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SEFF 2025: Las secuelas de «Claudio»…

Las borrascas, con toda su parafernalia de lluvias torrenciales, fuertes vientos e impactante aparato eléctrico, suelen ser muy cinematográficas y «dan» muy bien en la gran pantalla, siendo especialmente imprescindibles en el género de terror.

Pero cuando se va de camino a las salas de cine – sin saber conducir, ni, por tanto, vehículo propio, ni taxis disponibles por la altísima demanda, ni autobuses que no tarden, como mínimo, 15 minutos de media entre uno y otro – la cosa varía muy mucho.

Esta firmante – comprometida con sus deberes, y placeres, incluyendo el de darles cuenta a ustedes de lo visionado, del Festival, dentro de la selección que tiene disponible – llegó a la primera hora de ayer empapada a la proyección de la Sección Oficial, de cuya crítica se hizo eco en estas páginas.

La secuela, la de este «Claudio» que nos azota, le ha supuesto a quien esto firma sentirse bastante perjudicada física y mentalmente. Y con la que estaba cayendo cuando sonó la alarma de su móvil, desistió de ir, por todo lo descrito anteriormente sobre las dificultades que tiene para acceder al cine con los servicios públicos abarrotados, aunque luego el cielo se haya abierto…

Esta firmante intentará ir por la tarde, aunque los pronósticos metereológicos no sean muy halagüeños. Pero, por si acaso, sirvan estas líneas como disculpa y explicación. Gracias de antemano por su comprensión.

Escrito queda.

SEFF 2025, Sección Oficial. «Enzo»: Cantet por Campillo

En los títulos de crédito de esta notable «Enzo» puede leerse, traducido del francés : «Una película de Laurent Cantet realizada por Robin Campillo». Pues bien, Laurent Cantet (1961-2024) fue un prestigioso y muy comprometido guionista y cineasta francés, entre cuya extensa y estimable filmografía podríamos destacar ‘Recursos humanos’ (1999), ‘El empleo del tiempo’ (2001) o ‘La clase’ (2008).

Su colega, compatriota e íntimo amigo, el editor, guionista y director Robin Campillo, igualmente comprometido y cosecha del 62, en cuyo currículum figura un título tan a tener en cuenta como ‘120 pulsaciones por minuto’ (2017), tercera en su haber y la inmediatamente anterior a esta que nos ocupa.

Ambos han formado equipo, ya que el segundo ha trabajado muy a menudo como guionista y editor del primero. Antes de morir Cantet, ambos estaban trabajando en este proyecto pero, al ver que no podía finalizarlo al estar ya seriamente enfermo, le pidió a su amigo que lo hiciera por él.

Y a fe que Campillo ha cumplido con creces la voluntad de Cantet. «Enzo» tiene las señas de identidad fílmicas e ideológicas de Cantet, sin que el director de facto haya renunciado a las suyas. Esta simbiosis enriquece aún más a la historia de un chico de 16 años que, pese a y precisamente por, pertenecer a una familia de alto poder adquisitivo, desdeña el modus vivendi y las oportunidades que su estatus le ofrece para estudiar albañilería y trabajar como aprendiz en una obra.

Tal elección incomoda sobremanera a su progenitor quien, pese a su talante liberal, intenta desesperada e inútilmente convencer a su hijo de que retome sus estudios y priorice su talento para el dibujo, a lo que éste se niega obstinadamente. Y todo va a peor cuando se siente perdidamente atraído por un compañero…

¡¡¡Qué generosidad y qué fidelidad la de Robin Campillo ante el legado de Cantet!!!. Ha sabido darle su legítimo protagonismo en esta propuesta y hacerle el mejor de los homenajes. Ambas tan estimables miradas cinematográficas se funden aquí para dotar de complejidad a este relato de antagonismo de clase y del descubrimiento de su sexualidad y de su lugar en el mundo de un joven, casi un niño.

Campillo/Cantet, Cantet/Campillo, aciertan con el tratamiento narrativo de fondo y de forma, de puesta en escena y de enfoque. Nunca caen en la tentación maniqueista en su retrato de personajes, nunca. Nunca les juzgan, pese a no ser nunca equidistantes y saben desarrollar y concluir la narración de la mejor, probablemente de la única, manera posible.

Coproducción entre Francia, Bélgica e Italia, fechada en el año en curso, de 102 minutos de metraje. Su excelente fotografía, llena de contrastes entre la dureza de la obra y la hermosura de los paisajes en la que se desarrolla en la casa familiar, se debe a una mujer, Jeanne Lapoirie. El guion, de ambos, es solvente y sólido y entre su reparto, en estado de gracias, hay que destacar a Elodie Bouchez, Pierfrancesco Favino y el descubrimiento de Eloy Pohu.

Valiente y valiosa, contenida e intensa, sutil y a veces desgarrada, HÁGANSE EL REGALO DE NO PERDÉRSELA.

SEFF 2025, Sección Oficial. ‘Dreams (Sex Love): Otra Trilogía de Oslo

Como hiciera su compatriota y colega Joachim Trier, con ‘Reprise’ (2006), ‘Oslo, 31 de agosto’ (2011) y ‘La peor persona del mundo’ (2021), el bibliotecario, novelista, guionista y cineasta noruego Dag Johan Haugerud, cosecha del 64, ha abordado también su particular Trilogía de Oslo con ‘Sex’, ‘Love’ y ‘Dreams’, la que nos ocupa, todas rodadas el pasado año 2024.

Todas centradas en las interrelaciones de las personas en el tiempo presente de esta ciudad. Todas con una excelente acogida crítica y seleccionadas para participar en Festivales. ‘Dreams’ se ha hecho con el Oso de Oro de Berlín, la primera película noruega en ganarlo. Y muy merecidamente, además.

Su historia sigue a una estudiosa adolescente que siente un repentino e intenso flechazo por su nueva profesora de francés, paralelamente a la lectura de una novela que narra la relación entre una jovencita y un reputado escritor y que le hizo experimentar fantasías.

Con lo que no contaba es que se materializaran en su propio centro de estudios. A partir de ahí, como en los relatos más románticos, la chica – que en principio ni siquiera identifica el sentimiento amoroso en los anhelos, deseos y vívidas emociones que le provoca la docente – no puede vivir sin verla hasta que consigue hacerlo en su casa, las dos a solas, con el pretexto de que la enseñe a tejer.

La voz en off de la protagonista, de la que luego sabremos su contexto, va desgranando todo esto mientras el realizador la plasma muy bien, en una elegante puesta en escena, que desgrana esos sueños adolescentes. Su otrora vivaz personalidad se torna, antes de esos encuentros ya citados, en triste y apática preocupando a sus dos compañeras y amigas del alma e inquietando a su madre.

Queriendo atrapar esos momentos, la joven comienza a escribir un libro que da a leer primero a su abuela y luego a su progenitora. Y finalmente acuerdan que será esta última quien le dará el manuscrito a su objeto amoroso, con quien ya no tiene contacto y le preguntará posteriormente por sus impresiones al respecto.

Luego, al final cuando se descubra la persona destinataria de este relato en off, el destino jugará otra de sus piruetas. Pero lo importante son las sabias, lúcidas y hondas reflexiones, los brillantes diálogos, los incisivos análisis, las impresiones, las fantasías y las realidades que irá desencadenando tal pasión, junto a la lectura del texto. Y también las diferentes versiones, o quizás no tanto…, que provocará.

Producción noruega, fechada en 2024 como se ha citado anteriormente, de 110 minutos de metraje. El guion corre a cargo del director y dos mujeres firman sus excelentes fotografías y banda sonora. A saber, respectivamente, Cecilie Semec y Anna Berg. En cuanto al muy solvente reparto, destacar el talento y carisma de su protagonista Ella Overbye.

NO SE LA PIERDAN.

SEFF 2025, Sección Embrujo, ‘A balcony in Limoges’: Ce n’est pas ça…

El SEFF describe la Sección Embrujo como: «la que integra a las voces más audaces del cine europeo. Un espacio donde la originalidad y el riesgo creativo se convierten en brújula, señalando nuevos caminos y formas de mirar el mundo»

Pues bien, esta firmante no sintió tal embrujo… Pero, comenzando desde el principio, fue presentada como «una joya oculta», ante su director y guionista, el cineasta francés Jérome Reybaud, cosecha del 70. Ténganlo en cuenta, porque la impresión sobre ella de quien esto suscribe es personal e intransferible.

La historia remite al encuentro casual entre dos mujeres, que no se habían visto desde hacía décadas, ex compañeras de instituto. Una, enfermera con un hijo, lleva una vida muy convencional pero comprometida, a nivel caritativo, con diversas causas.

La otra, fuera del sistema, sin trabajo, ni subsidio, ni servicios públicos y sin más hogar que su viejo coche, trapichea con la suya a través de la ayuda de amistades, singularmente de un hombre enamorado de ella. Le apasiona la música y no tiene interés en cambiar, ni en ser ayudada.

Así que la primera se integra, de alguna manera, en el microcosmos de la segunda, hasta que toma conciencia de que se aprovecha de ella y de las circunstancias y corta toda comunicación. Pero cuando la segunda va a buscarla, todo se precipita de una forma tan inesperada como feroz…

Producción francesa, fechada en el año en curso, de 70 minutos de metraje. Lo mejor que tiene es su duración. Su factura cumple, con la fotografía de Nicolas Contant y con las excelentes interpretaciones de las dos actrices, Fabienne Babe y Anne-Lise Heimburger, así como del resto del reparto.

Quien esto firma, no conectó de ninguna manera, ni con el relato, ni con el tratamiento del realizador. Ni de fondo, ni de forma. La encontró gratuita, impostada, con una escritura muy deficiente y bastante misógina.

No es eso, no es eso. La pelota, en sus tejados.

SEFF 2025, Sección Rampa. ‘Comeback’: Viaje a Ibiza

El SEFF de Sevilla define a la Sección Rampa como «dedicada al talento emergente del cine europeo. Con esta selección, en la que habitan óperas primas y segundas obras, Rampa se consolida como laboratorio de cine futuro y de presente para descubrir a los creadores que están renovando el lenguaje del cine contemporáneo»

Creadores y creadoras, claro. Por cierto, que hay igualdad de miradas masculinas y de mujer aquí. Ocho de cada, de un total de 16 películas. La que nos ocupa, una ópera prima, está codirigida por dos hermanos belgas, Jan y Raf Roosens, guionistas, productores y directores de una serie de cortometrajes muy premiados.

La historia sigue a una niña de 14 años, hija de padres separados, que vive con su progenitor ya que la madre, dj y cantautora, se ha ido a Ibiza porque le han salido actuaciones allí. «Te fuiste para unas semanas y llevas cuatro meses», le espeta el padre, que también era dj y que lo dejó para trabajar de chef, seguir sobrio y conectar con su salud física y mental.

La chica encuentra la estabilidad, sin menoscabo de su autonomía, en la convivencia y el afecto paternos, pero añora y admira el magnetismo y el talento de su madre , descrita como escurridiza e inalcanzable. Con estos mimbres, se nos muestra una clara inversión de los estereotipos de género, ya que el cuidador presente – que, como se ha escrito, tiene su empleo – es la figura masculina y la ausente, quien prioriza su vocación y su carrera, es la femenina.

Todo ello dentro de la escena techno, cuyas percusiones y puesta en escena fascinan a la preadolescente quien, a su vez, experimenta con su propio teclado, ya que ha heredado los genes musicales familiares aunque de carácter sea más próxima a su padre. «Tienes lo mejor de los dos y eso está muy bien», le comenta su madre.

Tanto que acude a un concierto de su progenitora quien, evasiva como es, no contesta a sus mensajes, ni a sus llamadas. Tanto que vive algunas noches y conciertos desenfrenados, sin caer en determinadas tentaciones o apenas probándolas, con ella y con una compañera de música algo mayor por cuyas personalidad y entorno se siente muy atraída.

Tanto que le hace prometer que la llevará a Ibiza con ella, pese a las advertencias paternas. Porque, nobleza obliga, los realizadores no caen en la tentación de condenar a una progenitora de salud mental frágil, pero llena de creatividad, fuerza y energía, que se confiesa inútil para una existencia reglada por las normas y los compromisos, aunque adore a la chica.

Ésta, que también la comprende, no puede evitar enfadarse con ella e insiste en acompañarla a Ibiza a todo riesgo, hasta que el progenitor le descubra una verdad incómoda y… no se harán spoilers. Pese a los conflictos, y este es uno de los muchos valores de este relato fílmico, la familia se respeta, acepta las diferencias de las personalidades, con todas sus consecuencias, y se quiere.

Producción belga, fechada el año pasado, de 90 minutos de metraje. Bellamente fotografiada por Sanden Vandenbroucke y con una electrizante banda sonora de Jeroen De Pessemier. Destacar en su reparto a la cantante y actriz, inolvidable y premiada protagonista de ‘Alabama Monroe’, Veerle Baetens y al descubrimiento de Billie Vlegels, ambas con una enorme y magnética química, y que es su hija también en la vida real.

Una película lúcida, sabia, compleja, estimulante y muy madura para ser un debut cinematográfico, que no deberían perderse. Sus realizadores son, desde ya, dos cineastas a seguir.

SEFF 2025, Sección Oficial. «Dossier 137»: Matonismo e impunidad

La gran sala del Cervantes, llena a reventar, estalló en aplausos esta noche cuando aparecieron los créditos finales de esta película. No era para menos… Todos las aclamaciones le son debidas a este thriller y drama policíaco, que funciona con la precisión de un mecanismo de relojería, sin desdeñar la intensidad emocional.

El 8 de diciembre del 2018 arranca la historia cuando París arde en cólera, con tumultuosas y multitudinarias manifestaciones convocadas por los llamados chalecos amarillos, en defensa de lo público.

A una de ellas se suma un grupo familiar de provincias, que nunca han sido activistas, pero que se han movilizado en favor de sus derechos fundamentales tan amenazados y conculcados en sus precarias condiciones de vida.

Y miren por donde cuando el hijo menor y un amigo pensaban reunirse con los demás, de quienes se habían despistado, cinco policías de paisanos armados les interceptan y dos de ellos incrustan al primero una bala en el cerebro y luego, cuando ya está tendido en el suelo, otro le patea.

Comienza entonces una investigación de la Unidad de Asuntos Internos, de la que una mujer es responsable, aunque tenga a otras dos como jefas. Ella, una magnífica Léa Drucker, inicia una búsqueda exhaustiva para aclarar los hechos y hacer justicia, más aún cuando se entera de que la víctima – 20 años, 60 días en el hospital, con un traumatismo craneal gravísimo, que le ha dejado secuelas incapacitantes de por vida – es oriunda de su pueblo natal y que su madre ha trabajado para la suya.

Una investigación sólida y rigurosa la de ella y su equipo, que no da puntada sin hilo. Que pide documentos, partes de lesiones, que recorre todos los trámites burocráticos ad hoc, que llama, que solicita, que visiona cámaras, que se entrevista con la familia e incluso con el amigo que ha sido detenido quienes le corroboran la gratuidad y desproporcionalidad de la terrible agresión que pudo cobrarse una vida.

También interroga a los sospechosos, que niegan los hechos, excepto cuando les enseña un video, que consigue de una forma poco ortodoxa que no se revelará aquí, en el que les muestra perpetrando el matonismo policial. Y entonces les detiene.

Todo ello ante la hostilidad de sus compañer@s, de sus superiores, de su ex e incluso de la madre de la víctima, que desconfía que se le pueda hacer justicia. Mostrando al tiempo su lado más personal rescatando a un pequeño y precioso gato blanco, al que llama Yogur, atrapado en su aparcamiento y adoptándole y como madre de un chico al que le avergüenza que sus progenitores sean policías y miente sobre sus profesiones.

Revelando su integridad y compromiso con la justicia, hasta el límite de sus fuerzas, a toda costa y pagando un precio muy alto, porque todo un sistema apoya y alienta la impunidad del matonismo y la brutalidad policiales.

¡¡¡Y cómo lo filma, y cómo lo cuenta, y cómo lo retrata el guionista y cineasta franco-alemán Dominik Moll, cosecha del 62, con todo su talento, su solvencia, su solidez, su rigurosidad, su fuerza, su ética, sus principios, su compromiso con lo narrado, basado en una historia real, y su ritmo!!!

Producción francesa, fechada en el año en curso, de 115 minutos de tenso e intenso metraje. Muy bien fotografiada por Patrick Ghiringhelli y con una excelente banda sonora de Olivier Marguerit. Ya hemos destacado, entre un reparto en estado de gracia que sería muy largo enumerar, a su protagonista, qué hermoso personaje el suyo, Léa Drucker.

Hagan justicia y NO SE LA PIERDAN.

SEFF 2025, Sección Oficial, «We believe you»: La palabra de las víctimas

La palabra de las víctimas de abuso, de las que se atreven a denunciar, no es fácilmente respaldada en sede judicial. La palabra de estas víctimas en sede judicial es bastante cuestionada por ser un horrendo delito sin testigos, a cuyos verdugos deben enfrentarse.

La palabra de las víctimas de abuso siendo menores, más aún que si son mujeres, necesita ser probada en las instituciones, que deberían protegerles,… porque a menudo se las tilda de «fantasías o cosas de niñ@s», cuando no directamente de mentiras, porque las de los adultos, mayoritariamente masculinos, gozan de más credibilidad.

Este notable debut cinematográfico, escrito y dirigido por un hombre y una mujer – o lo que es lo mismo, por Arnaud Dufeys y Charlotte Devillers, guionistas y cineastas belgas – ganó el Premio a la Mejor Ópera Prima en Berlín, con todo merecimiento.

Y lo ganó porque incide con austeridad en la puesta en escena y un rigor casi documental, al tiempo que transmite la angustia insoportable y el dolor indecible de una madre, de su hija adolescente y de su hijo de diez años, que deben enfrentarse de nuevo a las preguntas de una jueza de familia, pese a que ya haya una investigación penal en curso.

Pródiga en primeros planos, que reflejan la intensa ansiedad de los tres, arranca con la progenitora corriendo ansiosa, debiendo tirar literalmente de su hijo, hacia el despacho de la magistrada en el que están el padre y abusador del niño, al tiempo que un tirano con su hija, al que le habían prometido que no verían…, las abogadas de las partes y el representante legal de los menores.

Su Señoría, que es retratada con objetividad, procede a los interrogatorios y, puesto que la chica y el chico ya han sido escuchados anteriormente les hace salir a una sala de espera anexa para oir los testimonios de las profesionales, del ex marido y padre y de la madre.

Es entonces cuando se revela, sin ningún tipo de subrayado, el cinismo del culpable – «yo no soy un monstruo, sólo pretendo proteger a mis hijos» – que acusa a su ex mujer de dejarlos solos, de manipularles contra él, de impedir que los vea e incluso de desantenderlos por estar enferma…

Todo ello ante el sufrimiento y la impotencia contenida de la protagonista quien, en su turno de palabra, narra todo su proceso conyugal y maternal. De su soledad, de su aislamiento con dos niños, del cambio en las calificaciones de su hija, excelente estudiante, y de la encofresis, o incontinencia fecal, sobrevenida a su hijo de 10 años, sin amistades y sin contactos por esta circunstancia, ante las agresiones paternas.

Las miradas de la directora y del director muestran el daño sin filtros de una mujer, y a través de ella el de sus hija e hijo, que es capaz de expresarse con total sinceridad, de desgarrar y hacer sentir su desolación y su desengaño, ante las reiteradas comparecencias de ella y sus hija e hijo – «nadie nos cree» dice el pequeño a la jueza – que deben manifestarse una y otra vez, sin contradicciones e incoherencias, sobre el esposo y padre.

Por no hablar del representante legal de los niños que, pese a haberles escuchado reiteradamente, pretende una reconciliación con la figura paterna, por llamarle de alguna manera. Y… no se harán spoilers ni sobre las declaraciones de las abogadas, ni sobre la conclusión.

Producción belga, fechada en el año en curso, de 78 minutos de desasosegante y absorbente metraje. Su excelente fotografía se debe a Pépin Struye y su inquietante banda sonora, que subraya la tensión de lo contado, a Lolita Del Pino. Destacar, entre un impecable reparto, a una estremecedora Myriem Akeddiou.

Una película valiente, imprescindible, dolorosa y necesaria, que nadie debería perderse y que, por cierto y pese a formar parte de la Sección Oficial, se ha visto relegada a dos proyecciones que no son las destinadas a las personas acreditadas y abonadas, como hubiese sido de recibo.

VÉANLA.

SEFF 2025, Sección Oficial. «Los colores del tiempo»: Entre pasado y presente

Resulta reconfortante ver una película como esta, elegante, sutil, divertida, llena de imaginación y habitada por el encanto, a primera hora de la mañana cuando la ciudad del domingo no ha abierto aún los ojos del todo.

Resulta reconfortante disfrutar de una trama sólo aparentemente ligera, pero de facto muy compleja. Resulta reconfortante ir de sorpresa en sorpresa, entre los fantasmas del pasado y los desafíos del presente.

Resulta reconfortante contemplar la belleza de París y la hermosura imponente de la región de Normandía, dos escenarios donde se desarrolla la acción, en dos siglos diferentes en los que transcurren historias paralelas.

Resulta reconfortante contemplar el sprit de finesse francés en un relato fílmico tan sutil como irónico, tan divertido como sentimental, sobre descendientes que heredan una casa deshabitada y llena de recuerdos, cuyo terreno codicia una multinacional y sólo cuatro, tres hombres y una mujer, son quienes se internarán en ella para descubrirla, descubrirse y descubrir sus raíces, con un pícaro guiño a un pintor inmortal.

Sí, resulta reconfortante y placentera la visión de esta película gozosa y juguetona, que nunca insulta la inteligencia. Una producción franco-belga, fechada en el año en curso, de 124 minutos de metraje. La escribe, junto a Santiago Amigorena, y la dirige el conocido actor, guionista, productor y cineasta francés Cédric Kaplisch y su hermosa fotografía la firma Alexis Klavyrchine.

Deberían verla.

SEFF 2025, Sección Oficial. ‘All that’s left of you’: Patria

Tienen que ver sin falta esta película, coproducción entre Palestina, Alemania, Chipre, Jordania, Catar y Arabia Saudí, fechada en el año en curso, de 145 minutos de absorbente metraje. Tienen que saber que la escribe, la filma y la interpreta una mujer, la guionista de televisión y cine, actriz, productora y realizadora palestino-estadounidense, de la cosecha del 76, Cherien Dabis.

Tienen que saber que estamos ante un relato fílmico, basado en hechos reales, que apuesta decididamente por la reconciliación, pese a ser profundamente palestina. Tienen que saber que esta historia, que narra 70 años de una familia y de un país progresiva y violentamente sometido y arrebatado a sus legítimos habitantes, a raiz de un trágico acontecimiento, no es justiciera al uso, pero muestra todo el horror de la población civil desarmada e indefensa.

Tienen que saber que aunque los tres protagonistas de las tres generaciones, de cuyas circunstancias y diferentes reacciones ante los ataques se da cuenta, sean hombres, es una mujer que no está velada – a la que encarna muy bien la propia directora – quien les da voz en el presente, haciendo memoria personal e histórica.

Tienen que comprender, aunque no se harán spoilers, con quien y por qué habla la esposa, madre y ciudadana. Tienen que sentir los gritos y los llantos de niñ@s inocentes ante los bombardeos indiscriminados y atroces.

Tienen que presenciar como una muerte salva muchas vidas y una de ellas totalmente inesperada e incómoda. Tienen que experimentar las diversas reacciones, todas legítimas y comprensibles, ante una brutal ocupación y el abandono de que han sido objeto sus habitantes, que optan por un exilio forzoso e incierto.

Tienen que valorar este relato fílmico intenso, sensible, conmovedor y durísimo, incluso aunque discrepen de su enfoque. Tienen que vivir cómo una pareja vuelve a una patria soñada y añorada, que ya no es la suya y a la casa de sus orígenes. Tienen que saber que su factura es impecable, que sabe transmitir toda la dignidad, el amor y la rabia de un pueblo herido a través de sus hermosas fotografía y banda sonora, que firman respectivamente Christopher Aoun y Amin Bouhafa.

Se reitera, TIENEN QUE VERLA.

SEFF 2025, Sección Oficial. ‘La vida fuera’: El arte de la alegría

La poeta, partisana, narradora y actriz feminista italiana Goliarda Sapienza (1924-1996) tuvo una vida tan rica en experiencias, compromiso y militancia, como tumultuosa. Su existencia, porque su talento nunca fue reconocido más que póstumamente, fue tan paupérrima que se vio obligada a robar para subsistir. Fue por ello por lo que dio varias veces con sus huesos en la cárcel, lo que no le impidió tampoco, antes de esta tesitura, alternar con los más prestigiosos intelectuales y creadores-as de su tiempo.

Amó a hombres y a mujeres, se casó dos veces, tuvo varios intentos de suicidio y consideró haber sido tratada y acogida mucho mejor en prisión que en su ambiente social citado. Esta película recoge, o lo intenta, ese fragmento de su biografía centrada en su tiempo en prisión, sus relaciones especialmente con las internas, sus amigas, y su trabajo como escritora – sobre todo de su obra magna ‘El arte de la alegría’, rechazada sistemáticamente por las editoriales y luego aclamada años después de su muerte, que la consagró como una de las grandes autoras de su país – del que apenas si se dan algunas pinceladas.

Este material de partida tan apasionante, como peligroso en según qué manos, es lastimosamente desaprovechado por el guionista, director teatral y cineasta Mario Martone, cosecha del 59, que, a no dudarlo, tiene mucho mejores títulos en su filmografía que le han hecho acreedor de reconocimientos tales como el León de Plata, Gran Premio del Jurado, en Venecia y dos David de Donatello, además de la Orden al Mérito de la República Italiana.

Porque, en opinión de esta firmante, el realizador no consigue mostrar la complejidad, el talento y la fuerza vital de su protagonista y de las mujeres que la acompañaron en su vida dentro. Algunas veces, pocas, sí acierta a retratar la solidaridad, el afecto, la complicidad, el deseo, el amor, la irresistible energía y la sororidad entre ellas, pero tales fogonazos se difuminan en un relato fílmico disperso, reiterativo, superficial y lleno de tiempos muertos, golpes de efecto y pretenciosos diálogos – dentro de un más que deficiente guion, que firma él mismo junto a Ippolita di Majo – que más que aclarar, oscurecen.

Sus solventes fotografía y banda sonora están a cargo, respectivamente, de Paolo Carnera y Valerio Vigliar. El reparto transmite credibilidad y fuerza, especialmente en los casos de Valeria Golino y muy especialmente de Matilde de Angelis, muy superiores a sus personajes.

La propia escritora aparece al final de los títulos de crédito. Una pena que ‘La vida fuera’ no haya estado a su altura.

Escrito queda.