‘El ser querido’: El cine y la vida

Hay películas, hay relatos fílmicos, hay historias, que piden a gritos ser contadas, que reclaman ser escritas, que exigen ser debatidas y comentadas, independientemente de la impresión – intensa y honda, en cualquier caso – que provoque su contemplación. Hay películas, hay relatos fílmicos, hay historias, que te involucran, te zarandean, te conmocionan y te arrancan de tu zona de confort.

Hay películas, hay relatos fílmicos, hay historias, que se llevan a casa incluso no queriendo hacerlo, que cobran una nueva e inesperada existencia cuando se abandona la sala, que obligan a pensarlas y a repensarlas, que conminan a estructurarlas, a ordenarlas y a elaborarlas, que instan a volver a verlas. Esta es una de ellas.

Miren, esta firmante salió de su proyección profundamente desconcertada y tocada. Entre otras cosas, por las impresiones contradictorias que le habían hecho sentir tanto su guion, como su narrativa, como su puesta en escena… Porque esta firmante, de alguna manera, iba preparada para algo parecido a la excelente ‘Valor sentimental’, dadas las concomitacias, en principio, entre el argumento, el contexto y sus protagonistas. Pero nada que ver.

El cine y la vida se entrelazan cuando, en la magnética escena inicial de primeros planos que diseccionan gestos y estados de ánimo, un hombre en la cincuentena y una mujer mucho más joven se encuentran en un café. Él, un cineasta muy reconocido con dos Oscars en su haber, la ha citado para ofrecerle un papel en su nueva película, ambientada en el Sahara de los años 30, ‘Desierto’.

Ella, actriz ocasional en series mediocres, que se gana la vida como camarera y tiene una relación muy estrecha con su madre también intérprete en el pasado, se muestra muy sorprendida por la propuesta, que debe meditar antes de aceptarla, así como por el hecho de que él haya seguido su trayectoria. Ambos no se veían desde hacía trece años y tienen recuerdos muy diferentes, más bien radicalmente opuestos, de su corta convivencia. Son padre e hija. Una filiación que no consta en la biografía oficial del director en internet…

El cine y la vida se entrelazan cuando finalmente ella decide formar parte del rodaje, en el que tiene un papel protagonista. Una filmación complicada, excelentemente descrita, que pone a prueba a todo el equipo y muy especialmente a ambos. Una filmación, y sus descansos, en los que estallan sentimientos y emociones largamente reprimidos, que implicarán también a la familia, esta sí oficial y reconocida, de él.

Un hombre atormentado por los excesos del pasado, que la incluyen muy principalmente, cuya prepotencia dictatorial alcanza al presente y casi dan al traste con el proyecto. Una mujer que se revuelve contra él, contra sus abusos profesionales y contra el abandono del que ha sido objeto, incluso muy a su pesar, activa y pasivamente, cuestionando su memoria y su autocomplacencia tan tiránica como victimista y eludiendo sus ternura y tímidos acercamientos afectivos. Hasta que… y hasta aquí puede leerse.

Todo ello nos es narrado en una puesta en escena arriesgada, con saltos temporales, alternando el blanco y negro con el color, y con las pulsiones desatadas en sus imponentes localizaciones de varias zonas de la isla de Fuerteventura, donde las miradas, las reacciones al límite, los silencios y el fuera de campo son tan, o más, importantes como lo mostrado y dialogado.

Todo ello lo filma – en esta coproducción hispano-francesa, fechada en el año en curso, de 135 minutos de absorbente metraje – el prestigioso y galardonado Rodrigo Sorogoyen – cosecha del 81, entre cuyos créditos están las muy apreciables ‘Stockholm’ (2013), ‘Que Dios nos perdone’ (2016), ‘El reino’ (2018) o ‘Madre’ (2019) – cuyo guion también escribe, junto a su habitual, y excelente, Isabel Peña. Contando con la virtuosa fotografía de Álex de Pablo y la no menos notable banda sonora de Olivier Arson.

Todo ello no sería posible sin las pasmosas e inmensas composiciones de Javier Bardem y Victoria Luengo, asímismo acompañados de Raúl Arévalo o Marina Fois. Por todo ello, esta firmante les invita a verla sin falta y a dejarse zarandear e incomodar por ella, admirando, al tiempo, su valor, el paso adelante, de fondo y de forma, en la filmografía del cineasta y sus incontestables cualidades.

Escrito queda.

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