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Festival de Cine Europeo : Puntos de vista VI

El Concurso nos ha deparado en este día más de lo mismo en un caso y la mejor de las películas vistas hasta ahora, en el otro. Son, respectivamente, la griega ‘Black fields’, de Vardos Marinakis y la danesa ‘En un mundo mejor’, de Susanne Bier.

La primera transcurre en el año 1654 en el país heleno, entonces bajo dominio del Imperio otomano. A un monasterio en las montañas habitado por monjas, llega un soldado herido y desertor, un jenízaro. El nombre se refería a los jóvenes varones forzados a entrar en el ejército. Las hermanas, aún conscientes del peligro que asumían , deciden acogerlo y curarle, pero encadenado y sin armas. Le dejan al cuidado de dos de las más jóvenes de la comunidad. Esto provocará el estallido de conflictos y pasiones, junto al descubrimiento de un secreto perturbador de consecuencias imprevisibles en el marco de una época bárbara y opresiva.

El argumento es enjundioso y denso. Muy necesitado de un tratamiento o muy austero o muy kamikaze, pero no las medias tintas del quiero y no puedo que le da el realizador. Además, por lo que estamos viendo y comprobando en estos días de cine, el guión ha perdido su importancia…. Parecería que las películas pudieran hacerse sin una sólida escritura. Y no. Por lo menos, este tipo de películas. Personajes reducidos a meros clichés, escenas y secuencias vacías y dispersas sin solución de continuidad. La Historia y las historias van a su aire, sin un mínimo de rigor y coherencia. Tan pronto salimos a la caza del hombre, como estamos en un pseudo lirismo bucólico. Tan pronto de oraciones, como de sueños húmedos… Y así podríamos seguir y seguir, pero no merece la pena.

Susanne Bier ha firmado con ‘ En un mundo mejor’ la mejor cinta vista hasta ahora en el Certamen, junto a la ya reseñada, ‘Son of Babylon’. Pero en este caso, cien por cien europea. Y lo hace con una poderosa combinación de factura clásica e intensidad dramática y narrativa. Lejos del estilo Dogma, formalmente hablando, pero muy cerca en lo temático, en esas historias poderosas y corales de dramas más grandes que la vida, en las que l@s nórdic@s han probado su maestría.

La directora de ‘Después de la boda’ y ‘Hermanos’ retrata aquí a dos parejas rotas por la muerte y la infidelidad respectivamente, cuyos hijos coinciden y se conocen en el mismo colegio. En dicho centro escolar, uno de ellos es víctima de unos cobardes matones que le hacen la vida imposible . El otro se rebelará contra dichos abusos perpetrados contra su nuevo amigo y contra el padre de éste por un adulto agresivo, hasta que la situación se le escape de las manos… Mientras, sus progenitores intentan, sin demasiado éxito, recomponer sus vidas y las relaciones con ellos.

Bier plantea en su historia y de paso al espectador el dilema moral de las diferentes posiciones ante la violencia en nuestras sociedades contemporáneas. O afrontarla respondiendo ojo por ojo, provocando una espiral peligrosa. O eludirla por la vía civilizada, generando indefensión e incluso complicidad en los agravios contra sus víctimas. Compara, asimismo, las agresiones sufridas en sus formas de vida, desde su nacimiento, desde su pobreza extrema y su extrema indefensión ante los tiranos, de la población africana frente a la europea.

Revela a unos personajes masculinos en los que se combinan virilidad y sensibilidad. Dolidos, confusos y no siempre cómodos en sus roles paternos. Las ausencias, irremediable o circunstancial, tan presentes. La niñez atroz, sin ternurismos. La mujer fuerte y consecuente, tan herida. Las complicidades peligrosas. La amistad de dos seres marginados y ofendidos… La vida, la vida y nada más.

Festival de Cine Europeo : Puntos de vista V

De qualité y de horror. Así podría describirse la sesión doble que nos ha deparado el Concurso en esta jornada laboriosa. Con el primer calificativo, describimos a la germano-austriaca-estonia ‘The Poll diaries’, de Chris Kraus y con el segundo, a la española ‘Naufragio’, de Pedro Aguilera.

Basada en la historia real de la estancia en la casa familiar de Estonia, en Poll, como su título indica, de una escritora alemana antes del estallido de la Primera Guerra Mundial. Entonces, Oda Schaefer, que así se llamaba, era una chica de catorce años que acababa de perder a su madre y se reunía allí con la nueva familia de su padre, un médico de prestigio caído en desgracia. De la densidad de lo ocurrido en el lugar y en ese periodo, dió fe la autora en sus diarios y da cuenta la película. Adulterios, secretos inconfesables, actividades oscuras y delictivas, crueldad, represión política, primeros amores adolescentes en el seno de una clase privilegiada y un pater familias con un lado muy oscuro.

El realizador decide abarcar todo este complejo entramado argumental, con todas estas historias y protagonistas, atendiendo mucho más a la complacencia estética de qualité que al guión y al tratamiento y desarrollo de tramas y personajes. El resultado es una cinta efectista, dispersa, sin alma ni emociones, ni autenticidad alguna. Destila banalidad disfrazada de trascendencia y todas las pretensiones. El reparto se ve afectado por lo esquemático de sus perfiles y, salvo la joven aludida, deja mucho que desear.

El naufragio de Pedro Aguilera es estrepitoso y de verguenza ajena. Incomprensible de todo punto la inclusión de bodrio semejante en un Festival. Y, además, compartiendo como el filme anterior, la Sección Oficial con la de Arte. ¡Arte¡. Por favor, seriedad. La cosa va sobre un inmigrante, llamado Robinson por más señas, escupido por el mar, como tantos otros, pero que se desplaza al norte de nuestro país con una Misión que cumplir. Para qué seguir… Guión inexistente y risible, puesta en escena zafia, actores patéticos, clichés de trazo grueso, diálogos burdos, personajes de cartón piedra. Lo dicho, impresentable.

Festival de Cine Europeo: Puntos de vista IV

En esta cuarta crónica del Festival toca reseñar, por fin, una alegría. Acompañada de otro disgusto eso, sí. La primera se refiere a la cinta iraquí – a todos los efectos y con todas las consecuencias, concursando en la Sección Oficial de un Certamen dedicado al Cine Europeo – pero financiada con capital procedente de Francia, Gran Bretaña y Holanda, además de algunos países árabes. Su título, ‘Son of Babylon’ y su director, Mohamed Al-Daradji.

Precedida de numerosos premios, la película describe el largo e intenso viaje de una anciana y su nieto – ambos de nacionalidad kurda, luego doblemente oprimidos – en busca de su hijo y padre respectivamente, desaparecido doce años antes cuando fue obligado a alistarse en contra de su voluntad y vocación. Transcurre en el año 2003, meses después de la caída de Sadam y nos va mostrando, a través de los ojos de estas dos personas, tan desposeídas como inquebrantables, la desolación de un hermoso país destruído por la guerra.

El realizador no necesita de subrayados ni efectismos. Sólo una puesta en escena sabia e invisible, un tempo y un ritmo adecuados a esas duras y larguísimas jornadas en unas condiciones indescriptiblemente penosas. La mirada de su cámara se asoma al infierno, sin desdeñar el humor, la ternura, los encuentros, la verdadera emoción y la dignidad de esta gente desheredada en busca de lo que quede de sus seres queridos, ya sea en las cárceles o en las fosas comunes. Una extraordinaria crónica tan poderosa como conmovedora, tan inteligente como sensible, contra la devastación bélica.

La otra cara de la moneda corrió a cargo de la húngara-germano-austriaca, ‘Tender son – The Frankestein Project’ de Kornél Mundruczó, en la que describe la conversión de un joven en un monstruo por sus oscuras circunstacias de filiación. Ampulosa, vacía, pretenciosa, ilógica e inverosímil revisitación contemporánea del mito de Mary Shelley por un realizador con ínfulas genialoides que desdeña la historia, los personajes, el mismo armazón del relato y, desde luego, al espectador.

Festival de Cine Europeo : Puntos de vista III

Nada especialmente notable a destacar en la Sección Oficial de esta jornada del Certamen. Se proyectaron dos coproducciones, la serbio-germana, ‘La mujer con la nariz rota’, del yugoeslavo Srdjan Koljevic y la financiada por cinco países ‘The aviatrix of Kazbek’, de la holandesa Inneke Smits. Completó el progama ‘El regreso’, del sevillano Nonio Parejo, que también está incluída en Panorama Andaluz.

No se gana para disgustos… La primera cinta mencionada, la yugoeslava, desarrolla un tratamiento coral a modo de las clásicas vidas cruzadas de varios personajes, cuyos destinos ya nunca serán los mismos tras tales encuentros. En este caso, los protagonistas son la mujer de la nariz rota a la que alude el título, su bebé, una niña de meses, el taxista que las recoge en plena crisis, una farmaceútica que planta a su prometido y comienza una relación adúltera, una profesora con el corazón roto y un alumno enamorado. Y así podríamos seguir, pues son muchos los personajes secundarios que aparecen y que no le añaden gran cosa al penoso conjunto.

Según se desprende de lo narrado por su realizador, mal contado, mal filmado y un disparate argumental, en Belgrado las UCIS son como salas de espera en las que todo el mundo puede entrar, e incluso llevarse a l@s enferm@s a voluntad, pues no tienen control alguno. Todo el mundo se encuentra y se reencuentra continuamente y tod@s van a la misma farmacia. Sin comentarios.

Pues la holandesa, y de cuatro países más coproduciéndola, de la aviadora no le va a la zaga… Oscila entre el musical, el drama bélico, la fantasía y el romance. Tiene, eso sí, mejor factura que la primera. Sin embargo, sus escenas de batallas resultan cutre y pobremente rodadas, pese a sus pretensiones épicas. Situada al final de la Segunda Guerra Mundial, en los estertores de la ocupación nazi y en una pequeña isla puritana y conservadora que no comprende la personalidad a contracorriente de la protagonista. En fin, por lo visto hasta ahora, las directoras no se encuentran en su mejor momento.

Nonio Parejo vuelve a los paisajes almerienses de Níjar y La Chanca de la mano de Juan Goytisolo, cincuenta años después de la publicación de los libros que visibilizaron las infrahumanas condiciones de tales lugares y, especialmente, de sus habitantes y que contribuyeron poderosamente a su dignificación posterior. Son acompañados en estos itinerarios también por personalidades de la política, la cultura y la creación, así como habitantes de los pueblos y comarcas recorridos. El resultado, no obstante, es acartonado, especialmente en lo que se refiere a las dramatizaciones de hechos pasados, excesivamente reverencial- el respeto y reconocimiento se sobreentienden – para con el autor y sus textos. Mucho más convencional, previsible y políticamente correcto, con sus toques demagógicos, de lo que debiera haber sido.

Festival de Cine Europeo: Puntos de vista II

La segunda entrega del Festival se saldó con dos expectativas defraudadas en la Sección Oficial . La coproducción anglo-española ‘Mr. Nice’, de Bernard Rose y la francesa ‘Chicas’, de Yasmina Reza.

‘Mr Nice’ cuenta la historia de un personaje real, Howard Marks, ciudadano galés nacido en el seno de una familia humilde, cuyo notable talento le condujo a ser aceptado como profesor en Oxford y, desde allí, a iniciar una muy rentable e internacional carrera delictiva como traficante internacional y consumidor incansable de todo tipo de sustancias ilegales. En su extenso curriculum figuran asimismo contactos con miembros del IRA y del M16… Tiene unos treinta primeros minutos irresistibles, con ese humor delirante que los británicos dominan como nadie. Con una puesta en escena, voz en off incluída, arrolladora y singular.

Sabe captar los ambientes hippies y psicodélicos del swing en sus inicios, pero desarrrolla una incontinencia visual y narrativa que le hace perder el norte, acumulando peripecias y gags presuntamente corrosivos que, por sobredosis, pierden su carga crítica. Objetaliza a las mujeres, siempre muy ligeras de ropa y despojadas de cualquier atributo salvo el sexual, con la excepción de la estupenda Chlöe Sevigny. Decepcionante deriva, en suma, de un filme fallido en el que aparecen Elsa Pataky y Luis Tosar, por parte española, y en el que Rhys Ifans borda su papel.

La celebrada dramaturga Yasmina Reza tropieza – y de qué manera – en su debut fílmico con ‘Chicas’, parte de cuya acción sitúa en Málaga. Historia de una peluquera de esa ciudad, residente en Francia, viuda con tres hijas de personalidades y formas de vida muy diferentes, con quienes se reúne para presentarles a su nueva pareja. Y ya se sabe lo que pasa en estas situaciones… que estallan los conflictos. Un subgénero en sí mismo en el cine, el de las coincidencias familiares tormentosas. Lo que sorprende, en el peor sentido, no es sólo que esté contada con una factura penosa de telefilme barato, con un guión infame y plagado de inverosimilitudes, con unos personajes lastimosos de puro tópicos, sino que, además, esté mal dialogada tratándose de una autora dramática prestigiosa.

Festival de Cine Europeo : Puntos de vista I

El Certamen sevillano ofrece más de un centenar de películas en más de una veintena de Secciones. Alguna que otra vacía de contenido, alguna que otra repitiendo títulos, alguna que otra con filmes más que vistos y sabidos, alguna que otra de relleno… Luego están las clásicas de Homenajes, Eurimages, EFA, Cortos, Documentales, Panorama Andaluz, Retrospectiva. Este año está dedicado a la cinematografía holandesa, bajo el epígrafe de Tulipanes salvajes.

La inauguración corrió a cargo de la británica ‘Tamara Drewe’, de uno de los homenajeados en esta edición, Stephen Frears. Volveremos sobre ella más extensamente. Es una de las prenominadas por la Academia Europea de Cine para sus premios anuales dentro de la Sección EFA, anteriormente citada.

En esta apertura del Festival, no hubo ninguna película a concurso programada. Sí, en cambio, otras dos competidoras de la cinta de Frears para los galardones europeos. A saber, la noruega ‘Upperdog’, de Sarah Johnsen y la coproducción entre Estados Unidos e Irlanda, ‘Ondine’, de Neil Jordan. La primera es una pretenciosa amalgama de historias y vidas cruzadas con un gazpacho temático que incluye búsqueda de raíces familiares, clasismo, inmigración y traumas postbélicos, entre otros, contado de forma tan vacía como solemne.

Neil Jordan tampoco demuestra estar en su mejor forma con este cuento que se presume mágico y negro, llamado ‘Ondine’. Pese a mostrar ciertos rasgos emotivos y de humor, a cargo de Stephen Rea y la niña Alison Barry, los mejores del reparto, naufraga-nunca mejor dicho en este caso- en su tratamiento de la historia y en el esquematismo de los personajes. El insoportable Colin Farrell no contribuye precisamente a matizar a su atormentado protagonista.

‘La red social: Conexiones’

He aquí la película que relata cómo fue posible la concatenación de casualidades que llevó a un joven tímido, más bien inexperto en habilidades sociales y, desde luego, de privilegiada y brillante inteligencia, a crear un espacio donde, teorícamente, se manifiestan todas las personalidades, todas las ideologías, todas las causas y todas las aficiones. Ese lugar, universal y libre- o, al menos, debería seguirlo siendo…- conocido como Facebook.

Corría el otoño de 2003. En la universidad de Harvard, una cita sale mal y la chica rompe con su pareja, el protagonista de nuestra historia. Este, despechado, idea un plan para humillarla usando internet como instrumento. De ahi pasa, al más burdo estilo machista, a urdir- junto a su mejor amigo – un juego comparativo sobre las bondades físicas de las estudiantes de los distintos centros a través de la red, que tiene un éxito inmediato, con decenas de miles de visitas. Logra, incluso, piratear sistemas informáticos de seguridad altamente sofisticados para añadir un ‘catálogo’ más amplio de jóvenes a la colección.

Esto llama la atención de dos hermanos, de elevado estatus social, quienes le encargan un programa más ambicioso de contactos circunscrito al ámbito universitario. Paralelamente a este trabajo, va configurando el germen de la red… La película nos muestra todo esto, a modo de flash back, junto a imágenes de las comparecencias legales del personaje central – Mark Zuckerberg – demandado por su citado ex mejor amigo y por los hermanos, por los que consideraban legítimos derechos de autores, o, como mínimo, co-autores, de semejante y altamente rentable fenómeno social.

David Fincher cuyo estilo, siempre refinado e inquietante, es, al tiempo, de una plasticidad singular con el tema que trata, prefiere dar cuenta de todos estos hechos exponiéndolos a nuestra consideración, sin coartadas emocionales o psicológicas. Los registra, a partir de la adaptación de la novela de Ben Mezrich, ‘Millonarios por accidente’, con una velocidad vertiginosa que compromete, a veces, el seguimiento de los diálogos, especialmente en versión original. Es la celeridad con la que funcionan las mentes prodigiosas de cierta élite académica estadounidense, cuyas miserias morales también se dejan entrever.

Como, y no unicamente, las del protagonista- un excelente Jesse Eisenberg, muy bien secundado por el resto de un reparto en el que destacan Andrew Garfield y Justin Timberlake. La inteligencia del realizador es no retratar ni a un héroe de nuestro tiempo, ni a un villano, sino a un joven de talento que supo rentabilizar las necesidades de conexión colectivas, aún a costa de las suyas propias.

‘Wall Street: El dinero nunca duerme’ : La codicia legal

Oliver Stone vuelve al epicentro de Wall Street, veintitrés años después, para dejar constancia del paso del tiempo en sus personajes y en el sistema económico-financiero que ellos contribuyeron a dinamitar, aunque salieran indemnes- y aún beneficiarios- de la terrible crisis que padecemos. Y lo hace desde una óptica espectacular y endogámica, eficaz y brillantemente filmada, pero nada rigurosa. En definitiva, la mirada cinematográfica de un veterano liberal estadounidense en cuyo currículum figuran títulos como ‘Nacido el 4 de Julio’, ‘Platoon’, ‘J.F.K.’o ‘Nixon’… Una visión honesta, aunque tosca en ocasiones y demasiado obvia casi siempre, en su crítica repleta de ambiguedades al establishment norteamericano.

La historia arranca con la salida de la cárcel del otrora poderoso Gordon Gekko -un, como entonces, excelente Michael Douglas- y ahora desposeído, incluso hasta de los vínculos familiares, por sus pasados errores. El mundo que conoció se ha hecho aún más salvaje en su feroz competencia por las ganancias especulativas y el poder. Lo que le hace exclamar, en una de las frases más famosas de la cinta, «Antes me preguntaba si era buena la codicia, ahora es legal».

Un escenario en el que sus antiguos colegas le desprecian, en el que se han establecido relaciones casi paterno-filiales, de mentor-discípulo entre viejos y jóvenes tiburones . Y precisamente uno de estos últimos, tan ambicioso como sus mayores, pero con pseudo inquietudes ‘ecologistas’, le requiere como consejero… Casualmente es el prometido de la hija, que no quiere saber nada de él. Para recuperarla, Gekko entrará de nuevo en acción, jugando sus carta más astutas contra sus peligrosos enemigos. Entonces, la llamada Catedral financiera se colapsa y la Bolsa se hunde, arrastrando consigo a ciertas intocables personalidades y formas de vida…

Stone filma este mundo de hombres, un denominador común en casi toda su obra, con una potencia visual deudora de los ochenta, fragmentando la pantalla y las acciones, sin ametrallar nunca al espectador. Convirtiendo un universo más bien árido y casi inasequible a l@s profan@s, en material de un thriller, por su brillante puesta en escena, diálogos, retrato de los personajes y sus interrelaciones y el suspense gradual de esa inquietante partida de ajedrez entre delincuentes de guante blanco.

Sin embargo, estos valores positivos enmascaran un acercamiento objetivo y valiente a las perversiones de un estado de cosas intrínsecamente amoral, desde los puntos de vista político y económico. Además pasa de puntillas sobre las generaciones de relevo, que perpetuarán el sistema. Descafeinado y vacío el personaje que encarna como puede, Shia Labeouf. Más bien tristes y llenos de clichés los reservados a las mujeres con Susan Sarandon y, sobre todo, Carey Mulligan, muy por debajo de sus posibilidades. La función es de los mayores, género masculino, Josh Brolin, Eli Wallach y un inmenso Frank Langella, cuya frase ‘La vejez no es para cobardes’, con todo lo que implica, resume el modus vivendi de una casta privilegiada y dañina.

Buried : Submundos

Segundo largometraje del español Rodrigo Cortés, cuya ópera prima ‘Concursante’ fue recibida con magníficas críticas, ‘Buried’ (‘ Enterrado’) es una coproducción hispano-franco-norteamericana. Su versión original es la inglesa pero, lamentablemente, sólo la proyectan doblada.

La acción transcurre en un ataúd , enterrado en algún lugar del territorio iraquí, donde insurgentes del país han encerrado a un civil, conductor de camiones, cuyo convoy fue atacado. Dicho y único personaje está interpretado con bastante solvencia por Ryan Reynolds. Únicos escenario y protagonista, pues, y tensos y claustrofóbicos noventa y cinco minutos de metraje. Todo un reto para cualquier realizador.

El brillante y transgresor talento de Cortés se pone de manifiesto al introducir en tan lóbrego habitáculo los macrocosmos, ¿o deberíamos llamarlos submundos, en este caso?, de la guerra, de la política, de estamentos y organismos y de la empresa. Junto a ellos, el agridulce microcosmos afectivo representado por una madre de errática memoria y una esposa casi siempre desconectada. Esas voces del mundo exterior llegan a través de un móvil, de número oculto, que sus captores le dejan al personaje. Su única compañía, junto a la de la luz de un mechero que al apagarse, deja la pantalla a oscuras…

Thriller tan rompedor como desasosegante, demoledor en su crítica a la guerra y sus desastres, a la impiedad de la burocracia y del poder, a la cínica crueldad de ciertos jefes, al fanatismo insensible, frente a un hombre en una desesperada lucha contra reloj para salvar su vida. Sin tregua ni respiro, con un espléndido equipo técnico en el que destacamos la fotografía de Eduard Grau y el montaje del propio director. Un hombre que ha conseguido que la sala de cine sea un enorme cajón de madera, del que sólo conseguimos escapar cuando terminan los títulos de crédito.

‘Carancho’: Retrato en negro

Resulta preocupante la tendencia de programar películas en nuestro idioma, en el único local sevillano dedicado a la versión original. Tres ahora mismo en exhibición habladas en español y una norteamericana absolutamente comercial y desprovista de interés, otra mala costumbre en estos últimos tiempos. Mientras tanto, ‘Bright star’, de Jane Campion y ‘Mi refugio’, de François Ozon, entre otros ejemplos, se proyectaron dobladas. Y siguen en lista de espera las ya estrenadas en otras capitales, ‘Submarino’, de Thomas Vinterberg, documentales varios y la transgresora ‘Elisa K’, de Jordi Cadena y Judith Colell, Premio Especial del Jurado en el reciente Festival de San Sebastián.

Y , precisamente, el director de la película que nos ocupa, el argentino Pablo Trapero, ha formado parte de ese Jurado del Certamen donostiarra. Además, tiene en su haber fílmico la multipremiada ‘Mundo grúa’. Su estilo e inquietudes no transitan por los caminos más trillados, que tientan a otros cineastas de su país.

‘Carancho’ es un buen ejemplo de lo antedicho. Coproducción entre Argentina, Chile, Corea del Sur y Francia, su historia remite a las siniestras estadísticas de los accidentes de tráfico en Argentina, que causan más de cien mil heridos y de ocho mil muertes anuales. En torno a las tragedias de víctimas y familiares, se articula una tan próspera como mafiosa industria, apoyada por las compañías de seguros. Así,se lucran con las indemnizaciones, de las que las personas afectadas reciben sólo una mínima parte.

El protagonista, un Ricardo Darín cuya excelencia interpretativa gana con los años, es el carancho al que alude el título, metafóricamente un ave carroñera, husmeando el beneficio tras el drama ajeno. O sea, un oscuro abogado que trabaja captando accidentados, para una de esas empresas antes citadas. En este caso, con la complicidad necesaria de ciertos policías y un hospital. A dicho centro sanitario llega una joven médica capaz y competente, pero extremadamente frágil y estresada, ignorante del turbio negocio que se trama a su alrededor…,de la que el protagonista se enamora y por y con la que pretende cambiar su vida. Martina Gusman la encarna con tanta sensibilidad como talento.

Trapero pone en imágenes tal densidad argumental, en clave de cine negro, con el estilo potente y afilado que le caracteriza. Lo hace fragmentando planos, comprimiendo el campo visual, hurgando en rostros , gestos y expresiones, para acentuar, aún más si cabe, la desolación de lo narrado. No maquilla, ni exalta la violencia, sino que sabe mostrarla en toda su miserable crudeza. Pero también resulta lírico y conmovedor su retrato de la relación amorosa entre dos seres tan abocados al desastre, como la sociedad enfangada en la corrupción más perversa en la que malviven.