Archivo mensual: abril 2014

‘En cartelera’: Una oferta variada y dos ausencias

 

Mañana, por mor del puente, vuelven los estrenos. Y a fe que la oferta es amplia y heterogénea. Comenzamos por lo, sobre el papel, más interesante. Como la coproducción entre Hungría, Alemania, Francia y Austria, ‘El gran cuaderno’, de Janós Szász. Obtuvo el Gran Premio en Karlovy Vivary y concursó en la Sección Oficial del pasado Festival de Cine Europeo de nuestra ciudad. Situada en la postguerra de la Segunda Gran Contienda Mundial, describe los devastadores efectos, en dos niños gemelos, del contacto con la crueldad del mundo adulto. En general, a la crítica acreditada le gustó. No así a quien esto firma. Las razones las tienen en la entrada correspondiente.

Paco León sigue con su saga, mitad ficción y mitad autobiográfica, en ‘Carmina y amén’, Premios al Mejor Guión y a la Mejor Actriz de Reparto en el Certamen malagueño. En general, la prensa especializada la ha considerado más madura y elaborada que su predecesora. Continuamos con dos estadounidenses. La primera de ellas, ‘Aprendiz de gigoló’, la quinta como realizador del actor John Turturro, quien es también uno de los protagonistas junto a Woody Allen. Una mezcla de géneros, cuyas reseñas en su país han sido bastante favorables. En su lujoso reparto, se incluyen también Sharon Stone y Sofía Vergara.  Y la segunda, un thriller de ciencia ficción, que viene precedido de división de opiniones, ‘Divergente’, de Neil Burger.

Y la mexicana, ‘No se aceptan devoluciones’, de Eugenio Derbez,  con el clásico argumento de hombre y bebé inesperado. Contrastes críticos. Pero, en cambio, la hindú-franco-alemana-estadounidense, ‘The lunchbox’, de Ritesh Batra, mezcla de drama, comedia y romance, con algo de suspense, ha gustado mucho a quienes la han visto.

Finalizamos con las lamentables y pertinentes ausencias que se arrastran desde el pasado viernes. Una de ellas, además, hispano-venezolana, Goya 2014 a la Mejor Película Hispanoamericana. Se trata de ‘Azul y no tan rosa’, de Miguel Ferrari. Una comedia dramática sobre la homofobia que, en general, ha tenido una buena aceptación. Y la norteamericana, ‘Los huéspedes’, de Ti West. Un thriller de terror sobrenatural que ha interesado en líneas generales. Pero parece ser que nos quedaremos sin verlas… Indignante, sin paliativos.

‘Tren de noche a Lisboa’: Saudade

Parece ser que la novela de Pascal Mercier en la que se basa esta coproducción germano-suiza-portuguesa, que hemos visto en su versión original inglesa, tiene las mejores referencias críticas. Y es un hecho que su realizador, el danés Bille August, es un experto en dignas adaptaciones literarias y ahí están para atestiguarlo títulos como ‘Pelle el conquistador’ – Palma de Oro en Cannes, Globo de Oro y Oscar a la Mejor Película Extranjera en 1988 – o ‘Las mejores intenciones’, segundo máximo galardón de Cannes en su haber, en 1992, sobre la historia de los padres de Ingmar Bergman. También ‘La casa de los espíritus y ‘Smila: misterio en la nieve’.

‘Tren de noche a Lisboa’ es la historia de varias personas cuyos destinos se cruzan y no necesariamente en el mismo espacio temporal. Un profesor de latín, una chica desesperada, un libro que incita a conocer al autor, una oftalmóloga, un viaje que resultará crucial…

Con estos mimbres, el realizador ha pergeñado una cinta pretenciosa, pedante y aburrida, indigna de su filmografía más notable. Carente de vida, intensidad y pasión, algo imperdonable en un relato de amores y resistencia a una feroz dictadura. Grave error de casting, además, la presencia – tan inane y desangelada – de un Jack Huston, a cuyo personaje se le describe como lleno de atractivo, energía y carisma.

Y en cuanto a la obra filosófica que provoca en el protagonista – excelente Jeremy Irons, lo mejor de un reparto en el que se agradecen las presencias de, sobre tod@s, Christopher Lee, pero también de Martina Gedeck  y de Lena Olin, y en el que hay que lamentar los esquemáticos personajes de Mèlanie Laurent y de Charlotte Rampling – esa conmoción intelectual y vital, no se sostiene de puro simplista y pseudotranscendente. En cuanto a las tribulaciones políticas y sentimentales de l@s jóvenes del pasado,  rozan el ridículo en más de una ocasión.

Lástima de material y de equipo técnico-artístico desaprovechados. Porque, además, está mal filmada. Con una pátina que pretende transmitir nostalgia o saudade, en este caso, y resulta rancia y anticuada. No se reconoce al cineasta solvente y sensible que ha sido, más que por algunos, mínimos, destellos. En fin…

 

No solo cine: Verdor y negrura

La abajo firmante tiene tres casas: la suya propia, las salas de cine y la Biblioteca Infanta Elena – a la que, como pensamos tant@s, habría que cambiar el nombre ya…- y el orden de los factores no altera el producto. Ahora que, por razones cronológico-laborales, goza del precioso regalo de la prolongación de su tiempo libre – y antes de que llegue el temido desierto cultural del verano hispalense – aprovecha para frecuentar aún más las dos últimas y sus más que interesantes propuestas.

Antes de llegar al querido lugar de lectura ya citado, y vecino a ella, está la sede de la Fundación Valentín de Madariaga, espacio de interesantes muestras como la que organiza la asociación Cultura Infinita, hasta el 4 de mayo, con motivo del centenario del sevillano parque de María Luisa. En una pequeña sala, la artista israelí, residente en nuestra ciudad, Rinat Izhak, ha recreado parte de la atmósfera del lugar en ‘Retratos Naturales’. Así, con un banco de hierro al que rodean ramas semejando un árbol, de las que penden dibujos y fotografías de recuerdos donadas por el público y grabados en tinta china de la flora del entorno.

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Como recuerdo de esta visita, quien esto firma pidió a un amable y excelente fotógrafo profesional llamado Adam Newby, que registrara el momento captando con su cámara a la autora y a ella, con el fondo del ambiente  de la exposición y ahí está el hermoso resultado. Gracias, Adam. Gracias, Rinat. Quien esto firma se perdió, no obstante, un prometedor recorrido por el parque, guiado por la artista, en beneficio de la mesa redonda sobre Novela Negra, que organizaba en la Infanta Elena el grupo que coordina el Bibliofórum allí.

Hicieron los honores Juan Ramón Biedma y José Diego Pacheco, ambos expertos en el género como autor y como coordinador de varios clubs de lectura monográficos sobre él, entre otras muchas cosas de sus apabullantes currículums,  respectivamente. De entre lo que se dijo en la mesa, incluyendo presentadora y personas del público que intervinieron en el debate, hay que seleccionar necesariamente, pues fue mucho e interesante.

Se distinguió entre novela de intriga o policíaca y novela negra. Se tomaron como precedentes históricos del primer apartado las tres novelas de Edgar Allan Poe protagonizadas por C. Auguste Dupin. Se hizo saber que Sir Arthur Conan Doyle odiaba a Sherlock Holmes,  tanto como Agatha Christie a Poirot aunque adorase a Miss Marple, un trasunto de sí misma.

Se comentó que en esta modalidad había un menor estudio de personajes y del ambiente y un máximo acento en el asesino, que solía ser descubierto con un protocolo en el que el o la sabues@ le señalaba entre una reunión de sospechos@s. Se la describió con un mayor acento en la evasión y un menor cuidado en el estilo, con ilustres excepciones, como algunas de las mencionadas. Se subrayó que en ella lo importante sucedía de la víctima hacia detrás en el tiempo y en la segunda, de esta hacia adelante.

Para ejemplificar la novela negra propiamente dicha, se proyectó una escena del inmortal clásico ‘El sueño eterno’, de Howard Hawks, basada en la obra maestra de Raymond Chandler, con un insuperable dúo Bogart-Bacall. Su detective, Philip Marlowe, es todo un pionero. Como Dashiell Hammett y su Sam Spade… Entre sus señas de identidad, se mencionaron el ser social y urbana y poner el acento en la investigación, más que en el descubrimiento del criminal mismo, aunque no sea excluyente. Así como un cuidado por los personajes, ambientes y situaciones. Aunque admita mezclas no se puede considerar a un western, o novela histórica – sin policías, ni investigación posibles…- como género negro. Con la excepción de la historia de otro clásico cinematográfico, ‘Solo ante peligro’, de Fred Zinnemann.

Se añoró mucho a Vázquez Montalbán, se citaron a Juan Madrid, a Marcial Lafuente Estefanía, a González Ledesma, otro referente, al pulp hispano. Se incidió en las diferencias entre la producción de los países cálidos y latinos, como el nuestro, y la de los escandinavos. En clima meteorológico y clima narrativo, por las formas de vida tan diferentes y contrastadas. Y tantas, y tantas otras cosas estimulantes y documentadas,  sobre este espejo de la sociedad de su tiempo. Sobre este retrato nada complaciente de un estado de cosas, que solo ahora está comenzando a valorarse como parte ineludible de la mejor oferta literaria.

No solo cine: Día de libros…

Una librería irrepetible, La Extra-Vagante de Sevilla. Una responsable muy creativa, Mayte Aragón. Unos compañeros cómplices que la secundan, Claudio y Joaquín. Una iniciativa única en esta ciudad. Unas editoriales que la apoyan. Cinco valiosos libros en cinco sofás y en la acera. Cuatro autores y una autora, James Salter, Luis García Montero, Enrique Vila-Matas, Anton Chejov y Raquel Díaz Requera. Una mañana primaveral, con sol y nubes. El primero y el tercero tuvieron quienes les leyeran. Un hombre y quien esto firma, entre la curiosidad de la calle.

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Fotos y preguntas, otras dos mujeres se atreven a sentarse. La gente y los medios se hacen eco. Curios@s, tímid@s y prudentes, piden permiso para dejar constancia, vía móviles, del peculiar e inédito espectáculo. La periodista Olga Granado lo registró para eldiario.es, en su sección andaluza. Bajo el escrutinio del  público de la Alameda, la lectura sigue. ‘Todo lo que hay’, este es el título de quien esto firma. Un hombre de 88 años, tras treinta sin escribir, que aborda otra obra mayor con una calidad y lucidez admirables. James Salter, imprescindible. En hora y media, cincuenta páginas absorbentes. Y, claro, hay que comprar la novela…

Por la tarde, en la Biblioteca Pública Infanta Elena, otro tributo al 23 de abril, en el que se integraron varios homenajes. A saber, participaban el Centro Andaluz de las Letras y el de Estudios Andaluces, en las personas, respectivamente, de su director, Juan José Téllez, y de su directora, Mercedes de Pablos. El primero honró a la maestra  María Victoria Atencia, autora del año en Andalucía, y la segunda leyó, muy bien, el hermoso manifiesto de Almudena Grandes, toda una declaración de amor al libro y a la lectura.

Además, la profesora de Historia Contemporánea de la Universidad hispalense, Inmaculada Cordero, glosó – como experta en el tema que es – el exilio republicano español en el México de Cárdenas, pues se presentaba el libro autobiográfico sobre un sevillano entre las dos orillas, Luis Suárez, ‘Puente sin fin’, representado por su sobrino, José Luis, que le recordó emocionado. Y publicado por una editorial emblemática, Renacimiento, cuyo responsable, Abelardo Linares, también intervino.

Libros, lecturas, lectores-as, Memoria, Historia e historias… en una mesa redonda, y un debate posterior, enriquecedores, magistrales y absorbentes. Quien esto firma, solo tiene una objeción que hacerse y que hacer. Una pregunta que debió formular y ser formulada. Entre tantos, tan ilustres, justamente reivindicados, reivindicables y visibilizados nombres propios masculinos… ¿dónde las mujeres?

‘Crónicas diplomáticas. (Quai d´Orsay)’: Res Publica

A punto de cumplir 73 años, Bertrand Tavernier es todo un clásico del cine francés y universal con 25 títulos en su filmografía, incluyendo la cinta que nos ocupa. Títulos entre los que hay obras mayores como ‘El relojero de Saint-Paul’, ‘Un domingo en el campo’, ‘El juez y el asesino’, ‘Ley 627’, la demoledora, ‘La carnaza’, Oso de Oro en Berlín, ‘Hoy empieza todo’ o ‘La vida y nada más’ y un largo etcétera. Autor comprometido política y socialmente con el tiempo que le ha tocado vivir, nunca se ha permitido el sectarismo, la superioridad moral o las exclusiones ideológicas, aunque esté inequívocamente de parte de las víctimas y en contra de los abusos de y del poder.

Puestas así las cosas, el establishment gubernamental ha sido objeto de sus dardos críticos, directa e indirectamente. Pero es la primera vez que se los dedica a los entresijos de la llamada alta política y en clave de sátira, además. La historia está basada en la novela gráfica homónima de Christophe Blain y Abel Lanzac. Este último, antiguo asesor del ex primer ministro, Dominique de Villepin. Luego es un secreto a voces que está inspirada en la figura de este personaje público, que aquí toma los rasgos de un hiperactivo Ministro de Asuntos Exteriores.  Este hombre  trae loco a su equipo con los, a la vez, rígidos y ambivalentes conceptos en los que basa su trabajo  y contrata a un joven, de izquierdas e ilustrado, para redactar sus discursos, poniéndole a prueba continuamente. Mientras, varias crisis internacionales empeorarán las cosas…

La mirada del cineasta no deja títere con cabeza al exponer, de forma corrosiva, ácida e hilarante, las miserias de un individuo prepotente, egocéntrico y narcisista que incurre en contradicciones enormes y que, bajo sus pretendidas solemnidad y carisma,  esconde una ignorancia y una tosquedad escandalosas. Sin el menor asomo de autocrítica, por descontado. Revela de qué manera puede provocarse y-o resolverse una catástrofe diplomática por un punto o una coma, poniendo el acento en esto o en aquello. Afirmando una cosa y la contraria simultáneamente. Demoledor.

Y también retrata ese peculiar microcosmos de asesores-as de un personaje tan ciclotímico. Un personaje cuyas delirantes entradas en los despachos hacen que los documentos vuelen, que nunca está satisfecho con nada, que no respeta la privacidad, ni el tiempo libre ajenos, que espera de ell@s una adhesión y disponibilidad absolutas. Este staff, presuntamente privilegiado, pero sometido a presiones, estrés y pequeñas humillaciones cotidianas, que debe sacrificar su sentido común, conocimientos y hasta sus ideas por conservar su trabajo. Víctimas, pero también cómplices, no se escapan del escalpelo de Tavernier.

No es lo mejor de su filmografía y se resiente de tics, reiteraciones, cierta ausencia de sutileza y otros excesos. Pero merece la pena asomarse a ella, de todas, todas. Y su reparto está magnífico. Comenzando por Thierry Lhermitte, Raphael Personnaz – que ganó un César al Mejor Actor de Reparto -, el siempre solvente Niels Arestrup, Julie GayetAnaïs Demoustier y un largo etcétera en el que incluimos la estimulante presencia de Jane Birkin.

‘Guillaume y los chicos, ¡a la mesa!: Cherchez la mère…

El francés Guillaume Gallienne – actor, guionista, dramaturgo y realizador, cosecha del 72 – consiguió con esta su ópera prima – basada en su obra teatral  homónima autobiográfica, en la que interpretaba todos los papeles –  5 Premios César. A saber, Mejor Película, Mejor Actor, Mejor Debut, Mejor Montaje y Mejor Adaptación y una taquilla de más de tres millones de espectadores en su país. Tercero de cuatro hermanos, y el único débil y vulnerable, fue distinguido siempre por su madre – una excéntrica aristócrata ruso-georgiana – como alguien especial, no exactamente un chico – de ahí el título – lo que le llevó a adoptar actitudes femeninas y a imitarla en lo que podía. Son fuentes de otra página imprescindible, Wikipedia.

Gallienne ha declarado que “he pagado una fortuna a psicoanalistas durante años”. En efecto, y aunque la historia está narrada básicamente desde el humor, subyace en ella una profunda tristeza y amargura hacia un ser desvalido, inocente y ansioso de afecto, buscando su lugar en el mundo, empezando por sus propios cuerpo e identidad sexual. Un ser desvalido, víctima de la confusión en la que se le ha condicionado y del machismo y la homofobia más recalcitrantes, junto al odio al diferente.

Insistiendo. La clave irónica, e incluso de farsa, conscientemente teatral y artificiosa, de show monologuista, base de su inspiración, con la que está contada, no oculta este demoledor mensaje subliminal. Subliminal y  algo perverso, porque nos convierte en cómplices de sus desdichas al provocar nuestras risas de y con ellas. Esta es, sin duda, la parte más brillante de una cinta barroca, voluntariamente excéntrica – como la mayoría de los personajes que la habitan – y excesiva, que dinamita las convenciones narrativas al uso, manteniendo intacta su vocación de llegar al gran público.

Esta y las interpretaciones del propio realizador en su propio rol y el de su progenitora y el resto del reparto en el que hay nombres propios como el de Françoise Fabian o Diane Kruger. Su fotografía, banda sonora, el guión , del propio realizador y un considerable etcétera. Pero a quien esto suscribe le ha molestado un tanto -manías personales- tanta voz en off y el acento densamente cargado en la responsabilidad materna en sus desdichas, pues su composición roza el cliché y la caricatura misóginas, si bien llena de ironía.

Otra cosa. El ‘happy end’ normativo al uso, es desmentido por las declaraciones del cineasta sobre su bisexualidad confesa compatible, en su vida real, con un matrimonio bien avenido. Desde la opinión de quien esto firma, la inclusión de esta circunstancia hubiera enriquecido mucho el relato. En cualquier caso, véanla.

‘Mejor otro día’: La muerte os sienta tan mal…

Dos hombres y dos mujeres coinciden involuntariamente en la noche y en la azotea londinense preferidas por quienes se han propuesto abandonar este valle de lágrimas. O sea, Topper´s House, en la ficción, y la Nochevieja. Este es el punto de partida de la cinta británica, ‘Mejor otro día’ – otro desafortunado título español para el original ‘A long way down’, basada en la novela homónima de Nick Hornby, traducida más ajustadamente al castellano como ‘En picado’ – dirigida por el guionista, ayudante de dirección y realizador francés, Pascal Chaumeil.

Martin, Marian, Jess y JJ tienen, o creen tener, motivos para acabar con todo. Por este orden, un maduro periodista televisivo con un programa de éxito que acabó sucumbiendo a los encantos de una adolescente, lo que le costó la cárcel, su matrimonio, sus hijas y su trabajo. Una mujer madura, madre en solitario y solitaria de un hijo totalmente discapacitado, que no vive más que para cuidarle e ir a la iglesia. Una díscola, impertinente y deslenguada jovencita, hija de un ministro, con un trauma familiar a su espalda. Un chico norteamericano ex músico, a quien su pareja le ha abandonado, que malvive trabajando en una pizzería y es presa de un mal incurable.

Cuatro visiones de la vida, cuatro biografías, cuatro generaciones. Cuatro miradas, tres ácidas y una inocente. Cuatro personalidades. Más de cuatro razones, presuntamente, para arrojarse en picado en esta fecha paradigmática.  Con lo que no contaban, es con hacerlo simultanea e imprevistamente. Con lo que no contaban, es con conocerse en tales circunstancias. Con lo que no contaban, es con empezar a ser un grupo – pese a sí mism@s – que tienen en común “haber cruzado una línea” y…

Hasta aquí, una propuesta atractiva. No obstante, quien esto suscribe encontró a la película más que insatisfactoria, pese a un arranque prometedor y a ciertos destellos. Esto, de entrada, como espectadora. Pero si además lees el libro, – aún teniendo en cuenta aquello de los dos lenguajes tan diferentes, literario y cinematográfico, y no comparables – la cosa empeora aún más.

Y lo hace porque el realizador ha traicionado el espíritu, para no hablar de la letra…, de un relato tan caustico como compasivo, tan feroz como tierno, tan oscuro como luminoso, tan brillante como denso, tan divertido como dramático. Ha traicionado el tempo, el ritmo, incluso el humor negro que lo habita, con una puesta en escena desvaída y plana.

Nos ha hurtado el conocimiento de los personajes, sus distintos caracteres – pese al buen hacer del cuarteto protagonista, Brosnan, Collette, Aaron Paul e Imogen Poots – sus mutuas interacciones, sus evoluciones individual y de grupo, sus circunstancias vitales. Ha traicionado a algún@s secundari@s añadiendo misoginia donde no la había. Ha seleccionado  episodios sin sus imperativos precedentes, que hubieran explicado más y mejor el desarrollo dramático de la historia. Una verdadera pena con ese material de partida y con los afortunados precedentes de adaptaciones cinematográficas de la obra de este autor…

‘En cartelera’: Secretas, misteriosas y ausentes.

 

El día de hoy en el que, por razones obvias, se adelantan los estrenos hay dos recomendaciones y otra lamentable ausencia que añadir a la lista negra de las inéditas en esta ciudad. Entre las primeras está la iraní, ‘El pasado’, de Asghar Farhadi, tercera cinta de este realizador tras la espléndida ‘Nader y Simín, una separación’. Precedida de numerosas nominaciones y reconocimientos, incluido el de Mejor Actriz en Cannes para Bérénice Bejo, incide en otra historia de parejas rotas y secretos del pasado por desvelar. Sus críticas son excelentes, como la de Justin Chang en Variety, que la ha descrito como”‘un melodrama familiar exquisitamente esculpido”. La fuente es la imprescindible página FilmAffinity. Además, la proyectan en versión original.  No hay que perdérsela.

La segunda es la coproducción entre Alemania, Suiza y Portugal, dirigida por el conocido Bille August, ‘Tren de noche a Lisboa’, que podremos ver también en vos, además de doblada. Mezcla de romance, drama y misterio tiene, sobre el papel, una historia atractiva y un sugerente reparto que encabezan Jeremy Irons y Mélanie Laurent, pero sin embargo no ha gustado a l@s especialistas  y la preceden reseñas más bien negativas. No obstante, se impone su visión.

Y la ausencia de esta semana es otra coproducción entre Polonia, Alemania y Reino Unido, fechada en 2011, ‘La mujer del quinto’, de Pawel Pawlikowski,  que tiene en cartel la notable ‘Ida’. Es un thriller en el que se mezclan, como en la anterior, drama y misterio. Hacen los honores Ethan Hawke y Kristin Scott Thomas y ha obtenido división de opiniones, aunque se destacan su clima y su factura visual. No queremos quedarnos sin verla. No, no y no. Ya está bien.

Mientras, ‘El desconocido del lago’, ganadora del último Festival de Cine Europeo de nuestra ciudad, y estrenada con retraso la pasada semana, sólo se puede ver en una única sesión, ¡¡¡ a las 22.30′!!!. Más tarde aún. Vergonzoso.

‘Anochece en la India’: En el camino…

 

La sesión, segunda de la tarde, en la que la abajo firmante se disponía a ver la película que nos ocupa, resultó – dado el calor reinante ayer en nuestra ciudad – inusualmente concurrida. Y es que su realizador, Chema Rodríguez, -Sevilla, cosecha del 67 – se personó en ella acompañado de un nutrido grupo de familiares y amig@s. No sólo eso. Una vez acabada la proyección, presentó la cinta e inició un coloquio con l@s espectadores-as, incluyendo a l@s que entraban a la siguiente. Pues eso, una sorpresa inesperada.

Se trata de una coproducción hispano-sueca-rumana – una verdadera torre de Babel en su rodaje, según Rodríguez – en la que se cuenta la peripecia vital de Ricardo, un impenitente viajero que dejó de serlo cuando un accidente le confinó en una silla de ruedas. Pero, pese a todo, y con un objetivo claro aunque secreto, decide lanzarse a una aventura arriesgada e improbable a la que su asistenta rumana, Dana, se empeña,  – pese a su oposición-  en acompañarle. Así que, con una furgoneta adaptada y más que deficiente, emprenden el mismo recorrido que él solía hacer en su juventud por Europa y Oriente transportando a hippies.

El novelista, guionista y cineasta nos contó también que la historia se la había inspirado un amigo, en similares condiciones que el protagonista,  y que decidió hacerle viajar en la ficción, imaginando qué le ocurriría. Mezcla de drama y road movie, consiguió los Premios al Mejor Actor – un Juan Diego,  implicado e intenso, oliendo a Goya…- y al Mejor Montaje en el Festival malagueño. Su resultado es irregular, aunque no carente de atractivos.

Está bien filmada, tiene una buena factura y el arranque es poderoso y prometedor. Los personajes parecen consistentes y el tour de force interpretativo entre dos inadaptados resulta creíble – Clara Voda resuelve bastante bien el reto de un personaje bordeando el cliché – como algunos de los secundarios, la sorpresa de Javier Pereira, ciertos familiares rumanos o vecinos. Sí, pero lo inverosímil de la propuesta le pasa factura pronto.

Porque pierde fuelle, se atranca, se dispersa, desaprovecha personajes y situaciones, precipita hasta el esquematismo la relación entre Dana y Ricardo y el ritmo se resiente. Todo suena a dejá vú, cuando no directamente impostado y artificioso y el guión hace aguas por todas partes. Y abandona el saludable cinismo y sentido del humor que presidía la primera parte. Una pena porque, con una mayor contención y una mejor escritura, hay en él una mirada cinematográfica que merece ser tenida en cuenta.

‘En cartelera’: El club de l@s suicidas

 

No deja de ser curioso que en la oferta de estrenos de este Viernes de Dolores coincidan un par de películas cuyos personajes desean abandonar – por distintos motivos y circunstancias – voluntariamente este valle de lágrimas y que, además, una de las ausencias más llamativas tenga una protagonista que ayuda clandestinamente a ese objetivo.

Hablamos de la británica ‘Mejor otro día’, de Pascal Chaumeil, basada en la novela ‘En picado’, de Nick Hornby y de la coproducción hispano-rumana-turco-sueca-hindú, dirigida por Chema Rodríguez, ‘Anochece en la India’. Sevilla Cinéfila las ha visto esta tarde y les dará cumplida cuenta crítica de ellas en estas mismas páginas.

La ausencia aludida – esperemos que sólo retraso…- es la ópera prima de la actriz italiana Valeria Golino, ‘Miel’, vista en la Selección EFA del pasado Festival de Cine Europeo de nuestra ciudad y cuya crítica de entonces    pueden leer en el blog. Premiada en Cannes, es una cinta imperfecta pero intensa, valiente y honesta, en su acercamiento a un tema controvertido que merece la pena ver, de todas, todas.

Más inéditas, el documental franco-camboyano, ‘La imagen perdida, de Rithy Panh, sobre una fotografía que ilustra una época y un régimen. Con muy buenas referencias, este género no es del agrado de los exhibidores sevillanos pues rara vez suelen programarlo. Perdemos mucho con ello, imágenes, historias, miradas sobre distintas realidades…

Con división de opiniones nos llega la hispano-argentina, ‘Inevitable’, de Jorge Algora. Sobre vidas y amores cruzados, tiene el atractivo inicial del tándem entre Federico Luppi y Darío Grandinetti.

Por último, se ha estrenado – menos mal -, aunque con una semana de retraso el Giraldillo de Oro del SEFF, ‘El desconocido del lago’, de Alain Guiraudie. Pero lo ha hecho casi de tapadillo, de manera vergonzante. Relegada a una única, y casi golfa sesión, de las diez de la noche. ¿Por la “escandalosa” explicitud de sus escenas sexuales homoeróticas…?. Seriedad, por favor. No es eso, no es eso. Seguimos en inferioridad de condiciones como crític@s y espectadores-as y con un insultante tratamiento de menores de edad.