Archivo mensual: junio 2013

‘La Palabra y la Imagen’. Toma VIII: Fin de curso…

Nuestra tertulia de cine no pudo tener un mejor fin de curso. En esta primera edición de ‘La Palabra y la Imagen’, que vuestra generosidad e interés han convertido en un éxito de público, de calidad, de nivel y de participación, la toma VIII no podía ser menos. La asistencia ha superado las expectativas y el nivel del debate ha sido tan estimulante como enriquecedor.

 

Nuestro invitado de hoy, otro lujazo, el presidente de la Asociación de la Crítica Andaluza, ASECAN, Javier Paisano, introdujo el coloquio de ‘La caza’, de Thomas Vinterberg compartiendo una anécdota de cuando formó parte del jurado que la premió en el Festival de Cine Europeo de nuestra ciudad. Su voto, nos comentó, fue negativo a galardonarla y lo argumentó. Así, del tirón, puso el debate a punto y de qué manera. La fluidez verbal y el desparpajo dialéctico que le caracteriza, aliado a su divertida provocación y claridad expositiva, animaron aún más si cabe, un coloquio que se polarizó en opiniones tan contrapuestas como matizadas sobre la historia, los personajes, el tema central y su tratamiento.

Así tratamos del falso culpable, de la caza del hombre, del delito más odioso, de una comunidad cerrada en un país abierto, de sus trampas, esquematismos, de sus verdades, de su misoginia, de sus cualidades en cuanto a factura y puesta en escena, del protocolo que se activa y de la veracidad o falsedad del procedimiento, de Hitchcok, de Haneke y de sus versiones tan diferentes de temas semejantes, de la niña, del núcleo familiar, de…

Y con ‘Stoker’ ya teníamos el terreno más que abonado. A nuestro invitado, reconociendo sus valores y su fascinación visual, no le interesó demasiado. Lo cual, antes al contrario, no le impidió comentarla a fondo. Como la cinta tiene su miga, tod@s nos lanzamos en tromba. En general, gustó y mucho. Esa familia tan inquietante como desestructurada. Esa sed de mal que les caracteriza. Ese erotismo tan potente y desasosegante. Esa psicopatía aprendida desde la infancia, con la caza, de nuevo, de seres vivos. De sus protagonistas. Del buen hacer del reparto. Del terror aliado al fantástico que la define genéricamente. De sus influencias. Del creador de Drácula, Bram Stoker. De tío y sobrina. De la madre alienada y víctima. De ‘La sombra de una duda’, otro tío Charlie. De su ironía. De su potencia. De su capacidad de sugerencia, de su curiosa estructura. De cómo te llega y permanece, la desentrañas y recompones sus piezas…

Para la vuelta en octubre, con los tres meses que nos quedan por delante, el largo y esperemos que no demasiado cálido verano, no elegimos títulos concretos sino un resumen de lo más interesante de la oferta de la cartelera. Y nos prometimos seguir con alguna que otra quedada cinéfila. A ver si es verdad… Gracias a La Casa del Libro, a Manuel de Medio, a Federico Casado, Enrique Colmena, Juan Antonio Hidalgo, Lourdes Palacios, Juan Antonio Bermúdez y Javier Paisano por regalarnos su tiempo y sus conocimientos. Y, sobre todo, a vosotr@s, que sóis l@s mejores, por aportarnos tantas y tan diversas y enriquecedoras miradas sobre las cintas propuestas. Estamos en  contacto. Mis mejores deseos para vuestras vacaciones. Hasta muy pronto.

’15 años y un día’: Ausencias

El cine de Gracia Querejeta, sus seis películas anteriores y esta su última propuesta, está centrado, salvo alguna excepción, en el microcosmos familiar, por atípico que sea. Un microcosmos marcado, como se le ha hecho notar más de una vez, por la figura del padre ausente. No únicamente, claro. Pero esta particularidad gravita  sobre su filmografía de manera tenaz e insistente. Así, ‘Cuando vuelvas a mi lado’, ‘Una estación de paso’ , ‘Héctor’ o ‘Siete mesas de billar francés’ reflejan, en mayor o menor medida, esta querencia de la realizadora.

 

En ’15 años y un día’ hay no uno, sino dos padres ausentes. El de la protagonista, vivo pero lejano, y el del adolescente sobre cuya existencia y muerte se cierne un llamativo silencio, roto en una de las pocas escenas de la cinta en la que la emoción se hace presente. Pero luego retomamos este aserto. Y, claro, también hay dos familias. Una, la de la madre coraje, actriz en permanente casting y que no puede con un hijo más bien detestable… pero luego retomamos este aserto. Otra, abortada, la de sus progenitores o la de cada un@ en solitario. En fin, un grupo heterogéneo ni junto, ni revuelto, sino todo lo contrario, marca de la casa.

Desde una mirada violeta, cabe reprocharle a la cineasta en este, y también en otros filmes, su apuesta sin ambages por ciertos valores más que cuestionables de la masculinidad. El hecho es que sus protagonistas femeninas por fuertes, autónomas, y capaces que sean, sufren una suerte de síndrome de Estocolmo con respecto al hombre  – padre fundamentalmente, pareja o marido – con el que pueden ser críticas, pero ante el que caen rendidas a la menor ocasión.

 Otro hecho preocupante es que, en este y otros filmes, las protagonistas o secundarias aparezcan como amargadas o resentidas – véase el más bien infame trato conferido, en este caso, a la madre-abuela…- mientras que el varón es descrito con empatía, ternura y comprensión.  Ejemplificador el monólogo exculpatorio y autoinculpatorio de Verdú sobre la muerte de su más que turbio y controlador compañero.  Un hombre que abandona, es mucho mejor visto que una mujer que hace lo propio.

Los valores de la cinta están reflejados en los reconocimientos obtenidos en el pasado Festival de Málaga como los de la Crítica, Película, Guión y Banda Sonora Original. Escrito queda. Otra cosa es que, pese a sus cualidades y calidades, a quien esto rubrica le hayan pesado más sus carencias. En el fondo y en la forma. En sus clichés citados y en el retrato, tan comprensivo y cariñoso, de un chico malcriado y cruel, ese perro, ese perro… Otro tipo de adolescencia es posible, por favor. En sus subtramas – entre maternalistas y condescendientes, luego tópicas – con l@s latin@s, aunque la chica esté muy bien. En la búsqueda de la cosquilla emotiva que, salvo excepciones, no funciona. En su pretendida sutileza, que enmascara lo obvio, véase el personaje de Belén López. Maribel Verdú , Arón Piper y Tito Valverde se hacen valer sin problemas. Sobre todo, ella.

Escribiendo estas líneas, saltó a los teletipos la noticia de la muerte de una figura imprescindible para nuestro cine. La del productor Elías Querejeta, padre de la realizadora, a quien está dedicada la película, y, desde ahora, lamentable e irreversible ausencia en su vida y en las de quienes amamos el hecho cinematográfico.

En cartelera… Nueva colaboración con ‘Viva Sevilla’

Os dejo la colaboración semanal con ‘Viva Sevilla’…

en cartelera 07.06.13

‘360: Juego de destinos’: Convergencias

Entre los créditos del productor y realizador brasileño Fernando Meirelles está la aclamada ‘Ciudad de Dios’, sobre la novela de Paulo Lins, que le reportó varias nominaciones a distintos premios y representar a su país en los Oscars de 2004, su verdadera proyección internacional. La siguiente, ‘El jardinero fiel’, otra adaptación literaria, esta vez de John Le Carré, le deparó el Oscar a la Mejor Actriz Secundaria a Rachel Weisz y consolidó una carrera ascendente en el mercado europeo.

Esta que nos ocupa data de 2011,  una coproducción entre Francia, El Reino Unido, Brasil y Austria, de 110 minutos de metraje, versión libre del clásico ‘La Ronda’, de Arthur Schnitzler, en el que se describe a una serie de hombres y mujeres unidos por el azar, el sexo, el amor, el matrimonio o el adulterio. Peter Morgan firma el guión.

Así, Meirelles hace confluir a varios personajes en distintos escenarios, países y circunstancias, pero con el denominador común de un toque muy cosmopolita y de formar parte del género por derecho propio de las vidas cruzadas. Aquí tenemos desde el dentista musulmán enamorado en silencio de su ayudante mal casada, hasta la eslovaca que se inicia en la prostitución de alto estanding. Desde el marido que contrata servicios sexuales y la esposa, que tiene una aventura clandestina. Desde la joven inocente que intima con el chófer de un mafioso, desconociendo su identidad, hasta la chica engañada por su novio. Desde el padre en busca de su hija, hasta un hombre peligroso que intenta reinsertarse…

Pero todos estos relatos carecen de pasión, son perfectamente olvidables aunque algunos sean más interesantes que otros. No  comprometen ni emocional, ni ética, ni ideológica, ni estéticamente. No aportan, pese a pretenderlo, ninguna reflexión, ni observación, ni crítica sólida alguna sobre el microcosmos que intentan reflejar. Ni sobre la sociedad de consumo, la delincuencia organizada o la individual, la burguesía, la inmigración, las relaciones entre los sexos… Su acercamiento a estos temas es tan esquemático como superficial. Tan banal como tópico.

Un envoltorio de celofán de buena factura, con un reparto atractivo y desaprovechado en el que destaca Anthony Hopkins, porque su personaje es el más consistente. Reservada únicamente a quienes prefieran al ver cine – algo legítimo, desde luego – la evasión a la exigencia.

La gala de Blogosur, en el programa de Canal Sur Andalucia.es

Os dejo este enlace con el programa Andalucía.es de Canal Sur Televisión, donde recogieron ampliamente la gala de los premios Blogosur (ya sabéis, donde Sevilla Cinéfila obtuvo el premio al Mejor Blog de Cultura en 2013). El reportaje está a partir del minuto 9:45…

‘Hijo de Caín’: Tenemos que hablar de Nico

El guionista y realizador catalán Jesús Monllaó Planas, debuta en esta ópera prima rodada en su lengua original y, lamentablemente, doblada al castellano, con lo que tiene de agravio para el trabajo actoral y el propio clima del filme. Es un thriller, que adapta la novela de Ignacio García-Valiño, ‘Querido Caín’, y cuya escritura firman Sergio Barrejón y David Victoris. Con 100 minutos de metraje, se inscribe en la línea de pretendida renovación  del cine de género cultivada, con desigual fortuna, por jóvenes directores del país.

La historia remite a una familia acomodada que tiene dos hijos. Una pequeña encantadora y un chico de quince años, con una inteligencia privilegiada, gran pasión por el ajedrez y un carácter hosco, cerrado y difícil, especialmente conflictivo en relación a su padre. Cuando protagoniza un hecho atroz, los progenitores se ven en la tesitura de tomar una decisión respecto a él. Y es la madre, siempre comprensiva, quien lo hace imponiéndose a la línea dura del progenitor. Así, el joven entra en contacto con un psicólogo y con el mundo del ajedrez profesional. Turbios secretos saldrán a la luz y la tragedia se hará presente.

Pese a contar con elementos que la hacen interesante como una buena gradación del suspense. Un clima desasosegante, especialmente en la primera parte. Un tablero con  las piezas  expuestas, aunque se reserven los movimientos. Una puesta en escena elegante y contenida, que no abusa del efectismo facilón. Una inquietante reflexión sobre la génesis del mal. Un reparto que se entrega y que cumple, aún perjudicado por el doblaje. La prestancia de Jack Taylor. La determinación de María Molins. La consternación de José Coronado. La ternura de Helena de la Torre. Y David Solans que, aún sobreactuado en ocasiones, ofrece el rostro impenetrable y perturbador del lado oscuro. Para él, lo digo desde ya, habrá candidatura al Goya. Y no sólo…

Pero… el guión hace aguas en la segunda parte. Las subtramas no dejan ver el bosque y las resoluciones ofrecidas son de una sonrojante falta de verosimilitud, un insulto a nuestra inteligencia. Las virtudes descritas en el párrafo anterior se pervierten en defectos, en lastres que afectan al propio ritmo, que se precipita y banaliza. A las propias interpretaciones, que se exasperan. A los propios personajes, protagonistas de un drama que se devalúa cuando debería ganar en climax. Este jaque al rey, esta jugada que se pretendía definitiva, ni siquiera queda en tablas, sino que pierde la partida.

‘En otro país’: La(s) extranjera(s)

El cine coreano sigue dando muestra de una vitalidad e interés incuestionables. Desde su recreación de los géneros al uso,  tan nuevos y mucho más potentes cuando sus realizadores los tratan de acuerdo a sus señas de identidad, como a relatos – así, el que nos ocupa – en los que registran de forma singular modos de vida que nos resultan peculiares y desconcertantes, sin dejar por ello de ser universales.

‘En otro país’ pertenece a este segundo apartado. Dirigida y escrita por Hong Sangsoo, tiene 89 minutos de metraje y está dividida en tres actos, en los que, en el mismo lugar, Mohang, una ciudad costera, interactúan diferentes personajes e historias. Tales como una madre y una hija quienes, acuciadas por las deudas, se refugian allí. La chica, muy inteligente, escribe el guión de un corto. Luego está el socorrista siempre en su tienda de campaña en la playa o nadando en solitario.

Tales como tres mujeres europeas, las tres llamadas Anne y las tres bajo los rasgos y el talento de Isabelle Huppert. Una es una conocida directora de cine. Otra una mujer casada con un amante coreano. Y a la tercera, su marido la engañó con una coreana. Las tres se hospedan en el mismo hotel y entablan amistad con el citado socorrista y con la hija de la dueña del establecimiento. Las tres se interesan por un faro al que nunca acaban de llegar. Las tres resultan desconcertadas por la actitud masculina nativa. También aparecen como personajes fijos una pareja en las que la esposa está embarazada y desconfía de la atracción del marido hacia la extranjera.

Bajo una apariencia ligera y superficial, la mirada del cineasta registra con humor y sutileza las distintas personalidades que se dan cita en un paisaje tan proclive a los usos sociales como a los impulsos más espontáneos. Contempla con ironía crítica el comportamiento de los nativos con las mujeres, y especialmente con las occidentales, cuya cortesía confunden con intentos de seducción. Da divertida cuenta de los equívocos a que esto da lugar en individuos primarios y sexistas, incluso si son cultivados. Pero también nos hace partícipes de la alteridad que una civilización tan distinta hace sentir en sus visitantes extranjeros, sobre todo en las extranjeras.

Muy bien interpretada y rodada. Pródiga en lecturas, interpretaciones, giros, juegos, lenguajes no verbales, sugerencias…, pese a su sencillez formal,  que hay que estar atent@s para captar y disfrutarlas. Hong Sangsoo te hace sentir a la vez próximo y lejano, en ese lugar extraño, peculiar, y a menudo incómodo, aunque siempre enriquecedor. En ese otro país geográfico, emocional y fílmico en el que nos sitúa como espectadores-as.