Festival de Cine Europeo: Puntos de vista IV

En esta cuarta crónica del Festival toca reseñar, por fin, una alegría. Acompañada de otro disgusto eso, sí. La primera se refiere a la cinta iraquí – a todos los efectos y con todas las consecuencias, concursando en la Sección Oficial de un Certamen dedicado al Cine Europeo – pero financiada con capital procedente de Francia, Gran Bretaña y Holanda, además de algunos países árabes. Su título, ‘Son of Babylon’ y su director, Mohamed Al-Daradji.

Precedida de numerosos premios, la película describe el largo e intenso viaje de una anciana y su nieto – ambos de nacionalidad kurda, luego doblemente oprimidos – en busca de su hijo y padre respectivamente, desaparecido doce años antes cuando fue obligado a alistarse en contra de su voluntad y vocación. Transcurre en el año 2003, meses después de la caída de Sadam y nos va mostrando, a través de los ojos de estas dos personas, tan desposeídas como inquebrantables, la desolación de un hermoso país destruído por la guerra.

El realizador no necesita de subrayados ni efectismos. Sólo una puesta en escena sabia e invisible, un tempo y un ritmo adecuados a esas duras y larguísimas jornadas en unas condiciones indescriptiblemente penosas. La mirada de su cámara se asoma al infierno, sin desdeñar el humor, la ternura, los encuentros, la verdadera emoción y la dignidad de esta gente desheredada en busca de lo que quede de sus seres queridos, ya sea en las cárceles o en las fosas comunes. Una extraordinaria crónica tan poderosa como conmovedora, tan inteligente como sensible, contra la devastación bélica.

La otra cara de la moneda corrió a cargo de la húngara-germano-austriaca, ‘Tender son – The Frankestein Project’ de Kornél Mundruczó, en la que describe la conversión de un joven en un monstruo por sus oscuras circunstacias de filiación. Ampulosa, vacía, pretenciosa, ilógica e inverosímil revisitación contemporánea del mito de Mary Shelley por un realizador con ínfulas genialoides que desdeña la historia, los personajes, el mismo armazón del relato y, desde luego, al espectador.

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