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‘Balada triste de trompeta’: Bestias negras

El actual presidente de la Academia de Cine de este país, Alex de la Iglesia, firma en ‘Balada triste de trompeta’-distinguida en el Festival de Venecia con los Premios al Mejor Guión y el León de Plata a la Mejor Dirección- un tan excesivo como demoledor ajuste de cuentas con los oscuros años franquistas. Concretamente, el periodo revisado comprende desde el final de la Guerra Civil hasta principios de los años setenta.

La historia comienza cuando dos payasos son consecutivamente obligados a actuar para los combatientes republicanos y hechos prisioneros por los fascistas, quienes les condenan a trabajar en la construcción del Valle de los Caídos. El hijo de uno de ellos, para vengarle, provoca una explosión en la citada obra, de lo que se derivará el fusilamiento del progenitor y sus compañeros como represalia. Este hecho marcará su vida cuando, ya adulto y continuador de la carrera de su padre en el circo, se sumergirá en un microcosmos de amor, violencia y subordinación que provocará el estallido incontenible de sus largamente reprimidos demonios personales y colectivos.

El realizador sabe filmar con potencia visual y manejo firme del material que conforma el relato, de cuyo guión es también autor, apoyado en un equipo de primera línea. Destacamos el montaje de Alejandro Lázaro, la música de Roque Baños, la dirección artística de Eduardo Hidalgo y, por supuesto, la labor de un reparto entregado, en el que sobresale un espléndido Carlos Areces.

Cultivador de un humor entre esperpéntico, friki y caricaturesco de implacable ferocidad en su retrato de las miserias de la condición humana enfrentada a circunstanias extremas. Veánse ‘El día de la bestia’ o ‘La comunidad’, para ejemplificar este aserto. Aquí, como no podía ser menos, dirige toda esa artillería pesada contra los horrores y daños colaterales de la dictadura franquista, desde su rostro más sanguinario hasta el presuntamente amable y propagandístico vehiculado por los mass media.

Un arranque deslumbrante,unos títulos de crédito extraordinarios que nos ofrecen la radiografía visual de un tiempo y de un país, la negritud y lucidez rebosantes de trágica ironía y el ritmo potente e imparable de su primera mitad degeneran, sin embargo, en un exceso grandguiñolesco y de sal gorda en la segunda. Tal tratamiento impide un acercamiento más cabal e íntegro al drama de unos personajes desprovistos de toda su doliente complejidad, convertidos en monstruos cómplices y víctimas de las bestias negras que rigen sus destinos.

‘NEDS’: Los cuatrocientos golpes

El curioso título de esta película corresponde a las siglas en inglés de NON EDUCATED DELINQUENTS (Delincuentes no educados). Coproducción entre Francia, Italia y Reino Unido, es la segunda cinta del actor -Mike Figgis, Mel Gibson, Michael Winterbotton y, desde luego, Ken Loach, le dirigieron- y realizador escocés Peter Mullan, firmante asimismo de su guión. Obtuvo el máximo reconocimiento en el pasado Festival donostiarra, la Concha de Oro.

La acción transcurre en Glasgow, en los años setenta y describe el itinerario de un chico intelectualmente dotado – con hermano delincuente juvenil y padre alcohólico y maltratador – desde la brillantez académica, hasta su integración en una pandilla de adolescentes violentos.

Es una feroz disección de un sistema educativo, marcado por una moral católica ultraconservadora, hipócrita y sádica, cuyos representantes del claustro se complacían en el castigo físico, las vejaciones y las humillaciones. Especialmente, con los más débiles. Y cuyo alumnado se regía- a la manera de lo aprendido de los presuntamente adultos tanto en el hogar, como en el colegio – por la implacable ley del más fuerte.

En tal escenario, tan bien descrito y filmado por Mullan, no cabían más alternativas que el ser víctima propiciatoria de los abusos de profesores y alumnos o aliarse con los grupos de matones callejeros. Una sociedad represora y hostil, que penalizaba el talento, la sensibilidad y la inteligencia, regida por normas severas y crueles, que asfixiaban cualquier atisbo de crítica o disidencia.

Partiendo de dolorosas experiencias autobiográficas, el director utiliza la ironía _ estupenda la banda sonora, con temas sentimentales y almibarados subrayando las escenas más duras_ y el cinismo como armas arrojadizas en su ajuste de cuentas con su pasado. No únicamente en clave personal, sino, sobre todo, social, colectiva.

Excelente retrato de personajes y ambiente, con un reparto que funciona a la perfección. Su protagonista, Conor MCarron, se llevó justamente el Premio al Mejor Actor en San Sebastián. Pero resuelve mal la conclusión del relato y pierde contundencia y garra al no afrontar hasta las últimas consecuencias la terrible dureza de lo planteado.

‘Biutiful’: Submundos


Alejandro González Iñárritu es el realizador mexicano que, en tandem con el guionista de la misma nacionalidad Guillermo Arriaga, deparara al cine las interesantes ’21 gramos’ y ‘Amores perros’,´además de ‘Babel’. Rota ya esa alianza, presenta ahora su primera película en solitario, la coproducción entre México y España, ‘Biutiful’.

Está ambientada en la Barcelona más desarraigada. Lugar de pobreza, miseria moral y económica, lumpen, inmigración explotada y explotadora, tráfico de personas y sustancias ilegales, trata y mafias de toda calaña. Su protagonista, un excelente Javier Bardem, justamente reconocido en la última edición de Cannes con el Premio al Mejor Actor, trata de poner en orden su delictiva, marginada y caótica existencia tras un veredicto médico a muy corto plazo. Sobre todo, por lo que respecta al futuro de sus hijos.
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‘Uncle Boonmee’: Entre fantasmas

Esta cinta tailandesa, de género fantástico, dirigida, escrita y producida por Apichatpong Weerasethakul se hizo con la Palma de Oro en el reciente Festival de Cannes y con el Premio de la Crítica en el de Sitges. Viene avalada además por uno de los productores españoles más íntegros y consecuentes en su apuesta por un cine transgresor y de calidad, Luis Miñarro.

Su título completo es ‘Uncle Boomer recuerda sus vidas pasadas’ y da cuenta de cómo el protagonista, gravemente enfermo del riñón, decide convocar a parte de su familia en su casa de campo para despedirse. Pero tendrá visitas inesperadas, que le guiarán por un mundo onírico de recuerdos de existencias anteriores.

En palabras de su director en el filme hay un triple homenaje de reconocimiento, a su padre, enfermo renal, al anciano del mismo nombre que, a través de la meditación, tuvo la visión de sus reencarnaciones anteriores y a un tipo de cine » que está muriendo o está ya muerto, el cine con el que crecí».

Y a fe que cumple con lo propuesto. Se trata de una historia de fantasmas, de una extraordinaria belleza plástica. Localizada en los paisajes rurales y montañosos del noroeste del país, filmados en toda su hermosura nostálgica y algo tenebrosa. Pero también con la luminosidad de celebración de la vida, de todas las formas de vida, del eterno retorno de seres queridos tan iguales y tan diferentes.

El realizador dota a este relato tan peculiar y a sus extremadamente singulares personajes, de una autenticidad y una ternura perturbadoras. Los habitantes del más allá conviven con los terrenales con una naturalidad desarmante, sin concesiones al susto fácil. Más bien, a su aceptación en el marco de una cultura para la que el fin de la existencia humana, es sólo el principio de otras experiencias. Y lo mismo puede aplicarse a quienes, estando vivos, transmutan sus apariencias en lo que podíamos calificar de monstruoso, pero a los que se concede la cualidad de sujetos provistos de dignidad.

Narrada de una forma lenta, casi ceremonial, como un tributo a otras formas de vivir, de situarse en el mundo, de creer y de mirar. Aparentemente ingenua y extremadamente elaborada, desconcertante y no siempre cómoda, habitada por el misterio y la hondura, es todo un regalo para aquell@s que gustan de ese tipo de cine de una calidad especial, nada frecuente en la oferta sevillana de los últimos meses.

‘Poesía: Lírica trágica

Es reconfortante dejar constancia del estreno de otro tipo de películas dentro de la oferta, tan previsible como adocenada, de la cartelera de nuestra ciudad. Una de ellas es la surcoreana ‘Poesía’, dirigida por Lee Chang-Dong, que obuvo el Premio al Mejor Guión en el último Festival de Cannes.

La protagonista es una mujer en la sesentena que vive con un nieto adolescente egoísta y nada de fiar, que se gana la vida atendiendo por horas a la casa y a la persona de un anciano rico e impedido. Elegante, singular e inquieta, no reduce su existencia a los estrechos márgenes de lo doméstico, sean o no remunerados. Y así, acude a un taller y a una tertulia de poesía, donde aprende a mirar lo que le rodea con ojos nuevos, mientras espera la inspiración que le permita expresarse lirícamente. Pero también accederá a un conocimiento doloroso de las miserias humanas ante un hecho trágico y al tener que afrontar ciertas imprevistas y penosas limitaciones de su edad.

La apabullante vitalidad del cine asiático en estilo y temáticas es toda una lección para la equivalente, con excepciones, del occidental. Sobre todo del norteamericano cuya crisis de ideas está siendo un triste lugar común. Entre otras, las cintas coreanas, como la que nos ocupa, vistas en nuestra ciudad unen impacto, potencia, calidad y sensibilidad. Con un cuidado especial en fondo y forma, tan profundamente autóctonas como universales, tan contemporáneas como deudoras de ciertas tradiciones, reflejan sociedades a la vez extrañas y cercanas, en las que no siempre somos capaces de reconocernos.

Esta ‘Poesía’ es una perfecta simbiosis de lirismo y tragedia, de comprensión y crítica feroz, de la complicidad necesaria entre ciudadanos presuntamente respetables con mucho que ocultar, de las miserias y dignidades de la vejez. De la belleza y los horrores de lo cotidiano y del compromiso de una mujer con su conciencia y sensibilidad, antes que con sus seres queridos. De los recuerdos, de la memoria y del olvido. Tan delicada como terrible, tan poética como cruel y recorrida por una sutileza desgarradora. Profundamente hermosa y emotiva.

‘Cyrus’ : Edipo indie

Los hermanos Jay y Mark Duplass son los nuevos referentes del cine indie norteamericano. O sea, el llamado cine independiente. De ellos, nos llega su tercer largo, este ‘Cyrus’, que viene precedido de reconocimientos varios a su calidad y a su reparto, en su paso por Certámenes como Deauville, Locarno, la Seminci vallisoletana y, por supuesto, Sundance. Según leemos en la ficha técnica, representan la corriente de este cine llamada «mumblecore», descrita como «hacer de la falta de medios un signo de distinción ético y estético y utilizar canales alternativos para su difusión». Toda una declaración de principios…

La historia sigue a un hombre depresivo a quien la inminente boda de su ex desde hace varios años, quien también es amiga y confidente, le remueve aún más sus carencias afectivas y existenciales. En efecto, el neurótico y solitario protagonista vive en un caos doméstico, carece de vida propia y habilidades sociales, tiene la autoestima baja y
una desesperanza profunda en sus expectativas de futuro. Aún así y contra todo pronóstico, conoce en una fiesta a una mujer adorable, aparentemente sin compromiso, con la que establece una excelente química. Pero el rival más duro e inesperado, hará pronto su aparición estelar.

Los jóvenes realizadores que nos ocupan comparten con el indie más comercial y tramposo, por así decirlo, el tratamiento cercano y sensible hacia temas y personajes que rozan lo escabroso o lo friki, la naturalidad en su aproximación tan respetuosa como irónica a la disfuncionalidad como forma de vida, la agudeza y brillantez de los diálogos, la buena elección y dirección de actores o el mostrar, con un humor incisivo, el rostro menos complaciente de un país y una ciudadanía en sus horas más bajas.

A estos factores se añaden, en este caso, la honestidad, la autenticidad y la ternura con las que se enfrentan a una historia algo vidriosa, en clave de comedia, sin guiños facilones ni banales. Bien contada, bien resuelta, disfrutable con la inteligencia y la emoción, amorosa con esos seres tan imperfectos y perdidos, maravillosamente interpretada- John C. Reilly, Marisa Tomei, Catherine Keener y Jonah Hill ofrecen un verdadero recital – es una estimulante excepción en nuestra aburrida y mediocre cartelera.

‘Planes para mañana’ : Decisiones

La realizadora madrileña Juana Macías cuenta en su currículum con publicidad, videoclips y cinco cortos. Ha obtenido numeroso reconocimientos nacionales e internacionales por su trabajo. Como el Goya al Mejor Cortometraje de Ficción, en el año 2000, por ‘Siete cafés por semana’.

Estrena ahora su opera prima, esta ‘Planes para mañana’, que previamente ha recorrido varios festivales. Entre ellos, el de Cine Español de Málaga, donde logró los premios a la Mejor Dirección, al Mejor Guión Novel y a la Mejor Actriz de Reparto. En Sevilla podemos verla también en el Avenida. De nuevo, el único local de Sevilla dedicado a la V.O. proyecta una película en castellano. Clamamos en el desierto…

Veinticuatro horas en las vidas de cuatro mujeres. Tres adultas y una adolescente, relacionadas entre sí directa e indirectamente. Ellas, las mayores, se enfrentan en ese periodo de tiempo a decisiones difíciles y comprometidas que cambiarán el curso de su futuro. La de la joven, en cambio, dependerá de la que tome una de las anteriores.

Estructurada en cuatro historias, dedicada a cada una de las protagonistas, y un a modo de epílogo, la cinta se resiente de ciertos desequilibrios en su escritura – que firma la propia directora, junto a Juan Moreno y Alberto Bermejo – especialmente visibles en el segundo relato, que roza la inverosimilitud por lo esquemático y apresurado de su planteamiento, pero de los que participan todos ellos.

Y es que para abordar esta modalidad narrativa, ya un género en sí misma que cuenta con títulos muy interesantes, se necesita oficio, sensibilidad, rigor, una capacidad de síntesis que no eluda la complejidad, un mimo especial por los personajes secundarios – aquí, desatendidos y mal interpretados -, un guión consistente y sólido, atento a los matices de lo particular y de lo general, una huída de los lugares comunes y, entre otras cosas, un gran talento visual.

Juana Macías promete ser una autora a seguir y posee un estilo propio en el que destacan algunas de las cualidades mencionadas. Pero no puede evitar los vicios contrarios. Lástima, porque ha contado con un buen reparto de actrices llenas de finura y talento, como Carme Elías y Goya Toledo. O Ana Labordeta y el descubrimiento de Aura Garrido. Y también le ha faltado un enfoque más adulto y arriesgado, que soslayara los tópicos al uso, en los temas que se supone que son asuntos de mujeres.

Festival de Cine Europeo : Un Palmarés muy discutible

Aún persiste el asombro de quien esto firma ante la lectura del Palmarés del Festival de Cine Europeo de Sevilla 2010. Las cintas galardonadas con los premios mayores son : Giraldillo de Oro para ‘Son of Babylon’, de Mohamed Al-Daradj (Irak, Reino Unido, Holanda, Francia, Emiratos Arabes, Egipto, Palestina). Giraldillo de Plata para ‘Black field’, de Vardis Marinakis (Grecia). Premio Especial del Jurado para ‘Tender son’, de Kornél Mundruczó (Hungría, Alemania, Austria) Los Premios a la Mejor Dirección y al Mejor Guión van para ‘En un mundo mejor’, de Susanne Bier (Dinamarca), Premio Asecan ( Asociación de Escritores Cinematográficos de Andalucía ) para la rusa ‘Silent souls’, deleksei Fedorchenko, con una Mención Especial para la española ‘Naufragio’,de Pedro Aguilera. El Giraldillo de Plata a la Mejor Dirección de Primer Largometraje va para ‘Gigola’, de Laure Charpentier ( Francia) El del Público para la inglesa ‘Tamara Drewe’, de Stephen Frears. Mención Especial del Jurado Oficial para ‘Joy ‘, de Mijke de Jong ( Holanda). El Mejor Actor fue para Rhys Ifans, por ‘Mr. Nice’ y el de la Mejor Actriz lo comparten ex aequo Samira Maas por la holandesa ‘Joy’ y Sofía Georgovassili por la griega ‘Black Field’. Premio Jurado Campus para ‘Son of Babylon’.

Vamos por partes…Nada que objetar a las distinciones otorgadas a la excelente ‘Son of Babylon’, de Mohamed Al-Daradji pero, y aunque también tenga varias nominaciones de la Academia de Cine Europeo y esté financiada con capital de varios países continentales, es iraquí por los cuatro costados. IRAQUÍ. Y este es un Certamen dedicado al Cine Europeo.

El disparatado Giraldillo de Plata a la infumable y con ínfulas de grandeza cinta helena ‘Black field’, de Vardis Marinakis,tan pretenciosa,mal contada, peor dirigida, con un guión muy deficiente y mal interpretada, es de juzgado de guardia… Pero no contentos con tal galardón, premian también a su ñoña e insípida protagonista. De toda justicia, en cambio, el concedido al Mejor Actor, el estupendo Rhys Ifans de ‘Mr. Nice’.

El Premio Especial a la húngara-germano-austriaca ‘Tender son’, de Mátias Erdély, quien también obtuvo el de la Mejor Fotografía, no le va a la zaga al anterior. Cargada de trascendencia de la peor especie, misógina por demás, con agujeros en su escritura garrafales, llena de guiños genialoides… En fin, sin más comentarios.

Preocupante también la Mención Especial en la que han coincidido el Jurado Oficial y el de la Crítica Andaluza a la vergonzosa y de verguenza ajena, ‘Naufragio’, del español Pedro Aguilera. Remito a la crónica de su pase en la Sección Oficial. No tengo palabras.

Dejar constancia de otro Premio delirante, el de la Mejor ópera prima para el engendro sin paliativos, ‘Gigola’, de la francesa Laure Charpentier. Todo en ella es grotesco, el guión, por llamarlo de alguna manera, la historia, su tratamiento, las interpretaciones…

Entre tanto desatino, la más idónea candidata – por tantas razones- al máximo galardón , la danesa ‘En un mundo mejor’, de Susanne Bier tuvo que ‘conformarse’ con los de Mejor Guión y Mejor Dirección. Importantes, pero que saben a premios de consolación.

Dado el nivel de la programación en general y el ‘café para todos’ del Palmarés, esta edición no se ha cubierto, precisamente, de gloria.

Festival de Cine Europeo : Puntos de vista VIII

A la espera del Palmarés – que se conocerá mañana – hoy se han visto las dos últimas películas de la Sección Oficial. A saber, la rusa ‘Silent souls’, de Aleksei Fedorchenko y la holandesa ‘The happy housewife’, de Antoinette Beumer.

La rusa es una especie de docudrama sobre la sobre la cultura merja, en vías de extinción. Sigue a dos amigos, empleado y patrón, que se dirigen a enterrar – con el cadáver en el coche, tras haberla amortajado de una manera harto heterodoxa – por los rituales que les son propios, a la joven esposa del segundo, éste mucho mayor que ella. Desconocemos los motivos de la repentina muerte de la mujer, no se mencionan. En el trayecto, el viudo revela- como parte de su duelo , y los vemos en pantalla -algunos aspectos inquietantes de su vida conyugal en los que él dirigía, ante la pasividad o sumisión de ella, prácticas sexuales digamos poco ortodoxas.

El cronista de esta historia y de las singularidades de las costumbres e idiosincrasias merjas es, precisamente, el amigo y empleado – en cierto modo, alter ego del director, que dedica la cinta a sus padres – que sentía y era correspondido una atracción platónica por la fallecida.

Tales apuntes de la sinopsis del filme pueden sugerir una trama pasional. Nada más lejos de la realidad. Su ritmo es moroso, a veces de una lentitud exasperante . La voz en off del cronista citado forma parte del entramado dramático. De hecho, lo conduce. Ninguna imagen o personaje cuestiona lo narrado. No sólo hechos interpretables en sí mismos, sino sentimientos y emociones. La peculiaridad de algunas de sus escenas y protagonistas, no la redime de esa trampa insidiosa.

La expectativa depositadas en ‘ The happy housewife’ quedaron frustradas tras un comienzo prometedor en el que una azafata con una vida conyugal y laboral más que satisfactoria, ve tambalearse todo su mundo ante un embarazo y la llegada de un hijo deseado… por su marido. Cuestionar la maternidad con todas sus cargas y pesadumbres – además, en clave adulta e irónica – supone un hecho transgresor. Pero la realizadora lo convierte penosamente en el resultado de una seria enajenación mental de la protagonista y desvía él tema hacia la reivindicación de la figura paterna. Para colmo de males, la internan en un centro psiquiátrico y eso da pie a todos los excesos y clichés. Estos tulipanes holandeses están siendo cualquier cosa menos salvajes. Lástima.

Festival de Cine Europeo : Puntos de vista VII

La penúltima jornada del Festival nos ha ofrecido dos películas relacionadas con la búsqueda de raíces familiares y musicales. Son, respectivamente la holandesa ‘Joy’, de Mijke de Jong y la española ‘Flamenco, flamenco’, de Carlos Saura.

La realizadora ganó hace dos años el Giraldillo de Plata con ‘Katja´s sister’ . En ‘Joy’ vuelve de nuevo a indagar en la temática de las carencias afectivas en infancias desestructuradas. Por cierto, una línea argumental común en varias de las cintas vistas en el Certamen ha sido la de hij@s en busca de sus padres o madres. En este caso, la protagonista, que fué abandonada siendo un bebé, y residente en varios orfanatos, consigue la dirección de la que cree que es su progenitora, pero las cosas no serán como parecen…

Hasta aquí algo parecido a una sinopsis de una cinta que se centra fundamentalmente en el vagabundaje literal y afectivo de una joven tan profundamente necesitada de cariño, como desprovista de los recursos para conseguirlo. Tiene un buen comienzo y cierta fuerza narrativa, pero carece de consistencia y de un buen guión que ayude a situar entornos, personajes, causas y efectos. Lo fía todo al efectismo pseudotransgresor de unas imágenes vacías de significados, aunque presuman de lo contrario.

Saura ha filmado con este ‘Flamenco, flamenco’ el más flojo de sus musicales dedicados a este arte. Con una buena producción y calidad en la puesta en escena y coreografías, y con el fundamental concurso de Storaro en las imágenes, su creatividad parece agotada .Ni siquiera el talento indiscutible, el duende y la garra del elenco, le redimen de un tufillo rancio y manierista. De una forma de mirar y de hacer previsible y rutinaria, pese a las fuerzas de la naturaleza en el baile, en el toque y en el cante de casi toda la gente paya y gitana con la que ha contado.