Polanski versus von Trier: Perversiones…

Coinciden en nuestras carteleras dos películas de muy distinto signo, pero relacionadas ambas con las llamadas perversiones del erotismo. La psiquiatría clásica, la pionera en la sexología,  acuñó este término para “designar un comportamiento o un conjunto de prácticas que no se ajustaban a lo socialmente establecido como sexualidad normal en la época”. Este término fue redefinido por Freud, pero despojándolo de sus connotaciones peyorativas. Son fuentes de la imprescindible página de consulta, Wikipedia.

Así que los dos realizadores europeos se ocupan de este presuntamente escabroso tema, bajo ópticas, puestas en escena, historias y enfoques muy contrapuestos. Las películas que las ejemplifican son, obviamente, ‘La Venus de las pieles’ y ‘Nymphomaniac. Volumen 2’, porque del primero – aunque es una única cinta – ya dejamos constancia crítica en estas páginas. Polanski adapta la obra teatral basada en la novela de Sacher Masoch del mismo título y von Trier es el autor del guión.

En ambas, un hombre y una mujer se enfrentan y se confrontan. En ambas, el hombre es el teórico, el intelectual, y la mujer, en principio, el sujeto de las experiencias. En ambas, los roles de género están claros aunque se cuestionen mucho más en una que en la otra. En ambas, la mujer tiene un erotismo desinhibido y transgresor. En ambas, hay un juego de seducción entre los protagonistas. En ambas, el varón es el presunto perdedor. En ambas, la fantasía juega un papel primordial. En ambas, la sexualidad – perversa o no – está en función de los cánones masculinos, definida por ellos.

Pero Polanski sorprende con una obra aparentemente ligera, aunque densa y compleja en lecturas y significados. Con una puesta en escena austera y clásica, lo que en otras manos se hubiera convertido en teatro filmado, se muestra como un fascinante juego de seducción, entre el sueño y la realidad, entre la realidad y el deseo, en el que nada, ni nadie es lo que parece. Y que confiere voz propia y crítica con los esquemas de su partner, a la protagonista, una fascinante y espléndida Emmanuelle Seigner a la que le da la perfecta réplica un Mathieu Amalric, alter ego físico del realizador, y un actor excelente siempre.

En cambio, la cinta de von Trier, en esta su continuación o volumen 2, sigue confiriendo pretensiones de universalidad a unas reflexiones y prácticas que no dejan de estar en el peor imaginario colectivo machista y sexista, pero haciéndolas pasar, más que insidiosamente, como deseos femeninos. Es decir, deseos de humillación, de ser maltratadas física, psicológica y moralmente como último recurso, en el filme, de una sexualidad dormida. No se cuestionan nunca tales presupuestos, como síntomas de dominación, como tampoco en el caso de la pedofilia…, o de un flagrante abuso de poder, sino que, por el contrario, se les da carta de naturaleza transgresora. Gaingsbourg y Skarsgard bordan sus personajes.

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