Sevilla Festival de Cine Europeo. Toma VII. Parte 1: Familias

En la sesión matinal de hoy, con la que concluyen las proyecciones de la Sección Oficial, y a la espera del Palmarés de mañana se han podido ver dos películas con la temática familiar de común denominador. Son, respectivamente, la rusa ‘Elena’, de Andrei Zviaguintsev y la griega ‘Alps’, de Yorgus Lanthimos.

La primera es un trabajo cinematográfico muy sólido y solvente, que se centra en la protagonista del mismo nombre, una mujer madura, enfermera retirada, casada en segundas nupcias con un hombre de dinero, mayor que ella. El tiene una hija de su anterior matrimonio, una chica joven rebelde, inconformista y con una vida irregular, que apenas si ve a su padre. Ella tiene un hijo sin oficio, ni beneficio, parásito vocacional, que le ha dado dos nietos. De ellos, el mayor de los cuales se ve abocado a ser reclutado por el ejército, en vista de su inutilidad para cualquier opción de provecho.

El realizador se toma su tiempo para describir la vida cotidiana de esta mujer, aparentemente sin problemas y sin historia, un ama de casa convencional, pero que esconde un polvorín en su interior cuando ve peligrar el futuro de su hijo y nieto antes mencionados. Será entonces cuando asomará su personalidad oculta. Bien rodada, contada, con una buena descripción de personajes y ambientes y un excelente reparto. Una de las mejores cintas vistas en el Concurso que, bajo su apariencia y ritmo pausados, esconde alto voltaje en su interior.

No sé si la deriva que está tomando cierto cine heleno tiene que ver con la terrible situación socio-económico-política que sufre el país, pero lo cierto es que optan por el disparate más absurdo disfrazado de pseudo surrealismo. La que nos ocupa, tiene, de entrada, ciertos puntos de contacto con la española ‘Familia’, de Fernando León de Aranoa. El punto de partida es similar, un grupo de personas que se alquilan como sustitutos de los parientes perdidos o inexistentes. Pero aquí acaban sus semejanzas porque ‘Alps’ va degradándose progresivamente y perdiendo su inicial interés para convertirse en un artefacto sin pies, ni cabeza, ni ritmo, ni guión. En fin…

Sevilla Festival de Cine Europeo. Toma VI. Parte II. ‘Shame’: Una adicción llamada deseo

‘Shame’, Steve McQueen.

Un joven ejecutivo, guapo, de éxito e irresistible para las mujeres. Un apartamento de alto estanding, en una zona vip de Nueva York. Un erotismo insaciable que se alimenta de relaciones de una noche, de sexo pagado, de videos, películas y revistas pornográficas, de un disco duro muy caliente y de masturbaciones compulsivas en no importa qué lugar, trabajo incluído. Unos espacios tan lujosos como impersonales, que propician coitos rápidos. Una cópula fallida, porque interviene la ternura. Un jefe, adúltero vocacional, muy lejos del carisma de su subordinado y colega.

Una hermana dependiente, frágil y de tendencias autodestructivas. Una inclinación perturbadora, enmascarada de rechazo. Un turbio pasado compartido. Un orden que se tambalea cuando asoma la intimidad. Una envoltura formal perfecta,  oscureciéndose progresivamente. Una tiranía del deseo, en deriva hacia lo sórdido. Una sucesión de cuerpos fornicando. Una música que subraya y potencia. Un viaje a los infiernos. Un final abierto e inquietante…

El británico Steve McQueen ha firmado con esta demoledora ‘Shame’ la película, no sólo de la Sección Oficial, sino del Certamen. Y lo ha hecho desde una factura impecable, con una puesta en escena sobria, elegante y precisa, en la que ni un sólo plano es gratuito y que va ensombreciéndose progresivamente, a la medida del comienzo del deterioro de su protagonista, un inmenso Michael Fassbender. Protagonista a quien da la justa réplica con su talento habitual Carey Mulligan.

Y lo ha hecho por haber conjurado el fantasma del producto sofisticado y digerible de usar y tirar. Y lo ha hecho por haber rehuído juzgar o condenar a su personaje, aunque nos haya acercado a su tormento. Y lo ha hecho porque no resuelve, ni absuelve, ni redime. Y lo ha hecho porque es una película en la que nada humano es ajeno, perturbadora y dolorosamente incómoda. Y lo ha hecho por haber sabido retratar con talento y  sin coartadas morales, biempensantes o de normalidad al uso, una adicción llamada deseo.

Sevilla Festival de Cine Europeo. Toma VI. Parte 1: Negocios

En la Oficial de esta mañana -que va a tener su continuación esta tarde con las proyecciones de ‘Shame’ y ‘Love in the Medina’- hemos tenido ocasión de ver dos películas radicalmente distintas de fondo y forma, en la que la segunda parecía ejemplificar la peor parte de lo mostrado críticamente en la primera. Han sido ‘Mercado de futuros’, de la española  Mercedes Alvárez, y la francesa ‘Holidays by the sea’, de Pascal Rabaté.

De la realizadora vimos la interesante ‘El cielo gira’, fechada en 2004. Este ‘Mercado de futuros’, otro documental,aunque no al uso, data de 2009. Estructurado en cuatro epígrafes, ‘Hola olvido’, ‘Restos de alma’, ‘La máquina de sueños’ y ‘Andar y mirar’ es una crítica a un mercado, en general, y al inmobiliario en particular, que ha hecho de la desmemoria de sus clientes- del olvido de sus raíces, casas, objetos, juguetes y muebles que les identificaron y acompañaron sus vidas- una de las bases de su negocio, ahora ya casi periclitado. Dos años se notan mucho en esta crisis…

Así, nos sumerge en Convenciones y Congresos donde todo el suelo puede venderse y comprarse, empezando por el alma, la ética, la dignidad y los principios  de quienes participan en estos intercambios comerciales. También en la Bolsas de valores en las que la especulación de particulares, grupos y entidades bancarias es la orden del día. O un campesino cultivando un huerto y creando un entorno rural, justo debajo de una autopista.  Y, por último, en un mercadillo de antiguedades dónde se puede encontrarm de  todo de los restos del pasado, con un vendedor, un anciano filósofo, antológico por su humor y lucidez.

Mercedes Alvárez expone pausada y críticamente, intercalando la voz en off que subraya cada capítulo, pero sin dejarse nada al azar, la falta de escrúpulos que demuestran vendedores, especuladores y clientes para los que no hay nada intocable, ni merecedor de respeto bajo los cielos de cualquier lugar. Tales mercaderes venden ecología e incluso formas de vida de tribus  primitivas a sus clientes de alto estanding. Y, por supuesto, tienen sus profetas y predicadores para que el negocio no decaiga. Un planteamiento interesante que incurre,  sin embargo, en algunas reiteraciones y lugares comunes.

‘Holidays by the sea’ es un engendro indigno de figurar en cualquier Certamen, y menos en su Sección Oficial. Comedia muda sobre las vacaciones playeras de varias personas de la pequeña burguesía francesa y las aventuras-desventuras que sufren y disfrutan en lo que parece ser un ejemplo del sueño-pesadilla del estío puesto a la venta en la cinta anterior. Sal gorda, sexismo, especismo, burdos gags, maniqueísmo… y así se podría seguir son las señas de identidad de esta ‘comedia’ burda y facilona.

Sevilla Festival de Cine Europeo. Toma V. Parte 2: Apariencias

La tarde de esta quinta jornada festivalera ha resultado más propicia y estimulante que la más bien poco distinguida sesión matinal. El programa ha estado a cargo de la noruega ‘Siempre feliz’, de Anne Sewitsky y de la polaca ‘Suicide room’, de Jan Komasa. Ambas tienen en común ser muy aptas para el gran público, una factura digna e historias que enganchan, aunque no estén del todo libres de ciertos clichés.

La primera muestra la relación de dos parejas, aparentemente perfectas aunque muy distintas, una cuyos miembros son más primarios y la otra más sofisticados, que entran en relación al mudarse los segundos al entorno rural en el que viven los primeros. Los dos matrimonios tienen dos hijos varones, uno biológico y el otro, de color, adoptado y la apariencia armónica que presentan no resistirá la prueba de la confrontación con la realidad de su trato cotidiano.

La esposa de la primera pareja, expresiva, optimista y cariñosa está subvalorada por los dos varones de su familia, insensibles y déspotas, que no dudan en maltratarla psicológicamente y, además, el marido la engaña. En la segunda, una infidelidad de la esposa ha hecho mella en la relación. Así las cosas, la relación afectivo-erótica que surge entre los perdedores parece inevitable…

La realizadora da cuenta de estos encuentros y desencuentros, de este juego de apariencias y traiciones, con esa desarmante apertura y naturalidad con que los escandinavos abordan estas cuestiones. El sexo, el deseo, las inclinaciones no asumidas, las rivalidades, las autoestimas maltrechas que con afecto van mejorando, los juegos amo-esclavo que establecen los niños entre sí. Las formas de vivir la virilidad, los vínculos y la sexualidad  tan radicalmente distintas que tienen cada uno de  los dos protagonistas y las radicalmente distintas también personalidades de las dos mujeres.  Todo ello en clave de comedia agridulce, muy agradable de ver. Lástima que no pueda evitar el sesgo conservador, aunque razonado, en su conclusión y que no lleve ciertos asuntos más vidriosos, por así decirlo, a sus últimas consecuencias.

‘Suicide room’ es a todos los efectos una película muy gótica, de estética y temática, pese a su apariencia formal. Transcurre en un ambiente de alta burguesía, con un matrimonio importante y muy ocupado, extremadamente ricos que apenas si tienen tiempo de ocuparse de su hijo adolescente. Este, un chico déspota y malcriado, descubre que sus inclinaciones eróticas no son las ortodoxas, ni las deseables en su clase social y la crueldad de sus compañeros de instituto le lleva a aislarse en su habitación, con el ordenador como única compañía. Ahí descubrirá un mundo virtual inesperado e inquietante dirigido por una chica de tendencias suicidas que le conducirá al borde del abismo, en un viaje a los infiernos sin retorno.

El realizador aborda con intensidad y pasión dicho material narrativo introduciendo con buenas técnicas de animación un curioso universo virtual paralelo en el que destacan los avatares de los protagonistas en fantasmagóricos espacios. Por momentos, resulta absorbente e hipnótico ese mundo alternativo a espaldas de lo que se da en llamar vida real, tan hipócrita como miserable. Sabe retratar bien a los adolescentes,  aunque no soslayar algunas caracterizaciones de los adultos esquemáticas, tópicas y excesivas y no escape tampoco a cierta moralina biempensante.

Sevilla Festival de Cine Europeo. Toma V. Parte 1: Porque esto es Africa…

Y, en efecto, en el Continente africano han sido rodadas las dos historias de esta mañana en la Sección Oficial. Son, respectivamente, la belga ‘Blue bird’, de Gust van den Berghe y la franco-española ‘Kenu’, de Arantza Alvárez Pastor.

La belga rodada en un incómodo formato y con fotografía filtrada de azul es casi un docudrama de la vida de una pequeña comunidad africana a través de dos niños, chico y chica, que van tras el pájaro que da título a la película y viven una serie de aventuras y desventuras en las que el leit-motiv es la descripción de una forma de vida primitiva y la naturalidad con la que se abordan en ella la vida y la muerte. Tiene un toque fantástico al ver los protagonistas a sus difuntos abuelos y a niñ@s presuntamente no nacidos. Posee también vocación de estilo en su puesta en escena con planos fijos que abarcan el paisaje africano, del que se nos privan sus ardientes colores,  que le confieren profundidad al campo visual, aunque no siempre estén justificados y, por el contrario, ralentizan el relato en su primera mitad. En la segunda parte, esto se corrige para mejor. Curiosa pero irregular.

La segunda es un infumable culebrón de serie C, probablemente lleno de buenas intenciones, cuya inclusión en el Certamen y en el Concurso es más que discutible. Sigue a una generosa cooperante de una ONG española, correcta Leticia Dolera, que no encuentra más que dificultades y peligros a su llegada al punto de destino. Caciques, traficantes, mercenarios, políticos corruptos, pedófilo, chantajistas, cayucos…y una población que desconfía profundamente de los blancos, aunque sea explotada, en este caso, por algunos de sus compatriotas. Hasta un romance vive la protagonista, en peligro desde el minuto uno, allí con un tipo de su raza aparentemente cínico, pero tierno. Y, por supuesto, hay un niño que le hará la vida imposible primero y luego se convertirá en su mejor aliado. En fin… Aviso a cooperantes, que no se diga.

Sevilla Festival de Cine Europeo. Toma IV. Parte 2: Destinos

La tarde se ha presentado tranquila, pues la excesiva duración de la cinta a consignar ha impedido a la abajo firmante ver la(s) siguiente(s). En cierto modo, mejor así pues los proximos días no vamos a parar. Por cierto, las películas de la Sección Oficial deberían verse en pase matinal todas porque, si no es así, podría quedarse mucha prensa sin entradas y no es justo, ni necesario. Ha ocurrido ya y podría volver a pasar. Algo a subsanar en próximas ediciones.

Dos o tres cosas que sabemos de la cinta sueco-búlgara ‘The island’, que firma y realiza Kamen Kalev. Sorprendió en Cannes y divirtió en Sitges. Ambas reacciones son comprensibles ante una obra atravesada por varios géneros como el fantástico, en su vertiente más espiritual, el thriller, la comedia, la sátira… y así podríamos seguir.

Una pareja guapa y solvente – un estupendo Thure Lindhardt y una correcta Laetitia Casta- se embarcan en una aventura vacacional a una isla búlgara, con la que la protagonista sorprende a su chico, y luego la sorprendida será ella…, en la que las idílicas perspectivas de entrada se verán contrariadas por una serie  de acontecimientos de lo más delirantes y misteriosos. Previamente, el personaje masculino se ha hecho leer su futuro aunque nada se nos cuenta del resultado de la consulta.

Kalev sorprende al espectador continuamente por los giros argumentales de la historia, por  la intervención algo tragicómica del destino en ese destino viajero, por las inesperadas reacciones del protagonista, por unos secundarios que siempre parecen tener mucho que ocultar, por mostrar cuan claustrofóbicos pueden ser los espacios abiertos, sobre todo si están rodeados de agua, por desvelar las diferentes personalidades de un hombre cuyo pasado permanece oculto y  por revelar los grotescos entresijos de un reality más que popular, entre otras muchas travesuras y excentricidades.

‘The island’ puede resultar incómoda, molesta, chocante, burlona, satírica, tomadura de pelo, incomprensible… pero seguro que no va a dejar a nadie indiferente.

Sevilla Festival de Cine Europeo. Toma IV. Parte I: Lo personal y lo político

Comienzo de semana y la cuarta jornada del Concurso nos depara dos cintas radicalmente distintas en su enfoque y tratamiento fílmico. Son, a saber, la alemana ‘Si no nosotros, ¿quién?’, de Andres Veiel y la coproducción entre Holanda y Dinamarce ‘Code blue’, de Urszula Antoniak.

La primera describe la convulsa década de los sesenta a través de la vida de una pareja alemana y sus avatares personales y políticos. Hijo de un intelectual admirador de Hitler él y de opositores al nazismo, ella, aunque su padre tuvo que luchar en su ejército. Se conocen en la universidad y su relación va consolidándose, si bien sus diferencias ideológicas pronto se hacen patentes. El chico sigue admirando a su padre del que publica un libro en la editorial que ambos regentan y ella cada vez va siendo más crítica.

A través del tiempo y de la densidad de los acontecimientos históricos, recogidos en imágenes de la época, asesinato de Kennedy, crisis de los misiles, Vietnam, Cuba, mayo del 68… irán radicalizándose hacia la extrema izquierda ambos pero, mientras él lo hará a niveles más teóricos, la chica se decantará pronto por la guerrilla urbana. Los personajes son reales, no una pareja de ficción. Ella es Gudrun Ensslin, de la Fracción del Ejército Rojo  también conocida como la Baader-Meinhof y él su marido, y padre de su hijo, Bernward Vesper.

El realizador aborda tal densidad argumental,  un material que posee un indiscutible interés histórico-socio-político, con tanta exhaustividad como respeto. Pero se dispersa y se recrea en los principios de la relación y de la génesis ideológica de ambos personajes demasiado tiempo, con lo que el ritmo y el interés decaen hasta que en la segunda parte los recupera, incluso algo precipitadamente. De todas formas es una crónica lacerante de una generación herida por el nazismo y por los cambios en la geopolítica mundial que los arrastraron hacia unos posicionamientos y activismo extremadamente radicales, aún desde su innegable solidaridad con los oprimidos. Sorprende la ausencia, ni se la menciona siquiera, de Ulrike Meinhof, personaje clave en esta historia. Con todos sus defectos y excesos, un filme de enorme interés.

Urszula Antoniak cuya inolvidable ‘Nothing personal’ destacara poderosamente en el Festival hace dos años, siendo reconocida con el Premio de la Crítica cambia de registro radicalmente en esta ‘Code blue’. Sigue a una solitaria y perturbada enfermera, voyeur y algo fetichista, que trabaja con enfermos terminales a los que, a veces, facilita el tránsito final y cuyos efectos personales colecciona. Fascinada por la muerte, el dolor y el sexo, se verá abocada a una espiral autodestructiva imposible de controlar en el encuentro con un vecino tan aislado y emocionalmente perverso como ella.

La directora no sabe bien cómo tratar este material narrativo tan candente como peligroso, lleno de aristas y sombras, que hubiera requerido tanta contención como rigor, ni tampoco qué línea argumental de las posibles desarrollar. Opta así, erróneamente, por todas y ninguna, desaprovechando el metraje en tiempos muertos y reiteraciones,  que lejos de describir y acercarnos a los personajes y sus circunstancias los  alejan y confunden, hasta el golpe de efecto final. Una lástima.

Sevilla Festival de Cine Europeo. Toma III. Parte 2: La vida de los otros

En la película hispano-alemana, incluída en la Sección Arte, ‘El color del océano’ de Maggie Peren se aborda el tema de la llamada inmigración ilegal, la que llega en miserables pateras dejando sus vidas en el mar y en las playas donde otr@s más afortunad@s se solazan al sol… La realizadora ha construido partiendo de este tema una cinta, de buena factura y mejores intenciones, en la que varias historias y personas cruzan sus caminos bajo los cielos de una costa española, en dramáticas circunstancias. Comercial, honrada, bien contada y filmada con un reparto convincente en el que resulta algo disonante la excesiva caracterización de Alex González, puede y debe llegar a ese gran público al que está destinada ofreciéndole una alternativa digna y crítica al cine de consumo al uso.

La noruega, preseleccionada por la Academia Europea para sus premios anuales, ‘Oslo, August 31st’, es lo mejor, con ‘The Mill and the Cross’ que quien esto suscribe ha visto hasta ahora en el Certamen. La firma y la escribe Joachim Trier y está basada en un relato del excelente y maldito escritor Drieu La Rochelle.

Trata sobre un treintañero que acaba de salir del Centro de rehabilitación, tras cinco años de paréntesis vital luchando contra las adicciones que presidieron su juventud más salvaje. Y que se encuentra con un mundo que no le acoge y en el que no se reconoce. Amistades de tropelías ahora burgueses más o menos satisfechos, entrevistas de trabajo que se le resisten al reconocer su oscuro pasado, novias que no pueden perdonarle viejos agravios… Demasiado para alguien inteligente, culto, frágil y enormemente desdichado.

El realizador nos muestra el itinerario en busca del lugar perdido de este antihéroe conmovedor, sin subrayados ni moralinas. Con un buen hacer, una sensibilidad y una lucidez aplastantes. Absolutamente recomendable. Y, además, tras los clamorosos silencios y tiempos muertos que han caracterizado a las películas de esta mañana, resulta estimulante una cinta en la que los personajes sienten, lo expresan y dialogan con propiedad y cultivadamente, pensando lo que dicen y diciéndolo muy bien. El reparto, de chapeau.

Volvimos al silencio, pero de otro tipo, con ese encantador divertimento llamado ‘The artist’, cinta francesa de Michel Hazanavicius, integrada en la misma Sección de la noruega, EFA. Un homenaje a la fábrica de sueños, al cine mudo, al nacimiento del sonoro y a quienes protagonizaron ambas etapas, desde una irónica mitomanía y con un burbujeante ritmo que decae algo a  mitad del metraje, pero vuelve a resurgir. Una película atrevida, posiblemente sobrevalorada, deliciosamente frívola y romántica.

Sevilla Festival de Cine Europeo. Toma III. Parte 1: Vacíos

La tercera jornada del Festival nos ha deparado esta mañana sendas películas de la Sección Oficial , muy diferentes en temática e interés, pero con el denominador común de la morosidad en su planteamiento y planificación. Una bastante más gratuita que la otra, sin duda. Son respectivamente la española ‘Las olas’, de Alberto Morais y la rusa ‘Heart´s boomerang’, de Nikolay Khomeriki.

La española sigue a un superviviente de un campo de concentración francés,  residente en Valencia, que ha enviudado recientemente y se propone volver a los lugares de su juventud como soldado y a donde fue hecho prisionero. Para ello, no duda en conducir su viejo coche que le deja tirado en la carretera, le ayuda una pareja- la chica, especialmente- quien le lleva a Barcelona y, de ahí, un amigo le traslada a la frontera francesa y, ya en solitario, a su destino.

Casi una road movie, de exasperante lentitud, de planos fijos que nada significan y nada aportan. Al contrario, restan interés e intensidad a una historia que, en otras manos y con otro enfoque, podría haber sido tan sugerente como necesaria. La voluntad de estilo del realizador , tan narcicista como pretenciosa, resulta a la postre hueca, artificiosa y vacía de contenido. Ello afecta también al trabajo actoral, pues los personajes no les dan juego. Pese a todo, Carlos Alvárez y Laia Marull les aportan la calidad, marca de sus estilos interpretativos.

Nikolay Khomeriki asoma al espectador a la tesitura de un joven de 23 años, ayudante de maquinista, quien -gozando de buena salud aparente, pero aquejado de vagos malestares- acude al médico para recibir el terrible diagnóstico de que puede morir en cualquier momento, aunque su enfermedad sea prácticamente asintomática y le permita, con ciertas reservas, llevar una vida normal.

Y eso es lo que hace, precisamente. Ocultarle a todos, a su madre, a su chica, a sus amistades y colegas, la gravedad de su dolencia y seguir con su vida cotidiana, como si nada hubiera pasado. Pero, claro, ya nada será lo mismo porque carece de futuro…

El realizador plasma el estado de ánimo del protagonista- depresivo, anómico, pasivo, inexpresivo…- integrándolo con acierto en un ambiente, la película está rodada en blanco y negro, invernal, gélido, desapacible y melancólico con las fiestas navideñas de por medio, para mayor ironía. Bien filmada, con una puesta en escena en la que cada plano suma y significa, resulta correcta pero carente de emoción, siquiera contenida.

Sevilla Festival de Cine Europeo. Toma II. Parte 2: Decadencias

Entre la oferta cinematográfica de la tarde de esta segunda jornada del Festival comentaremos la coproducción anglo-franco-belga, integrada en la Sección Oficial, ‘Tres veces veinte años’ de la francesa Julie Gavras, hija del conocido y prestigioso realizador de origen griego, Costa Gavras. Se da la circunstancia de que, al haberse proyectado en un pase abierto y por la tarde, ha habido críticos que no han podido verla y cuyas reseñas no estarán actualizadas. Este tipo de cosas debería subsanarse en próximas ediciones.

Pero volviendo a la película que, por cierto, venía subtitulada al castellano. Algo indicativo de su pronto estreno en las salas de nuestro país. Volviendo a la película, describe las distintas formas de enfrentarse a la sesentena de un matrimonio, arquitecto conocido y reconocido él y antigua profesora y vitalmente algo perdida ella.

Pareja a la que encarnan con su encanto y talento habituales Isabella Rossellini y con desgana William Hurt. Tales formas contrapuestas de abordar la decadencia inevitable de la edad -«los estatutos del tiempo, con sus bochornos», a los que maldecía cantando la gran Violeta Parra- les lleva a un desencuentro que puede dar al traste con su relación. En torno a ellos se mueven sus tres hijos, la heterodoxa madre de ella, colegas, amistades, e incluso tentaciones por ambas partes.

Tiene un arranque divertido e ingenioso, pero el ritmo y el interés decaen muy pronto, aunque se deje ver bien y su factura sea correcta. Es tan terriblemente convencional y burguesa, aunque alardee de lo contrario, que desaprovecha lo que podía haber sido una mirada adulta, e incluso impía,  sobre la vejez y sus miserias en clave de comedia. No lo hace. Se limita a desgranar el clásico catálogo de tópicos y clichés.

Pero para decadencia de la peor especie la que exhibe la rusa, ‘Moscow, I love you’, incluída dentro del Nuevo Cine Ruso. ¡¡¡Nuevo!!!. Sin comentarios… Se trata de 18 cortos dirigidos por otr@s tant@s autores-as con el protagonismo de la ciudad y su paisanaje como hilo conductor, a la manera de su modelo ‘París, I love you’. Quienes la han perpetrado tienen, según explicaron en la presentación, entre 25 y 84 años. Lo que puede, bien mirado, explicar muchas cosas.

Entre ellas que cada skectch mejora al anterior, si ello es posible. Que esté mal rodada, peor fotografiada, pésimamente interpretada y que exhiba sin pudor una imposible selección – es un decir…- de historias y personajes a cual más grotesco y delirante. En fin…