Archivo diario: marzo 30, 2014

‘Ocho apellidos vascos’: Gora, miarma…

Quien esto firma ha visto esta película, se supone que en su salsa, aunque a la bastante prudente y discreta primera hora de la tarde, con la banda sonora – en todos los sentidos…- de pandillas de adolescentes con las hormonas a tope y estentóreos en todas sus manifestaciones. Quien esto firma pensaba que, aunque sus apriorismos negativos ante el tema eran muchos, el oficio de su realizador ayudaría a salvar algún que otro escollo. Quien esto firma, no ha querido perderse este fenómeno de masas y dar cuenta de sus impresiones en el blog. Quien esto firma, se alegra de que sea un taquillazo. Quien esto firma, se ha reído, incluso en contra de sus principios, en más de una ocasión. Pero quien esto firma, cree que todo ello es insuficiente.

La filmografía del madrileño Emilio Martínez Lázaro, cosecha del 45, nos ha deparado obras de cierto interés como, entre otras,  ‘Amo tu cama rica’, ‘Carreteras secundarias’ o ‘El otro lado de la cama’. En esta su última propuesta, chico tópicamente sevillano conoce a chica tópicamente vasca, abandonada por su novio en vísperas de la boda y, ante el rechazo asustado de su entorno, decide seguirla a su tierra. Una vez allí, la vuelta del padre de ella, ausente durante años y conspicuo nacionalista, complicará aún más las cosas.

El arranque resulta tan divertido como provocador, eficaz en la representación de los clichés más rancios del typical Hispalish, a lo que el tándem Alfonso Sánchez- Alberto López contribuye poderosamente. Y, desde luego, la química entre Dani Rovira y una estupenda Clara Lago, con ese poderío de que hacen gala las mujeres que pueblan el universo fílmico del director. Borja Cobeaga y Diego San José garantizan brillantes diálogos que sirven al lucimiento del reparto. Sí, pero…

Lo que podía haber sido una mirada tras la cámara impía, feroz, inclemente y dinamitera, se viene abajo tras la primera parte. Atenta más a la sentimentalidad que a la crítica a unos casposos estereotipos, cae de lleno en los lugares comunes que pretende poner en solfa. El ritmo se resiente, el guión no se sostiene y se hacen todas las concesiones posibles, diluyéndose el interés por una trama más que previsible, con una puesta en escena plana y desganada.

La inverosimilitud de lo narrado no trasciende en un surrealismo a lo bestia, sino que se acomoda a la banalidad romántica sin que unos secundarios de cartón piedra deshagan el entuerto, antes al contrario. El golpe de efecto tosco, burdo y facilón le gana la batalla a la transgresión inteligente. Desde luego, la comercialidad está asegurada pero también el que, con su visión, persistan y se refuercen los esquemas pretendidamente cuestionados. Porque además el ‘combate’ entre el Gora y el Miarma, se resuelve a favor de este último sin que el buen hacer de Karra Elejalde, Carmen Machi le secunda muy bien, pueda evitarlo. Se siente y avisad@s quedan.