El miércoles, 1 de octubre, a las 19.30, en La Casa del Libro de Sevilla, sita en la calle Velázquez, tendrá lugar la inauguración de la tercera temporada de la tertulia de cine, ‘La Palabra y la Imagen’.
Debatiremos sobre lo visto durante este verano, que ya se acaba. Con el lujo añadido de contar con dos realizadores de esta ciudad, Laura Alvea y Jose F. Ortuño, responsables de ‘The extraordinary tale’. Ambos, ella y él, él y ella, han sido tan amables de aceptar la invitación de quien esto firma. Y lo han hecho sabiendo que no iba a hablarse en exclusiva de su más que notable y singular película, cuya crítica pueden leer en estas mismas páginas, sino que repasaríamos los estrenos más interesantes de este periodo de tiempo.
Así que quien esto firma invita a tod@s a corresponder a esta generosidad y gentileza, acompañándoles en esta sesión. Os esperamos. Promete y mucho.
P.S. Os recordamos el tráiler y nuestra crítica de ‘The extraordinary tale»
La oferta de títulos de la cartelera, que se renueva hoy, es variada y abundante. Destacamos, como es habitual, los más interesantes y-o que se proyectan en versión original, no sólo en las clásicas y queridas salas del Avenida, sino también, hay que celebrarlo, a determinadas horas y algunos de ellos, en las del Nervión. Son cuatro. Una comedia, un documental, un drama autobiográfico y un musical. Lo escrito, géneros al poder…
La comedia es la canadiense, ‘La gran seducción’, de Don Mckellar. Trata sobre un pueblo que tiene la posibilidad de que una fábrica sea instalada allí, creando empleos muy necesarios, pero con la condición de que haya un médico residente. De ahí, el título pues intentan seducir al joven doctor eventual para que se quede. La preceden buenas referencias y habrá que verla.
El documental es el italiano ‘Sacro Gra’, de Gianfranco Rosi. León de Oro en Venecia y Giraldillo de Plata en el Festival de Cine Europeo de Sevilla el pasado año. Sobre las gentes que habitan en el anillo de circunvalación que rodea Roma. Hay que verla, desde luego. La crítica la tienen en estas mismas páginas.
El drama autobiográfico es el francés ‘Yves Saint Laurent’, de Jalil Lespert. Sobre determinados episodios de la vida del famoso diseñador. Reseñas irregulares. No hay que confundirla, sin embargo, con la no autorizada por sus herederos que ha firmado Bertrand Bonnello y que veremos en la próxima edición del SEFF.
El musical, un género en alza, es el británico, ‘God help the girl’, de Stuart Murdoch en el que una chica intenta resolver sus problemas emocionales a través de la música. Ha obtenido división de opiniones de la prensa especializada.
Otra, ya más comercial y doblada, pero que viene precedida de críticas tan dispares como intensas es la definida como perteneciente a otro género, el ‘gótico sureño’. Hablamos de la estadounidense, ‘Joe’, de David Gordon Green. Ambientada en Mississipi narra la singular amistad entre un ex presidiario y un chico de quince años. Se ha destacado mucho la interpretación de su protagonista, Nicolas Cage.
Por último, deplorar otra ausencia. La de la griega, ‘Boy eating the bird´s food’, de Ektoras Lygizos y vista en el pasado Festival sevillano. Potente y notable radiografía de las nuevas, jóvenes e ilustradas víctimas de la crisis. ‘Los nuevos pobres’, en palabras de su realizador, ejemplificados aquí en el personaje central. Lamentable de veras.
El guionista y realizador de Texas Richard Linklater, cosecha del 60, es uno de los cineastas más interesantes y singulares de su país y no sólo… Lo ha demostrado con creces en títulos como la trilogía de ‘Antes del amanecer’, ‘Antes del atardecer’ y ‘Antes del anochecer’, ganando un Oso de Plata en Berlín y fundando la Sociedad Cinematográfica de Austin para promocionar el cine más independiente y creativo. Vegetariano, bendito sea, por más señas, y responsable asimismo de la incisiva ‘Fast Food Nation’. Todo un currículum…
En esta su última propuesta, el realizador ha rodado la vida del niño protagonista desde la edad de seis, hasta su ingreso en la universidad. Es decir, durante doce años en cortos lapsos de tiempo – tres o cuatro días o una semana – hasta conseguir un fresco excepcional y nunca mostrado en el cine. Pero, y aunque se haya centrado en él – de ahí su título boyhood, niñez o juventud, en masculino – no ha eludido, al contrario, a su entorno parental, amistoso, colegial, amoroso, fraternal.
Precedida de los Premios al Mejor Director en Berlín y el FIPRESCI a la Mejor Película del año, entre otros reconocimientos, sus 165 absorbentes minutos recorren todo un itinerario cronológico narrado de forma que elude sabia y lúcidamente cualquier tentación efectista, transcendente, pretenciosa o de tics autorales al uso. Muestra a un grupo familiar, con sus anexos, en continua transformación y, de paso, se permite un retrato ácido y demoledor de su Texas natal sin subrayados, ni falta que le hacen.
¿Cómo explicarles lo que supone la experiencia única y extraordinaria de sumergirse en una cinta como esta? ¿Cómo describirles su densidad, su profundidad tan fluida, su complejidad, su amargura, su humor, su lirismo, su dureza, su agridulce visión de unas personas tan reales, tan vívidas, existiendo ante nuestros ojos, mostrando sus cambios físicos, emocionales, de hábitat? ¿Cómo, cómo, cómo?
Porque no es un ejercicio nada fácil atrapar las palabras precisas con las que nombrar lo visto y sentido durante su proyección. Porque su metraje contiene tantas experiencias, tantas sensaciones, tantas vivencias, tanto desarrollo y mimo por los personajes y no sólo por el central… Porque no se relatan doce años de vidas, no sólo de vida, sin salir indemne. Luchas por la supervivencia, mudanzas, violencias conyugales, solidaridad, crecimiento, primeras amistades, primeras fiestas, primeras relaciones sexuales, primeros amores, primeros desengaños, una madre y un padre tan diferentes y de trayectorias tan opuestas, el descubrimiento de una vocación, la iniciación a un estadio adulto, la universidad…
Lee Daniel y Shane Kelly la fotografían. El director es también responsable de un prodigioso guión. Una puesta en escena hermosa e inapelable. Una sugerente banda sonora para cada época. Un reparto en estado de gracia con nombres propios como los de Ellar Coltrane, Patricia Arquette, Ethan Hawke o Lorelei Linklater, que nos ofrece lo mejor de sí mism@s. Que nos dan fe de sus vidas, de la vida, del paso del tiempo con sus glorias y miserias. Estamos, probablemente, ante la película del año. Corran a verla.
Para Elegido, Toro de la Vega 2014, vilmente torturado y asesinado hoy. Para la valiente y hermosa gente animalista que ha estado en Tordesillas, intentando, a costa de su integridad física y emocional, salvarle. Contra la infamia y la barbarie de todo un pueblo y de este país brutal y feroz.
Philippe Claudel es un escritor, guionista y cineasta francés, de la cosecha del 62. Quien esto suscribe estimó como espectadora dos de sus películas anteriores, ‘Silencio de amor’ y, sobre todo, ‘Hace mucho que te quiero’. Ahora acaba de estrenarse su nueva cinta, ‘Antes del frío invierno’, un cursi y obvio título español para ‘Antes del invierno’. Está fechada en el 2013, el guión corre a cargo del propio realizador y su metraje es de 103 minutos.
La historia sigue a un brillante neurocirujano sexagenario, en teoría con todo lo que se puede desear en la vida. Una casa maravillosa en un entorno idílico, buenas y leales amistades, una mujer generosa y comprensiva, una nieta adorable, pacientes que le estiman y respetan, igual que sus colegas. Hasta que un día la presencia insistente de una misteriosa joven veinteañera en su camino y el anónimo envío de ramos de rosas rojas, desestabilizará sus coordenadas existenciales.
Posee una factura impecable, bella y elegante, acorde con el lujoso escenario que describe, el de una alta burguesía ilustrada en el pleno disfrute de sus bienes terrenales. Una factura impecable con escenas sugerentes, elegantes fundidos en negro y algunos silencios más que elocuentes. Además de la banda sonora de André Dziezuk, de sus temas musicales, de la hermosa fotografía de Denis Lenoir y del reparto, en especial, de Kristin Scott Thomas y Daniel Auteil, sobre todo y sobre tod@s. Pero, quien esto suscribe lamenta escribirlo, poco más.
Porque el guión hace aguas por todas partes. Porque falla la coherencia interna del relato. Porque tiene importantes bajones de ritmo. Porque insinúa subtramas y personajes secundarios que no evolucionan. Porque su credibilidad como historia se resiente gravemente, pecado capital. Porque ni siquiera es capaz de asumir el lastre del paso del tiempo en el protagonista. Porque las mujeres están muy pobremente retratadas. Porque está vacía de contenido. Porque no emociona. Porque la mayoría de los personajes son de una sola pieza. Porque es pretenciosa y, a la postre, banal. En fin… ustedes mism@s.
Pues sí, y viene plagado de estrenos, como los del pasado viernes, 12, tan variados como heterogéneos. Comenzamos con las cintas que pueden verse en su versión original. Y no sólo en el Avenida, también en Nervión a determinadas horas, que pueden consultar. Así por ejemplo, en la primera de las salas citadas se exhibe la francesa, ‘Antes del frío invierno’, del escritor y realizador Philippe Claudel. Sobre un matrimonio cuya unión es puesta a prueba por una joven veinteañera. Kristin Scott Thomas y Daniel Auteil hacen los honores. Sus referencias son contrastadas, pero habrá que verla. O la gallega, que nos llega con un mes de retraso, ‘El oro del tiempo’, de Xabier Bermúdez, que ha cosechado asimismo división de opiniones, pero se impone su visión.
En el segundo de los multicines mencionados, pueden verse también en su lengua materna dos estadounidenses. ‘Boyhood’, de Richard Linklater, que narra la historia de doce años en la vida de un chico, su familia y su entorno, cuyas críticas han sido superlativas y el thriller de espionaje, ‘El hombre más buscado’, de Anton Corbijn, última cinta rodada íntegramente y protagonizada por el añorado Philip Seymour Hoffman. Muy pronto, tendrán sus críticas en este blog.
Otro thriller francés, pero de acción, es ‘Mea culpa’, de Fred Cavayé, sobre un ex policía cuyo hijo pequeño es testigo de un asesinato de la mafia. Con Vincent Lindon y reseñas positivas. Cambiando de registro tenemos a la comedia romántica inglesa, atípica y gamberra, ‘Les doy un año’, de Dan Mazer. Ha divertido y decepcionado a partes iguales. Crimen, misterio y drama se integran en la hispano-argentina, ‘Betibú’, de Miguel Cohan, sobre asesinatos en serie de hombres poderosos. Ha gustado, en general. Y otro drama español, ‘Tres mentiras’, de Ana Murugarren. Sobre embarazos adolescentes, ocultaciones y niños robados en los setenta. Sin referencias.
Por último, dejar constancia de otra ausencia. Se trata del documental hispano-boliviano, ‘Gabor’, de Sebastian Alfie, en la que se mezclan cegueras y rodajes en una historia autobiográfica que ha sido positivamente valorada.
De entrada, quien esto suscribe no tiene ningún motivo para simpatizar con el protagonista de este curioso experimento cinematográfico. Ninguno. Michel Houellebecq, poeta, ensayista y novelista francés, de la cosecha del 58, es misógino, xenófobo, pornógrafo y reaccionario confeso. Y esta actitud de cuestionar lo políticamente correcto, le ha generado más de un disgusto, un juicio que ganó y un enorme prestigio entre crítica y lectores-as, además de una calidad literaria más que glosada, que quien esto suscribe no puede juzgar. Se hizo con el Goncourt en 2010, por ‘El mapa y el territorio’. Junto a este libro, sus obras más conocidas son ‘Plataforma’, ‘La posibilidad de una isla’ o ‘Las partículas elementales’.
Una vez situado al personaje central, se hará lo propio con la historia. El hecho del que se parte es la desaparición del autor durante unos días, en 2011 y en plena promoción de ‘El mapa y el territorio’, uno de sus libros mencionados. La noticia causó una enorme conmoción y desató todo tipo de especulaciones sobre presuntas autorías, nunca resueltas. Así que ahí entra en escena el novelista, actor y realizador francés Guillaume Nicloux, cosecha del 66. Según la nunca suficientemente bien ponderada página Wikipedia, «sus películas están caracterizadas por ambientes y atmósferas de cine negro, con el telón de fondo de investigaciones policiales».
El escritor había ya trabajado para el director en un papel secundario, en otra película. Y el misterio del presunto secuestro le interesó lo bastante para tratarlo con él desde un punto de vista atípico y rompedor. Como una suerte de docudrama en el que destacara más la persona que el personaje. En sus propias palabras a la revista de su país, Allociné, «un experimento fílmico en el que el hombre se desvelaría a través de un rapto existencial un tanto particular».
Así que esta experiencia cinematográfica comienza con el escritor en su entorno, con la gente que conoce, en su barrio. En definitiva, en su salsa. Con placidez, bonhomía y humor, pero sin privarse de su libertad de expresión. Forma parte del jurado en un premio importante cuando es secuestrado por tres tipos tan toscos como lerdos, tan ingenuos como potencialmente peligrosos, ante los que el autor, pese a estar encadenado, no opone resistencia. Pero tampoco les hace concesiones, sobre todo reclamando su encendedor, pues es un fumador impenitente.
El director describe esta curiosa, esperpéntica y extravagante convivencia forzosa entre el novelista, un gitano, un ex boxeador y un mecánico, los captores, en clave tan aparentemente cercana como surrealista. Tanto es así, que esta cinta hubiera hecho las delicias de Buñuel. La hace a la vez tan presuntamente formal, como incisivamente irónica y desternillante. Porque, además, toda esta situación tan objetivamente dramática – la víctima está esposada la mayor parte del tiempo – dinamita todas las convenciones de cualquier género. Y los dueños de la casa – una encantadora pareja de ancianos – son cómplices del delito y padres del tercero de los secuestradores arriba mencionados.
Tod@s hablan, teorizan, discuten, comen, fuman… como si se tratara de una velada familiar al uso. El secuestrado – excelente actor, por cierto. No debe ser nada fácil interpretarse a uno mismo – exhibe simultáneamente fuerza y vulnerabilidad, estupor y diversión, asombro e indiferencia, valor y osadía… Aunque a quien esto suscribe le disguste profundamente su trato carnal con una jovencísima prostituida, que remite, inevitablemente, a lo peor del personaje. Mención especial merece ese trío de ases irresistiblemente cómicos como son Mathieu Nicourt, Maxime Lefrançois y, sobre todo, Luc Schwarz.
En cualquier caso, y pese a algunos bajones de ritmo, merece la pena ver esta cinta singular, este secuestro único e irrepetible en el que el llamado síndrome de Estocolmo está tan presente como invertido.
Dos o tres cosas que sabemos sobre el responsable de esta cinta. Irlandés, de la cosecha del 72, guionista y realizador, obtuvo todos los reconocimientos y aplausos críticos con su muy interesante ‘Once’, fechada en 2006. ‘Begin again’ es su primer trabajo para el cine norteamericano. Integrado en la corriente indie, de bajo presupuesto, es, asimismo, un buen conocedor del ambiente discográfico, lo que demuestra con creces en ambos filmes.
Ambos filmes, ‘Once’ y el que nos ocupa, pertenecen al mismo género felizmente mestizo entre la comedia, el drama, el musical y el romance. Ambos tienen el hilo conductor chico conoce chica, en las horas más bajas de uno y otra. Ambos cuentan con hermosos temas en su banda sonora. Ambos están habitados por personajes con señas de identidad. Ambos presentan a protagonistas creativ@s, pero no especialmente afortunad@s. Ambos integran las melodías como elementos dramáticos que subrayan la historia. Ambos hacen profesión de fe de su independencia, aún cuando este último cuente con un presupuesto mucho más holgado.
En su título original, que no en su versión, pues la hemos visto lamentablemente doblada, ‘Begin again’ – también estrenada así en castellano – contiene el epígrafe (Can a song save your life?) . O, lo que es lo mismo, (¿Puede una canción salvar tu vida?). Y es que tal cosa le ocurre al héroe-antihéroe masculino al escuchar la que canta la chica. Él, productor musical y co-fundador de un sello discográfico que acaba de abandonar, por desacuerdo con la línea adocenada que está llevando. Ella, cantautora que acompaña a su chico y colega a la Gran Manzana, para descubrir que el éxito de él va parejo con el desamor. Ambos se encuentran la noche de un día aciago en un bar en el que ella interpreta un tema triste y amargo, que sólo él sabe valorar y…
Lo que sigue es un relato delicioso y perfectamente estructurado. Lo que sigue es una historia de personajes que saben mantener su integridad y sus principios frente a los cantos de sirena del dinero y del éxito. Lo que sigue es una doble historia de amor, en la que nada es lo que parece. Lo que sigue es un musical atípico, con la imaginación y la creatividad por delante. Lo que sigue es la utilización de esa ciudad icónica, Nueva York, como escenario único de una grabación discográfica tan rompedora como sugerente.
Lo que sigue es una complicidad perfecta entre dos seres únicos, valiosos y singulares a los que encarnan maravillosamente Keira Knightley y Mark Ruffalo, con los no menos inspirados Adam Levine y Catherine Keener como telones de fondo. Lo que sigue es una incisiva y lúcida crítica a la escena musical. Lo que sigue es una historia estimulante y gozosa, pero también agridulce, melancólica y nada complaciente. Lo que sigue, en definitiva, es una película notable que no deberían perderse.
A Daniel Burman – argentino-polaco, de la cosecha del 73 -, firmante de esta cinta y responsable de su guión junto a Sergio Dubcovsky, se le ha llamado el Woody Allen bonaerense. Con el realizador neoyorquino tiene en común sus orígenes judíos, hacia los que proyecta una crítica ironía en el terreno de las relaciones más íntimas. Pertenece a la Nueva Ola del cine de su país y en su filmografía hay títulos tan interesantes y reconocidos como ‘El abrazo partido’, Gran Premio del Jurado y Oso de Plata, en el Festival de Berlín de 2004 o ‘Derecho de familia’, Cóndor de Plata de la crítica en 2006. Está considerado por la prensa especializada como uno de los cinco mejores guionistas y realizadores patrios. Fuentes de la indispensable Wikipedia.
La historia sigue a dos socios y amigos de toda la vida en una empresa de electrodomésticos. Su relación es tan inmejorable y cómplice que se cuentan todo y todo lo hacen paralela y simétricamente. Su forma de vestir, su llegada al trabajo, sus despachos contiguos, su ocio en el hipódromo, sus gestos y aficiones. El reparto de papeles en el negocio es complementario y nada parece enturbiar esa placidez laboral y personal… hasta que uno de ellos, que está casado, desaparece sin dejar rastro. La esposa y el otro comenzarán sus pesquisas implicando en ellas a la policía – que se lo toma con escepticismo – y a una suerte de coach espiritual más que extravagante. En esta aventura descubrirán mucho más de lo esperado.
Burman muestra lo mejor de sí mismo – partiendo de la base de que esta es una obra menor en su currículum – en la primera parte del filme. La descripción del modus vivendi de ambos. Sus similitudes y diferencias. La convicción casi inquebrantable por parte del que se queda – un competente, aunque algo falto de matices, Guillermo Francella – de que están en el mejor de los mundos y que nada va a alterar el orden de cosas en el que se mueve nos es mostrada con una irónica ternura. Pero, sobre todo, la irrupción de una irresistible y desternillante Inés Estévez en el rol de la mujer abandonada es, sin lugar a dudas, lo mejor de la cinta. Su personalidad tan asertiva como caótica. Su manera de situarse en el espacio que le corresponde, sin mimetismos conyugales, por propia iniciativa.
La forma en que ve las cosas y las cuenta. Sus adicciones a los fármacos y sus devaneos alcohólicos. Su receptividad y disposición a asumir sobre la marcha las situaciones más peregrinas en las que se ve inmersa. Su causticidad e inocencia. Todo ello, junto a sus líneas de diálogos, es lo mejor de un relato que, de haber mantenido ese ritmo y esa intensidad, habría sido mucho más estimulante. Comparada con la alleniana, ‘Misterioso asesinato en Manhattan’, carece de su inteligencia, de su sutileza y, en definitiva, de su calidad. Porque, aunque tenga los destellos antes descritos, todo se va al traste en la segunda mitad.
Y lo hace porque desaparece la intriga, aunque persistan los interrogantes, y no es sustituida por ninguna otra cosa. Y lo hace porque neutraliza al personaje femenino en beneficio del de Francella. Y lo hace porque plantea varias subtramas – algunas incluso contradictorias entre sí – sin desarrollar ninguna. Y lo hace porque abandona el humor en beneficio de una pseudonostalgia transcendente y trasnochada. Y lo hace porque su final, aunque abierto, es bastante sonrojante, indigno de la inteligencia que ha mostrado su realizador en otros casos.
Ya están advertid@s para lo mejor y para lo peor. Ustedes mism@s…
Ayer, primer viernes de este mes de septiembre, se renovó la cartelera con nuevas ofertas, como cada semana. Comenzamos por las que se proyectan en versión original. Como la versión remasterizada del clásico italiano ‘Cinema Paradiso’, de Giuseppe Tornatore, que conmemora el 25 aniversario de su estreno en España. Sobre un realizador de éxito que vuelve a su pueblo natal y rememora su infancia, la época de su niñez y a quien le transmitió el amor al cine. Con todos sus defectos y sentimentalismos, merece verse.
La segunda es el drama alemán, ‘Destino Marrakech’, de Caroline Link. Sobre un padre y un hijo que no se ven desde hace tiempo y se reencuentran en dicha ciudad. Ha cosechado división de opiniones críticas, pero habrá que verla.
Lamentablemente doblada – o en su versión original en la provincia de Sevilla, sólo en determinadas sesiones… ¡¡¡el más difícil y absurdo todavía!!! – nos llega otra historia de chicos de un clásico del cine estadounidense y universal. Se trata del biopic, drama y musical, ‘Jersey Boys’ de Clint Eastwood. Un homenaje y una recreación crítica de un célebre grupo de los años 50, ‘The Four Seasons’, con sus mayores éxitos y el coqueteo de su líder con gente nada recomendable. Sus referencias son irregulares, pero su visión es obligada.
Como lo es la de la franco-suiza, ‘El amor es un crimen perfecto’, de Arnaud y Jean-Marie Larrieu. Se trata de un thriller dramático sobre un profesor de literatura muy promiscuo con su alumnado femenino, hasta que una de sus conquistas desaparece y debe enfrentarse a la madre de la chica… Mathieu Amalric y Karin Viard hacen los honores. División de opiniones de la prensa especializada.
Y, por último, la hispano-colombiana, ‘Ciudad Delirio’, de la andaluza Chus Gutiérrez y segunda realizadora de estos estrenos, suma y sigue de las miradas de mujer que nos está deparando este verano. Es una comedia romántica entre nuestro país y Colombia con mucha salsa de por medio. Tiene referencias más bien negativas, pero habrá que comprobarlo viéndola.
«Dido Elizabeth Belle(1761-1804) nació en esclavitud como la hija natural de María Belle, una esclava africana en las Indias Occidentales británicas y del capitán John Lindsay, un oficial naval de carrera, asignado al lugar, y que posteriormente fue promovido a almirante. Lindsay se llevó consigo a Dido cuando volvió a Inglaterra en 1765, confiándosela a su tío William Murray, I conde de Mansfield y a su esposa para que la criaran». Son datos de la imprescindible página Wikipedia, sobre la protagonista de la historia real que recrea esta película.
Una película que da comienzo precisamente en el año de gracia citado de 1765, cuando el padre biológico la entrega, siendo una niña, a sus tíos el conde y la condesa de Mansfield. Estos tenían a su cargo también a otra sobrina, Elizabeth Murray, cuya madre había muerto y el padre formó otra familia, con un hijo varón, excluyéndola de su afecto y de su herencia. Las dos se convierten en hermanas y amigas inseparables, aunque sus respectivos estatus en el hogar que comparten sean muy distintos.
Antes de seguir con la sinopsis, hasta donde pueda ser contada, hay que hablar de la firmante de esta cinta británica que nos ocupa. Se trata de Amma Asante, cosecha del 69, guionista, actriz y realizadora inglesa, hija de inmigrantes africanos, de Ghana. Así que la directora y su personaje tienen en común el color de su piel. Además del sexo, o del género, claro.
Se la ha descrito como una «combinación de los placeres de Jane Austen y los horrores de la trata de esclavos británicos». Justin Chang, ‘Variety’, cita de la fundamental FilmAffinity. Una observación aguda e inteligente. Pero es, sobretodo, la mirada de una mujer negra tras la cámara que se posa sobre un personaje histórico singular, en el que la doble discriminación es más patente. Porque aunque la posición de la protagonista puede parecer privilegiada, no lo es. Se le infieren agravios en su propio hogar – no poder cenar con las visitas, por ejemplo – en función de las crueles discriminaciones raciales de la época.
Además en el relato se incluye un episodio clave. El juicio a unos mercaderes de esclavos que reclaman dinero por dejarles morir ‘imperativamente’, que el tío y tutor de Belle debe sentenciar, como miembro del Tribunal Supremo, y que puede sentar jurisprudencia y un cambio radical. Ella se implicará, como no podía ser menos, y su influencia resultará decisiva.
En resumidas cuentas, estamos ante una cinta elegantemente narrada cuya intensidad corre pareja con su sutileza. Una cinta que no se limita a ilustrar en imágenes una biografía, sino que extrae vida y verdad de ella. Una cinta que reivindica las señas de identidad de una raza y de un género en su doble opresión.
Una cinta que ilustra muy bien la posición de cada cual. En el caso de su prima, desheredada y sin dote, con el estatus inferior adjudicado a su sexo, pero con el superior adjudicado a su raza. En el caso del personaje central, favorecida con la herencia de su padre, pero marginada socialmente por su color y subestimada en su inteligencia y cultura como mujer. Una cinta que tiene una fuerte carga crítica hacia el poder político, judicial, colonial, xenófobo, esclavista y patriarcal. Una cinta que presenta unos personajes masculinos complejos, en sus vertientes positivas y negativas.
Estamos ante una cinta con un inteligente guión de Misan Sagay, con una buena banda sonora de Rachel Portman, con una hermosa fotografía de Ben Smithard, con un reparto de etiqueta negra en el que destacan Tom Wilkinson, Miranda Richardson, Penélope Wilton o Emily Watson. O Sam Reid y la brillante Gugu Mbatha Raw. Estamos ante una cinta que rescata de la invisibilidad a un personaje histórico excepcional. Estamos ante una cinta que nos ofrece la mirada negra y violeta de una realizadora a la que habrá que seguir. Estamos ante una cinta, en definitiva, que no deberían perderse.