De qualité y de horror. Así podría describirse la sesión doble que nos ha deparado el Concurso en esta jornada laboriosa. Con el primer calificativo, describimos a la germano-austriaca-estonia ‘The Poll diaries’, de Chris Kraus y con el segundo, a la española ‘Naufragio’, de Pedro Aguilera.
Basada en la historia real de la estancia en la casa familiar de Estonia, en Poll, como su título indica, de una escritora alemana antes del estallido de la Primera Guerra Mundial. Entonces, Oda Schaefer, que así se llamaba, era una chica de catorce años que acababa de perder a su madre y se reunía allí con la nueva familia de su padre, un médico de prestigio caído en desgracia. De la densidad de lo ocurrido en el lugar y en ese periodo, dió fe la autora en sus diarios y da cuenta la película. Adulterios, secretos inconfesables, actividades oscuras y delictivas, crueldad, represión política, primeros amores adolescentes en el seno de una clase privilegiada y un pater familias con un lado muy oscuro.
El realizador decide abarcar todo este complejo entramado argumental, con todas estas historias y protagonistas, atendiendo mucho más a la complacencia estética de qualité que al guión y al tratamiento y desarrollo de tramas y personajes. El resultado es una cinta efectista, dispersa, sin alma ni emociones, ni autenticidad alguna. Destila banalidad disfrazada de trascendencia y todas las pretensiones. El reparto se ve afectado por lo esquemático de sus perfiles y, salvo la joven aludida, deja mucho que desear.
El naufragio de Pedro Aguilera es estrepitoso y de verguenza ajena. Incomprensible de todo punto la inclusión de bodrio semejante en un Festival. Y, además, compartiendo como el filme anterior, la Sección Oficial con la de Arte. ¡Arte¡. Por favor, seriedad. La cosa va sobre un inmigrante, llamado Robinson por más señas, escupido por el mar, como tantos otros, pero que se desplaza al norte de nuestro país con una Misión que cumplir. Para qué seguir… Guión inexistente y risible, puesta en escena zafia, actores patéticos, clichés de trazo grueso, diálogos burdos, personajes de cartón piedra. Lo dicho, impresentable.