Archivo diario: noviembre 11, 2010

Festival de Cine Europeo : Puntos de vista VII

La penúltima jornada del Festival nos ha ofrecido dos películas relacionadas con la búsqueda de raíces familiares y musicales. Son, respectivamente la holandesa ‘Joy’, de Mijke de Jong y la española ‘Flamenco, flamenco’, de Carlos Saura.

La realizadora ganó hace dos años el Giraldillo de Plata con ‘Katja´s sister’ . En ‘Joy’ vuelve de nuevo a indagar en la temática de las carencias afectivas en infancias desestructuradas. Por cierto, una línea argumental común en varias de las cintas vistas en el Certamen ha sido la de hij@s en busca de sus padres o madres. En este caso, la protagonista, que fué abandonada siendo un bebé, y residente en varios orfanatos, consigue la dirección de la que cree que es su progenitora, pero las cosas no serán como parecen…

Hasta aquí algo parecido a una sinopsis de una cinta que se centra fundamentalmente en el vagabundaje literal y afectivo de una joven tan profundamente necesitada de cariño, como desprovista de los recursos para conseguirlo. Tiene un buen comienzo y cierta fuerza narrativa, pero carece de consistencia y de un buen guión que ayude a situar entornos, personajes, causas y efectos. Lo fía todo al efectismo pseudotransgresor de unas imágenes vacías de significados, aunque presuman de lo contrario.

Saura ha filmado con este ‘Flamenco, flamenco’ el más flojo de sus musicales dedicados a este arte. Con una buena producción y calidad en la puesta en escena y coreografías, y con el fundamental concurso de Storaro en las imágenes, su creatividad parece agotada .Ni siquiera el talento indiscutible, el duende y la garra del elenco, le redimen de un tufillo rancio y manierista. De una forma de mirar y de hacer previsible y rutinaria, pese a las fuerzas de la naturaleza en el baile, en el toque y en el cante de casi toda la gente paya y gitana con la que ha contado.

Festival de Cine Europeo : Puntos de vista VI

El Concurso nos ha deparado en este día más de lo mismo en un caso y la mejor de las películas vistas hasta ahora, en el otro. Son, respectivamente, la griega ‘Black fields’, de Vardos Marinakis y la danesa ‘En un mundo mejor’, de Susanne Bier.

La primera transcurre en el año 1654 en el país heleno, entonces bajo dominio del Imperio otomano. A un monasterio en las montañas habitado por monjas, llega un soldado herido y desertor, un jenízaro. El nombre se refería a los jóvenes varones forzados a entrar en el ejército. Las hermanas, aún conscientes del peligro que asumían , deciden acogerlo y curarle, pero encadenado y sin armas. Le dejan al cuidado de dos de las más jóvenes de la comunidad. Esto provocará el estallido de conflictos y pasiones, junto al descubrimiento de un secreto perturbador de consecuencias imprevisibles en el marco de una época bárbara y opresiva.

El argumento es enjundioso y denso. Muy necesitado de un tratamiento o muy austero o muy kamikaze, pero no las medias tintas del quiero y no puedo que le da el realizador. Además, por lo que estamos viendo y comprobando en estos días de cine, el guión ha perdido su importancia…. Parecería que las películas pudieran hacerse sin una sólida escritura. Y no. Por lo menos, este tipo de películas. Personajes reducidos a meros clichés, escenas y secuencias vacías y dispersas sin solución de continuidad. La Historia y las historias van a su aire, sin un mínimo de rigor y coherencia. Tan pronto salimos a la caza del hombre, como estamos en un pseudo lirismo bucólico. Tan pronto de oraciones, como de sueños húmedos… Y así podríamos seguir y seguir, pero no merece la pena.

Susanne Bier ha firmado con ‘ En un mundo mejor’ la mejor cinta vista hasta ahora en el Certamen, junto a la ya reseñada, ‘Son of Babylon’. Pero en este caso, cien por cien europea. Y lo hace con una poderosa combinación de factura clásica e intensidad dramática y narrativa. Lejos del estilo Dogma, formalmente hablando, pero muy cerca en lo temático, en esas historias poderosas y corales de dramas más grandes que la vida, en las que l@s nórdic@s han probado su maestría.

La directora de ‘Después de la boda’ y ‘Hermanos’ retrata aquí a dos parejas rotas por la muerte y la infidelidad respectivamente, cuyos hijos coinciden y se conocen en el mismo colegio. En dicho centro escolar, uno de ellos es víctima de unos cobardes matones que le hacen la vida imposible . El otro se rebelará contra dichos abusos perpetrados contra su nuevo amigo y contra el padre de éste por un adulto agresivo, hasta que la situación se le escape de las manos… Mientras, sus progenitores intentan, sin demasiado éxito, recomponer sus vidas y las relaciones con ellos.

Bier plantea en su historia y de paso al espectador el dilema moral de las diferentes posiciones ante la violencia en nuestras sociedades contemporáneas. O afrontarla respondiendo ojo por ojo, provocando una espiral peligrosa. O eludirla por la vía civilizada, generando indefensión e incluso complicidad en los agravios contra sus víctimas. Compara, asimismo, las agresiones sufridas en sus formas de vida, desde su nacimiento, desde su pobreza extrema y su extrema indefensión ante los tiranos, de la población africana frente a la europea.

Revela a unos personajes masculinos en los que se combinan virilidad y sensibilidad. Dolidos, confusos y no siempre cómodos en sus roles paternos. Las ausencias, irremediable o circunstancial, tan presentes. La niñez atroz, sin ternurismos. La mujer fuerte y consecuente, tan herida. Las complicidades peligrosas. La amistad de dos seres marginados y ofendidos… La vida, la vida y nada más.