‘La red social: Conexiones’

He aquí la película que relata cómo fue posible la concatenación de casualidades que llevó a un joven tímido, más bien inexperto en habilidades sociales y, desde luego, de privilegiada y brillante inteligencia, a crear un espacio donde, teorícamente, se manifiestan todas las personalidades, todas las ideologías, todas las causas y todas las aficiones. Ese lugar, universal y libre- o, al menos, debería seguirlo siendo…- conocido como Facebook.

Corría el otoño de 2003. En la universidad de Harvard, una cita sale mal y la chica rompe con su pareja, el protagonista de nuestra historia. Este, despechado, idea un plan para humillarla usando internet como instrumento. De ahi pasa, al más burdo estilo machista, a urdir- junto a su mejor amigo – un juego comparativo sobre las bondades físicas de las estudiantes de los distintos centros a través de la red, que tiene un éxito inmediato, con decenas de miles de visitas. Logra, incluso, piratear sistemas informáticos de seguridad altamente sofisticados para añadir un ‘catálogo’ más amplio de jóvenes a la colección.

Esto llama la atención de dos hermanos, de elevado estatus social, quienes le encargan un programa más ambicioso de contactos circunscrito al ámbito universitario. Paralelamente a este trabajo, va configurando el germen de la red… La película nos muestra todo esto, a modo de flash back, junto a imágenes de las comparecencias legales del personaje central – Mark Zuckerberg – demandado por su citado ex mejor amigo y por los hermanos, por los que consideraban legítimos derechos de autores, o, como mínimo, co-autores, de semejante y altamente rentable fenómeno social.

David Fincher cuyo estilo, siempre refinado e inquietante, es, al tiempo, de una plasticidad singular con el tema que trata, prefiere dar cuenta de todos estos hechos exponiéndolos a nuestra consideración, sin coartadas emocionales o psicológicas. Los registra, a partir de la adaptación de la novela de Ben Mezrich, ‘Millonarios por accidente’, con una velocidad vertiginosa que compromete, a veces, el seguimiento de los diálogos, especialmente en versión original. Es la celeridad con la que funcionan las mentes prodigiosas de cierta élite académica estadounidense, cuyas miserias morales también se dejan entrever.

Como, y no unicamente, las del protagonista- un excelente Jesse Eisenberg, muy bien secundado por el resto de un reparto en el que destacan Andrew Garfield y Justin Timberlake. La inteligencia del realizador es no retratar ni a un héroe de nuestro tiempo, ni a un villano, sino a un joven de talento que supo rentabilizar las necesidades de conexión colectivas, aún a costa de las suyas propias.

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