Archivo diario: noviembre 9, 2010

Festival de Cine Europeo : Puntos de vista V

De qualité y de horror. Así podría describirse la sesión doble que nos ha deparado el Concurso en esta jornada laboriosa. Con el primer calificativo, describimos a la germano-austriaca-estonia ‘The Poll diaries’, de Chris Kraus y con el segundo, a la española ‘Naufragio’, de Pedro Aguilera.

Basada en la historia real de la estancia en la casa familiar de Estonia, en Poll, como su título indica, de una escritora alemana antes del estallido de la Primera Guerra Mundial. Entonces, Oda Schaefer, que así se llamaba, era una chica de catorce años que acababa de perder a su madre y se reunía allí con la nueva familia de su padre, un médico de prestigio caído en desgracia. De la densidad de lo ocurrido en el lugar y en ese periodo, dió fe la autora en sus diarios y da cuenta la película. Adulterios, secretos inconfesables, actividades oscuras y delictivas, crueldad, represión política, primeros amores adolescentes en el seno de una clase privilegiada y un pater familias con un lado muy oscuro.

El realizador decide abarcar todo este complejo entramado argumental, con todas estas historias y protagonistas, atendiendo mucho más a la complacencia estética de qualité que al guión y al tratamiento y desarrollo de tramas y personajes. El resultado es una cinta efectista, dispersa, sin alma ni emociones, ni autenticidad alguna. Destila banalidad disfrazada de trascendencia y todas las pretensiones. El reparto se ve afectado por lo esquemático de sus perfiles y, salvo la joven aludida, deja mucho que desear.

El naufragio de Pedro Aguilera es estrepitoso y de verguenza ajena. Incomprensible de todo punto la inclusión de bodrio semejante en un Festival. Y, además, compartiendo como el filme anterior, la Sección Oficial con la de Arte. ¡Arte¡. Por favor, seriedad. La cosa va sobre un inmigrante, llamado Robinson por más señas, escupido por el mar, como tantos otros, pero que se desplaza al norte de nuestro país con una Misión que cumplir. Para qué seguir… Guión inexistente y risible, puesta en escena zafia, actores patéticos, clichés de trazo grueso, diálogos burdos, personajes de cartón piedra. Lo dicho, impresentable.

Festival de Cine Europeo: Puntos de vista IV

En esta cuarta crónica del Festival toca reseñar, por fin, una alegría. Acompañada de otro disgusto eso, sí. La primera se refiere a la cinta iraquí – a todos los efectos y con todas las consecuencias, concursando en la Sección Oficial de un Certamen dedicado al Cine Europeo – pero financiada con capital procedente de Francia, Gran Bretaña y Holanda, además de algunos países árabes. Su título, ‘Son of Babylon’ y su director, Mohamed Al-Daradji.

Precedida de numerosos premios, la película describe el largo e intenso viaje de una anciana y su nieto – ambos de nacionalidad kurda, luego doblemente oprimidos – en busca de su hijo y padre respectivamente, desaparecido doce años antes cuando fue obligado a alistarse en contra de su voluntad y vocación. Transcurre en el año 2003, meses después de la caída de Sadam y nos va mostrando, a través de los ojos de estas dos personas, tan desposeídas como inquebrantables, la desolación de un hermoso país destruído por la guerra.

El realizador no necesita de subrayados ni efectismos. Sólo una puesta en escena sabia e invisible, un tempo y un ritmo adecuados a esas duras y larguísimas jornadas en unas condiciones indescriptiblemente penosas. La mirada de su cámara se asoma al infierno, sin desdeñar el humor, la ternura, los encuentros, la verdadera emoción y la dignidad de esta gente desheredada en busca de lo que quede de sus seres queridos, ya sea en las cárceles o en las fosas comunes. Una extraordinaria crónica tan poderosa como conmovedora, tan inteligente como sensible, contra la devastación bélica.

La otra cara de la moneda corrió a cargo de la húngara-germano-austriaca, ‘Tender son – The Frankestein Project’ de Kornél Mundruczó, en la que describe la conversión de un joven en un monstruo por sus oscuras circunstacias de filiación. Ampulosa, vacía, pretenciosa, ilógica e inverosímil revisitación contemporánea del mito de Mary Shelley por un realizador con ínfulas genialoides que desdeña la historia, los personajes, el mismo armazón del relato y, desde luego, al espectador.