Archivo diario: abril 7, 2014

‘ El Gran Hotel Budapest’: Delicatessen

 

Acercarse al universo fílmico de Wesley Wales Anderson – conocido como Wes Anderson, tejano de la cosecha del 69 – requiere una notable apertura de mente, una inocencia en la mirada y una aguda percepción de la complejidad que le dota a historias aparentemente sencillas. Todo un reto casi paradójico y nada fácil. Este aserto se confirma especialmente en ‘ El Gran Hotel Budapest’, su último título estrenado en nuestro país, que obtuvo el Gran Premio del Jurado en la Berlinale y cuya escritura es responsabilidad asimismo del propio realizador, junto a Hugo Guinness.

La historia de un conserje mítico en un hotel legendario y su joven y avispado protegido, relatada por este último muchos años después. La de la primera mitad del siglo pasado en Europa, con sus convulsiones políticas. La de un cuadro de incalculable valor, que se pretende recuperar. La de una familia dividida por una herencia. La del romance con una adorable repostera. La de los pasteles de sabor incomparable. La de un escritor sin inspiración. La de un edificio en su cenit y en su ocaso. La de un caballero adorador de ancianas damas. La de un continente teñido de glorias y miserias, de refinamiento y de dolor…

Todas estas historias, y muchas más que de ellas se derivan, están contenidas en esta película única y singular, que las relata a la manera de las Matrioskas rusas, pero con una consistencia interna que suma y no resta, que une y no dispersa, porque el hilo conductor está claro. No está contada, marca de la casa…, de manera lineal y clásica, pero desprende credibilidad. Su apuesta es arriesgada porque a veces está al límite de la farsa, pero sale indemne del peligro con un enorme talento. Sabe construir un microcosmos personal e intransferible, de fondo y forma, en el que lo personal y lo histórico, en el ambiente de un establecimiento hotelero, son un reflejo de las distintas épocas que lo atraviesan.

Une comedia y drama, fantasía, aventuras y melancolía. Pero no es una oda al pasado, ni un canto a la nostalgia de un tiempo perdido – aunque desprenda también una honda tristeza, en paralelo a su estilo lúdico y frenético – sino  una asunción del paso del tiempo con sus regalos, pérdidas y encuentros. Tiene una factura y una puesta en escena sofisticadas y cautivadoras. Una fotografía excepcional de Robert D. Yeoman y una excelente banda sonora del maestro Alexander Desplat. Y, sobre todas las cosas, un maravilloso reparto coral que borda e imprime vida incluso a los personajes más episódicos. Encabezado por un inmenso Ralph Fiennes y el descubrimiento de Tony Revolori, sin olvidar las presencias de Jude Law, Adrien Brody, F. Murray Abraham, Tilda Swinton, Harvey Keitel, a la deliciosa Saoirse Ronan, Tom Wilkinson, Bill Murray, Willem Dafoe…

Es, en suma, una delicatessen fílmica que quien esto firma les invita, de todas, todas, a degustar.