
Una celebración. El objetivo de la cámara se centra fundamentalmente en el esfuerzo sin tregua de un ama de casa de mediana edad, que trasiega de un lado para otro sirviendo a un amplio grupo de personas, varios chicos jóvenes, una señora mayor, algunos adultos más y un hombre en la cincuentena, que aparenta presidir el evento. La citada mujer se esmera en que todo y todos estén bien servidos y, a tal efecto, no para de efectuar tareas diversas como traer y llevar platos de comida abundante y trabajosamente elaborada, que reparte y distribuye entre los comensales, a veces con un equilibrio bastante precario, entre la cocina y la mesa y viceversa, ya que va fregando al mismo tiempo. Lo mismo se aplica a las bebidas… Se le cae un vaso, nadie se levanta, ni hace ademán de ayudarla, ni en esta tesitura, ni en ninguna otra.
Los planos son próximos, rápidos, casi nunca generales. Escrutan rostros, actitudes, ambiente- también las conversaciones son difusas y partes del ruido ambiental- y, sobre todo, en la expresión de fatiga y hastío, de profundo cansancio, de la anfitriona quien, como culminación, ofrece una sofisticada tarta casera sobre la que enciende unas velas. Ni siquiera entonces toma asiento. De pie, casi sin detenerse, las apaga desganadamente. Es su cumpleaños…
La ciudadana argentina Natalia Smirnoff, con una dilatada experiencia en el universo audiovisual, que incluye haber sido ayudante de dirección de algunos de los más conocidos realizadores de su país, se estrena en el largometraje con esta cinta, de cuyo guión también es autora, llamada ‘Rompecabezas’ cuyo peculiar y prometedor arranque hemos descrito anteriormente. Esta película se ha proyectado y obtenido premios en algunos de los más importantes Certámenes cinematográficos europeos y latinoamericanos.
Raramente nos es dado contemplar en el cine desde un lenguaje, una puesta en escena y un enfoque no convencional, ni mixtificado, ni edulcorado, ni tramposo, ni banalizado, ni melodramático la dureza del trabajo doméstico, su profunda alienación, la normalización con la que se adscribe sobre las espaldas de una mujer, la ingratitud de tal servidumbre en el marco de una familia aparentemente feliz y bien avenida, formada por los padres y dos hijos varones. Dicho grupo familiar, no obstante, revelará sus fisuras y contradicciones cuando la modélica y entregada esposa y madre descubra, de forma casual, su talento para armar puzzles.
Lo que sigue es una aventura inesperada que la introduce en un microcosmos harto singular, en el que conocerá a un hombre- muy diferente a los de su entorno- con el que entrenará y competirá en Campeonatos de la especialidad. Ello la obligará a reajustar sus prioridades y a tomar conciencia de sí misma y de la necesidad de introducir cambios en su vida.
La inteligente ironía y lucidez de la directora no se permite, sin embargo, una conclusión complaciente y acomodaticia. Regala por contra a su protagonista, una magnífica María Onetto al frente de un reparto que no la desmerece en absoluto, y, de paso, al espectador otra vuelta de tuerca tan abierta como sugerente.