Sevilla Festival de Cine Europeo. Toma 2. Parte I: Retratos.

La primera de la mañana de esta segunda jornada del Certamen ha sido la coproducción sueco-polaca ‘The Mill and the Cross’, del realizador de esta última nacionalidad, Lech Majewski, quien no sólo se sitúa tras la cámara, sino que además produce, fotografía y compone parte de  la música de esta singular película.

Narra la brutal ocupación española en el Flandes del siglo XVI a través de los ojos de un pintor, Brueghel el Viejo, un amigo y mecenas del artista y una mujer madura y doliente cuya identidad nos sorprenderá. Cada uno de ellos está encarnado con solvencia y respectivamente por Rutger Hauer, Michael York y Charlotte Rampling.  En cualquier caso es una cinta coral, aunque el trío citado conduzca las líneas maestras de la historia.

Filmada en hermosos escenarios tanto naturales como decorados a cargo también del director, mezclados con ténicas digitales, en los que las figuras dejan ver sus vidas y el interior de sus hogares  en un entorno rural y bucólico, habitado por gente trabajadora, amable y pacífica con una forma de existencia aparentemente plácida y dichosa. Este pueblo, sin embargo, sufre la feroz tiranía española encarnada en los terribles y tristemente soldados de capas  rojas que cometían tropelías, torturas, asesinatos y ejecuciones sumarísimas, culminando en la crucifixión, sin que los aterrorizados paisanos les opusieran resistencia alguna. De ahí la importancia para el pintor de consignar para la posteridad tales barbaries.

Una puesta en escena con algunas de las características descritas, con unas composiciones cromáticas en las que realidad y artificio coexisten en armonía, como la cotidianidad de las gentes de toda edad y condición se aviene con el hecho de integrarse en la tela imaginada por el artista. Lenta, de planos con gran profundidad de campo, con una cuidadosa recreación de vestuarios y ambiente, poblada por largos silencios junto a soliloquios y pocos diálogos, la mayoría en español, no siempre resulta fácil de ver pero merece la pena hacerlo.

Y la merece porque se trata de una reflexión profundamente religiosa y política sobre el papel del arte en sí mismo y contra las tiranías, de literalmente permitirnos entrar en una obra maestra de la pintura, de recrear la elaboración de una cuadro, de contemplarnos como los malos de la histórica función, de atravesar el otro lado del espejo  como españoles y como representantes del presunto dogma verdadero. Un ejercicio estimulante y necesario.

Sevilla Festival de Cine Europeo. Toma 1: Salsa agridulce.

La primera jornada del Festival la inauguró la cinta española ‘Los muertos no se tocan, nene’, de José Luis García Sánchez, integrada asimismo en la Sección Oficial. Se trata de una película coral, como es habitual en el realizador, filmada en blanco y negro y ambientada en el Logroño de los años cincuenta, cuya acción se sitúa fundamentalmente en una casa, en torno a la muerte anunciada y sucedida del decano de una familia pequeño burguesa con ínfulas de grandeza, que acoge a representantes de los estamentos sociales más representativos de la miserable España de la postguerra. El clan, junto a la hija pródiga de vuelta al hogar, la sirvienta- andaluza y castigadora, por más señas…- y demás parientes y afectos pretenden ser el retrato en clave de comedia negra de un tiempo y un país. Sin conseguirlo.

Aunque tenga ciertos rasgos de ingenio y se presente como un homenaje al inolvidable e irrepetible Azcona y, de paso, al cine de la época de Berlanga y Marco Ferreri, queda muy lejos y muy por debajo de tales modelos. Le faltan ritmo, cohesión, mala uva y acidez y le sobran dispersión, excesos, sal gorda, tópicos, reiteración en los gags y… metraje.

Dentro de Historias del Cine, ‘Toma O.Pionera’, dirigida por Rosa B. Traisac, expone las dificultades de ser mujer y realizadora en nuestro país y, de paso, rinde un reconocimiento a cineastas del interés y la singularidad de Rosario Pí, Ana Mariscal, Josefina Molina o Pilar Miró, entre otras. Tan bienintencionada como fallida aproximación a la mirada cinematográfica de tales mujeres, tanto más fallida cuanto mayores son sus pretensiones de ser un producto original y a contracorriente, pero filmado con la estética y factura más bien sonrojantes de un proyecto de fin de curso. Resultan interesantes y enriquecedores los testimonios de especialistas, familiares y amigos de las autoras y, desde luego, las escenas de sus películas. Y poco más. Lástima.

Pernilla August, actriz sueca de largo recorrido e interesante filmografía, debuta como guionista y realizadora en ‘Beyond‘ incluída en la Sección EFA, cintas preseleccionadas por la Academia del Cine Europeo para sus Premios anuales. Se trata de un drama- basado en una novela de Susanna Alakosk, coproducción entre su país y Finlandia- sobre el revulsivo emocional sufrido por una mujer con una vida familiar feliz al tener que revivir crudos episodios de su traumática infancia, cuando le comunican el estado terminal de su madre. Una madre a la que no veía y de la que no quería saber nada desde hacía muchos años.

La mirada de la directora que, como buena nórdica, se mueve bien en los registros fílmicos dramáticos, nos aproxima a la terrible historia de dos hermanos víctimas de abusos y desatención por parte de sus padres alcohólicos. La violencia de género, la mujer como víctima y cómplice, la devastación física y psicológica provocada en los niños por la agresividad adulta en un hogar desestructurado y la ardua tarea de una cría responsable de sus progenitores y de su hermano menor,  nos son presentadas con tanta crudeza, como sensibilidad y matices. Cabe reprocharle, sin embargo, una excesiva reiteración en los traumáticos recuerdos de la infancia en detrimento de una mayor información sobre otras fases de la vida de la protagonista, una excelente Noomi Rapace, a la que da una justa réplica su marido en la vida real Ola Rapace, entre un impecable reparto. Con todo, una directora a seguir.

La coproducción suizo-luxemburguesa ‘The little room’, de Stéphanie Chuat y Veronique Reymond, se centra en la inesperada relación de complicidad y entendimiento surgida entre un anciano cascarrabias y su cuidadora, convulsionada por la reciente pérdida de su bebé recién nacido. Posee buena factura, una historia que engancha, buenos actores, en especial el excelso Michel Bouquet, interesantes apuntes sobre la vejez y sentido del humor. Pero se escora demasiado hacia el sentimentalismo, agradable, eso sí, en detrimento de su inicial carga crítica y mordiente.

Sevilla Festival de Cine Europeo: A modo de prólogo…

Más de un centenar de películas serán programadas y exhibidas en el Sevilla Festival de Cine Europeo entre el 4 y el 11 de noviembre. Agrupadas en Secciones como las clásicas Oficial, Selección Efa, Eurimages, Eurodoc, Europa Junior, Panorama Andaluz, Cortometrajes o las dedicadas a una cinematografía europea, en este caso, la rusa.

A las citadas se le suman los homenajes a Nueva York -¡con sólo una película, ‘La línea del cielo’, de Fernando Colomo!- o a Nikita Mikhalkov, las Historias del Cine, Tres Culturas, Festival Campus o la, para la sensiblidad y las ideas de quien esto firma, tan infamante como innecesaria Tarde de Toros…

La suerte está echada, pues. Así que iremos viendo  día a día qué nos depara la degustación de este menú.

‘El niño de la bicicleta’: Educando a Cyril

Los hermanos belgas Jean Pierre y Luc Dardenne, que han ofrecido al cine títulos tan estremecedores y notables como ‘Rosetta’, ‘El niño’ o ‘El Silencio de Lorna’, obtuvieron el Premio Especial del Jurado en el pasado Festival de Cannes con esta su última cinta, recién llegada a las pantallas sevillanas, lamentablemente en versión doblada.

http://www.youtube.com/watch?v=wGZkHkyWEOg

Narra la historia de Cyril, un niño de 11 años abandonado por su padre, quien le interna en un centro de acogida por no poder ni querer ocuparse de él. El chico no acepta la situación e intenta, a toda costa, hablar con su progenitor a fin de reanudar la convivencia o el contacto. En esa tesitura, se topará casualmente con una peluquera llamada Samantha, quien se convertirá en alguien crucial en su vida.

La mirada fílmica de los realizadores saca a la luz las negruras más ocultas e incómodas que perviven en las sociedades occidentales, revelando vidas duras y rotas, existencias al límite. Retratos de la desposesión urbana más radical, pero sin subrayado dramático alguno. Los Dardenne consignan tales circunstancias y las muestran como algo dado, documentándolas sin juzgarlas. La intención de denuncia crítica y moral está obviamente implícita, pero no es impuesta al espectador. Éste nunca es manipulado emocionalmente, aunque no pueda evitar ser sacudido por lo que contempla.

Se ha señalado justamente  que ésta es la cinta más luminosa de sus autores. Y es cierto que su conclusión es más optimista, que transcurre en un verano soleado frente al gélido invierno y la cruda textura que caracterizan a la mayor parte de su obra. Lo que no excluye ni evita la dureza de la historia de ese niño víctima del desamor paterno, carne de marginación y delincuencia que, contra todo pronóstico, encuentra amparo, acogida y cariño incondicional fuera de los imperativos biológicos.

Orfandad individual y aislamiento social. Lazos frente a la herencia genética. Vínculos y no cadenas. Compromisos frente a obligaciones. Elecciones y no coacciones. Educación afectiva y sentimental frente a determinismos clasistas. Éstos y muchos otros temas son propuestos a nuestra reflexión en esta película altamente recomendable, con un excelente reparto en el que destacan las inolvidables composiciones de Thomas Doret y Cécile de France.

‘La voz dormida’: Almas en pena

La recuperación del papel fundamental que jugaron las mujeres en la contienda civil española, en la postguerra y durante el franquismo, parece de justicia. Tanto a nivel de militancia antifascista, como de cooperadoras necesarias de la resistencia de izquierdas, como de prisioneras en las cárceles manteniendo bien altas su dignidad y compromiso político, como ante los pelotones de ejecución, como de ciudadanas de ínfima categoría en un país oscuro, misógino, machista y atroz… La Historia, la Memoria Histórica y las pequeñas y grandes historias de las mujeres están aún por contar.

Benito Zambrano (Lebrija, Sevilla, 1965) demostró en ‘Solas’ que sabe narrar y filmar a personajes femeninos singulares en situaciones límites con respeto, lucidez, sensibilidad y emoción. Con talento, en definitiva. Por ello es tanto mayor la decepción por su adaptación al cine de la novela homónima de Dulce Chacón, sobre las desventuras de dos hermanas cordobesas en los años cuarenta. Una, prisionera por su militancia comunista en Madrid y la otra, una joven ingenua y apolítica que, sin embargo, está dispuesta a arriesgarlo todo por ayudar. Sobre sus camaradas,  sobre sus implacables enemigos políticos, sobre sus compañeras de infortunio, sobre los hombres a quienes amaron…

El realizador sevillano que, según sus propias palabras, se sintió profundamente conmovido con el libro y con la autora – quien murió poco después de que le presentara su proyecto de guión, que finalmente acabó coescribiendo él mismo junto a Ignacio del Moral- le aplica al relato un tratamiento teatral, efectista, acartonado y panfletario. Tanto más gratuito cuanto que éste posee  carga emocional e ideológica tan potente que hace innecesario cualquier subrayado y, por el contrario, recomendable la contención.

Lamentablemente, el exceso se erige en seña de identidad convirtiendo a lo que podía haber sido un sólido drama, en un imposible dramón. A lo que podía haber sido una historia emocionante, en lacrimógena. A la justa reivindicación de l@s olvidad@s perdedores-as, en un maniqueísmo caricaturesco en la mayoría de las caracterizaciones de jueces, carceleras, militares, religiosas, curas, de algunas prisioneras y de… A la reconstrucción de un Madrid sórdido y hostil, en decorados de serie B.  A la descripción de la vida carcelaria, en meras composiciones en claroscuros. A los personajes y a la mayoría del reparto,- con las excepciones, y no siempre, de Inma Cuesta y de María León, flamante Mejor Actriz en el Certamen donostiarra- en enfáticos y sobreactuados. A lo que podía haber sido, en resumen, una película notable, conmovedora, necesaria, adulta y combativa, en una esquemática y abrumadora  colección de almas en pena.

‘Mientras duermes’: Cautivo del mal

Jaume Balagueró ( Lleida, 1968 ) se ha labrado una sólida reputación entre los amantes del género de terror con títulos tales como ‘Los sin nombre’, ‘Frágiles’, ‘Darkness’ o, sobre todo, a nivel de éxito popular, las dos entregas de ( Rec ), codirigidas con Paco Plaza.

En este su último trabajo, ‘Mientras duermes’, un inquietante thriller de terror, narra la historia del portero de un lujoso inmueble, tan aparentemente amable y servicial como torturado y dañino. Marcado por una básica incapacidad para ser feliz, no soporta que lo sean las personas a su alrededor. La dicha ajena le resulta tanto más intolerable cuanto menos puede comprenderla y compartirla. Trata, entonces, artera y perversamente, con todos los medios a su alcance,  de hacer desgraciadas a las personas de su entorno a cualquier precio.

Contada desde el punto de vista del personaje central, un magnífico Luis Tosar, otra segura nominación al Goya al Mejor Actor, de quien- a despecho del rechazo moral que provoca –  se nos hace cómplices… Personaje que, pese a su trabajo y máscara de solícito subalterno, se sirve del hecho de estar en posesión de las copias de las llaves de todos los apartamentos del bloque para introducirse en los más íntimos reductos de l@s inquilin@s  a fin de   provocar daños indelebles en sus vidas. En este caso, su víctima propiciatoria será una joven vecina siempre amable y sonriente, a la que encarna, con su soltura y encanto habituales, Marta Etura. Muy destacable asimismo es el trabajo de la excelente Petra Martínez en un personaje conmovedor.

El ojo de la cámara de Balagueró opta por una puesta en escena y un tratamiento de la historia lleno de intensidad contenida, escorándose más hacia el suspense que al terror clásico. Huyendo de efectismos y sustos fáciles, ha construído el retrato de un cruel  y difícilmente olvidable psicópata en el ejercicio in crescendo de su maldad radical, contra gente tan inocente como desprevenida. Lo que no le impide ser descarnado cuando procede y mostrar sin paliativos la dureza de los estragos causados por este ser inteligente, terrible, verdugo de la alegría, aliado del infortunio, sádico depresivo y cautivo del mal.

‘Another year’: El paso del tiempo.

A pesar de que los termómetros sevillanos se empeñen en prolongar el verano con altas temperaturas, especialmente en las horas centrales del día, no está de más recordar que estamos en otoño. Y afortunadamente la ‘rentrée’ se va notando en forma de colas ante las taquillas de los cines, de animación en los vestíbulos, de mayor ocupación en las salas…  Sobre todo, en los estrenos. Desde este blog hemos consignado las últimas propuestas de Urbizu, Sofía Coppola, Malick o Almodóvar. Ahora le toca el turno a Mike Leigh con ‘Another year’.

La filmografía de este ciudadano británico – de origen judío, casi septuagenario, dramaturgo, guionista y cineasta – es pródiga en títulos de interés en los que  su compromiso con las personas, especialmente las más desprotegidas social y emocionalmente, viene acompañado por una narrativa con voluntad de estilo, pero sin las pretensiones de autor frecuentes en tantos de sus colegas. Ahí están ‘Secretos y mentiras’ o ‘Vera Drake’ para atestiguarlo.

En efecto, pocos cineastas hay capaces de hacer invisible la muy cuidadosa elaboración de su puesta en escena, en beneficio de filmar la intimidad de sus criaturas. Así,  el silencio, los gestos, los sentimientos, las tensiones,  la comunicación , lo expresado y lo que permanece oculto, las emociones  y hasta los pensamientos, que presiden las relaciones humanas nos son mostradas de tal forma que se antojan vívidas y palpables. Plenas de verdad y cercanía, de sabiduría, lucidez y complejidad.

Esta su última cinta no es una excepción. En ella se narra el paso del período de tiempo mencionado en el título a través de cuatro epígrafes, cada uno dedicado a una estación, comenzando por la primavera y finalizando por el invierno, de un@s  amig@s sexagenari@s  que se reúnen en torno a un matrimonio – geólogo él, terapeuta ella-  que parece haber alcanzado la plenitud de su afecto, entendimiento y complicidad. El resto del grupo no resulta tan afortunado y sus vidas distan mucho de ser satisfactorias, algo que tratan de ocultar y u ocultarse a base de alcohol, excesos o de patéticas regresiones juveniles que encubren una profunda desdicha.

Las estaciones le sirven a Mike Leigh para tomar el pulso vital y emocional de sus personajes. La primavera contribuye a la efervescencia, a la exaltación del autoengaño y a propiciar acercamientos unilaterales abocados al fracaso… El verano y el otoño hacen madurar amores , decepciones y desencuentros y el invierno trae consigo una pérdida, un tocar fondo, un duelo y una posibilidad de recuperación. El realizador muestra, sin juzgar, los avatares vitales y sentimentales del grupo, individual y colectivamente, con afecto, respeto,  comprensión, humor y fina ironía. A la calidad de lo narrado contribuye poderosamente  un reparto portentoso, en estado de gracia, en el que destacamos a Jim Broadbente, Ruth Sheen y una desgarradora Lesley Manville.

Nada humano,en sus vertientes personal y social, parece serle ajeno al firmante de esta película notable. Tampoco la edad. Estimulante, divertida, dramática, tierna, adulta, conmovedora y nada paternalista resulta esta crónica de las diferentes y particulares formas en las que se pueden disfrutar o padecer las ventajas y servidumbres del inexorable paso del tiempo.

‘Las razones del corazón’: Peligro mortal

«Para algunas mujeres, el amor puede suponer un peligro mortal». Simone de Beauvoir,  El segundo sexo.

La combinación de la mirada fílmica de Arturo Ripstein y la escritura de Paz Alicia Garciadiego, ha dado al cine obras notables tales como ‘Principio y fin’, ‘La reina de la noche’ o ‘Profundo carmesí’, que se unen a la extensa y muy interesante filmografía anterior del director mexicano como ‘El lugar sin límites’, entre otros títulos sobradamente conocidos y reconocidos.

Ahora se estrena ‘Las razones del corazón’, coproducción hispano-mexicana- que viene precedida por la polémica de las desafortunadas declaraciones, luego rectificadas, del realizador por no haber sido incluida en el Palmarés del Certamen donostiarra. Festival en el que, por cierto, ya ganó dos Conchas de Oro por ‘Principio y fin’, en el año 93 y con ‘La perdición de los hombres’ en el 2000, y que siempre ha sabido apreciarle como creador.

Se trata de una versión libre y actualizada de los últimos capítulos de ‘Madame Bovary’ ambientada en el México contemporáneo , con una espléndida fotografía en blanco y negro de Alejandro Cantú y que transcurre casi íntegramente en un bloque de pisos donde malvive económica y emocionalmente la infortunada protagonista, una excelente Arcelia Ramírez.

Una puesta en escena elegante, tan cinematográfica como teatral, sirve de formato a la desgarradora historia de una mujer torturada por el desamor de un amante que se cansó de ella, por un marido pusilánime que no la satisface, por una maternidad que le pesa, por un hogar que están a punto de embargarle, por una ruina a la que le han conducido sus dispendios compulsivos, por una sensualidad frustrada.

El apego del tándem Ripstein- Garcíadiego por personajes e historias más grandes que la vida, trágicos y al borde del precipicio, casi siempre localizados en su país, un México incandescente y primitivo, se plasma aquí de forma más estilizada, aunque igualmente pasional. El intento de combinar una carga emocional de alto voltaje con una racionalización, e incluso autocrítica, de su comportamiento, por parte de la protagonista, resulta conmovedor por su descarnada sinceridad.

Constituye asimismo una lúcida crónica de la alienación de las mujeres en una sociedad machista que las condena a ser madres, esposas, amas de casa e incluso amantes, pero nunca sujetos de su propia vida. Mujeres como la desventurada Emilia, cuya afirmación individual pasa por la dependencia y sumisión hacia quien no le corresponde o por la autodestrucción radical. Mujeres  para quienes eso que da en llamarse amor, constituye un peligro mortal.

‘Somewhere’ : Lost in L.A.

Sofía Coppola gusta de retratar en sus películas personajes aislados, alienados e insatisfechos, pese a sus modus vivendi privilegiados y envidiables. Seres habitados por graves contradicciones que muy a menudo les conducen a situaciones límites e incluso destructivas, de las que reaccionan o no… Tal esquema, con variaciones según la historia y el contexto, lo ha aplicado en ‘Las vírgenes suicidas’, ‘María Antonieta’ y, sobre todo, en ‘Lost in Translation’‘Somewhere’, recién estrenada en nuestra ciudad, no es la excepción a la regla. Se ha comentado sobre ella, además, que contiene alguna que otra pincelada autobiográfica sobre su infancia en la Meca del Cine.

La historia sigue los pasos de una superestrella que vive en un fastuoso hotel hollywoodense, entregado a una existencia de lujo y excesos sin que nada ni nadie parezca estimularle o interesarle, más allá de las pulsiones eróticas. Estas suele desahogarlas con dos atractivas bailarinas quienes, previo pago, le brindan todo tipo de sketches sexuales. De cualquier forma, y tratándose de quien es, resulta evidente que las mujeres más hermosas caen rendidas e insinuantes a sus pies… La llegada de su hija, una estupenda y luminosa Elle Fanning, para pasar unos días con él, le hará cuestionarse algunas cosas.

La realizadora, responsable as¡mismo del guión, ha compuesto un retrato banal y pretencioso, hueco y prescindible, plagado de tiempos muertos, exento de humor y corrosividad, de una celebrity – por cierto, nada divo, sino disciplinado y responsable con sus compromisos laborales…- ,  en su entorno y circunstancias. Con mala factura, además. La puesta en escena es pobre y rudimentaria, muy por debajo del propio sello de su autora en otras cintas.

En este caso, comete otro error, dado que nada es ni sórdido, ni glamouroso. Sus criaturas, situaciones y diálogos, carecen de vida y verosimilitud. Stephen Dorff intenta impregnar de naturalidad a un protagonista imposible. El guión es inconsistente y plagado de clichés. El tratamiento dado a las mujeres es objetal y penoso, de una misoginia cutre. Todo y tod@s son de cartón piedra. Tan perdida y a la deriva como sus personajes, Coppola debería aprender que es necesario mucho talento, y oficio, para filmar el vacío.

‘El árbol de la vida’: Orígenes

Cuando Terrence Malick aborda un proyecto cinematográfico lo cuida al milímetro, independientemente del resultado final, que siempre suele ser interesante, dicho sea de paso. Esto explica que haya rodado sólo ocho películas en casi cuarenta años de carrera, desde que se iniciara en el cine con la celebrada ‘Malas tierras’ en el año 1973. Entre la que nos ocupa y la anterior han transcurrido seis años. Como excepción a esta regla, sin embargo, ya está preparando la siguiente en la que cuenta con Javier Bardem.

‘El árbol de la vida’ se hizo con la Palma de Oro en el pasado Festival de Cannes, su guión lo firma el propio realizador y la acción tiene lugar en Texas. Cuenta con 138 minutos de metraje, un apabullante equipo técnico, del que destacamos  la fotografía de Emmanuel Lubezki, la dirección artística de David Crank, el diseño de producción de Jack Fisx y a sendos equipos de ochenta personas en los efectos visuales y treinta en los de sonido. La inspirada música es de Alexandre Desplat y en su banda sonora suenan también temas de Berlioz, Mozart y Brahms entre otros…

La historia recorre un fascinante itinerario desde un macrocosmos originario hasta un microcosmos familiar en los años cincuenta en el Medio Oeste norteamericano. Y se inicia con los recuerdos de un alto ejecutivo – al que confiere rostro y figura Sean Penn – quien, desde su despacho de una empresa multinacional donde la vista abarca un horizonte de rascacielos, como en el que está instalado, rememora su infancia junto a sus padres y sus otros dos hermanos varones. De tales semblanzas desordenadas y pertenecientes a décadas distintas, como la de la trágica muerte de uno de sus hermanos en combate, pasamos a un caleidoscopio de impactantes y bellísimas imágenes alusivas a los inicios de la vida en la tierra. Imágenes que han sido rodadas en el volcán Etna, en Sicilia, en arrecifes de coral o en la Antártida, entre otros majestuosos escenarios naturales.

Pero es precisamente esta casi media hora silenciosa y documental la que pone a prueba la paciencia de ciertos espectadores que desertan de las salas al prolongarse el experimento. Y es una pena porque se trata, no sólo de virtuosismo estético, sino de una reflexión filosófica sobre nuestros orígenes e incluso depara la sorpresa de contemplar a una especie ya extinguida y habitante pionera del llamado planeta azul.

Bajando a ras de tierra, nos encontramos con el modus vivendi de la familia mencionada dirigida con mano férrea por un padre autoritario, un Brad Pitt muy convincente,  que se piensa justo e impone su tiranía disciplinando a los niños rígida y violentamente. Estos-  excelentes los tres actores, especialmente el que interpreta al primogénito – cuentan , en compensación, con el afecto, la ternura y el amor incondicionales de su madre, una espléndida Jessica Chastain -el descubrimiento del año, vista en ‘La deuda’ y con muchos proyectos más – aún cuando apenas si es capaz de enfrentarse a su marido.

Este microcosmos familiar se integra dentro de unos hermosos paisajes ,  en el seno de una comunidad donde el cuidado de las formas contrasta con las turbulencias interiores. El realizador nos lo muestra con pocos diálogos, fundamentalmente a través de los ojos del chico mayor, un niño inteligente, sensible y observador que se rebela contra las hipocresías, miserias y crueldades adultas frente a la generosidad de otras formas de existencia.

Estamos ante un film tan lírico como crudo, tan transcendente como terrenal, tan poético como riguroso. Ante una apuesta por el perdón, por la celebración de la vida y de la naturaleza, por nuestros orígenes en el universo y en la tierra, por nuestra herencia cósmica y familiar. Por el amor en todas sus formas, por lo que nos vincula antes de lo que nos separa, contra la violencia y la muerte. Una película ambiciosa, inclasificable y singular, honda y perturbadora, que no dejará a nadie indiferente.