‘No tengas miedo’: El lado oscuro del corazón


Montxo Armendáriz tiene una filmografía en la que es reconocible una vocación de estilo que no siempre le lleva por buen camino, pero que resulta de una honestidad a toda prueba. La austeridad de sus primeras cintas dio paso a una cierta apertura a formas narrativas más tradicionales, aunque sin abandonar su sello. Ahora arriesga y gana con esta su última propuesta, ‘No tengas miedo’.

La historia sigue a una niña aparentemente feliz, de clase media-alta, sociable y confiada, buena estudiante, mimada y querida, especialmente por su padre, quien la secunda y acompaña en cuantos juegos y actividades participa, sola o con su mejor amiga. Hasta que un mal día, las caricias y cosquillas de su progenitor se convierten en algo terrible, que la deja marcada irremisiblemente. Impresionante la secuencia, rápida y bien resuelta, en la que las risas de la chica se transmutan en horror. Sólo un primer plano, con su cara contra el sofá tapándose la boca tan consternada como sorprendida, mientras la voz del padre le susurra «no tengas miedo, princesa», da la medida de su espanto.
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En cartelera: Futuro imperfecto


El encabezamiento de esta crónica no hace alusión a ninguna película que se proyecte actualmente en Sevilla, sino a dos títulos en los que su tendencia futurista está en la frontera con el presente en uno y con ciertos altos secretos gubernamentales en el otro. Se trata de dos filmes norteamericanos comerciales, pero no exentos de interés, ‘Sin límites’, de Neil Burger, sobre la novela de Alan Glynn y ‘Código fuente’, de Duncan Jones, con guión de Billy Ray y Ben Ripley.

En la primera, un escritor bloqueado y al borde de la indigencia sentimental, económica y creativa, coincide con un antiguo conocido quien le proporciona una píldora experimental, no legalizada, destinada al mercado negro de alto estanding. Dicho comprimido despierta el potencial no utilizado del cerebro humano, multiplicando sin límites, de ahí el título, las capacidades perceptivas, sensoriales, cognitivas y de aprendizaje. Bajo sus efectos, nuestro protagonista- que se ha hecho con un lote tras el asesinato por mafiosos de su proveedor- recupera su inspiración y se introduce en los más poderosos círculos financieros. Pero claro, la droga milagrosa tiene efectos secundarios…

La segunda, nos sitúa en un tren de cercanías, que hará explosión en pocos minutos, en donde un capitán del ejército destinado en Afganistán se ve literalmente transportado bajo los rasgos de un extraño con, según le explican desde un Centro de alta seguridad militar, una misión secreta antiterrorista. Deberá volver una y otra vez en el tiempo para averiguar la identidad del terrorista que voló el tren y que prepara un atentado de gran alcance. Y esa no será la única revelación a la que deberá hacer frente, sino a otra mucho más lacerante.
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‘El último verano’: Bajo la carpa


Con dos años de retraso llega a nuestras pantallas esta miniatura del maestro francés Jacques Rivette, uno de los fundadores de la Nouvelle Vague y responsable de filmes como ‘La bella mentirosa’ o ‘Céline y Julie van en barco’. En esta ocasión, el octogenario realizador ha condensado su relato fílmico en ochenta y cuatro minutos de metraje.

La historia se centra en un pequeño circo, de gira veraniega por los preciosos pueblos montañosos del suroeste francés. Al morir su propietario, de forma repentina, la troupe reclama, contra toda esperanza pues huyó tras un oscuro episodio quince años atrás, la presencia de su hija que, sin embargo y pese a todo, acepta reintegrarse al grupo. El mismo día de su llegada, conoce accidentalmente a un italiano nómada y encantador que, fascinado por ella y por algunos artistas del elenco, decide también seguirles e intentar descifrar algunas claves del pasado que condicionan el presente de la protagonista.

Rivette aborda este peculiar relato en clave no naturalista y desdramatizada, aunque no exenta de verosimilitud. Habitada por una irónica melancolía contempla a sus criaturas con ternura, distanciamiento y una sutileza que sabe afrontar las situaciones más potencialmente intensas con una desarmante fluidez, desactivando la negrura en aras de la contención.
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‘Inside job’: Juego para la Banca


Este documental norteamericano describe, con tanta exhaustividad como rigor, el perverso mecanismo que llevó a unas personas obscenamente codiciosas a provocar un cataclismo de dimensiones mundiales, cuyas consecuencias pagamos la ciudadanía de a pie. Dirigido, escrito y producido por Charles Ferguson, obtuvo el Oscar en su especialidad. Está narrado, en su versión original, por el actor Matt Damon.

Dividido en cinco capítulos que dan cuenta desde los antecedentes de la debacle, sus diferentes fases y aspectos, hasta las posibles alternativas de futuro. Su eslogan publicitario reza ‘el film que costó más de 20 billones de dólares en hacerse’. Esta cantidad es aproximadamente la resultante de las pérdidas económicas de la crisis. Las humanas, en vidas, hogares, empleos, salud, seguros médicos, proyectos de vida… son difícilmente cuantificables e infinitamente más trágicas.

No es necesario entender de economía para apreciar, en toda su insidiosa complejidad, el proceso que convirtió a unos pequeños bancos en grandes corporaciones de un inmenso poder no sólo -por si esto fuera poco…- económico -, sino político. Un proceso que comienza con la desregulación financiera bajo el mandato de Ronald Reagan y que continuó con los gobiernos de Bush y Clinton. La ausencia de control de las actividades bancarias llevó a los altos ejecutivos que las dirigían a emprender acciones cada vez más delirantes y especulativas a fin de acumular beneficios a cualquier precio. Especialmente, a costa de los inversores y clientes que les confiaron sus ahorros.

El documental expone todo ello eficazmente utilizando gráficas, imágenes de archivo y entrevistas muy incisivas con alguno de los responsables, muchos de ellos declinaron participar, y aquellos mentores académicos que proporcionaron la coartada intelectual a sus delitos. Muestra asimismo cómo los presidentes mencionados escogieron como altos cargos y asesores, incluso tras el estallido de la crisis, a quienes la provocaron. Obama, incluído. Nombres propios, nombres y currículums, contra esa abstracción de los llamados mercados financieros. El juego de la Banca, juego para la Banca… Las cartas sobre la mesa. Y la pelota en nuestro tejado.

¿Nuevas comedias románticas?: Más de lo mismo…

De vez en cuando, y sin que sirva de precedente, procede hablar de otro tipo de cine decidida y descaradamente comercial, pero que pretende ser un reflejo de los usos y costumbres de la sociedad en la que se inserta. Nada que ver con películas que aúnan calidad y amplio respaldo en las taquillas, grupo que englobaría a la mayor parte de las realizaciones de directores considerados referentes para la cinefilia universal…

En el primer apartado, tendríamos a la supuestamente renovada comedia romántica norteamericana que se ejemplifica aquí en dos títulos de reciente estreno y buena acogida de público. Son, a saber, ‘Amor y otras drogas’, de Edward Zwick -‘Leyendas de pasión’, ‘El último samurai’…- y ‘Sin compromiso’, de Ivan Reitman -‘Up in the air’, ‘Disturbia’…-. Con sus diferencias de enfoque y de hilos argumentales, nos centraremos en sus puntos comunes que son los que describen a esta última hornada de un género clásico en la cinematografía estadounidense.
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‘El mundo según Barney’: Yo, yo, yo… y l@s demás.


Imaginemos un escenario en el que una productora de televisión madura, bebedora habitual, fea según los estereotipos sexistas más convencionales, bastante entrada en carnes, provista de un ego colosal, desconsiderada hacia los sentimientos y sensibilidades ajenas, lenguaraz, déspota y aquejada de misantropía aguda, si bien que inteligente y mordaz, enamore a un hombre muy atractivo, además de rico heredero, aunque con tics de pijo malcriado, y a otro igualmente deseable, con un irresistible encanto personal, inteligente y fascinante. Ambos, mucho más jóvenes que ella, caen rendidos a sus pies desde el minuto uno. Aunque al segundo, el amor verdadero, le cueste más conquistarlo lo que aumenta su valor… Con los dos acaba fastidiando sus vínculos de la peor manera posible.

Dicha historia, tan improbable como chocante e inverosímil si estuviera protagonizada por una mujer, nos es propuesta por Richard J. Lewis en ‘El mundo según Barney’. Su personaje central es el excelente actor Paul Giamatti que añade en la película, respecto al ejemplo, en uno más sus matrimonios, a un íntimo amigo, juerguista y politoxicómano, de cuya misteriosa desaparición tiene algunas claves y a un padre alcoholizado, vicioso, borde e imprudente, políticamente más que incorrecto, su modelo de masculinidad, al que da vida un Dustin Hoffman en plena forma, responsable de los mejores gags de la función.

Lo que se propone a nuestra consideración es, según reza el título original, la versión del protagonista de su vida, cuando le acecha la insidiosa desmemoria que le sumirá en la oscuridad. Y, claro, esa versión es tramposa, egocéntrica, como no podía ser menos, y nada autocrítica, aunque no se eludan ciertas responsabilidades en las consecuencias de sus actos. El realizador da la sensación de no saber bien a qué atenerse ni en el tono narrativo, ni respecto a un personaje, que le atrae y le repele a partes iguales. Titubea entre un inicio electrizante, caústico y enormemente impío, y una nostalgia pseudo lírica en la que se intentan describir, idealizándolas, las transformaciones que provoca el sentimiento amoroso en la personalidad y forma de vida de un individuo tan conflictivo e inadaptado. Y, claro, esta dispersión le pasa factura.

Los caracteres femeninos son estereotipados y esquemáticos, pese al buen hacer de Minnie Driver y Rosamund Pike, entre la vulgaridad y el refinamiento respectivamente. El que no se les de voz propia, aún en segundo plano, es otro problema de enfoque y escritura que perjudica la complejidad y credibilidad de la historia y contribuye a empobrecerla notablemente. Pero eso sí hay un personaje vegano atractivo, civilizado y nada misógino, en las antípodas del más bien insufrible Barney, cuya inclusión no por breve resulta menos curiosa y reconfortante.

‘Nunca me abandones’: Copias certificadas

 

El  cineasta norteamericano Mark Romanek -‘Retratos de una obsesión’- se sirve en la cinta que nos ocupa, tercera de su filmografía, de un texto literario del prestigioso autor anglo-japonés Kazuo Ishiguro como base de una historia, cuyo guión está firmado por Alex Garland.

Se trata de un drama futurista, aunque no en el sentido convencional del término, sobre tres niños, dos chicas y un chico, cuya amistad y lazos afectivos se consolidan en un elegante y estricto internado británico llamado Halisham, en el que ha transcurrido su infancia y en el que son considerados seres especiales. Pero, antes de abandonarlo para iniciar lo que se supone que será su vida adulta,   les será revelado el terrible secreto que mediatizará iremisiblemente sus expectativas de futuro.
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Incendies: Raíces


Denis Villeneuve filma en ‘Incendies’ , su cuarto largometraje, la adaptación cinematográfica de la obra teatral del prestigioso autor Wajdi Mouawad. Es una coproducción entre su país, Canadá, y Francia, rodada entre Quebec y Jordania y que ha obtenido numerosos reconocimientos. Como los Premios del Público, de la Juventud y al Mejor Guión en la Seminci de Valladolid y la candidatura al Oscar a la Mejor Película Extranjera, que finalmente fue a parar a manos de Susanne Bier.

La historia comienza con la apertura de un desconcertante testamento en Canadá, cuyos destinatarios son unos gemelos, a los que se hace entrega de dos sobres, que deberán hacer llegar a su padre y hermano respectivamente, cuyas existencias desconocían. La fallecida autora del documento es la madre de ambos, una mujer singular con una vida intensa y torturada.
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‘Women without men’: Las chicas no están bien

Tal parece que la oferta cinematográfica de marzo quisiera contribuir al homenaje a las mujeres en su mes más reivindicativo. Así podemos contemplar en nuestras pantallas a las jóvenes intrépidas de ‘Valor de ley’ y ‘Winter´s bone’, a la heterodoxa pareja que forman Julianne Moore y Annette Bening en ‘Los chicos están bien’, a las que se añaden las cuatro protagonistas de esta coproducción germano-franco-austríaca, dirigida y escrita por Shirin Neshat y Shoja Azari, ‘Women without men’, que obtuvo el León de Plata a la Mejor Dirección en el Festival de Venecia de 2009.

Transcurre en Irán, en el verano de 1953, durante los agitados y caóticos días en que un golpe de Estado, inspirado por Estados Unidos, con la complicidad británica, derrocó al democráticamente elegido Mohammad Mossadegh restaurando al Shah Reza Pahlavi, dictador y aliado occidental en el poder.
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‘Los chicos están bien’: La familia y uno más


Lisa Cholodenko, que deslumbró con su debut indie y transgresor en ‘High Art’, ha visto reconocido con el éxito de público y crítica, junto a cuatro importantes nominaciones a los Oscars, a este su tercer largometraje que acaba de estrenarse en las pantallas de nuestra ciudad.

Se trata de la historia de un grupo humano muy particular. El que forman dos mujeres lesbianas y sus dos hijos, concebidos con la ayuda de un banco de esperma. Su forma de vida se ve alterada, cuando la chica toma la iniciativa de conocer al donante y padre biológico de su hermano y de ella. La irrupción- tan forzosa, como inesperada- de un extraño, al que les unen vínculos de sangre, en sus vidas provocará una cadena de efectos indeseados y daños colaterales, que pondrán de manifiesto una fisura en el aparentemente perfecto orden en el que éstas se desenvolvían.
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