‘La voz dormida’: Almas en pena

La recuperación del papel fundamental que jugaron las mujeres en la contienda civil española, en la postguerra y durante el franquismo, parece de justicia. Tanto a nivel de militancia antifascista, como de cooperadoras necesarias de la resistencia de izquierdas, como de prisioneras en las cárceles manteniendo bien altas su dignidad y compromiso político, como ante los pelotones de ejecución, como de ciudadanas de ínfima categoría en un país oscuro, misógino, machista y atroz… La Historia, la Memoria Histórica y las pequeñas y grandes historias de las mujeres están aún por contar.

Benito Zambrano (Lebrija, Sevilla, 1965) demostró en ‘Solas’ que sabe narrar y filmar a personajes femeninos singulares en situaciones límites con respeto, lucidez, sensibilidad y emoción. Con talento, en definitiva. Por ello es tanto mayor la decepción por su adaptación al cine de la novela homónima de Dulce Chacón, sobre las desventuras de dos hermanas cordobesas en los años cuarenta. Una, prisionera por su militancia comunista en Madrid y la otra, una joven ingenua y apolítica que, sin embargo, está dispuesta a arriesgarlo todo por ayudar. Sobre sus camaradas,  sobre sus implacables enemigos políticos, sobre sus compañeras de infortunio, sobre los hombres a quienes amaron…

El realizador sevillano que, según sus propias palabras, se sintió profundamente conmovido con el libro y con la autora – quien murió poco después de que le presentara su proyecto de guión, que finalmente acabó coescribiendo él mismo junto a Ignacio del Moral- le aplica al relato un tratamiento teatral, efectista, acartonado y panfletario. Tanto más gratuito cuanto que éste posee  carga emocional e ideológica tan potente que hace innecesario cualquier subrayado y, por el contrario, recomendable la contención.

Lamentablemente, el exceso se erige en seña de identidad convirtiendo a lo que podía haber sido un sólido drama, en un imposible dramón. A lo que podía haber sido una historia emocionante, en lacrimógena. A la justa reivindicación de l@s olvidad@s perdedores-as, en un maniqueísmo caricaturesco en la mayoría de las caracterizaciones de jueces, carceleras, militares, religiosas, curas, de algunas prisioneras y de… A la reconstrucción de un Madrid sórdido y hostil, en decorados de serie B.  A la descripción de la vida carcelaria, en meras composiciones en claroscuros. A los personajes y a la mayoría del reparto,- con las excepciones, y no siempre, de Inma Cuesta y de María León, flamante Mejor Actriz en el Certamen donostiarra- en enfáticos y sobreactuados. A lo que podía haber sido, en resumen, una película notable, conmovedora, necesaria, adulta y combativa, en una esquemática y abrumadora  colección de almas en pena.

6 Respuestas a “‘La voz dormida’: Almas en pena

  1. jA,JA,JA,JA,JA,JA,JA,JA,AJAJAAAAAAAAAA!

  2. Entiendo este afán urgente por rescatar nuestra memoria histórica antes de que llegue el PP y reinstaure la censura, algo que hará creando un nuevo baremo para conceder las subvenciones como hizo en su día la UCD. Sin embargo, tal vez no sea la gran pantalla el espacio apropiado para esta película sino la televisión en la sesión de las cuatro junto a otras telenovelas del género. Deduzco que la musa que guio la mano de B. Zambrano para seleccionar esta novela de Chacón (posiblemente muy buena, no la he leído) resida en alguna estadística sobre los resultados de taquilla de “Trece rosas”. No le culpo puesto que todos los directores tienen que hacer en algún momento alguna película alimenticia, incluso metiendo la copla.
    Para todos los defensores de la película os voy a plantear la pregunta de si no os parece que los malos son demasiado malos malísimos y, además, feos, y los buenos demasiado buenos, buenísimos y, además, guapos. El corolario de esta orquesta satánica lo tenemos en doña Florinda, la guardiacivil almodovariana con peinado punk y pintalabios fosforescente (tengo la sensación de que este guiño a Almodóvar es una señal inequívoca de que el propio B. Zambrano se estaba riendo de la película aunque no lo vaya a reconocer nunca). Empiezo a sospechar que la paliza, la tortura y el fusilamiento de la niña mona están sustituyendo a las escenitas eróticas del tardofranquismo, tal vez por el hecho de que la abundancia de pelis porno en el mercado les esté haciendo perder su sentido.
    Me considero de izquierdas pero también amante del buen cine, y este no se logra presentando, en el caso de los malos, a individuos de cartón piedra y sin el más mínimo relieve psicológico. El perverso tiene que ser alguien lo suficientemente interesante como para encarnar a Satán, un ser complejo, maravilloso y fascinante que ha dado vida de manera magistral a tantísimos personajes de la gran pantalla.
    Entiendo que al decir todo esto me convierto en un individuo antisistema, pero tampoco es negativo que haya alguien que vaya contracorriente siempre que razone sus motivos y haga entender a aquellos que circulan en la supuesta dirección correcta su punto de vista. En más de una ocasión he leído de algún crítico (de izquierdas) el cierto hartazgo que empezaba a padecer el cine español en cuanto a películas sobre la guerra civil y la posguerra. Yo me atrevería a decir que estamos creando un género (posiblemente esto ya esté dicho), dado el ingente número de films que se están haciendo, primero con la llegada de la democracia, inicial intento de rescatar la memoria de los derrotados, y ahora con la memoria de la memoria histórico-historicista. Me parece bien que se hagan películas sobre este periodo, los americanos también seleccionaron una realidad histórica y social de su pasado, el salvaje oeste, para hacer multitud de films inspirados en aquel territorio sin ley. El problema reside en la mayor o menor calidad de las películas. El género, ya sea el western o la guerra civil-posguerra española es un marco que no tiene límites en la medida en que su interior contiene ese mundo perteneciente a las pasiones y a los conflictos humanos, los cuales, dicho sea de paso, son infinitos. Pero para que una de estas películas llegue a alguna parte, habiendo tantas sobre el mismo tema, debe mostrar aspectos de valor universal que trasciendan la eterna cantinela de lo mismo, y esto no se logra con más puños en alto, con más viva la República ni con más guardiaciviles abofeteando a niñas monas.
    Me gustaría poner algún ejemplo para hacer comprender mejor mi razonamiento algebraico. Cuando John Ford hizo “Centauros del desierto”, una película más de indios y vaqueros, dio entrada a la niña, sobrina de John Wayne, secuestrada y criada por los indios, (Natalie Wood), justo en el momento en que le enseña a Wayne las cabelleras de su propia familia, por orden del jefe de la tribu y, ahora, marido indio de la joven. Para colmo de males, cuando quieren llevársela ella no desea volver puesto que considera que esos salvajes indios son su gente. Wayne sacó la pistola para matarla y lo hubiese hecho de no ponerse delante el otro sobrino, por cierto, de origen indio. Dudo que J. Ford no fuese consciente del mensaje que estaba dando, según el cual, el enemigo, el del otro bando, suele ser un ente mucho más complejo de lo que el odio visceral, en este caso de Wayne, nos indicaba. Sí, ciertamente, la niña acabó volviendo con su tío carnal y el indio muriendo vilmente, como se merecía. Pero lo fácil hubiese sido que, en el rescate de la niña, esta tratase de escabullirse de su secuestrador indio y corriese alocadamente a refugiarse en los brazos de su rescatador y salvador gringo. Pero no fue así, y por eso esta película es una obra maestra. Cuando Wayne finalmente la coge en sus brazos es tras perseguirla a caballo mientras N. Wood huye a todo correr pensando que la va a matar.
    Y puestos a dar soluciones fáciles y simplonas en un equivalente sobre la posguerra española qué mejor que fusilar a la niña mona gritando viva la República, y, si además, le podemos dar la nota sensiblera de convertirla en recién parturienta con un bebé arrancado de sus brazos, mejor que mejor. Y soy consciente al decir esto de que en la realidad de aquel momento esto sucedía, al igual que los fusilamientos y otras mil atrocidades más (la realidad siempre supera a la ficción).
    Miguel Ángel, el artista del Renacimiento que todos conocemos decía que toda escultura de mármol estaba ya contenida en el bloque bruto original y que el escultor tan solo tenía que sacarla, quitando lo sobrante. A mí no me cabe duda de que en este género de la guerra civil y posguerra española hay escondidos recursos y temáticas capaces de dar origen a verdaderas obras maestras, pero, de momento, parece que nadie ha sabido dar con estas perlas ocultas. Posiblemente la solución se encamine por buscar dentro del género complejidades más sutiles que vayan más allá del archiconocido enfrentamiento entre buenos y malos acartonados.
    Hubo una película sobre la posguerra española que sí encontró una perla. En ella los malvados guardias civiles aparecían poco, solo se escuchó un disparo en off, y la protagonista era una niña de unos cinco años que correteaba por los atemporales campos de Castilla para dar de comer con enorme ilusión al monstruo escapado de un pozo. Esta niña había visto la película de Frankenstein (el monstruo de ) y no dudaba lo más mínimo de su existencia. Un día, al volver para llevarle comida una vez más, tan solo se encontró con unas manchas de sangre. Permaneció varios días sin poder hablar…
    Un saludo. Galo.

  3. Aclaro. Hay películas del género que sí me han gustado (“Las trece rosas” me pareció aceptable, ¡Ay Carmela! de Saura me pareció buena, aunque ambas siguen manteniendo visiones algo simplistas y maniqueas. Entiendo la necesidad de rescatar la memoria del pasado y yo soy el primero en detestar a estos dinosaurios franquistas que aún perviven (Luis Suarez, Aznar (también), etc) y sus retoños. Pero tal vez debiéramos dejar al cine al margen del enfrentamiento político puesto que eso condiciona la calidad de sus películas, atándolo de pies y manos.
    Un saludo, Galo.

  4. Gracias de nuevo, Galo, por tu amable generosidad e interés por el blog y por tus documentados y estimulantes análisis a los que poco más hay que añadir. Disculpa mi tardanza en aprobarlos, en editarlos y en responderte, pero he estado ocho días con el ordenador fuera de juego. Un saludo.

  5. Estoy completamente de acuerdo con tu crítica, Carmen. Un beso.

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