SEFF, 23 Edición, Sección Oficial. ‘A long winter’: La mujer que escapó y los hombres que se quedaron

Arranca el SEFF, arranca la Sección Oficial de la vigésimo tercera edición del Festival en la que podrán verse 17 películas, más tres de ellas fuera de concurso. En la que odrán verse 14 miradas cinematográficas masculinas y tan sólo tres femeninas, dos de ellas en regimen de codirección.

En la que habrá profusión de dramas familiares con adolescentes, especialmente varones, víctimas y victimarios. En la que se incidirá en progenituras cuestionables, especialmente la de padres con masculinidades imperfectas o autoritarias, en materiales autobiográficos, algunos de ellos reivindicativos, en (pocos) conflictos sociales y cómo no en las llamadas transidentidades…

‘A long winter’ es una producción entre Canadá y Reino Unido, de 117 minutos de metraje. La firma y la filma el guionista y cineasta británico Andrew Haigh – cosecha del 73, con títulos estimables en su haber como ‘Weekend’ (2011), ’45 años’ (2015) o ‘Desconocidos’ (2023) – sobre un relato de Colm Toibin. Su hermosa fotografía, tan imponente y gélida como los paisajes de las montañas de Alberta que retrata, es de André Turpin y en su solvente reparto hay que destacar a l@s notables Caitriona Balfe, Ebon Mosch-Bachrach y Fred Hechinger, junto a la aparición, siempre estimulante, de Martin Freeman.

Cuenta con cinco nominaciones a los British Independent Film Awards (BIFA) en los apartados de Mejor Dirección, Fotografía, Vestuario y Sonido. Su historia remite a una familia, padre, madre y dos hijos varones que se quieren entrañablemente pero cuyas personalidades son opuestas, que vive en una casa aislada, con pocos vecinos y con el pueblo de referencia a 25 kms.

Esta familia que, para horror de la animalista que esto escribe, explota conejos y gallinas manteniéndolos en jaulas diminutas y matándolos para su venta y consumo, restos de la antigua granja que poseían. No hay maltrato real y esta firmante se quedó hasta el último título de crédito para constatar que «los animales han recibido un trato humano», pero hieren, y mucho, su sensibilidad.

El realizador nos va mostrando a este grupo humano, unido por lazos de sangre, con su dura e implacable forma de vida en el interminable invierno, en el crudísimo e interminable invierno con grandes nevadas omnipresentes, hasta el punto de que la pantalla se funde en blanco, en lugar de en negro, varias veces.

Nos va mostranto a un grupo humano que, aparte de la complicidad y el afecto de los hermanos, uno de los cuales se marcha lejos porque no puede soportarlo, también extrae momentos de baile y de disfrute entre ellos. Pero… asoman las grietas y los conflictos van revelándose hasta que la mujer, pretextando hacer un encargo, desaparece con el perro.

En condiciones tan extremas, aunque el marido, el hijo que queda en el hogar, el hermano de ella, vecinos, amigos y la policía la busquen, todo se complica en semejante escenario y, al pasar los días, las semanas y los meses, la vida, mal que les pese, sigue. Pero ya nada será igual.

Quien esto firma, no hará spoilers, pero quiere comentarles lo mucho que le interesó este relato fílmico con estas existencias desoladas, con el tempo que lo habita, con el discurrir de unas personas que, por encima de todo, se limitan a sobrevivir a la crudeza climática y al aislamiento radical en el que están instaladas.

Lo mucho que le interesó el tratamiento de los personajes y de sus interrelaciones mutuas, porque incluso el más antipático, el paterno, autoritario y con algún ramalazo homófobo, nunca es maniqueo. Todos están dotados de complejidad. Lo mucho que le interesó cómo afecta a esos varones el estar sin el pilar de la esposa y madre, una mujer poliédrica que no se resigna, y cómo logran una nueva convivencia con un recién llegado, que les ayuda en las tareas que hacía la progenitora y que despierta deseos prohibidos en tal contexto. Y ese final tan abierto…

Deberían verla.

Deja una respuesta