‘Tren de noche a Lisboa’: Saudade

Parece ser que la novela de Pascal Mercier en la que se basa esta coproducción germano-suiza-portuguesa, que hemos visto en su versión original inglesa, tiene las mejores referencias críticas. Y es un hecho que su realizador, el danés Bille August, es un experto en dignas adaptaciones literarias y ahí están para atestiguarlo títulos como ‘Pelle el conquistador’ – Palma de Oro en Cannes, Globo de Oro y Oscar a la Mejor Película Extranjera en 1988 – o ‘Las mejores intenciones’, segundo máximo galardón de Cannes en su haber, en 1992, sobre la historia de los padres de Ingmar Bergman. También ‘La casa de los espíritus y ‘Smila: misterio en la nieve’.

‘Tren de noche a Lisboa’ es la historia de varias personas cuyos destinos se cruzan y no necesariamente en el mismo espacio temporal. Un profesor de latín, una chica desesperada, un libro que incita a conocer al autor, una oftalmóloga, un viaje que resultará crucial…

Con estos mimbres, el realizador ha pergeñado una cinta pretenciosa, pedante y aburrida, indigna de su filmografía más notable. Carente de vida, intensidad y pasión, algo imperdonable en un relato de amores y resistencia a una feroz dictadura. Grave error de casting, además, la presencia – tan inane y desangelada – de un Jack Huston, a cuyo personaje se le describe como lleno de atractivo, energía y carisma.

Y en cuanto a la obra filosófica que provoca en el protagonista – excelente Jeremy Irons, lo mejor de un reparto en el que se agradecen las presencias de, sobre tod@s, Christopher Lee, pero también de Martina Gedeck  y de Lena Olin, y en el que hay que lamentar los esquemáticos personajes de Mèlanie Laurent y de Charlotte Rampling – esa conmoción intelectual y vital, no se sostiene de puro simplista y pseudotranscendente. En cuanto a las tribulaciones políticas y sentimentales de l@s jóvenes del pasado,  rozan el ridículo en más de una ocasión.

Lástima de material y de equipo técnico-artístico desaprovechados. Porque, además, está mal filmada. Con una pátina que pretende transmitir nostalgia o saudade, en este caso, y resulta rancia y anticuada. No se reconoce al cineasta solvente y sensible que ha sido, más que por algunos, mínimos, destellos. En fin…

 

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