métodos cuestionados.

La sombra de la sospecha hace que la directora y personal del centro educativo pida al alumnado, sin presionarles, ni forzarles, que se manifiesten al respecto libremente, señalando si percibieron un comportamiento poco profesional en este hombre. Pero Julie, como indica el título, se mantiene en silencio.

Este silencio persistente, habitado por las tensiones y también por la lealtad hacia el investigado, con el que sigue manteniendo contacto, permea toda la historia proyectándose también en la cancha y en los duros ejercicios, ahora con un nuevo monitor.

Mientras su carrera, objetivo de todos sus esfuerzos, se proyecta en la mejor dirección, Julie, cada vez más rota emocionalmente, va investigando en solitario, recordando escenas, comentarios y conversaciones, contemplando videos de la chica tan trágicamente desaparecida hasta que…

La mirada del guionista, junto a Ruth Becquart, y realizador belga Leonardo van Dijl, cosecha del 91, que debuta aquí en el largometraje, es asombrosamente madura, sabia, afilada y lúcida para ser una ópera prima.

Es una mirada desasosegante que, bajo su puesta en escena aparentemente aséptica, esconde una incandescencia tan arrolladora como los potentes saques y jugadas de la protagonista.

Una protagonista con cuyo silencio, tan clamoroso, empatiza. Así como con su dolor escondido y, a la postre, con su honestidad. Revela la perversión de los abusos de poder disfrazados de paternalismo y se posiciona inequívocamente con la víctima, con todas las víctimas.

Coproducción entre Bélgica y Suecia, fechada en el año en curso, de 97 minutos de metraje. De factura y puesta en escena impecables, tanto la fotografía, de Nicolas Karakatsanis como la banda sonora de Caroline Shaw sirven con talento al relato. Destacar, entre su sólido reparto coral, a su protagonista Tessa Van den Broeck.

Escrito queda. Deberían verla.

SEFF 2024, 21 Edición. Sección Oficial,’A missing part’: Custodias denegadas

Japón aprobó la custodia compartida en mayo del año en curso, pero no se hará efectiva hasta 2026. Por tanto, la historia de un hombre francés – a quien su ex, ciudadana japonesa, se lleva a su hija irregularmente consiguiendo así, aunque sea injusto a todas luces y resulte más que paradójico, su custodia absoluta con pensión paterna – que narra esta película, tiene aún plena vigencia.

Pero tal legislación nipona no sólo perjudica a los varones, porque el protagonista – que se ha quedado en Tokio, negándose a divorciarse, pues esto le dañaría aún más, y recorriendo la ciudad en el taxi donde trabaja, con la loca esperanza de ver a la niña, tras 9 años sin hacerlo, y que ahora tiene 12 – conoce a una compatriota desesperada por ver a su pequeño y a japoneses-as también afectad@s.

Hasta que un día… ve a una colegiala con muletas en quien cree reconocerla y a la que debe, ocupando el turno de un compañero enfermo, recoger para llevarla a su centro educativo cada día. Todo ello cuando ha puesto en venta su casa y está decidido a tirar la toalla.

Sabemos, por las videollamadas de su padre, que le insta a regresar, que no es la primera vez que se ilusiona con una chica que piensa que es ella. Solo que esta vez ha acertado de pleno. Y… esta firmante no hará spoilers.

Coproducción entre Francia y Bélgica, fechada en el año en curso, de 98 minutos de metraje. La escribe, junto a Jean Denizot, y la dirige el guionista y cineasta belga Guillaume Senez, cosecha del 78, – de quien esta firmante ha visto las notables ‘9 meses’ (2015), su ópera prima y ‘Nuestras pequeñas batallas’ (2018).

La fotografía muy bien Elin Kirschfink, su solvente partitura la firma Olivier Marguerit y la interpreta con su habitual talento Romain Duris, muy bien acompañado por Judith Chemia.

Es una película muy crítica con una ley injusta que se reitera, aunque el protagonista aquí sea un varón, afecta igualmente a cualquiera de los progenitores, sean extranjer@s o nacionales.

Es una película emocionante, pero nunca manipuladora, sensible, comprometida socialmente y delicada que sabe tanto conmover como hacer reir. Destacar muy mucho al arrebatador mono, compañero de vida del padre forzadamente ausente, adorable hasta decir basta.

¿Hace falta añadir que no se la pierdan…?

SEFF 2024, 21 Edición. Sección Oficial, ‘Desmontando un elefante’: Las palabras para decirlo

¿Cual es la grieta que sumerge en la tensión, la vigilancia cuidadosa, la angustia, el dolor y el silencio temeroso a la familia muy solvente, con una casa de ensueño, que componen una arquitecta y un médico, con dos hijas, una bailarina, y la otra, que vive fuera, con marido y suegra franceses, que acaba de tener un hijo…?

¿Cual es la razón de los ingresos hospitalarios de la madre, de sus llamadas de teléfono a un tal Elvis – siempre disponible, que la reconforta y tranquiliza – de sus rigurosas rutinas que debe seguir al pie de la letra, de sus reuniones casi diarias con personas en su misma situación y de su medicación impostergable, cual es la explicación de su comportamiento tan desabrido hacia quienes la cuidan lo mejor que saben y pueden?

¿Cual es la causa que provocó que esa persona estuviera tan inconsciente que sólo una intervención rápida y providencial, pudo evitar una desgracia, la de que, ante un susto inesperado, estuvo a punto de causar una pérdida irreversible, cual la que hace que una enamorada de la danza, con mucho talento, desatienda sus ensayos por mor de ineludibles, al menos para ella, deberes filiales?

La grieta, la razón y la causa de tal infelicidad es el alcoholismo persistente de una mujer madura, que por él sale y entra de clínicas, acude regularmente a encuentros, ha abandonado su agenda, relaciones y proyectos de trabajo, que por él, por su adicción y abstinencias temporales que siempre promete que serán definitivas, está inmersa en la amargura, en el engaño, en la trampa, en el desaire afectivo hacia aquell@s, sobre tod@s su hija, que tanto la cuidan y se desvelan por ella.

Víctima y verdugo, enferma y cómplice, la sospecha y la oscuridad la persiguen y persiguen a l@s suy@s en una convivencia llena de aristas y conflictos. Reivindicando su autonomía, pero obligatoriamente dependiente, deberá aprender a salir de ese pozo asumiendo todas las consecuencias paso a paso y también el daño que su mal ha provocado, no sólo a sí misma, sino a sus personas queridas a quienes ha tratado tan injustamente.

Producción española, fechada en el año en curso, de 82 minutos de intenso metraje. La fotografía con talento Pau Castejón y la escribe, junto a Pep Garrido, y la dirige, en su primera incursión en el largometraje, el director de fotografía y cineasta Aitor Echevarría, cosecha del 77. Destacar en su reparto a las excelentes Emma Suárez y Natalia de Molina, muy bien secundadas por Darío Grandinetti.

Una ópera prima sabia, emocionante, compleja, doliente, lúcida y madura que no deberían perderse.

Escrito queda.