‘Silencio en la nieve’: La venganza

El productor y realizador español Gerardo Herrero gusta de las adaptaciones literarias. Ahí están algunos títulos de su filmografía para demostrarlo: ‘Malena es un nombre de tango’, ‘Territorio comanche’ o ‘Las razones de mis amigos’ sobre novelas de Almudena Grandes, Pérez-Reverte o Belén Gopegui respectivamente. Su último estreno, ‘Silencio en la nieve’ no es una excepción, ya que está basada en el libro de Ignacio del Valle, ‘El tiempo de los emperadores extraños’.

La acción se desarrolla en el Frente de Rusia en el año 1943. Un soldado, antiguo inspector de policía, y un sargento, ambos miembros de la División Azul, un tema éste casi inédito en nuestro cine, se topan con un descubrimiento terrible en un siniestro campo de batalla densamente nevado y sembrado de cadáveres congelados de caballos, víctimas inocentes de la contienda. Se trata de un combatiente asesinado y con una inscripción en el pecho, hecha con la misma arma que le quitó la vida: “Mira que te mira Dios”.

Esta frase, correspondiente a una oración infantil de cuatro estrofas, y las tres restantes, dan nombre a otros tantos epígrafes en los que se divide la cinta aunque el último, muy breve, corresponda a su conclusión. A partir de entonces, los dos hombres son encargados de hacer frente a una investigación, tan dura como díficil e ingrata, en la que descubrirán historias y ambientes aún más oscuros que el propio crimen.

El realizador acierta plenamente en la factura, con una puesta en escena digna de una gran superproducción, a la que contribuyen poderosamente las excelentes direcciones artísticas y de fotografía de Edou Hydallgo y Alfredo Mayo, respectivamente. Crean el clima, la textura, el color de los horrores de una guerra tan absurda como innecesaria. Y están muy bien cuidados, asímismo, los ambientes abigarrados y chulescos de la soldadesca alienada y brutal con las mortíferas ‘diversiones’ a su alcance, naipes aparte, y las escenas bélicas propiamente dichas. El frío y el lado menos poético e inquietante de la nieve se hacen sentir.

En cuanto a los personajes, están en general bien dibujados, exentos de esquematismos e uniformidad, respetando la pluralidad de sus ideas, dentro del bando llamado nacional, y personalidades. Eso no obsta para que se destaque la crueldad inmisericorde de ciertas ‘hazañas’ protagonizadas por indeseables y en los daños colaterales que la propia guerra provoca en las mentes y conductas de los sometidos a ella, incluída la población civil rusa.

Sólo que la intriga decae y el interés que prometía la combinación de un thriller negro en semejante escenario y con miles de sospechosos al dudoso honor de ser el asesino en serie, se ve pronto defraudado por líneas argumentales secundarias que en nada suman, sino que restan, al núcleo central del relato. A ello hay que añadir ciertas composiciones y caracterizaciones desaforadas y excesivas y lo precipitado de su conclusión. Con todo, una cinta más que digna con un notable equipo técnico-artístico, en el que destacamos las sobrias y ajustadas interpretaciones de Juan Diego Botto y Carmelo Gómez.

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