‘El amigo de mi hermana’: No hay dos sin tres…

La estadounidense Lynn Shelton, productora, guionista y realizadora de cine y de televisión, estrena esta su cuarta película que viene precedida por unas buenas críticas en su país y entronizada en Sundance. Fechada en 2011, con un metraje de noventa minutos, se integra en lo que da en llamarse cine independiente, del que hemos descrito algunas características en alguna reseña anterior.

En efecto, dentro de las distintas modalidades que este género suele mostrar, la cinta se decanta sobre todo por los abundantes diálogos. Con ellos se pretende dar cuenta de las personalidades de l@s protagonistas y del clima emocional que se establece entre ell@s. Un recurso tan hábil en un filme de bajo presupuesto – se desarrolla prácticamente en interiores – como deficitario en lo que se refiere a la complejidad de la historia.

Una historia que se desarrolla como un incipiente, aunque abortado, ‘ménage a trois’ entre dos hermanas y el amigo, casi cuñado, de una de ellas. El joven, más inestable e inseguro en todos los sentidos que ambas mujeres, se encuentra devastado por la muerte de su hermano, ex de su íntima amiga. De ahí el título original de ‘Your sister´s sister’. La chica le invita a pasar unos días a una casa de campo familiar en la que pueda sentirse sólo y tranquilo. Pero no ha contado con la presencia de su hermana allí, recuperándose de su ruptura con su pareja lésbica. Ambos se encuentran y…

Lamento mucho tener que escribir, porque hay una mujer tras la cámara que tiene cualidades como directora, que de todas las posibilidades que le ofrecía la situación antes descrita, Shelton ha optado por las más facilonas. Así, desmiente – en función de un presunto happy end políticamente correcto – la atracción y el deseo que se establecen entre dos de l@s protagonista. Inhibe la interacción a tres y la reserva para cuando el conflicto sentimental está cerrado en falso censurando, al tiempo, la bisexualidad de la lesbiana, atribuyendo a su intercambio erótico con el personaje masculino un fin utilitario, luego perverso y engañoso.

Así lo que podía haber sido una comedia romántica ácida, desinhibida, osada y divertida, se queda en un quiero y no puedo moderno y pseudoprogresista, pero muy convencional, rutinario y previsible en el fondo. Una pena el que su firmante no haya llevado ese no hay dos sin tres a sus últimas y estimulantes consecuencias.

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