El mediodía de este sábado de finales de octubre, en el que brillaba un sol glorioso, catorce mujeres, incluídas las organizadoras, nos citamos en la puerta de la Fundación Cajasol para ver la muestra titulada ‘Mientras haya unos ojos que reflejen’, que ha sido calificada «como una propuesta de formato inmersivo visual, sonora y experimental que recorre la obra del poeta sevillano»
O lo que es lo mismo, los cascos eran norma de casi obligado cumplimiento y, por lo tanto, antes de entrar en la sala, nos agrupamos en las escaleras para atender las siempre eruditas y muy cualificadas explicaciones de nuestras guías. Pero, oh sorpresa y primer bofetón de realidad, una de ellas fue requerida por una autoridad competente, a la que habían avisado unos colegas de paisano, para que mostrara, cosa que hizo, la documentación que la calificaba para hacerlo sin intrusismo alguno y advertida de que no podíamos quedarnos allí.
No es la primera vez, aunque no tan oficialmente, que nuestro grupo es recriminado por diversas y peregrinas razones en situaciones y espacios similares. Se ve que más de una decena de mujeres juntas, bien avenidas, dichosas de reencontrarse tras el largo paréntesis estival y ávidas de aprender y disfrutar con sus gafas violetas, resultan sospechosas. En fin… «No es un hecho aislado/ se llama patriarcado»
Una vez dentro, nos esperaban una bonita puesta en escena romántica y poética, como correspondía a la temática, habitada por golondrinas e ilustraciones tan hermosas como desasosegantes sobre un fondo azul oscuro casi negro, e interesantes obras de pintores como Sorolla, Jiménez Aranda, Cabral Bejarano, José Villegas o Valeriano Bécquer y de una sola pintora – ¿dónde están las pintoras andaluzas, dónde las pintoras? – la jerezana María Luisa Puiggener y Sánchez, cuya obra se ha incorporado recientemente al Museo de Bellas Artes de Sevilla, con su desgarrador lienzo ‘Escena de empeño. (La última alhaja)’, fechada en 1904.
Una vez dentro, nos esperaban, junto a los dibujos ya descritos, extractos de las rimas más conocidas del protagonista asociadas a los cuadros expuestos, ya que estaba auspiciada por el Club de los Poetas Andaluces que «nace con vocación de continuidad y con el propósito de reivindicar y acercar a la sociedad el extraordinario legado poético de Andalucía desde una mirada abierta y contemporánea» Encomiable propósito, que esperamos que lo haga también con mujeres poetas como la sevillana Mercedes de Velilla, asimismo ensayista y dramaturga de esta misma época, porque méritos no le faltan.
Y una vez fuera, nadie ni nada nos impidió hacer una ronda, tan intensa y enriquecedora como apasionada y apasionante, de las miradas sobre lo contemplado. Ronda de visiones, de lecturas, de miradas feministas sobre las obras expuestas en las que cada una se expresó con total libertad, haciendo que todas las demás disfrutáramos y aprendiéramos al mismo tiempo.
Miradas coincidentes y respetuosamente discrepantes, miradas llenas de matices, miradas incisivas y penetrantes, miradas lúcidas y creativas, miradas sabias y antipatriarcales, miradas antisexistas, miradas de mujeres promujeres, que se detuvieron muy especialmente en el lienzo citado de María Luisa Puiggener tan desolador y emotivo con esa joven, casi niña, toda de negro, muy probablemente viuda prematura, empeñando «la última alhaja» con su bebé en brazos ante el tasador, comprador o usurero, que para todo hubo interpretaciones. Miradas…
Gracias a Laura y Lola y a todas las compañeras, algunas de ellas que asistían por primera vez, con las que compartimos esta tan atípica como interesante Ruta. Otra más para el recuerdo. GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS.