‘Anochece en la India’: En el camino…

 

La sesión, segunda de la tarde, en la que la abajo firmante se disponía a ver la película que nos ocupa, resultó – dado el calor reinante ayer en nuestra ciudad – inusualmente concurrida. Y es que su realizador, Chema Rodríguez, -Sevilla, cosecha del 67 – se personó en ella acompañado de un nutrido grupo de familiares y amig@s. No sólo eso. Una vez acabada la proyección, presentó la cinta e inició un coloquio con l@s espectadores-as, incluyendo a l@s que entraban a la siguiente. Pues eso, una sorpresa inesperada.

Se trata de una coproducción hispano-sueca-rumana – una verdadera torre de Babel en su rodaje, según Rodríguez – en la que se cuenta la peripecia vital de Ricardo, un impenitente viajero que dejó de serlo cuando un accidente le confinó en una silla de ruedas. Pero, pese a todo, y con un objetivo claro aunque secreto, decide lanzarse a una aventura arriesgada e improbable a la que su asistenta rumana, Dana, se empeña,  – pese a su oposición-  en acompañarle. Así que, con una furgoneta adaptada y más que deficiente, emprenden el mismo recorrido que él solía hacer en su juventud por Europa y Oriente transportando a hippies.

El novelista, guionista y cineasta nos contó también que la historia se la había inspirado un amigo, en similares condiciones que el protagonista,  y que decidió hacerle viajar en la ficción, imaginando qué le ocurriría. Mezcla de drama y road movie, consiguió los Premios al Mejor Actor – un Juan Diego,  implicado e intenso, oliendo a Goya…- y al Mejor Montaje en el Festival malagueño. Su resultado es irregular, aunque no carente de atractivos.

Está bien filmada, tiene una buena factura y el arranque es poderoso y prometedor. Los personajes parecen consistentes y el tour de force interpretativo entre dos inadaptados resulta creíble – Clara Voda resuelve bastante bien el reto de un personaje bordeando el cliché – como algunos de los secundarios, la sorpresa de Javier Pereira, ciertos familiares rumanos o vecinos. Sí, pero lo inverosímil de la propuesta le pasa factura pronto.

Porque pierde fuelle, se atranca, se dispersa, desaprovecha personajes y situaciones, precipita hasta el esquematismo la relación entre Dana y Ricardo y el ritmo se resiente. Todo suena a dejá vú, cuando no directamente impostado y artificioso y el guión hace aguas por todas partes. Y abandona el saludable cinismo y sentido del humor que presidía la primera parte. Una pena porque, con una mayor contención y una mejor escritura, hay en él una mirada cinematográfica que merece ser tenida en cuenta.

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