‘Midnight in Paris’: Las trampas de la nostalgia

Woody Allen ha concitado el acuerdo de crítica y público con este su último estreno. La prensa especializada norteamericana, no particularmente proclive, como se sabe, al realizador, la ha saludado con frases tales como ‘su película más luminosa en años’ o ‘camino del Oscar‘. Los espectadores la aplauden al final de cada proyección y parece haber un consenso generalizado en cuanto a su calidad e interés. Con excepciones, como podrán comprobar si siguen leyendo…

Trata sobre un guionista, su novia y sus suegros, de viaje en París por motivos laborales. La pareja, además, está próxima a celebrar su boda. Pero la llamada Ciudad de la Luz alterará sus planes y sus rumbos vitales. Especialmente en el caso del protagonista, un desdibujado, falto de carisma , vis cómica y pocas veces eficiente, Owen Wilson, cuyas ensoñaciones sobre un futuro como novelista le conducen, paradójicamente al pasado… A un pasado tan brillante y mítico como el de los años veinte. poblado de artistas y creadores. Nombres propios como los de Scott y Zelda Fitzgerald, Ernest Hemingway, Pablo Picasso, Dalí, Luis Buñuel o Gertrude Stein, con quienes compartirá noches de fiesta y glamour y de quienes recibirá valiosos consejos sobre su primer manuscrito y sobre el oficio de escritor

El planteamiento es imaginativo y no desprovisto de encanto. Resulta sugerente ese viaje a un tiempo soñado en el que, al contrario que en el cuento de Cenicienta, la carroza- bajo la forma de un elegante coche, modelo de la época- conduce al personaje central a una celebración de la expresión artística y de los placeres de la vida, justo al comienzo de la medianoche. De ahí, el título de la cinta. Mientras, de día, sus desencuentros con su novia y los padres de ésta, resultan cada vez más evidentes. También es obvio aquí que la mordacidad marca de la casa no se prodiga en exceso, pese a algunos diálogos aislados y brillantes. Las excursiones turísticas por un París tan hermoso como previsible bajo la guía de una literalmente disecada Carla Bruni. tampoco contribuyen a mejorar la función.

Capítulo aparte merecen las recreaciones de los creadores que enriquecían la ciudad aquellos años dorados. Adrien Brody compone un divertido Dalí y la siempre excelente Kathy Bates aporta a su versión de Gertrude Stein una calidez inesperada. Nada que objetar tampoco a los retratos de los burbujeantes y conflictivos Fitzgerald. Pero… Hemingway es poco más que un macho alfa, Luis Buñuel un cazurro bobalicón- por cierto, en otro contexto y con otros actores el gag a propósito de ‘El ángel exterminador’ hubiera sido irresistible y aquí se diluye en un guiño más..- Y, luego, Belmonte… Sin palabras. Además, su habitual misoginia le puede y maltrata tanto como desaprovecha al personaje de la estupenda Rachel McAdams, lo que empobrece la digamos vertiente diurna del filme. Queriendo rehuirlas con su mirada irónica, no ha podido, no ha sabido soslayar las insidiosas trampas de la nostalgia.

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