‘Mejor otro día’: La muerte os sienta tan mal…

Dos hombres y dos mujeres coinciden involuntariamente en la noche y en la azotea londinense preferidas por quienes se han propuesto abandonar este valle de lágrimas. O sea, Topper´s House, en la ficción, y la Nochevieja. Este es el punto de partida de la cinta británica, ‘Mejor otro día’ – otro desafortunado título español para el original ‘A long way down’, basada en la novela homónima de Nick Hornby, traducida más ajustadamente al castellano como ‘En picado’ – dirigida por el guionista, ayudante de dirección y realizador francés, Pascal Chaumeil.

Martin, Marian, Jess y JJ tienen, o creen tener, motivos para acabar con todo. Por este orden, un maduro periodista televisivo con un programa de éxito que acabó sucumbiendo a los encantos de una adolescente, lo que le costó la cárcel, su matrimonio, sus hijas y su trabajo. Una mujer madura, madre en solitario y solitaria de un hijo totalmente discapacitado, que no vive más que para cuidarle e ir a la iglesia. Una díscola, impertinente y deslenguada jovencita, hija de un ministro, con un trauma familiar a su espalda. Un chico norteamericano ex músico, a quien su pareja le ha abandonado, que malvive trabajando en una pizzería y es presa de un mal incurable.

Cuatro visiones de la vida, cuatro biografías, cuatro generaciones. Cuatro miradas, tres ácidas y una inocente. Cuatro personalidades. Más de cuatro razones, presuntamente, para arrojarse en picado en esta fecha paradigmática.  Con lo que no contaban, es con hacerlo simultanea e imprevistamente. Con lo que no contaban, es con conocerse en tales circunstancias. Con lo que no contaban, es con empezar a ser un grupo – pese a sí mism@s – que tienen en común “haber cruzado una línea” y…

Hasta aquí, una propuesta atractiva. No obstante, quien esto suscribe encontró a la película más que insatisfactoria, pese a un arranque prometedor y a ciertos destellos. Esto, de entrada, como espectadora. Pero si además lees el libro, – aún teniendo en cuenta aquello de los dos lenguajes tan diferentes, literario y cinematográfico, y no comparables – la cosa empeora aún más.

Y lo hace porque el realizador ha traicionado el espíritu, para no hablar de la letra…, de un relato tan caustico como compasivo, tan feroz como tierno, tan oscuro como luminoso, tan brillante como denso, tan divertido como dramático. Ha traicionado el tempo, el ritmo, incluso el humor negro que lo habita, con una puesta en escena desvaída y plana.

Nos ha hurtado el conocimiento de los personajes, sus distintos caracteres – pese al buen hacer del cuarteto protagonista, Brosnan, Collette, Aaron Paul e Imogen Poots – sus mutuas interacciones, sus evoluciones individual y de grupo, sus circunstancias vitales. Ha traicionado a algún@s secundari@s añadiendo misoginia donde no la había. Ha seleccionado  episodios sin sus imperativos precedentes, que hubieran explicado más y mejor el desarrollo dramático de la historia. Una verdadera pena con ese material de partida y con los afortunados precedentes de adaptaciones cinematográficas de la obra de este autor…

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