‘Jane Eyre’: Gótico romántico

Charlotte Bronte escribió ‘Jane Eyre’ en 1847, cuando contaba 31 años y sólo le quedaban ocho más por vivir. De este bestseller de la época, y clásico intemporal por derecho propio, se han hecho más de diez adaptaciones al cine y a la televisión. Con directores tan notorios como Robert Stevenson, Delbert Mann o Franco Zeffirelli y encarnados por Joan Fontaine, Orson Welles, Susannah York, George C. Scott, Charlotte Gainsbourg o William Hurt.

La que acaba de estrenarse la firma el californiano Cary Fukunaga, cuya ópera prima ‘Sin nombre’ recibió las mejores críticas. Su guión está a cargo de Moira Buffini y cuenta con un reparto distinguido entre el que destacamos a Jamie Bell, a la gran Judi Dench y a los personajes centrales bajo los rasgos de Michael Fassbender y Mia Wasikowska, quienes tienen otras dos cintas en cartelera. El, la ya comentada en el blog, ‘Un método peligroso’, de David Cronenberg y ella, ‘Restless’, de Gus Van Sant.

La historia gótico-romántica de la huérfana cruelmente tratada por sus parientes y enviada a un odioso internado – por cierto, institución inspirada en la que llevaron a las hermanas Bronte a la muerte de su madre, y cuyas terribles condiciones y trato cruel provocó que contrajeran la tuberculosis, que acabaría con sus vidas a edades muy tempranas – del que sale convertida en institutriz y de ahí a un encuentro tan decisivo como espinoso… Esta conocida historia, pues, ha sido objeto en este caso de un tratamiento de guión más fiel al libro, con un enfoque circular y un recurso a los flashbacks, para ofrecer un más amplio panorama de las vivencias del personaje central al margen de su estancia en la mansión de Thornfield.

Esta fidelidad a la letra de la novela debilita paradójicamente a su espítitu, pues la convierte en más dispersa y hace que en ocasiones el ritmo decaiga. Así, pasan desapercibidos pasajes intensos y diálogos reivindicativos de las ansias de libertad de su protagonista, constreñida en razón de su sexo y de la época que le tocó vivir. Una puesta en escena tan correcta como fría para un relato apasionado e incandescente, tan lírico como oscuro, tan poético como atroz, tan inocente como perverso.

Tan sólo se atisba la personalidad doliente y arrolladora de Jane Eyre en la magnífica actriz que la interpreta de niña. La Wasikowska, en cambio, pocas veces da la talla y los matices. Le falta un hervor interpretativo, le viene grande el personaje. En cambio, Fassbender… es uno de los mejores actores de su generación y él si sabe componer poderosamente al desdichado y magnético Rochester.

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