‘Lo mejor de Eva’ : Spanish gigoló…

Mariano Barroso es un realizador dotado para el thriller, en el que turbias motivaciones eróticas y de poder suelen jugar un papel destacado. En este su último estreno continúa en esa línea argumental donde crimen, codicia y sexo se interrelacionan arteramente.

Trata sobre una jueza, una esforzada Leonor Watling, a quien ha correspondido la investigación de un violento asesinato en la persona de una adolescente de 17 años, bailarina de striptease. El principal sospechoso es un importante hombre de negocios, cuyos restos biológicos aparecieron cerca del cadáver y al que un testigo sitúa en el lugar la noche de los hechos. Pero la esposa le proporciona una coartada sólida…

Mientras, un chico de compañía, un irregular Miguel Angel Silvestre, se acerca a la protagonista con un evidente afán justiciero, ya que mantenía una relación afectiva con la víctima y acusa sin ambages al empresario citado. Al tiempo, va progresivamente debilitando la desconfianza y prevención iniciales hacia él por parte de la jueza, hasta consumar una relación de dramáticas consecuencias en el desarrollo del caso.

El guión, que firman conjuntamente Alejandro Hernández y el propio realizador, incurre en contradicciones difícilmente sostenibles, que dañan seriamente la credibilidad de la narración y, por tanto, de la propia cinta en su conjunto. La concatenación de hechos que lleva a la trágica conclusión no puede, ni siquiera debe, explicarse al espectador por unas mínimas y banales referencias infantiles y de personalidad del personaje central y su ambivalente relación con la autoritaria y represora figura paterna.

Sostener una óptica insidiosa sobre la profesionalidad de una mujer cuando se enfrenta a una tentación, por seductora que ésta sea. Sostener que llegue a arriesgar todo lo ganado en una vida, su deontología, su caso, la justicia misma y existencias ajenas en peligro, por un par de revolcones es, cuando menos, irrisorio. Incluso directamente insultante.

Para que tal aserto tenga verosimilitud, la cinta tendría que estar habitada por una pasión, un climax carnal, un amour fou, un frenesí sexual, unas pulsiones, una comprensión y conocimiento del alma humana, de sus contradicciones, oscuridades y honduras, que está muy lejos de mostrar, retratar y tener, ni en el fondo, ni en la forma.

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