Archivo diario: noviembre 5, 2012

SEFF, IX edición. Sección Oficial: ‘A perdre la raison’: Cadenas

Una joven luminosa, profesora de primaria. Un chico marroquí, que la ronda enamorado. Un maduro doctor, protector del muchacho. Una propuesta. Una boda. Una luna de miel nada convencional. Un matrimonio sin casa. Una solución tramposa y forzada. Un@s hij@s que van llegando. Una progresiva despersonalización. Una profunda infelicidad. Un padrino rico, poderoso y despiadado. Un control. Un maltrato. Una mujer desdichada. Una trágica y terrible determinación.

Una coproducción entre Bélgica, Luxemburgo, Francia y Suiza. Un director, el belga Joachim Lafosse. Una puesta en escena que ilumina lo oscuro. Unas elipsis sabiamente intercaladas. Una música que subraya y potencia. Unos interiores que devienen cárceles. Dos hombres sometiendo a una mujer. Una alienación seguida paso a paso. Un rostro devastado por el pesar. Una víctima y sus víctimas. Un final que cierra un círculo.

Una apuesta decidida por la libertad de la mujer. Una radiografía feroz del infierno doméstico. Un impío registro de los desastres familiares. Una actriz superlativa, una composición desgarradora, Emilie Dequenne. Unos pavorosos efectos secundarios de la opresión. Una cinta  que no juzga, ni condena, sólo muestra. Una realización que deja fuera de campo el pathos final, que sabe desvelar u ocultar, según convenga o no. Una película, otra, que no deben perderse.

SEFF, IX edición. ‘Boy eating the bird´s food’: Europa, Europa…

Palabras de Ektoras Lygizos, hombre de teatro, realizador, guionista y productor de esta ópera prima griega, integrada en la Sección Oficial, en la rueda de prensa que siguió a la proyección : «Es la historia de un ‘pobre nuevo’, de un joven que está aprendiendo a ser pobre en el día a día. De un joven dotado, culto, de clase media, para el que ya no hay un lugar en la sociedad porque ciertos dones no son ya valiosos…».

Y así, sigue a este adolescente  contratenor de talento y desempleado, en su errático deambular en una Atenas  hostil e indiferente que no tiene nada que ofrecerle. Ni trabajo, tras ser rechazado en una prueba de voz, ni como operador de marketing telefónico donde le cuelgan, sin darle oportunidad a explicarse…

Pero, sobre todo, en su piso, con el hambre siempre al acecho, compartiendo el alpiste con su pájaro, hurgando en bolsas de basura, robando un puñado de azúcar del anciano vecino al que eventualmente cuida, telefoneando a una madre ausente y distante -«las familias, el soporte imprescindible, ya no ayudan. Ni quieren, ni pueden ayudar» -, malvendiendo sus escasas y mínimas pertenencias o algunas de quienes ya no van a necesitarlas.

Pero el director no olvida tampoco las pulsiones eróticas del protagonista y nos lo muestra siguiendo a una joven, con la que llegará a tener ciertos contactos físicos, que ella rechazará en el cuerpo a cuerpo cuando descubre horrorizada que la extrema privación del chico provoca que pierda mechones de pelo. O el autoerotismo, con una descarnada escena masturbatoria en la que el hambre y el sexo se confunden en la eyaculación. O sus ‘duchas’ con una botella de agua fría cuando se la cortan por impago en su apartamento y se ejecuta el embargo.

Y su búsqueda de un espacio ruinoso donde él y su canario, al que nunca olvida y siempre alimenta, puedan guarecerse. Y… Esta desgarradora experiencia individual, relatada sin ningún tipo de énfasis o dramatismo, en esta cinta más que notable, documenta y da fe, mejor que muchas proclamas y panfletos, de que los terribles fantasmas  que recorren Europa en este siglo son la miseria y la desesperación.

SEFF, IX edición. ‘Amour’: Dignidades

Cuando terminó la proyección de ‘Amour’ un respetuoso silencio, más denso aún que aquel con el que fué seguida su proyección, se hizo sentir paradójicamente sobre un Lope de Vega casi completamente lleno. Haneke cierra en negro y va deslizando los títulos de crédito tras haberte expuesto al poderoso influjo de una cinta abismal, en el sentido más intimista y menos espectacular del término. Y te la llevas a casa, claro que te la llevas. E intentas recomponer sus piezas y las tuyas…

Es la una y cuarto de la madrugada y quien esto suscribe se niega a hacer una crítica al uso. Se niega a hablar, por ejemplo, de la Palma de Oro en Cannes. Se niega a hablar, por ejemplo, de que es una coproducción franco-germano-austríaca, de 128 minutos de metraje. Se niega a hablar, por ejemplo, de que, con seis candidaturas, es la película más nominada para los Premios EFA en las categorías de Mejor Película, Mejor Director, Mejor Actriz, Mejor Actor y Mejor Guión, escrito por el propio realizador.

Sí quiere hacerlo, en cambio, de esa pareja magnífica de octogenarios franceses, músicos y enormemente cultivados sobre los que un día se cierne la oscuridad. Sí quiere hacerlo, en cambio, de esa relación respetuosa, cortés, exquisita a la que la enfermedad pone  a prueba. Sí quiere hacerlo, en cambio, de esa sucesión de momentos cotidianos tan aparentemente sencillos que se transforman en titánicos esfuerzos, cuando el cuerpo y la mente no responden. Sí quiere hacerlo, en cambio, de la determinación de una mujer admirable de no ser una carga. Sí quiere hacerlo, en cambio, de la lucha de un hombre heroico por mantener a raya a la impotencia. Sí quiere hacerlo, en cambio, de las vejaciones de la edad, de la dependencia y de un mal que avanza progresivamente entre las paredes de una casa.

Y de cómo el realizador nos introduce en los momentos más íntimos con una ternura tan profunda como ajena a cualquier sentimentalismo. Y de cómo el realizador posa su mirada en una forma de vida acechada por la muerte. Y de cómo el realizador nos golpea con una dureza tanto más insidiosa cuanto más ajena a cualquier concesión dramática.

Y de cómo el realizador nos muestra sin ambages la vejez en el cuerpo, en los movimientos, en el esfuerzo titánico y lleno de dignidad de ganarle el pulso al día a día, cuando tienes que cuidar de tí mismo y de la persona amada. Y de cómo el ojo de su cámara se detiene, desmembra, escruta y nos revela lo que nos negamos a ver.

Y de cómo el realizador ha contado con dos protagonistas excelsos, prodigiosos, a quienes todos los honores les son debidos, Emmanuelle Riva y Jean Louis Trintignant y con la impecable presencia de Isabelle Huppert.

El resultado es una película estremecedora, una obra mayor implacable y trágica, que conmociona e impacta en lo más hondo e intensamente personal. Asómennse a su precipicio, si se atreven…