‘Cisne negro’: Angel caído

Una joven bailarina esforzada, angelical, muy dotada y perfeccionista. Una madre que renunció a su carrera en aras de una hija, a la que sobreprotege e infantiliza, conjurando los peligros que la acechan. Una convivencia aparentemente idílica. Una audición para un papel crucial. Una coreografía innovadora de un clásico. Una Compañía prestigiosa, pero al borde de la ruina. Un éxito obligatorio. Un director exigente, cualificado, cruel y libertino. Una competición feroz. Una rivalidad no exenta de tensión sexual. Un trabajo extenuante. Un equilibrio emocional precario. Unos fantasmas autodestructivos.

Unos miembros que se retuercen hasta lo imposible. Un alter ego oscuro y temible. Unos pies gráciles y torturados. Una visión nada complaciente de un arte delicado. La belleza de lo terrible. Una metamorfosis impactante, que despierta a la locura. Una noche envuelta en brumas. Unas heridas misteriosas. Una mente atormentada y confundida. Un debut espectacular. Un baile arrebatador e inquietante. Un paroxístico climax. Un viaje a los infiernos, sin vuelta atrás.

Un director nada convencional, Darren Aronofsky. Un suntuoso melodrama de terror. Una puesta en escena barroca, operistica, exasperada, turbia, frenética y desasosegante. Una música que acaricia y martillea. Unos bailes muy bien filmados. Una escalofriante Natalie Portman, sin rival para el Oscar a la Mejor Actriz Principal. Una sugerente Mila Kunis. Un juguete roto, el que interpreta una casi irreconocible Winona Ryder. Un personaje tan ambivalente como intenso, a cargo de Barbara Hershey. Una extraordinaria fotografía, la de Mathew Libatique. Un inocente cisne blanco y su diabólico doble. Cisne negro, ángel caído.

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Winter´s bone: El silencio del bosque

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Esta segunda película de la realizadora norteamericana Debra Granik ha sido reconocida con destacados premios en Sundance, en los Globos de Oro y ahora compite en la carrera hacia los Oscars con cuatro importantes candidaturas. Está basada en la novela … Sigue leyendo

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‘127 horas’: Atrapado

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El británico Danny Boyle- cuya fulgurante, y sobrevalorada, segunda película ‘Trainspotting’ se convirtió en un éxito notable de crítica y público y en una obra de culto- fue ganado ya definitivamente para el cine más comercial, a partir de entonces. … Sigue leyendo

‘Mil cretinos’: Cuentos crueles

El productor, guionista y realizador barcelonés Ventura Pons tiene una estimable aunque no siempre redonda filmografía, gran parte de la cual la ha dedicado a adaptaciones al cine de obras teatrales y literarias. Suele hacerlo con autores catalanes de reconocido prestigio como Sergi Belbel, Josep Mª Benet i Jornet, Ferrán Torrent o, en este y otros casos, Quim Monzó. Entre sus créditos figura un Premio Nacional de Cinematografía concedido por la Generalitat, haber sido Vicepresidente de la Academia de Cine de nuestro país, un Ondas y la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes. Antes de debutar en el cine con la interesante ‘Ocaña, retrato intermitente’, dirigió teatro.

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‘Más allá de la vida’: Luces y sombras

PARA M.I.S.M. IN MEMORIAM.

Tres países, Francia, Inglaterra y Estados Unidos. Tres ciudades, París, Londres y San Francisco. Tres personajes, una famosa periodista televisiva, un medium que renegó de su don y un niño que perdió a su igual. Tres acontecimientos traumáticos, un maremoto, un atropello y la explosión de un vagón de metro. Tres vidas marcadas por la visión de la otra orilla, por la ausencia y por los testimonios de quienes ya no son.

Un novio tan descreído como inconstante. Una profesión que no admite deserciones. Un hermano que no se resigna a renunciar a su fuente de ingresos. Una madre al borde del abismo, pero cariñosa. Unos servicios sociales siempre al acecho. Unas precoces responsabilidades adultas. Una familia de acogida tan voluntarista como desesperada. Un rendido admirador de Charles Dickens, cuya casa visita emocionado. Un hombre a quienes les están vedados los afectos y eso que llaman vida normal. Un chico que no se resigna a su vacío y pretende lo imposible. Una mujer que no puede traicionarse a sí misma, aún a costa de perder su estatus. Tres inadaptados que, por fin, coinciden y se reconocen.

Un clásico octogenario a quien no asustan los retos. Un productor llamado Steven Spielberg. Una música del propio realizador. Una sorprendente incursión en el fantástico, presidida por la discreción. Un error de planteamiento, el de las vidas cruzadas. Un pudor frustante, que resta intensidad a lo narrado. Una cierta dispersión en el retrato de personajes y ambientes. Un protagonista, Matt Damon, cada vez actuando y seleccionando sus papeles mejor. Dos niños, George y Frankie McLaren, muy dotados para la interpretación. Una estimulante aparición sorpresa. Un episodio superior a los otros dos. Una puesta en escena elegante, sutil y poderosa, cuando debe serlo. Ciertas olvidables concesiones a clichés new ages. Un Eastwood menor. Luces y sombras, como las descritas en el relato. Una película tan valiente como imperfecta, titulada en castellano ‘Más allá de la vida’.

‘Pa negre’: Años de plomo


El mallorquín Agustí Villaronga_ ‘Tras el cristal’, ‘El niño de la luna’, ‘Aro Tolbukhin. En la mente del asesino’…_ posee una de las miradas más inquietantes y vidriosas de un panorama cinematográfico como el nuestro, nada sobrado de ellas. Realizador y guionista, esta su última cinta ha obtenido catorce candidaturas a los Goya y ha arrasado con trece estatuíllas- de las tambien catorce a las que estaba nominada- en los Premios Gaudí.

‘Pa negre'( ‘Pan negro’) es la adaptación de una novela de Emili Teixidor ambientada en la Cataluña rural de la posguerra en la que el descubrimiento de un doble crimen será el detonante para ir desentrañando una maraña de secretos, mentiras, resentimientos, odios, perversiones, corrupciones y venganzas , servidumbres y relaciones de poder y de clase, que vinculan al universo adulto con el infantil. Todo ello visto a través de los ojos de un niño, hijo de perdedores, cuyas experiencias y descubrimientos le transformarán radicalmente.

Como era de esperar en un realizador de sus características, Villaronga no cede al costumbrismo al uso, ni a los lugares comunes, ni a esquematismos trasnochados, ni a compasivos paños calientes, ni a épicas complacientes, ni siquiera a lo políticamente correcto.

Tiene claro, sin embargo, como el novelista cuyo guión adapta, la prepotente crueldad y sadismo de los vencedores para con los derrotados y también con los diferentes. Pero no elude las críticas al colaboracionismo y complicidad de l@s vencid@s, aunque sin cometer el error de equipararlos, pues muestra cómo razones estrictas de supervivencia mueven -en un contexto tan terrible- a cometer actos execrables, aunque nunca justificados.

La perfidia y perversidad, el lado más oscuro y sanguinario de la especie humana, son expuestos a nuestra consideración como el peor daño colateral del regimen triunfante sobre las mentes, las voluntades, las emociones, las vidas y las ideas de l@s habitantes -especialmente devastador en el caso de l@s niñ@s- de una pequeña comunidad, microcosmos paradigmático de un tiempo y un país marcado por los años de plomo.

El equipo técnico y artístico plasma tan negra historia con una poderosa y matizada contundencia, perturbadoramente turbia y radical. Marca del estilo de un realizador nada domesticable. Y el reparto encarna con excelencia a sus cínicos, atormentados y equívocos personajes.

‘También la lluvia’: Colonialismos

La titular de la vicepresidencia de la Academia de Cine de este país, Iciar Bollaín, ha obtenido con esta su última cinta, trece nominaciones a los Premios Goya, cuya celebración tendrá lugar el próximo 13 de febrero, ser elegida como la candidata española al Oscar a la Mejor de Lengua No Inglesa y tener ocho opciones para las Medallas del Círculo de Escritores Cinematográficos. Todo un muestrario de reconocimientos.

La acción- que transcurre en la ciudad boliviana de Cochabamba, en el año 2000- sigue a un equipo de rodaje que filma allí los desmanes de la colonización española en América, con historias reales en las que intervienen Cristóbal Colón y el padre Fray Bartolomé de las Casas. Pero no se queda ahí, sino que da cuenta de las contradicciones y tensiones provocadas entre los cineastas por el levantamiento de los extras indígenas, liderados por uno de los protagonistas, en contra del expolio del agua de que son objeto. Además una joven de la troupe artística rueda los hechos reales y los ficticios, en una especie de diario de la filmación.

La realizadora maneja con fuerza, convicción, compromiso y sensibilidad los diferentes planos de una historia tan compleja como arriesgada, que se le podía haber ido de las manos en cualquier momento. Es verdad que ha contado con un equipo técnico-artístico muy sólido y cohesionado al que ha sabido coordinar con pulso firme. Así, con el guión original- que opta a un Goya- de Paul Laverty, con la música de Alberto Iglesias, con la fotografía, también justamente nominada, de Alex Catalán, o el montaje de Angel Hernández … Y, por supuesto, el reparto, tres de cuyos intérpretes están incluídos en las equivalentes modalidades de candidaturas masculinas. La de Mejor Actor Protagonista para Luis Tosar, de Reparto para Karra Elejalde y Revelación para Juan Carlos Aduviri. Un trío en estado de gracia.

Los bellísimos paisajes naturales, la hermosura sin paliativos de una tierra fértil cuyas materias primas son expoliadas por gobiernos corruptos al serviciode multinacionales, la segregación y discriminación de la población más primigenia en su propio país, las ambivalencias pseudo progresistas a la hora de tomar partido, la irónica utilización y explotación de los desfavorecidos en el contexto de un proyecto fílmico que presuntamente los reivindica, las diversas formas que adoptan los colonialismos, los cambios emocionales y personales que suscita el compromiso con causas no tan ajenas como pudieran parecer… Todo ello y mucho más propone para nuestra reflexión esta película poderosa y valiente, felizmente al margen de ciertas tendencias éticas y estéticas contemporáneas.

‘El discurso del rey’: La voz a ti debida


El británico Tom Hooper, cuyo currículum audiovisual se ha desarrollado fundamentalmente en el medio televisivo, es el firmante de esta cinta, presente en todas las quinielas como favorita para hacerse con algunas de las tan preciadas estatuillas, que la Academia de Cine norteamericana tendrá a bien entregar el próximo 27 de febrero.

Cuando un hombre tímido, tartamudo e inseguro, pero altivo, con un padre poderoso, con una infancia nada feliz, con un hermano carismático y egoísta, ocupa una posición expuesta a la consideración pública y ante tal opinión tiene que pronunciarse por medio de discursos radiados. Tal hombre, y a sugerencia de su querida esposa, para evitar la bochornosa humillación de ser objeto de burlas o lástima, recurre a un extranjero afincado en su`país, Inglaterra, tan heterodoxo como para retarle a una relación de igual a igual, a fin de devolverle la voz, junto a su maltrecha autoestima.

Dos décadas, los años veinte y treinta, fundamentales para el mundo y para ambos protagonistas. Esta es la historia real, en la doble acepción del término, del vínculo que unió a un hombre que no debió reinar y a un australiano que nunca estudió medicina, pero que, por azares de la vida, se convirtió en terapeuta del habla. O sea, a Alberto, Federico, Arturo, Jorge de Windsor, que accedió al trono como Jorge VI y a Lionel Logue, a quien el primero distinguió con un título en premio a sus servicios profesionales y a su leal amistad.

El realizador tiene una mirada sobre la historia elegante y refinada, divertida e irónica, respetuosa e irreverente, con un toque excéntrico, a la par que profundamente creíble, y provista de un encanto nada añejo, ni acartonado. Mima y respeta a sus personajes, hasta los más secundarios. No se permite la altisonancia, ni la solemnidad, pero tampoco la vulgarización. Y, pese a que le han reprochado cierta autocomplacencia, lo cierto es que no ahorra críticas, especialmente en lo que se refiere a las simpatías filonazis y a los retratos, en general, de Eduardo, el heredero que abdicó, y al de su amada Wallis Simpson, muy corrosivos.

La calidad de la producción se da por supuesta. Así en la fotografía, de Danny Cohen, el montaje de Tariq Anwar, el diseño de Eve Stewart, el guión de David Seidler y un reparto intachable en el que destacamos al favorito para llevarse el Oscar al Mejor Actor Principal, un excelente Colin Firth, y a un extraordinario Geoffrey Rush. Ambos brindan un auténtico tour de force, lleno de química y talento, encarnando a dos personalidades sólo aparentemente antagónicas. Sin olvidarnos de Helena Bonham Carter, Guy Pearce, Timothy Spall o Derek Jacobi que bordan sus respectivos e históricos personajes insuflándoles vida y verosimilitud.

‘Balada triste de trompeta’: Bestias negras

El actual presidente de la Academia de Cine de este país, Alex de la Iglesia, firma en ‘Balada triste de trompeta’-distinguida en el Festival de Venecia con los Premios al Mejor Guión y el León de Plata a la Mejor Dirección- un tan excesivo como demoledor ajuste de cuentas con los oscuros años franquistas. Concretamente, el periodo revisado comprende desde el final de la Guerra Civil hasta principios de los años setenta.

La historia comienza cuando dos payasos son consecutivamente obligados a actuar para los combatientes republicanos y hechos prisioneros por los fascistas, quienes les condenan a trabajar en la construcción del Valle de los Caídos. El hijo de uno de ellos, para vengarle, provoca una explosión en la citada obra, de lo que se derivará el fusilamiento del progenitor y sus compañeros como represalia. Este hecho marcará su vida cuando, ya adulto y continuador de la carrera de su padre en el circo, se sumergirá en un microcosmos de amor, violencia y subordinación que provocará el estallido incontenible de sus largamente reprimidos demonios personales y colectivos.

El realizador sabe filmar con potencia visual y manejo firme del material que conforma el relato, de cuyo guión es también autor, apoyado en un equipo de primera línea. Destacamos el montaje de Alejandro Lázaro, la música de Roque Baños, la dirección artística de Eduardo Hidalgo y, por supuesto, la labor de un reparto entregado, en el que sobresale un espléndido Carlos Areces.

Cultivador de un humor entre esperpéntico, friki y caricaturesco de implacable ferocidad en su retrato de las miserias de la condición humana enfrentada a circunstanias extremas. Veánse ‘El día de la bestia’ o ‘La comunidad’, para ejemplificar este aserto. Aquí, como no podía ser menos, dirige toda esa artillería pesada contra los horrores y daños colaterales de la dictadura franquista, desde su rostro más sanguinario hasta el presuntamente amable y propagandístico vehiculado por los mass media.

Un arranque deslumbrante,unos títulos de crédito extraordinarios que nos ofrecen la radiografía visual de un tiempo y de un país, la negritud y lucidez rebosantes de trágica ironía y el ritmo potente e imparable de su primera mitad degeneran, sin embargo, en un exceso grandguiñolesco y de sal gorda en la segunda. Tal tratamiento impide un acercamiento más cabal e íntegro al drama de unos personajes desprovistos de toda su doliente complejidad, convertidos en monstruos cómplices y víctimas de las bestias negras que rigen sus destinos.

‘NEDS’: Los cuatrocientos golpes

El curioso título de esta película corresponde a las siglas en inglés de NON EDUCATED DELINQUENTS (Delincuentes no educados). Coproducción entre Francia, Italia y Reino Unido, es la segunda cinta del actor -Mike Figgis, Mel Gibson, Michael Winterbotton y, desde luego, Ken Loach, le dirigieron- y realizador escocés Peter Mullan, firmante asimismo de su guión. Obtuvo el máximo reconocimiento en el pasado Festival donostiarra, la Concha de Oro.

La acción transcurre en Glasgow, en los años setenta y describe el itinerario de un chico intelectualmente dotado – con hermano delincuente juvenil y padre alcohólico y maltratador – desde la brillantez académica, hasta su integración en una pandilla de adolescentes violentos.

Es una feroz disección de un sistema educativo, marcado por una moral católica ultraconservadora, hipócrita y sádica, cuyos representantes del claustro se complacían en el castigo físico, las vejaciones y las humillaciones. Especialmente, con los más débiles. Y cuyo alumnado se regía- a la manera de lo aprendido de los presuntamente adultos tanto en el hogar, como en el colegio – por la implacable ley del más fuerte.

En tal escenario, tan bien descrito y filmado por Mullan, no cabían más alternativas que el ser víctima propiciatoria de los abusos de profesores y alumnos o aliarse con los grupos de matones callejeros. Una sociedad represora y hostil, que penalizaba el talento, la sensibilidad y la inteligencia, regida por normas severas y crueles, que asfixiaban cualquier atisbo de crítica o disidencia.

Partiendo de dolorosas experiencias autobiográficas, el director utiliza la ironía _ estupenda la banda sonora, con temas sentimentales y almibarados subrayando las escenas más duras_ y el cinismo como armas arrojadizas en su ajuste de cuentas con su pasado. No únicamente en clave personal, sino, sobre todo, social, colectiva.

Excelente retrato de personajes y ambiente, con un reparto que funciona a la perfección. Su protagonista, Conor MCarron, se llevó justamente el Premio al Mejor Actor en San Sebastián. Pero resuelve mal la conclusión del relato y pierde contundencia y garra al no afrontar hasta las últimas consecuencias la terrible dureza de lo planteado.