‘The Pelayos’: Fuera de juego

De la filmografía del catalán Eduard Cortés destacamos, entre otros, dos títulos de interés, como ‘La vida de nadie’ y ‘Otros días vendrán’. Ahora, acaba de estrenar su última película dedicada al clan familiar de los García Pelayo. Estos hombres se hicieron  famosos por hacer saltar las bancas de varios casinos internacionales, con un método propio, y por haber sido expulsados de algunos de estos locales y haber finalmente ganado el pulso legal que mantuvieron con ellos.

De entrada, el cine y el juego combinan bien. De entrada, la idea de hacer una digna película comercial sobre un grupo familiar atípico, prometía. De entrada, se contaba con medios y ganas. De entrada, el reparto rezumaba solidez y confianza. De entrada, el realizador había hecho suyo el proyecto  a través de la escritura del guión, compartida con Piti Español, basado en el libro ‘La fabulosa historia de los Pelayos’. De entrada, se contaba con un buen equipo técnico. De entrada, se habían creado expectativas…

Pero.. y aunque la cinta tenga un buen comienzo, muy a lo Ocean´s Eleven, reclutando a los miembros familiares del equipo y desprenda ciertas dosis de  vitalidad, alegría y buenrollismo, esto no es suficiente. La intriga es previsible, carece de emoción alguna, es lineal y plana. Tiene una buena factura y los actores se esfuerzan por dar vida y verdad a sus esquemáticos personajes, pero no lo consiguen… Y estamos hablando, palabras mayores…, de los magníficos Lluis Homar o Eduard Fernández. El primero encarna al patriarca del clan – un hombre de arrolladora personalidad – de manera cansina y desvaída. El segundo a un villano – que no es tal, sino de quiero y no puedo- sin acabar de creérselo. En cuanto a los personajes femeninos… mejor corramos un tupido velo. Con decir que el mejor es Miguel Angel Silvestre encarnando a un ingenuo y simpático caradura… ya está dicho todo. Y no es imputable al reparto, sino al guión y a una errónea dirección de actores.

En un relato así, la tensión, el conflicto y las aristas no pueden estar ausentes. Tampoco el choque de personalidades, la atracción y la maldición del azar, el frenesí de ganancias y pérdidas, los casinos con sus luces y sombras… Pero aquí no. Todo es banal, una travesura algo irreverente como mucho. Apenas si es relevante lo que ocurra sobre el tapete, ni con los caprichos de la ruleta. Ni siquiera el famoso método para saltar la banca nos es descrito con propiedad… Los reyes del juego están fuera de juego.

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