‘La fuente de las mujeres’: Agua que no has de beber…

El rumano de origen judío, y afincado en Francia, Radu Mihaileanu, cuyas tres películas anteriores, ‘Vete y vive’, ‘El tren de la vida’ y ‘El concierto’, tuvieron una buena aceptación popular y crítica, estrena ahora esta exótica fábula ambientada “en algún lugar de Africa o en el mundo árabe”, en la que traslada a una aldea dominada por un regimen teocrático opresor de las mujeres, los presupuestos de la revuelta de la ‘Lisístrata’, de Aristófanes.

Como sus antecesoras griegas, estas aldeanas deciden que la abstención sexual es el arma, en este caso, frente a la explotación de que son objeto por sus maridos, por los imanes y, en general, por todos los hombres de su pequeña comunidad. Ellas cargan con los trabajos más pesados como el, y de ahí el nombre de la cinta, ir a por y acarrear el agua que mana de una fuente situada en un sitio escarpado y de díficil acceso. Y lo tienen que hacer , sin importar su edad y condición, lo que provoca en las gestantes numerosos abortos y hasta la infertilidad. Además carecen de los más elementales derechos y están sometidas a la autoridad de los hombres.

La líder de la iniciativa es la joven esposa extranjera del maestro del pueblo, a quien éste le ha enseñado a leer y a escribir, pues la educación y la información les están vedadas tanto a ella como a sus compañeras de sexo. No resultará fácil, sin embargo, para ninguna y habrán de pagar un precio alto por su contestación al poder masculino dominante.

El realizador se ha tomado unos excesivos 120 minutos en contar esta historia, coproducción franco-italo-belga, en la que la simpatía por su enfoque pro-mujeres- y el retrato de la complicidad y solidaridad que entre ellas establecen- se combina con el rechazo a una narrativa dispersa, superficial, con tintes presuntamente antropológicos y que se quedan en folclóricos, sin un guión, que él mismo firma junto a Alain-Michel Blanc, minímamente sólido y consecuente en el que se acusan bajones de ritmo e interés.

Si a esto unimos la frivolidad y el esquematismo de algunos de sus planteamientos y personajes, dado el contexto en el que se desarrolla el relato, y el triunfalismo facilón y autocomplaciente de su desenlace… se puede concluir que es una cinta tan bienintencionada como fallida. Lo que añade una incomodidad a quien esto suscribe. Tan insidioso resulta, aunque la nobleza y la objetividad obliguen a ello, reseñar los méritos de una película misógina, como hacer constar los deméritos de un producto que avala y defiende la igualdad entre los sexos.

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