‘Los niños salvajes’: Hijos del agobio

Patricia Ferreira consiguió con esta película el máximo galardón de la pasada edición del  Certamen malagueño, la Biznaga de Oro, junto a los reconocimientos al Mejor Guión, firmado al alimón por ella misma y Virginia Yague, y a los Mejores Actor y Actriz de reparto, Alex Monner y Aina Clotet respectivamente. La realizadora, responsable asímismo de las interesantes ‘Sé quien eres’ y ‘Para que no me olvides’, sigue en este drama con aires de thriller  a tres amigos adolescentes, dos chicos y una chica, en perpetuo conflicto con el universo adulto.

En efecto, los choques generacionales, escolares, familiares, con el mundo y la sociedad, en general, de los protagonistas son expuestos paralelamente a una  investigación policial. Mientras, se nos describe la vida del trío individualmente y en sus interacciones grupales y colectivas, su progresivo malestar con sus formas de vida, sus pruritos de evasión, su antagonismo ante  cualquier tipo de autoridad, sus coqueteos etílicos y pastilleros.

La película tiene una buena factura, está cuidada y bien interpretada, e intenta mostrar una visión  nada maternalista de unos personajes centrales marcados por la rabia, el agobio y la repulsa a lo establecido, sean progenitores o maestros. Pero no puede evitar incurrir en el tópico, en los clichés de los rebeldes sin causa y en las visiones esquemáticas de las responsabilidades y personalidades de los mayores. Así, describe con trazo grueso a algunos de éstos últimos, sin mostrar, excepto en algún caso, en contrapartida, sus desamparos personales, su escaso bagaje a la hora de tratar con hij@s conflictiv@s o sus vulnerabilidades de distinto signo ante  alumn@s problemátic@s. Con todo, el retrato de los profesores-as está bastante más logrado que el de los padres- madres, con la excepción del encarnado por Ana Fernández.

Deudora de un look y ritmo muy europeos, sus aciertos en la captación de ciertos  ambientes y situaciones no la salvan de una paradójica banalidad al afrontar una tragedia que pedía a gritos ser narrada a fondo y no sólo estilística y superficialmente. La intensidad y la rabia, el dolor y el desconcierto, la alienación y  las confusiones, las oscuras crueldades de una edad más que ingrata están enmascaradas por servidumbres estéticas y autorales. Lástima.

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