Festival de Cine Europeo: Puntos de vista II

La segunda entrega del Festival se saldó con dos expectativas defraudadas en la Sección Oficial . La coproducción anglo-española ‘Mr. Nice’, de Bernard Rose y la francesa ‘Chicas’, de Yasmina Reza.

‘Mr Nice’ cuenta la historia de un personaje real, Howard Marks, ciudadano galés nacido en el seno de una familia humilde, cuyo notable talento le condujo a ser aceptado como profesor en Oxford y, desde allí, a iniciar una muy rentable e internacional carrera delictiva como traficante internacional y consumidor incansable de todo tipo de sustancias ilegales. En su extenso curriculum figuran asimismo contactos con miembros del IRA y del M16… Tiene unos treinta primeros minutos irresistibles, con ese humor delirante que los británicos dominan como nadie. Con una puesta en escena, voz en off incluída, arrolladora y singular.

Sabe captar los ambientes hippies y psicodélicos del swing en sus inicios, pero desarrrolla una incontinencia visual y narrativa que le hace perder el norte, acumulando peripecias y gags presuntamente corrosivos que, por sobredosis, pierden su carga crítica. Objetaliza a las mujeres, siempre muy ligeras de ropa y despojadas de cualquier atributo salvo el sexual, con la excepción de la estupenda Chlöe Sevigny. Decepcionante deriva, en suma, de un filme fallido en el que aparecen Elsa Pataky y Luis Tosar, por parte española, y en el que Rhys Ifans borda su papel.

La celebrada dramaturga Yasmina Reza tropieza – y de qué manera – en su debut fílmico con ‘Chicas’, parte de cuya acción sitúa en Málaga. Historia de una peluquera de esa ciudad, residente en Francia, viuda con tres hijas de personalidades y formas de vida muy diferentes, con quienes se reúne para presentarles a su nueva pareja. Y ya se sabe lo que pasa en estas situaciones… que estallan los conflictos. Un subgénero en sí mismo en el cine, el de las coincidencias familiares tormentosas. Lo que sorprende, en el peor sentido, no es sólo que esté contada con una factura penosa de telefilme barato, con un guión infame y plagado de inverosimilitudes, con unos personajes lastimosos de puro tópicos, sino que, además, esté mal dialogada tratándose de una autora dramática prestigiosa.

Festival de Cine Europeo : Puntos de vista I

El Certamen sevillano ofrece más de un centenar de películas en más de una veintena de Secciones. Alguna que otra vacía de contenido, alguna que otra repitiendo títulos, alguna que otra con filmes más que vistos y sabidos, alguna que otra de relleno… Luego están las clásicas de Homenajes, Eurimages, EFA, Cortos, Documentales, Panorama Andaluz, Retrospectiva. Este año está dedicado a la cinematografía holandesa, bajo el epígrafe de Tulipanes salvajes.

La inauguración corrió a cargo de la británica ‘Tamara Drewe’, de uno de los homenajeados en esta edición, Stephen Frears. Volveremos sobre ella más extensamente. Es una de las prenominadas por la Academia Europea de Cine para sus premios anuales dentro de la Sección EFA, anteriormente citada.

En esta apertura del Festival, no hubo ninguna película a concurso programada. Sí, en cambio, otras dos competidoras de la cinta de Frears para los galardones europeos. A saber, la noruega ‘Upperdog’, de Sarah Johnsen y la coproducción entre Estados Unidos e Irlanda, ‘Ondine’, de Neil Jordan. La primera es una pretenciosa amalgama de historias y vidas cruzadas con un gazpacho temático que incluye búsqueda de raíces familiares, clasismo, inmigración y traumas postbélicos, entre otros, contado de forma tan vacía como solemne.

Neil Jordan tampoco demuestra estar en su mejor forma con este cuento que se presume mágico y negro, llamado ‘Ondine’. Pese a mostrar ciertos rasgos emotivos y de humor, a cargo de Stephen Rea y la niña Alison Barry, los mejores del reparto, naufraga-nunca mejor dicho en este caso- en su tratamiento de la historia y en el esquematismo de los personajes. El insoportable Colin Farrell no contribuye precisamente a matizar a su atormentado protagonista.

‘La red social: Conexiones’

He aquí la película que relata cómo fue posible la concatenación de casualidades que llevó a un joven tímido, más bien inexperto en habilidades sociales y, desde luego, de privilegiada y brillante inteligencia, a crear un espacio donde, teorícamente, se manifiestan todas las personalidades, todas las ideologías, todas las causas y todas las aficiones. Ese lugar, universal y libre- o, al menos, debería seguirlo siendo…- conocido como Facebook.

Corría el otoño de 2003. En la universidad de Harvard, una cita sale mal y la chica rompe con su pareja, el protagonista de nuestra historia. Este, despechado, idea un plan para humillarla usando internet como instrumento. De ahi pasa, al más burdo estilo machista, a urdir- junto a su mejor amigo – un juego comparativo sobre las bondades físicas de las estudiantes de los distintos centros a través de la red, que tiene un éxito inmediato, con decenas de miles de visitas. Logra, incluso, piratear sistemas informáticos de seguridad altamente sofisticados para añadir un ‘catálogo’ más amplio de jóvenes a la colección.

Esto llama la atención de dos hermanos, de elevado estatus social, quienes le encargan un programa más ambicioso de contactos circunscrito al ámbito universitario. Paralelamente a este trabajo, va configurando el germen de la red… La película nos muestra todo esto, a modo de flash back, junto a imágenes de las comparecencias legales del personaje central – Mark Zuckerberg – demandado por su citado ex mejor amigo y por los hermanos, por los que consideraban legítimos derechos de autores, o, como mínimo, co-autores, de semejante y altamente rentable fenómeno social.

David Fincher cuyo estilo, siempre refinado e inquietante, es, al tiempo, de una plasticidad singular con el tema que trata, prefiere dar cuenta de todos estos hechos exponiéndolos a nuestra consideración, sin coartadas emocionales o psicológicas. Los registra, a partir de la adaptación de la novela de Ben Mezrich, ‘Millonarios por accidente’, con una velocidad vertiginosa que compromete, a veces, el seguimiento de los diálogos, especialmente en versión original. Es la celeridad con la que funcionan las mentes prodigiosas de cierta élite académica estadounidense, cuyas miserias morales también se dejan entrever.

Como, y no unicamente, las del protagonista- un excelente Jesse Eisenberg, muy bien secundado por el resto de un reparto en el que destacan Andrew Garfield y Justin Timberlake. La inteligencia del realizador es no retratar ni a un héroe de nuestro tiempo, ni a un villano, sino a un joven de talento que supo rentabilizar las necesidades de conexión colectivas, aún a costa de las suyas propias.

‘Wall Street: El dinero nunca duerme’ : La codicia legal

Oliver Stone vuelve al epicentro de Wall Street, veintitrés años después, para dejar constancia del paso del tiempo en sus personajes y en el sistema económico-financiero que ellos contribuyeron a dinamitar, aunque salieran indemnes- y aún beneficiarios- de la terrible crisis que padecemos. Y lo hace desde una óptica espectacular y endogámica, eficaz y brillantemente filmada, pero nada rigurosa. En definitiva, la mirada cinematográfica de un veterano liberal estadounidense en cuyo currículum figuran títulos como ‘Nacido el 4 de Julio’, ‘Platoon’, ‘J.F.K.’o ‘Nixon’… Una visión honesta, aunque tosca en ocasiones y demasiado obvia casi siempre, en su crítica repleta de ambiguedades al establishment norteamericano.

La historia arranca con la salida de la cárcel del otrora poderoso Gordon Gekko -un, como entonces, excelente Michael Douglas- y ahora desposeído, incluso hasta de los vínculos familiares, por sus pasados errores. El mundo que conoció se ha hecho aún más salvaje en su feroz competencia por las ganancias especulativas y el poder. Lo que le hace exclamar, en una de las frases más famosas de la cinta, «Antes me preguntaba si era buena la codicia, ahora es legal».

Un escenario en el que sus antiguos colegas le desprecian, en el que se han establecido relaciones casi paterno-filiales, de mentor-discípulo entre viejos y jóvenes tiburones . Y precisamente uno de estos últimos, tan ambicioso como sus mayores, pero con pseudo inquietudes ‘ecologistas’, le requiere como consejero… Casualmente es el prometido de la hija, que no quiere saber nada de él. Para recuperarla, Gekko entrará de nuevo en acción, jugando sus carta más astutas contra sus peligrosos enemigos. Entonces, la llamada Catedral financiera se colapsa y la Bolsa se hunde, arrastrando consigo a ciertas intocables personalidades y formas de vida…

Stone filma este mundo de hombres, un denominador común en casi toda su obra, con una potencia visual deudora de los ochenta, fragmentando la pantalla y las acciones, sin ametrallar nunca al espectador. Convirtiendo un universo más bien árido y casi inasequible a l@s profan@s, en material de un thriller, por su brillante puesta en escena, diálogos, retrato de los personajes y sus interrelaciones y el suspense gradual de esa inquietante partida de ajedrez entre delincuentes de guante blanco.

Sin embargo, estos valores positivos enmascaran un acercamiento objetivo y valiente a las perversiones de un estado de cosas intrínsecamente amoral, desde los puntos de vista político y económico. Además pasa de puntillas sobre las generaciones de relevo, que perpetuarán el sistema. Descafeinado y vacío el personaje que encarna como puede, Shia Labeouf. Más bien tristes y llenos de clichés los reservados a las mujeres con Susan Sarandon y, sobre todo, Carey Mulligan, muy por debajo de sus posibilidades. La función es de los mayores, género masculino, Josh Brolin, Eli Wallach y un inmenso Frank Langella, cuya frase ‘La vejez no es para cobardes’, con todo lo que implica, resume el modus vivendi de una casta privilegiada y dañina.

Buried : Submundos

Segundo largometraje del español Rodrigo Cortés, cuya ópera prima ‘Concursante’ fue recibida con magníficas críticas, ‘Buried’ (‘ Enterrado’) es una coproducción hispano-franco-norteamericana. Su versión original es la inglesa pero, lamentablemente, sólo la proyectan doblada.

La acción transcurre en un ataúd , enterrado en algún lugar del territorio iraquí, donde insurgentes del país han encerrado a un civil, conductor de camiones, cuyo convoy fue atacado. Dicho y único personaje está interpretado con bastante solvencia por Ryan Reynolds. Únicos escenario y protagonista, pues, y tensos y claustrofóbicos noventa y cinco minutos de metraje. Todo un reto para cualquier realizador.

El brillante y transgresor talento de Cortés se pone de manifiesto al introducir en tan lóbrego habitáculo los macrocosmos, ¿o deberíamos llamarlos submundos, en este caso?, de la guerra, de la política, de estamentos y organismos y de la empresa. Junto a ellos, el agridulce microcosmos afectivo representado por una madre de errática memoria y una esposa casi siempre desconectada. Esas voces del mundo exterior llegan a través de un móvil, de número oculto, que sus captores le dejan al personaje. Su única compañía, junto a la de la luz de un mechero que al apagarse, deja la pantalla a oscuras…

Thriller tan rompedor como desasosegante, demoledor en su crítica a la guerra y sus desastres, a la impiedad de la burocracia y del poder, a la cínica crueldad de ciertos jefes, al fanatismo insensible, frente a un hombre en una desesperada lucha contra reloj para salvar su vida. Sin tregua ni respiro, con un espléndido equipo técnico en el que destacamos la fotografía de Eduard Grau y el montaje del propio director. Un hombre que ha conseguido que la sala de cine sea un enorme cajón de madera, del que sólo conseguimos escapar cuando terminan los títulos de crédito.

‘Carancho’: Retrato en negro

Resulta preocupante la tendencia de programar películas en nuestro idioma, en el único local sevillano dedicado a la versión original. Tres ahora mismo en exhibición habladas en español y una norteamericana absolutamente comercial y desprovista de interés, otra mala costumbre en estos últimos tiempos. Mientras tanto, ‘Bright star’, de Jane Campion y ‘Mi refugio’, de François Ozon, entre otros ejemplos, se proyectaron dobladas. Y siguen en lista de espera las ya estrenadas en otras capitales, ‘Submarino’, de Thomas Vinterberg, documentales varios y la transgresora ‘Elisa K’, de Jordi Cadena y Judith Colell, Premio Especial del Jurado en el reciente Festival de San Sebastián.

Y , precisamente, el director de la película que nos ocupa, el argentino Pablo Trapero, ha formado parte de ese Jurado del Certamen donostiarra. Además, tiene en su haber fílmico la multipremiada ‘Mundo grúa’. Su estilo e inquietudes no transitan por los caminos más trillados, que tientan a otros cineastas de su país.

‘Carancho’ es un buen ejemplo de lo antedicho. Coproducción entre Argentina, Chile, Corea del Sur y Francia, su historia remite a las siniestras estadísticas de los accidentes de tráfico en Argentina, que causan más de cien mil heridos y de ocho mil muertes anuales. En torno a las tragedias de víctimas y familiares, se articula una tan próspera como mafiosa industria, apoyada por las compañías de seguros. Así,se lucran con las indemnizaciones, de las que las personas afectadas reciben sólo una mínima parte.

El protagonista, un Ricardo Darín cuya excelencia interpretativa gana con los años, es el carancho al que alude el título, metafóricamente un ave carroñera, husmeando el beneficio tras el drama ajeno. O sea, un oscuro abogado que trabaja captando accidentados, para una de esas empresas antes citadas. En este caso, con la complicidad necesaria de ciertos policías y un hospital. A dicho centro sanitario llega una joven médica capaz y competente, pero extremadamente frágil y estresada, ignorante del turbio negocio que se trama a su alrededor…,de la que el protagonista se enamora y por y con la que pretende cambiar su vida. Martina Gusman la encarna con tanta sensibilidad como talento.

Trapero pone en imágenes tal densidad argumental, en clave de cine negro, con el estilo potente y afilado que le caracteriza. Lo hace fragmentando planos, comprimiendo el campo visual, hurgando en rostros , gestos y expresiones, para acentuar, aún más si cabe, la desolación de lo narrado. No maquilla, ni exalta la violencia, sino que sabe mostrarla en toda su miserable crudeza. Pero también resulta lírico y conmovedor su retrato de la relación amorosa entre dos seres tan abocados al desastre, como la sociedad enfangada en la corrupción más perversa en la que malviven.

Bright star : La mala estrella

Corría el año 1817 en Inglaterra cuando el joven John Keats, poeta sin reconocimiento y sin dinero, conoce a Fanny Brawne, diseñadora de éxito en su círculo más cercano- pues cosía y creaba, innovándolas, prendas de ropa- en casa de su amigo el también escritor Charles Armitage Brown. Dos criaturas muy distintas. Él la tachaba de frívola y el desinterés de ella, mujer bien educada, por la poesía era evidente y, no obstante, destinadas a descubrirse y enamorarse. Amor sin futuro, por la falta de liquidez y la mala salud de él, a quien la maldición de la tuberculosis le había ya arrebatado a su madre, a un hermano y estaba a punto de hacerlo con otro. Él mismo sucumbiría a ella con tan sólo veinticinco años.

Jane Campion, ‘El piano’, ‘Un ángel en mi mesa’, ‘In the cut’… aborda en ‘Bright star’ este último tramo de la vida del escritor, tras seis años de silencio como realizadora. Periodo que corresponde al apasionado romance antes descrito, motor de la historia, y a su máxima efervescencia creativa, que sólo la virulencia de la enfermedad pudo apagar. Y lo hace con una austeridad y depuración estilística notables, teniendo en cuenta su
curriculum cinematográfico.

En efecto, la neozelandesa no ha cedido a la tentación del biopic de qualité, ni al arrebato romántico, ni a la banalización de un tratamiento digerible, ni a los excesos preciosistas o barrocos. Por el contrario, muestra una sutil delicadeza al retratar a sus personajes en escenas cotidianas, en sus microcosmos domésticos y paisajísticos. Con la agudeza que la caracteriza, va revelando sus personalidades, servidumbres, pasiones y conflictos sin altisonancia alguna. Y con la inestimable cooperación de un reparto en estado de gracia en el que sobresalen Abbie Cornish y Ben Whishaw.

Despojada de clichés poéticos o sentimentales, nos acerca también entre líneas a una sociedad y una época nada receptiva con las personalidades transgresoras, nada amable con las mujeres, clasista, injusta y cruel. Especialmente con quienes nacieron, como el desdichado protagonista, bajo una mala estrella.

‘La chica del tren’: Descarrilamientos

El ciudadano francés André Techiné, firmante de una filmografía atípica y con sello de calidad, en la que destacan cintas como ‘Los juncos salvajes’, ‘Alice y Martin’, y ‘ Los testigos’, irrumpe ahora en la cartelera sevillana con su última realización, aquí titulada ‘La chica del tren’. En el original, ‘La fille du R.E.R’, aludiendo al tren de cercanías que une las afueras con la capital francesa. Está basada en una historia real, que conmocionó al país galo en el año 2004, y en la pieza teatral sobre tal hecho, cuyo autor , Jean-Marie Besset, es asimismo uno de los guionistas.

El filme está estructurado en dos partes bajo los epígrafes de ‘Las circunstancias’ y ‘Las consecuencias’. La primera sirve de presentación de los protagonistas y de las condiciones en las que se desenvuelven sus vidas. La segunda,describe los resultados que se derivan de una reacción desmesurada ante una cadena de acontecimientos.

Una madre y una hija tan diferentes como unidas, que conviven en buena armonía. La una, fuerte, independiente y sabiendo lo que quiere. La otra, frágil e influenciable, aparentemente afirmativa, pero dependiendo de la consideración ajena. Un joven impetuoso, no del todo fiable, con quien esta última inicia una relación. Un abogado rico y poderoso, con profundas raíces judías personales y familiares. Un clima sociopolítico nublado por agresiones xenófobas antisemitas. Una ficción , dramática, y de honda repercusión social…

Techiné describe este conjunto de hechos y personajes con la elegante, refinada y elíptica puesta en escena, marca de la casa. Muestra sin juzgar, sin implicarse, con ese distanciamiento de entomólogo ilustrado, tan caro a ciertos cineastas franceses. Su incisiva visión de la naturaleza humana, en sus registros más íntimos y colectivos, falla aquí, sin embargo, por la dispersión del conjunto. En lugar de centrarse en lo esencial, dentro de un relato cuya coralidad domina, se pierde en banalidades y caracteres que nada suman a la historia, restándole, en cambio, autenticidad y comprensión.

Y eso que el reparto funciona y se implica a fondo. Destacamos a una ajustada y sensible Catherine Deneuve, al siempre excelente Michel Blanc y a la intensa Emilie Dequenne, la inolvidable Rosetta de la estremecedora cinta homónima de los Dardenne. Pero esta crónica del descarrilamiento vital y emocional de una joven herida y vulnerable, y sus graves consecuencias, resulta apagada y fría, desprovista de la intensidad que reclamaba a gritos.

Carmen Jiménez

‘Conocerás al hombre de tus sueños’: El peso del tiempo

El estreno del último Woody Allen, de ñoño título español para ‘You will meet a tall dark stranger’, marca el comienzo de la nueva temporada y el final de este tórrido agosto que hemos padecido. A propósito de esta película, el realizador neoyorquino se ha reafirmado, desde sus 74 creativos años, en la idea de que»la vejez no supone ninguna ventaja». Pero tampoco ha cambiado de opinión sobre la muerte, «estoy en contra».

Ambas afirmaciones, sólo aparentemente incompatibles, planean sobre esta tragicomedia coral, en clave irónica, con la que vuelve al Londres sofisticado, escenario también de la magnífica ‘Match Point’. Allí nos muestra a varios personajes, unidos entre sí por vínculos familiares, amistosos, profesionales y sentimentales. Este variopinto grupo humano se encuentra en un punto de inflexión en sus vidas y padecen los efectos del paso del tiempo en distintos grados, niveles y circunstancias.

A través de ell@s y de sus peripecias vitales, el director reflexiona sobre la creatividad , la falta de inspiración. la traición, el engaño, el desamor, el enamoramiento, el miedo a envejecer y las penosas consecuencias de no asumir la propia edad…Pero también de la insensata búsqueda de la felicidad a través de caminos poco ortodoxos, de la credulidad y de la desesperanza. A l@s titulares de tales sentimientos les aportan sus talentos y rostros la siempre estimulante Naomi Watts, el sólido Josh Brolin, un insuficiente Anthony Hopkins y la estupenda y desternillante Gemma Jones, lo mejor del reparto.

Sin embargo y pese a todo, el resultado es decepcionante. La mirada fílmica de este brillante cineasta se enturbia aquí de cinismo y amargura, sin aportar la indispensable corrosividad…Dosifica el humor con tacañería y no dota de la necesaria intensidad y mordiente a unos personajes a los que ni ama, ni define. Lástima porque sólo en ciertos momentos, muy pocos, tenemos la visión fugaz de la gran comedia que podría haber sido, si la desgana no hubiera hecho mella en él. La que nos hubiéramos merecido l@s admiradores de su talento, un relato brillante y complejo sobre el paso y el peso del tiempo.

Carmen Jiménez.

Asómate al Patio y III : Broche de oro

La Diputación hispalense culmina brillantemente el próximo mes de septiembre el Ciclo Asómate al Patio con una cuidada selección de buenas películas, de las que sólo podemos reseñar algunos títulos como, de entre los Clásicos, el drama extraordinario e inolvidable de John Huston, ‘Vidas rebeldes’ y la elegante comedia de William Wyler, ‘Vacaciones en Roma’. Sobran las palabras…

De los estrenos de la pasada temporada, destacar varias cintas recomendables para ser revisadas. Algunas de cineastas ya consagrados y otras de, sino desconocid@s, que en ciertos casos también, de quienes se han movido por circuitos menos comerciales. Entre los pertenecientes al primer grupo, Ang Lee y su ‘Destino Woodstock’, Martin Scorsese y ‘Shutter Island’ y Michael Haneke, con ‘La cinta blanca’.

El taiwanés Ang Lee ha probado sobradamente su talento y versatilidad con una brillante filmografía,en la que han tenido cabida palabras mayores. Esta es una pequeña obra menor, pero singular, en la que se contempla el famoso Fesival de Woodstock desde sus comienzos, a través de la semblanza autobiográfica de uno de sus creadores. Tampoco ‘Shutter Island’ es de lo mejor de Martin Scorsese. Una película fallida y desmesurada, pero osada e hipnótica. ‘La cinta blanca’ es un Haneke más austero y aterrador que nunca en su denuncia de las perversiones de los sistemas totalitarios, germen y semilla del nazismo, a través de la historia de una pequeña comunidad regida por el fanatismo religioso más sádico y perverso.

Otros títulos estimulantes y revisables en esta oferta de septiembre son ‘El concierto’, de Radu Mihaileanu, ‘Una educación’ , de Lone Scherfig y ‘Hace mucho que te quiero’, de Philipe Claudel. La primera , coproducción de varios países, entre los cuales los de origen y adopción de su director, rumano afincado en Francia, es un relato brillante y excesivo, crítico y paródico, vitalista y emocionante, de la reparación, a través de un azar inesperado, de la injusticia política cometida contra unos músicos de talento, miembros de una famosa orquesta moscovita. La danesa Lone Scherfig narra en la sensible, inteligente y lúcida, ‘Una educación’ el dilema moral y vital al que se enfrenta una adolescente muy dotada en el Londres, más bien gris y nada proclive a las realizaciones profesionales femeninas, de principios de los sesenta. Por último el novelista francés Philipe Claudel aborda en su emotiva opera prima, ‘Hace mucho que te quiero’, la reintegración familiar, social y vital de una mujer con un oscuro secreto.

Carmen Jiménez