El SEFF de Sevilla define a la Sección Rampa como «dedicada al talento emergente del cine europeo. Con esta selección, en la que habitan óperas primas y segundas obras, Rampa se consolida como laboratorio de cine futuro y de presente para descubrir a los creadores que están renovando el lenguaje del cine contemporáneo»
Creadores y creadoras, claro. Por cierto, que hay igualdad de miradas masculinas y de mujer aquí. Ocho de cada, de un total de 16 películas. La que nos ocupa, una ópera prima, está codirigida por dos hermanos belgas, Jan y Raf Roosens, guionistas, productores y directores de una serie de cortometrajes muy premiados.
La historia sigue a una niña de 14 años, hija de padres separados, que vive con su progenitor ya que la madre, dj y cantautora, se ha ido a Ibiza porque le han salido actuaciones allí. «Te fuiste para unas semanas y llevas cuatro meses», le espeta el padre, que también era dj y que lo dejó para trabajar de chef, seguir sobrio y conectar con su salud física y mental.
La chica encuentra la estabilidad, sin menoscabo de su autonomía, en la convivencia y el afecto paternos, pero añora y admira el magnetismo y el talento de su madre , descrita como escurridiza e inalcanzable. Con estos mimbres, se nos muestra una clara inversión de los estereotipos de género, ya que el cuidador presente – que, como se ha escrito, tiene su empleo – es la figura masculina y la ausente, quien prioriza su vocación y su carrera, es la femenina.
Todo ello dentro de la escena techno, cuyas percusiones y puesta en escena fascinan a la preadolescente quien, a su vez, experimenta con su propio teclado, ya que ha heredado los genes musicales familiares aunque de carácter sea más próxima a su padre. «Tienes lo mejor de los dos y eso está muy bien», le comenta su madre.
Tanto que acude a un concierto de su progenitora quien, evasiva como es, no contesta a sus mensajes, ni a sus llamadas. Tanto que vive algunas noches y conciertos desenfrenados, sin caer en determinadas tentaciones o apenas probándolas, con ella y con una compañera de música algo mayor por cuyas personalidad y entorno se siente muy atraída.
Tanto que le hace prometer que la llevará a Ibiza con ella, pese a las advertencias paternas. Porque, nobleza obliga, los realizadores no caen en la tentación de condenar a una progenitora de salud mental frágil, pero llena de creatividad, fuerza y energía, que se confiesa inútil para una existencia reglada por las normas y los compromisos, aunque adore a la chica.
Ésta, que también la comprende, no puede evitar enfadarse con ella e insiste en acompañarla a Ibiza a todo riesgo, hasta que el progenitor le descubra una verdad incómoda y… no se harán spoilers. Pese a los conflictos, y este es uno de los muchos valores de este relato fílmico, la familia se respeta, acepta las diferencias de las personalidades, con todas sus consecuencias, y se quiere.
Producción belga, fechada el año pasado, de 90 minutos de metraje. Bellamente fotografiada por Sanden Vandenbroucke y con una electrizante banda sonora de Jeroen De Pessemier. Destacar en su reparto a la cantante y actriz, inolvidable y premiada protagonista de ‘Alabama Monroe’, Veerle Baetens y al descubrimiento de Billie Vlegels, ambas con una enorme y magnética química, y que es su hija también en la vida real.
Una película lúcida, sabia, compleja, estimulante y muy madura para ser un debut cinematográfico, que no deberían perderse. Sus realizadores son, desde ya, dos cineastas a seguir.